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CON EL DESIDERATIVO Y EL RORSCHACH
XVI. EL ESTUDIO DEL MATERIAL RECOGIDO
Una vez cumplidas las etapas de recolección de datos (entrevista inicial, tests, entrevistas vinculares, familiares, etc.) el psicólogo tiene que dedicarse a tabular algunos tests, clasificar e interpretar sus respuestas, para poder utilizar sus conclusiones e integrarlas al resto del material. De cada entrevista que haya realizado también había hecho una lectura tal como para extraer ciertos patrones de conducta del sujeto y su familia, ciertas conductas llamativas, comentarios significativos, etcétera.
Lo que resulta más útil que nada en todo este trabajo que el psicólogos se ha tomado, es observar en las distintas entrevistas cuándo aparece el síntoma, si llega a ser observable, en qué circunstancias y cómo reacciona después tanto el sujeto como el resto de los presentes.
Podremos registrar una confirmación de la sintomatología descripta por los padres o, por el contrario, otra completamente distinta que pasaba inadvertida para todos.
Lo importante es que el psicólogo pueda lograr una buena integra-
ción de todo lo registrado, incluyendo su registro
contratransferencial, sus propias asociaciones, su intuición, etcétera.
La personalidad es una (una totalidad) y única. Esto significa que en cada caso hay una especie de "empezar de nuevo" ya que no podemos trabajar con una computadora ni utilizar criterios invaria- bles como parámetros.
Posiblemente sea éste el momento más difícil para el profesional porque debe incorporar una cierta rigurosidad en su trabajo sin renunciar a su pensamiento psicoanalítico, a sus conocimientos sobre la dinámica de la personalidad, a la gestalt, etc. Además debe "contextuar" sus conclusiones o sea ubicarlas dentro de un
marco-socio-económico-cultural y en una historia que abarca tres generaciones.
Como no se trata de una ciencia exacta, no podemos aplicar criterios fijos.
Se trata de un minucioso estudio de las recurrencias y
convergenciasque van apareciendo y así clarificando cada caso.
Poder elaborar un diagnóstico consiste, pues, en poder describir una personalidad. No se trata de poner un rótulo o encasillar al sujeto. Todos los que se manifiestan contrarios al psicodiagnóstico utilizan ese argumento para invalidarlo. Yo comparto esa crítica. Todos los psicólogos que en la actualidad valoran el psicodiagnóstico, la comparten. Lo que sucede es que aún estamos pagando el precio de los errores cometidos en el pasado cuando muchos psicólogos, tentados por ciertas circunstancias, se afanaban por llegar a lograr ese rótulo. Otros, por el contrario, presentaban sus conclusiones en forma de una interminable descripción en la que cabía todo y finalmente lo específico del individuo se diluía completamente.
De manera que no se trata de hallar la etiqueta adecuada a cada individuo. A veces no la hallaríamos simplemente porque en infini- dad de casos la patología es mixta y compleja y constituye un verdadero desafío para el profesional, quien si no sabe reconocer sus límites y los que toda ciencia posee, puede caer en afirmaciones tan omnipotentes como erradas.
No obstante, son muchas las veces que el pedido del psicodiagnóstico es para un diagnóstico diferencial y entonces debemos tratar de ser claros y precisos: ¿es una virulenta crisis evolutiva adolescente, o un brote esquizofrénico?, ¿es una oligofrenia o una oligotimia? ¿Hay organicidad o no? ¿Se trata de un autismo secundario o una detención del desarrollo? Quien plantea estas preguntas espera respuestas definidas porque de ello dependen las distintas estrategias terapéuticas que se apliquen.
Pero aun en estos casos el psicólogo debe reservarse el humilde derecho a decir: "No lo sé".
Recuerdo un caso en el que un psicoanalista me pidió que estudiara una paciente que acababa de pedirle tratamiento. Todo su comportamiento era el de una persona impulsiva, actuadora, carente de sentido de realidad, por momentos psicótica. Sus dibujos también mostraban ese panorama. Pero para mi sorpresa el Rorschach y el Phillipson eran perfectamente aceptables como normales. Llegué a sospechar que pudiera haber venido con las respuestas del Rorschach "aprendidas" ya que en una causa judicial que había tenido que enfrentar se lo habían administrado. Pero ella no sabía que le tomaría el Phillipson, que no es tan conocido ni sus respuestas clisé tan difundidas como para que ocurriera otro tanto. Finalmente opté por incluir ambas impresiones en el informe y agregar mis dudas acerca de un muy especial cuadro "border" o de una muy especial forma de impostura.
Descartamos entonces la búsqueda del rótulo, pero también la descripción enmarañada y confusa, que no resulta útil para nadie.
Veamos entonces cómo proceder para llegar a conclusiones sencillas, claras y convincentes, para el sujeto, su familia y el destinatario del informe que a posteriori confeccionaremos.
