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17.1 ESTUDIOS DE MELVIN MORSE

EXPERIMENTADORES ANTERIORES A LA ECM

17.1 ESTUDIOS DE MELVIN MORSE

Como cuenta el propio Morse, su primer encuentro con las ECMs fue puramente fortuito. Durante su internado en pediatría tuvo que realizar una reanimación, en la sala de emergencias, de una niña de siete años que se encontraba en muy mal estado, a causa del ahogamiento sufrido en una piscina.2 Contra todo pronóstico, la niña sobrevivió, sin acarrear ningún tipo de secuela, como, por ejemplo, daños cerebrales que son usuales en las víctimas de ahogamiento. Cuando la niña estuvo bastante recuperada, Morse le realizó un examen para averiguar exactamente que le había pasado y evaluar la posibilidad de algún daño a tener en cuenta; la niña relató una serie de vivencias inesperadas que dejaron muy sorprendido a este pediatra, había tenido una EEC, durante su estado de coma, en la que había presenciado las actuaciones del personal médico, había entrado en una oscuridad y había viajado por un túnel acompañada de una hermosa mujer llamada Elizabeth, se había encontrado con su abuelo fallecido y dos chicos que se llamaban Andy y Mark, incluso había visitado su hogar familiar, donde presenció las diferentes actividades que realizaban algunos de sus familiares, y, finalmente, estuvo junto al “Padre Celestial” y Jesús, quienes le preguntaron si quería ir a casa, pero ella dijo que quería quedarse con ellos, entonces le preguntaron si quería ver de nuevo a su madre, y ante la respuesta afirmativa de la niña, ésta despertó en su cuerpo físico. Morse quedó muy impactado por el relato y decidió investigar más a fondo el asunto; las enfermeras que estaban presentes cuando la niña recuperó la conciencia dijeron que las primeras palabras que ésta emitió fueron “¿dónde están Mark y Andy?”, sin dejar de preguntar por ellos repetidamente durante su convalecencia; también interrogó a los padres por sus creencias religiosas, para comprobar si éstas habían influido en la narración de la niña, eran mormones, creían en la supervivencia, pero en nada parecido a túneles hacia el Cielo o guías espirituales.3

Tras todo esto, Morse se quedó muy interesado por el asunto y decidió aceptar el reto lanzado por Moody de comprobar por sí mismo la realidad de las ECMs e intentar desarrollar un estudio científico al respecto. Este estudio se desarrollaría en la ciudad de Seattle, de ahí que recibiera ese nombre, y duraría varios años (desde mediados de los

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Esta compleja cuestión no se va a tratar aquí porque este no es el sitio adecuado para ello.

2 Esta persona, hoy ya adulta, se llama en realidad Kristle Merzlock; ha contado su historia en numerosos

documentales y programas televisivos (en youtube se pueden encontrar algunos de éstos), véase por ejemplo, Unsolved mysteries: Life after life.

181 80s hasta mediados de los 90s), aunque los resultados se fueron publicando periódicamente.

Posiblemente el primer estudio, al menos realizado con cierto rigor, sobre las ECMs de niños fue el efectuado por Morse, Conner y Tyler, publicado en 1985;1 del que habría que destacar, especialmente, la consideración detallada de los aspectos médicos de los participantes en el estudio. De 42 niños que estuvieron hospitalizados en la UCI del Children´s Orthopedic Hospital de Seattle, se descartaron a todos menos a 13 de ellos; 24 se descartaron a causa de un evidente fracaso en la recuperación de un estado premórbido, y el resto por razones sin relevancia. Los 13 pacientes estudiados fueron divididos en dos grupos: enfermos críticos (con una alta tasa de mortalidad), con 7 pacientes, y enfermos graves, con 6 pacientes. Del total de estos 13 pacientes estudiados, solamente 4, pertenecientes al grupo de los enfermos críticos, testimoniaron ECM.

