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4. Resultados

4.6. Ensayo en plantas

4.6.6. Evaluación de la temperatura ambiental

La temperatura ambiental registrada durante la medición de las variables del sustrato evaluadas cada mes, por tratamiento, no mostró diferencias significativas (p<0.05) (Figura 24). La temperatura promedio fue de 39.5 con una desviación estándar de 5.

4.6.7. Análisis de suelo

Respecto al análisis de suelo al final del experimento y por tratamiento, los datos mostraron diferencias significativas (p<0.05) en el contenido de fósforo (Figura 28). El tratamiento con patógeno presentó la mayor concentración (173.7 ppm), pero esta no fue significativamente diferente (p<0.05) a la de las plantas con trichoderma-patógeno. Los tratamientos más bajos en fósforo fueron los de las plantas con micorrizas (123.3 ppm) y con micorriza-trichoderma (124.4 ppm), sin embargo no presentaron diferencias significativas (p<0.05) con las plantas inoculadas con micorriza-patógeno, trichoderma, micorriza-trichoderma-patógeno y las plantas control.

Figura 28. Comparación entre medias del contenido de fósforo en el sustrato entre 8 tratamientos en plantas de vid, utilizando la prueba a posteriori de Fisher. Las barras indican la desviación estándar. Los tratamientos fueron: 1) micorriza, 2) micorriza+patógeno, 3) micorriza+trichoderma, 4) trichoderma, 5) trichoderma+patógeno, 6) trichoderma+patógeno+micorriza, 7) patógeno y 8) control. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05).

El contenido de fósforo también fue diferente (p<0.05) entre plantas con micorrizas y sin micorrizas (Figura 29), de tal manera que las plantas micorrizadas presentaron la concentración más baja de este nutriente (131.98 ppm). Además, el análisis entre plantas con y sin patógeno reveló diferencias significativas (p<0.05) en el contenido de fósforo (Figura 30), El promedio del contenido de este elemento en todos los tratamientos con patógeno fue mayor (152.7 ppm) que en todos los tratamientos sin patógeno (131.92 ppm) (p<0.05).

Figura 29. Comparación entre medias del contenido de fósforo en el sustrato de plantas micorrizadas (M) y no micorrizadas (SM) con G. intraradices, utilizando la prueba t-Student. Las barras indican la desviación estándar. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05).

Figura 30. Comparación entre medias del contenido de fósforo en el sustrato de plantas con el patógeno (P) y sin el mismo (SP), utilizando la prueba t-Student. Las barras indican la desviación estándar. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05).

Por otro lado, el contenido más alto de zinc en el sustrato se encontró en las plantas inoculadas con trichoderma-patógeno (7.04 ppm) (Figura 31), pero este no fue

significativamente diferente (p<0.05) al contenido de zinc en los tratamientos con trichoderma, micorriza-trichoderma-patógeno y patógeno El sustrato que tuvo la concentración más baja fue el de las plantas con micorriza-trichoderma, sin embargo este sólo presentó diferencias significativas (p<0.05) con los tratamientos con trichoderma- patógeno y micorriza-trichoderma-patógeno.

Cuando se compararon las plantas micorrizadas y no micorrizadas (Figura 32), se encontró una menor concentración de zinc en el sustrato en las plantas inoculadas con G. intraradices (4.3 ppm) (p<0.05), mientras que las plantas con L. theobromae tuvieron una mayor concentración de este nutriente (5.51 ppm) (p<0.05) que las plantas sin patógeno (Figura 33).

Figura 31. Comparación entre medias del contenido de zinc en el sustrato entre 8 tratamiento en plantas de vid, utilizando la prueba a posteriori de Fisher. Los tratamientos fueron: 1) micorriza, 2) micorriza+patógeno, 3) micorriza+trichoderma, 4) trichoderma, 5) trichoderma+patógeno, 6) trichoderma+patógeno+micorriza, 7) patógeno y 8) control. Las barras indican la desviación estándar. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05)

Figura 32. Comparación entre medias del contenido de zinc en el sustrato de plantas micorrizadas (M) y no micorrizadas (SM) con G. intraradices, utilizando la prueba t-Student. Las barras indican la desviación estándar. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05).

Figura 33. Comparación entre medias del contenido de zinc en el sustrato de plantas con el patógeno (P) y sin el mismo (SP), utilizando la prueba t-Student. Las barras indican la desviación estándar. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05).

En la conductividad eléctrica del sustrato de los tratamientos, también se encontraron diferencias significativas (p<0.05) (Figura 34). El sustrato de las plantas inoculadas con trichoderma.-patógeno, tuvo la conductividad más alta (6.2 dS/ m), pero no fue significativamente diferente (p<0.05) a la del control o a la de los tratamientos con patógeno y con trichoderma. Los sustratos con menor conductividad eléctrica fueron los de las plantas inoculadas con micorriza-patógeno, micorriza-trichoderma-patógeno y micorriza-trichoderma con alrededor de 4 dS/m. Estos no fueron significativamente diferentes (p<0.05) al control, ni a las plantas inoculadas con micorrizas.

Los valores de conductividad eléctrica mostraron diferencias significativas (p<0.05) en la comparación entre plantas con micorrizas y sin micorrizas (Figura 35). La media de esta variable en todos los tratamientos inoculados con G. intraradices fue menor (4.1 dS/m) que la media de la misma en todas las plantas sin micorriza (5.6 dS/ m).

Figura 34. Comparación entre medias de la conductividad electrica del sustrato entre 8 tratamientos en plantas de vid, utilizando la prueba a posteriori de Fisher. Los tratamientos fueron: 1) micorriza, 2) micorriza+patógeno, 3) micorriza+trichoderma, 4) trichoderma, 5) trichoderma+patógeno, 6) trichoderma+patógeno+micorriza, 7) patógeno y 8) control. Las barras indican la desviación estándar. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05).

Figura 35. Comparación entre medias de la coductividad eléctrica del suelo de plantas micorrizadas (M) y no micorrizadas (SM) con G. intraradices, utilizando la prueba t-Student. Las barras indican la desviación estándar. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05).

Respecto al pH del sustrato de los tratamientos, el valor más alto se encontró en el de las plantas con micorriza-trichoderma (6.5), pero este no fue diferente significativamente (p<0.05) al de los tratamientos micorriza-patógeno, micorriza y micorriza-trichoderma.- patógeno (Figura 36). El pH más bajo se encontró en las plantas control y en las inoculadas con el patógeno, con valores de 6.1 y 6 respectivamente. Sin embargo, estas no fueron significativamente diferentes (p<0.05) a los tratamientos con trichoderma y trichoderma- patógeno. Además, al analizar los tratamientos con y sin micorrizas, se obtuvo que las plantas micorrizadas presentaron un pH más alto (6.4) (p<0.05) que las no micorrizadas (6.1) (Figura 37).

Figura 36. Comparación entre medias del pH del sustrato entre 8 tratamientos en plantas de vid, utilizando la prueba a posteriori de Fisher. Los tratamientos fueron: 1) micorriza, 2) micorriza+patógeno, 3) micorriza+trichoderma, 4) trichoderma, 5) trichoderma+patógeno, 6) trichoderma+patógeno+micorriza, 7) patógeno y 8) control. Las barras indican la desviación estándar. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05)

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Figura 37. Comparación entre medias del pH del sustrato en plantas micorrizadas (M) y no micorrizadas (SM) con G. intraradices, utilizando la prueba t-Student. Las barras indican la desviación estándar. Las medias con la misma letra no son significativamente diferentes (p<0.05).

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