En primer lugar comenzaremos por hacer un listado de todo lo que el sujeto trae como motivo de consulta, como también lo que preocupa a su padre, su madre y hermanos.
Este es el punto de partida del estudio y luego de haber estudiado todo el material, deberemos llegar nuevamente allí para tratar de hallarles una explicación.
A partir del análisis de todas y cada una de las entrevistas habremos ido esbozando hipótesis presuntivas. Se trata entonces de estudiar el material para hallar un grado de certeza tal que dichas hipótesis sean convincentes. Todos los instrumentos diagnósticos utilizados son un medio para llegar a este fin.
Las entrevistas tanto individuales, vinculares como familiares, al igual que la hora de juego del niño o del púber, no pueden ser tabuladas por la infinidad de parámetros de respuestas posibles. Sólo podría hacerse eligiendo algunos, que es lo que ha hecho un grupo de colegas65 cuyos resultados han sido incluidos en la obra de Ocampo, García Arzeno, Grassano y colab. (ob. cit.) En general este material permite varias lecturas que dependen en gran medida, en cuanto a la riqueza del material que brinden, de la formación, experiencia y apertura antidogmática con que el profesional se apreste a leerlo.
Por su parte, los tests gráficos muestran lo más profundo y patológico. De manera que si tenemos que salir de dudas en cuanto al grado de patología, ellos nos ayudarán mucho. Pero el diagnóstico no puede pasar por lo más patológico excluyendo otros aspectos de la personalidad más desarrollados, adaptativos y maduros. Por eso elegimos una batería de tests que nos informe de un panorama completo. Además, algunos tests como el Rorschach y el Phillipson, como así también algunos gráficos, están estandarizados, lo cual permite comparar la producción del sujeto con la mayoría estadística y extraer conclusiones que nos ponen a resguardo de caer en una subjetividad que mezcla la producción del sujeto con nuestros propios contenidos.
Los tests objetivos de personalidad cumplen también esa función. Personalmente utilizo los proyectivos incluyendo los que mencioné por su alto grado de confiabilidad.
La mayor patología aparece en los rasgos formales, como queda dicho en el capítulo sobre ese tema. Son los más relacionados con lo estructural de la personalidad y por lo tanto más estables. Son los que verían más lentamente a medida que el sujeto madura o
65
A.M. Efron, E. Fainberg, Y. Kleiner. A.M. Sigal y Woscoboinik, La hora de juego diagnóstica, op. cit. cap. VII. Kornblit Analía. Hacia un modelo estructural de la hora de juego diagnóstica, ob. cit., cap. VII.
cambia y los más confiables para medir los resultados de un tratamiento en un retest.
Didier Anzieu66 dice:
La validación de un test es el conjunto de las operaciones por las cuales se da la prueba de que el test posee un valor, o más exactamente un triple valor: de discriminación de los sujetos testeados (sensibilidad), de la estabilidad de la medición (fidelidad) y de pertinencia al objeto medido (validez). Define la sensibilidad como la capacidad del test de reflejar toda modificación de la variable independiente (el objeto medido por el test) en la variable dependiente (la performance del sujeto). La fidelidad es —dice— la "estabilidad de las respuestas del sujeto en dos aplicaciones sucesivas, habiéndose eliminado el factor aprendi- zaje". Esto significa que distintos "jueces" podrían saber a quién pertenece un grupo de tests, podrían cotejar en series paralelas los que corresponden al mismo sujeto o bien, varios "jueces" analizando los resultados de un protocolo, llegarían a similares conclusiones. Con respecto a la validez, su apreciación puede hacerse por varios métodos y Anzieu los resume muy acertadamente así: (a) correlación con un criterio externo; (b) correlaciones estadísticas externas y (c) la predicción.
Remito a los lectores a esta obra para más detalles y deseo detenerme en éste último punto: el valor de predicción de un test.
Cuando después de un tiempo alguien (psicoterapeuta, maestro, pediatra, padres, etc.) nos dice que quedó ampliamente demostrado lo acertado de nuestras conclusiones, experimentamos una gran satisfacción y el sentimiento de haber hecho un correcto trabajo.
66
Didier Anzieu, Los métodos proyectivos, Buenos Aires, Kapelusz, 1962.
Esto se hace muy patente cuando a través de ellos podemos advertir al terapeuta acerca de contenidos muy reprimidos que, si el tratamiento marcha bien, "estallarán" determinando momentos difíciles y cruciales tanto para el paciente como para el mismo terapeuta, quien, ya puesto sobre aviso, podrá contener mejor a su paciente y mantener con pulso más firme el rumbo del análisis.
