aleatoriedad la capacidad de los hom bres p ara reconocer una coyuntura en la que se contienen opciones posibles, aunque este aspecto se integra con otros no menos aleatorios como lo son la disposición p a ra decidir y él saber hacerlo en el mo m ento oportuno, lo que tiene que ver con la percepción ade cuada o falta de percepción de los individuos y grupos. Si los individuos y grupos actúan p ara realizar su interés, tal como lo perciben en una situación, ¿cómo explicar que no actúen de acuerdo con sus pronósticos?
En este m arco cum ple la experiencia histó rica un papel fundam ental, pues la lectu ra de la realidad está m ediada por la experiencia dada. Así, por ejemplo, si en un m om ento no se m anifiesta un fenómeno, como puede ser un conflicto, por m ucho qué haya o tras experiencias, no se percibe como real a ese conflicto. Sin em bargo, hay otros elem entos que pue den o b stru ir la posibilidad de ten er u n a percepción de la realidad en un mom ento, que sirva de base p a ra definir un cam ino concreto a seguir. Como se ha observado35 la situ a ción puede ser com pleja y el interés de un grupo puede resul ta r difícil de in terp re ta r. Puede o c u rrir que los individuos y grupos tengan dos intereses opuestos en la m ism a situación. En efecto, un grupo social en un mom ento de conflicto pue de ten er que en fren tarse con el hecho de que "su poder polí tico debe red ucirse para p reservar intacto su poder social”, como fue el caso de la burguesía francesa ante la inm inencia de golpe de Napoleón III.
Pero, no obstante las aleatoriedadeS en juego, debem os su b ray ar que el único criterio de lectu ra posible del presen te es aquel que p erm ita definir lo que se tiene que h acer p ara co n stru ir u n a utopía. El proyecto o p rogram a en que pensa b a Gramsci.
Teoría y conciencia histórica. El presente com o coordenada
El proyecto establece u n vínculo en tre teo ría y conciencia histórica, en v irtud de que anticipa el fu tu ro m ediante su ca pacidad p a ra activar a la realidad. Entonces la teoría devie
35 J.M. Maguire, op. cìt., p. 139.
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ne en una form a de conciencia h istórica, aunque puede ocu r r ir que, por el tipo específico de desarrollo a que se somete (en virtud de sujetarse a los cánones del m étodo científico),
m antenga su separación de la conciencia histórica.
La im portancia de la relación en tre teoría y conciencia histórica se vincula con la eficacia de la acción, ya que esta últim a está determ inada p o r la capacidad de ca p ta r al con junto de la vida social, lo que escapa a las posibilidades de la teoría. La conciencia histórica, en cam bio, constituye esa anticipación sintética del devenir que sirve p a ra o rien tar al trabajo teórico parcializado. Por lo tanto, no se lim ita a ser un reflejo de situaciones fragm entarías, sino que es un modo de p en sar que anticipa la necesidad de la propia teorización, m ediante la aprehensión de la realidad como totalidad en m ovimiento. P ara poder cum plir esta función la conciencia histórica debe evitar el riesgo de lim itarse a reflejar las reifi- caciones de la realidad, p ara lo cual, en esencia, tiene que re vestir el carácter de un pensam iento crítico.
Los clásicos del m arxism o ya lo habían advertido, Lenin afirm a (a p a rtir de reconocer que "Toda la histo ria se com pone de acciones de individuos [ ...] que son personalidades"), que el problem a de la p ráctica consiste en saber "en qué con diciones se asegura el éxito de esta actuación", de m anera de im pedir que "el acto individual se hunda en el m ar de actos opuestos".36 Ello exige un análisis de conjunto de la vida so cial, pues la p ráctica social actú a desde y sobre esta to tali dad, no pudiendo llevarse a cabo desde el conocim iento teó rico especializado.
La clave está en sab er d esen tra ñ ar lo que significa captar al conjunto de la vida social. No puede co n sistir desde luego en un esfuerzo teórico ya que se ubica en el centro de la a rti culación en tre realidad objetiva y proyecto; lo que obliga a dar cuenta, p o r una parte, de una e stru c tu ra som etida a re gularidad (por ejemplo, una form ación social) y de otra, de la voluntad social de potenciación de d eterm inada direccio- nalidad. La opción que llegue a elegirse trasciende el m arco teórico-explicativo, ya que no es el resultado de una deduc-
36 V I. Lenin, ''Quiénes son los am igos del pueblo”, en Obras com pletas, Buenos Aires, Ed. Cartago, 1950, 2 vols., p. 172.
ción, sino de una intencionalidad social. De ahí que tengamos que abocarnos a una form a de razonam iento que no se en cuadre en estru c tu ra s teóricas, sino que pretenda, a través de su a p e rtu ra a la realidad, reconocer horizontes históricos susceptibles de objetivarse m ediante las prácticas sociales. Su lógica no descansaría tanto en contra de los fundam entos de sus proposiciones, como en problem atizar lo que se ob serve, con base en la exigencia de articulación de los elemen tos de la realidad em pírica. En consecuencia, es una form a de p en sar que pretende ser un reflejo del esfuerzo por cap ta r el m om ento histórico (como conjunto de procesos h etero géneos), que explicar un fenómeno particular, en las condi ciones de sim plificación que toda explicación requiere.