Las ECMs de estos niños coincidían hasta cierto punto con la ECM agradable-neutral estereotipo de los adultos, salvo en un caso; la madre de una niña de once años, relató que cuando su hija recuperó la conciencia, tras un paro cardiaco, empezó a llorar diciendo que había tenido un mal sueño, en el cual, se encontraba en el colegio donde era regañada por algo que había hecho mal. Los padres de otro niño de dieciséis años relataron, cuatro años más tarde del episodio, lo que el hijo les contó, tras su paro cardiaco, que había subido por una escalera oscura y que a medio camino se había encontrado con un hermano (ya fallecido), el cual le dijo que todavía no era su hora de morir. Otro niño de seis años, entrevistado dos años más tarde, relató que había tenido una EEC, que había pasado por un túnel de luces de colores, se había sentido muy apacible. Otra niña de ocho años testimonió que había tenido una EEC, un recuerdo de haber estado en una cama con los compañeros de clase alrededor cantando, y otro recuerdo en el que también se encontraba en una cama rodeada por doctores que le decían que apretase un botón rojo, aunque sabía que si apretaba el botón verde recuperaría la conciencia.

Hay que darse cuenta de que los investigadores preguntaban a los pacientes cosas como: ¿Qué recuerdas del momento en el que estuviste inconsciente o dormido?, ¿tuviste algún sueño? Estas preguntas pueden ser confusas para un niño; ¿hasta qué punto puede un niño diferenciar entre un sueño y una ECM?. Por ello, parece que algunos de estos testimonios se refieren más a sueños que ha otro tipo de experiencias. De todas maneras, este estudio fue bastante importante ya que demostró en gran medida que los niños también testimoniaban ECMs, y que muy posiblemente también las tuvieran realmente.

Al año siguiente, 1986, se publicó un estudio realizado por Morse y su equipo, un poco más amplio que el anterior.2 De un conjunto de 202 niños que habían estado en la UCI del Children´s Orthopedic Hospital y del Medical Center, ambos en Seattle, se seleccionaron un total de 40 pacientes para realizar el estudio. Los criterios de selección fueron: una dolencia caracterizada por algún episodio de inconsciencia, buena salud premórbida, la existencia o exacerbación de una enfermedad o trauma agudos, recuperación neuropsiquiátrica bien avalada. Los 40 pacientes seleccionados se dividieron en dos grupos: 11 enfermos críticos (índice de mortalidad por encima del 10%), y 29 enfermos graves. Solamente 7 niños enfermos críticos, del conjunto de los 40, testimoniaron ECM; aunque 3 del grupo de los 29 enfermos graves, dijeron tener

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Morse & Conner & Tyler (1985).

182 recuerdos intraoperativos.1 La temática de estas ECMs no difiere, hasta cierto punto, de la común de las ECMs agradables-neutrales de adultos: seis experimentaron EEC, cinco la oscuridad, cuatro el túnel, tres sentimientos agradables, tres sentimientos desagradables, tres vieron personas vestidas de blanco, dos vieron algo divino o celestial, uno vio a un pariente fallecido, uno se encontró con el límite, tres realizaron la decisión del retorno. También describieron algunos rasgos extraños: dos niños dijeron haber visto a profesores o compañeros de clase, y una niña percibió a su madre como un cerdo monstruoso. Los investigadores llaman la atención sobre la ausencia de elementos de despersonalización, como la revisión vital, sensación de irrealidad, distorsión temporal, o unidad con el universo.

En 1994, Morse publicó un estudio que recogía y ampliaba sus estudios anteriores.2 Como en los otros estudios, se dividieron a los pacientes en dos grupos: 26 niños enfermos críticos (más del 10% de posibilidades de muerte), y el grupo de control, formado por 121 niños enfermos graves (que habían estado ingresados en la UCI pero sin expectativas de muerte). 22 niños del grupo de 26 enfermos críticos testimoniaron ECM, ningún niño del grupo de control testimonió ECM. La temática de sus ECMs, como ya se observó con anterioridad, era bastante similar a la de los adultos: veintiuno tuvieron la sensación de estar muertos, dieciocho vieron la luz, dieciséis EEC, doce atravesaron un túnel, diez contactaron con familiares fallecidos, nueve vieron ángeles, ocho vieron un ser hermoso, doce se encontraron con la decisión del regreso, ocho tuvieron sentimientos agradables. Excluyendo algunas extrañezas: seis vieron mascotas, y seis vieron a profesores o compañeros de clase.