Dije más arriba que el estudio del material consiste fundamental- mente en la búsqueda de recurrencias y convergencias. Esto significa que aparecen "constelaciones simbólicas" que se repiten y que son complementarias con otras. Este es otro criterio que nos provee de seguridad en nuestras conclusiones. Por ejemplo, en los gráficos aparecen constantemente indicios de fuertes sentimientos de castración: figura cortada en la zona genital, faltan dedos en las manos o están ocultas en los bolsillos, las ramas del árbol parecen "tronchadas", la chimenea de la casa está torcida y el humo sigue una línea horizontal, etcétera. En el Desiderativo dice que no le gustaría ser un lápiz porque se gasta muy rápidamente, ni una hormiga porque la pisan. En el Rorschach da muchas globales cortadas (W) y hay shock en la IV y VI, especialmente ante las saliencias fálicas. En el Philiipson dice en A1 que ve: "Un hombre que se siente culpable de algo que ha hecho y que no puede ocultar y que está esperando su castigo". En las láminas triangulares aparecen siempre dos que enfrentan al tercero para reprobarle algo.
Si conectamos todo este material observaremos las coincidencias, es decir, las recurrencias.
Las concurrencias tienen que ver con la relación de complementariedad. Los materiales no se repiten pero se complementan. Por ejemplo en los gráficos ese sujeto dibujó figuras humanas con narices prominentes y corbatas llamativas o revólveres en la cintura, hombros anchos, el árbol con una copa muy frondosa, la casa de grandes dimensiones. Todo esto puede ser interpretado como una sobrecompensación de sus sentimientos
de inferioridad y culpa ligados a la masturbación. Puede decir por ejemplo en las catexias positivas del Desiderativo que le gustaría ser algo indestructible o muy fuerte, y lo interpretaremos en el mismo sentido.
Si se trata de un púber y hemos realizado entrevistas familiares, estaremos atentos a conductas inhibidas del muchacho y las correlativas de los padres (alentadoras o coartativas). Supongamos que observamos que sus padres son realmente represores de toda actitud expansiva. Podemos haber decidido una entrevista individual previa o posterior en la que estaremos atentos para ver si la actitud inhibida y temerosa se mantiene o, por el contrario, desaparece en cuyo caso podremos discriminar entre una conducta reactiva a la actitud represora de los padres y un conflicto entre instancias intrapsíquicas. Si observamos lo registrado en el Phillipson en la lámina CG, veremos que si se trata de lo primero la historia versará alrededor de un grupo (zona inferior) que pide libertad y reivindicaciones. Si se trata de lo segundo el grupo rebelde será catalogado negativamente y el sujeto interpretará que la sombra de la zona superior debe poner orden imponiéndose (Superyó).
Si se trata de una conducta reactiva y estamos en la duda acerca del vínculo con cada progenitor, debemos realizar una entrevista a este muchacho con cada uno de sus padres por separado, para después poder comparar su comportamiento como también el del progenitor presente en ausencia del otro.
Así podríamos llegar a la conclusión de que la figura dominante es la madre, excesivamente pendiente del orden y la limpieza, esté o no presente su marido, que constantemente coarta al jovencito con sus insistentes comentarios sobre suciedad y desorden. Pero podría ocurrir que la madre actuara así sólo en presencia del marido. A solas con su hijo puede ser más permisiva sin irse al otro extremo. Entonces, releyendo nuestros apuntes sobre la entrevista familiar, podríamos descubrir que, si bien el padre no lleva la "voz
cantante", su mera presencia impone un rigor que la madre verbaliza y actúa. Desde esta perspectiva deberíamos revisar lo sucedido en la entrevista del jovencito con su padre. Cabe esperar que el padre sea el que asuma el rol castrador y todo el panorama quedaría aclarado. Pero podríamos llevarnos una sorpresa al comprobar que no es así, que se entabla entre ellos una relación más relajada de "compinches". Entonces nuestras conclusiones irán variando hacia otra hipótesis: si la esposa está presente el padre asume el rol del "duro" de la película porque ésa es la figura de padre que tiene internalizada y, por su parte, la madre asume este rol que tiene internalizado porque teme ser criticada o atacada por el marido si "afloja".
Sería pertinente observar el dibujo de la familia Kinética que hizo el niño para ver si esto aparece y cómo, porque esto nos indicará hasta qué punto el niño capta esta situación.
Si hemos optado por la técnica de que al final de la entrevista familiar cada uno dibuje a su familia, el material recogido será de inestimable valor, ya que podremos comparar la imagen que cada uno de los componentes tiene del grupo familiar, por una parte, y por otra, si todos coinciden en representar al púber como inhibido y temeroso o eso aparece tan sólo, por ejemplo, en el dibujo de la madre. Si es así, podríamos decir que ella necesita que el niño cumpla con ese rol para que ella a su vez cumpla con el suyo delante del marido quien, a su vez, mantendrá el rol del "duro"; de lo contrario todo esto tambalearía. Esto nos da una luz roja para la entrevista de devolución de información: los padres consultan porque ven que el niño es muy sumiso y demasiado tímido. Habría que enfrentarlos con la realidad de hasta qué punto están preparados para que él cambie, antes de indicar un tratamiento que haría cambiar al niño pero incrementaría la actitud castratoria de ambos padres.