Lenin había advertido que “la plataform a política no debe (cursivas nuestras) ser derivada en form a inm ediata del mo delo económico científico“. Por su parte, en sus Comentarios
al M anual de Sociología de B ujarin, Gram sci sostenía que
“no se puede p redecir el futuro sino en la m edida en que se actúe y se lleven a cabo esfuerzos conscientes en apoyo del resultado predicho". Decíamos más a rrib a que la predicción se convierte en el m étodo p ara form u lar la voluntad colecti va que promueva determinados procesos. Es así como no pue de d ejar de reconocerse que cuando Lenin form ula su teoría de la revolución en un solo país, su predicción es sim ultá neam ente un elem ento esencial e indispensable de la situ a ción histórica. Por eso es que la realización del fu tu ro nece sita de la “conciencia de sus probabilidades h istó ricas“ .37
Em pero, lo dicho supone a c larar cómo pueden an ticip ar se las m odalidades de concreción que experim enta la reali dad, pues no b asta con sostener que el desarrollo se mueve en u n a dirección progresiva, ya que ello im plica la pasividad del sujeto, por el contrario, el devenir contiene m últiples po sibilidades, las cuales están determ inadas por el mism o p ro ceso de construcción de los sujetos sociales.
El conocim iento ofrece tan tas posibilidades teóricas como sujetos sociales existan. Por eso, cuando pretendem os p a sa r de la histo ria como ciencia a la historia como cons
37 Jerzy J. Wiats, "La sociología, el marxism o y la realidad”, en Peíer Berger, M arxism o y sociología, Amorrortu, p. 47.
7 4 ESTRUCTURA Y SIGNIFICACIÓN D E LO POLÍTICO HISTORIA Y RACIONALIDAD E N EL CONOCIMIENTO SOCIAL 7 5
trucción, se plantea el problem a de d esarro llar una concien cia capaz de enseñarnos acerca de los futuros históricam en te posibles. La actividad de esta conciencia es la propia de la ap ertu ra del hom bre a la realidad, en cuanto la creación de la realidad histórica constituye la prem isa p ara la a p ertu ra y com prensión de la misma.
¿Qué implicaciones tiene lo dicho? ¿Cómo se puede refle ja r esta problem ática en el plano de la teoría?
La praxis es la capacidad p a ra im pulsar transform acio nes del presente en tanto es lo dado. De ahí que pueda conce b irse al presente como un sistem a que en sus coordenadas “definen en sus líneas más generales el m arco de referen cia de la relación en tre teoría y p rax is“38 que impone, en la observación de la realidad, un tipo de exigencias diferentes a las de la historiografía. El problem a de la h isto ria no se restringe a entenderla desde el presente, sino en asu m ir que en torno al presente tiene lugar la inversión de la relación presente-pasado por la relación presente-futuro; de ahí que las m ism as teorizaciones tengan que adecuarse a la lógica de apropiación de la realidad, propia de la conciencia histórica.
La conciencia histórica no se vincula con objetos p articu lares, pues se abre a horizontes históricos en los que es posi ble que m adure la voluntad social; de ahí que esté a b ie rta al tiempo por venir en form a de no quedar sometida a “los tiem pos tácticos del movim iento“, lo que obliga a trasp o n er las distorsiones propias de las coyunturas.
La ideología en cambio, cristaliza en proyectos p articu lares, que con cierta precipitación tienden a identificarse con la única realidad concebida como posible, dejando fuera de su campo otras visiones alternativas.
La ideología al crear sus propios objetos carece de la am plitud p ara reconocer un campo más com prensivo de alter nativas; m ientras que la conciencia histórica por su parte, en razón de ubicar las opciones particu lares de las ideolo gías en el contexto del horizonte histórico, rem ite a un con cepto de realidad más amplio que el definido por la ideología.
38 Giacomo Marramao y oíros, "Dialéctica de la forma y ciencia de la política”, en Teoría m arxista de la política, Pasado y Presente 89, México,