Con este ejemplo quiero mostrar cómo el trabajo de interpretación del material es un constante ir y venir de un material a otro, de lo
observable a lo inferible, de la teoría a la práctica, de las entrevistas libres a las pautadas y los tests, etcétera.
Pero este ir y venir no es al azar. Nos guían tanto nuestros conocimientos como nuestras dudas. Nos guían las propias asocia- ciones del sujeto observado y escuchado. También nuestras propias asociaciones. Como por ejemplo en un caso en que una mujer de 30 años en una de las historias del Phillipson dice que es una pareja que no se lleva bien porque uno depende mucho del otro y discuten todo el tiempo. En ese instante se me cruzó la imagen de una cinta de Moebius, cuyos extremos se juntan cruzando la cinta y cerrándola en forma de 8. Entonces lo consigné para indagar después acerca de una posible relación simbiótica patológica entre esta mujer y su esposo como motivo latente de la consulta. El manifiesto era su timidez para encarar más resueltamente su conexión con la sociedad, por lo cual su trabajo se veía seriamente limitado.
Efectivamente, al interrogarla en la devolución de los resultados se detalló la relación con el marido quien ejercía el rol de ejecutivo, inhibiéndola más aún, a cambio de que ella aportara a la pareja fama y lucimiento a través de su inteligencia creadora.
Recuerdo que al pedirle que dibujara dos personas, hizo un hombre y una mujer muy juntos con una zona intermedia indiferenciada en cuanto a quién pertenecía determinado trazo. Esto indicaría que no se trataba de ayudarla a soltarse de un marido dominante sino de analizar sus propias tendencias a establecer relaciones simbióticas de las cuales les resultaba muy difícil salir (tan difícil como resulta decir dónde empieza y dónde termina la cinta de Moebius).
Hasta aquí he tratado de describir la metodología de trabajo de esta delicada etapa del proceso psicodiagnóstico.
Una advertencia más: no siempre lograremos que las piezas del rompecabezas coincidan (por recurrencias o convergencias). Puede suceder que hallemos algunas que "no encajan". Puede
haber algún elemento extraño en un dibujo, en cuyo caso pedimos asociaciones al sujeto. Quizás esto nos aclare algo. De no ser así, tendremos que aceptar el no entender su significado. Quizá se trata de una muy rara respuesta del Rorschach, dentro de un contexto de un protocolo muy coherente. Quizá son algunas verbalizaciones o gestos del sujeto durante alguna entrevista. Podríamos catalogar esto como escotomas o núcleos extraños, quizá psicóticos, que deberemos consignar en un informe, como dije antes, para advertir al terapeuta, pediatra, etc. En la devolución al sujeto y/o a sus padres aprovecharemos para hacer algunas preguntas sin despertar sospechas, pues la presencia de estas elementos bizarros no debe ser comunicada porque despertaría una gran ansiedad persecutoria y no podríamos ni siquiera dar una explicación sobre ello. Es como si el médico clínico nos dijera: "Lo suyo es un problema sencillo por falta de proteínas. Lo arreglaremos con una dieta apropiada. Acá veo una sombra extraña en la radiografía de tórax. ¿Qué puede ser, doctor? No sé, no se preocupe, el resto está bien". Sin duda iríamos a otro especialista para salir de dudas acerca de si nuestro médico es un no-alarmista o más bien negligente.
En algunos casos he optado por recurrir a otros tests para explorar más a fondo ese elemento extraño. Por ejemplo si es una respuesta extraña en el Rorschach, puedo administrar en otra entrevista el “Z” test de Zulliger, que es una serie paralela del primero para ver si aparece algo similar. O si ello ha surgido en una historia del Phillipson, puedo seleccionar dos o tres láminas del TAT por razones similares.
Solicitar el relato de un sueño y de recuerdos agradables y desagradables después del Desiderativo no es una indicación casual. Nos sería de inestimable valor en estos casos más que nunca.
Ya dije que todos los instrumentos de que disponemos son un medio para lograr un fin y debemos manejarnos con eficiencia pero también con libertad con ellos.
Recuerdo el caso de una mujer de 28 años que consultó por no llevarse bien con el esposo dada su inestabilidad emocional. A medida que avanzábamos en el psicodiagnóstico mi hipótesis presuntiva era que el problema de esta mujer era su tremendo narcisismo oculto bajo un barniz de seducción y mimosidad. Tanto para salir totalmente de dudas como para poder señalárselo a ella