RECOMENDACIONES DE PRÁCTICA DE EJERCICIO FÍSICO
1. EVOLUCIÓN DE LAS RECOMENDACIONES SOBRE PRÁCTICA DE EF.
ACSM ha liderado las recomendaciones específi cas de EF desde el año 1975 en que se publicó la primera edición del libro “ACSM’s Guidelines for
Graded Exercise Prescription and Exercise Prescription” (153). Las siguientes edi- ciones revisadas, ejercieron una gran infl uencia en el campo de las ciencias del ejercicio, la medicina clínica y la rehabilitación. Las ediciones en las que se especifi can frecuencia, intensidad y duración se exponen en la tabla 27 (154).
Tabla 27.- Dosis de la actividad física aeróbica recomendada por el Co- legio Americano de Medicina del Deporte durante los años 1975-2000.
Objetivo y Año de Edición Frecuencia Actividad
(d/sem) Duración(min/d) * Intensidad(% FCR) ‡
1975 (ACSM 1975)(153) 3 - 5 20 - 45 70 – 90 1980 (ACSM 1980)(155) 3 - 5 15 - 60 50 – 85 1986 (ACSM 1986)(156) 3 - 5 15 - 60 50 – 85 1991 (ACSM 1991) (67) 3 - 5 15 - 60 40 – 85 1995 (ACSM 1995) (2) 3 - 5 20 - 60 40 – 85 Promoción de la Salud: 2000 (2000) (46) 7 ≥ 20 40 – 85 *Actividad continua excepto para las recomendaciones del 2000, donde existía la posibilidad de acumular totales, con un bloque mínimo de 10 minutos de actividad física/sesión.‡ FCR, Frecuencia cardiaca de Reserva
Paralelamente a sus recomendaciones, ACSM ha publicado diferentes posicionamientos (1,8,34) sobre la cantidad de EF necesario para mantener y mejorar la condición física. La tabla 28 resume estos posicionamientos hasta el año 1998 (154).
Tabla 28.- Posicionamientos del ACSM durante los años 1978 – 1998 en la dosis del ejercicio aeróbico.
Objetivo y Año de Edición Frecuencia Actividad
(d/sem) Duración(min/d) * Intensidad(% FCR) ‡
“Fitness” cardiorespiratorio ACSM 1978 (1) 3 – 5 15 - 60 50 – 85 “Fitness” cardiorespiratorio y composición corporal ACSM 1990 (8) ACSM 1998 (34) 3 – 5 3 – 5 20 – 60 ≥ 20 50 – 85 40 – 85 *Actividad continua excepto para las recomendaciones del 1998, donde se acumu- laban los totales de actividad; mínimo periodo:10 minutos de actividad/sesión ‡ FCR, frecuencia cardiaca de reserva
Las primeras recomendaciones incluían un EF muy estructurado y se basaban en resultados de estudios científicos realizados en hombres jóvenes, dando la impresión de que su incumplimiento afectaba a la validez de la práctica de EF. A finales de los años 80, ya existía suficiente información para sugerir que cantidades menores de EF de las indicadas en las recomen- daciones iniciales tenían efectos beneficiosos para la salud, especialmente en individuos inactivos (38,157), constatando que los beneficios atribuidos a la actividad física eran mayores cuando la condición física era menor. Pero al observar que las recomendaciones de EF no eran factibles ni deseables para la mayoría de la población, se pasó a un nuevo enfoque dirigido a la salud pública.
El posicionamiento de ACSM en el año 1990 fue el comienzo del cambio desde el paradigma único de “fitness”-rendimiento hacia “fitness”-salud que incluía ambos, rendimiento y salud: “ACSM reconoce los beneficios potenciales
sobre la salud, de la práctica del ejercicio regular realizado con mayor frecuencia y duración, pero a intensidades menores de las recomendadas en sus posicionamientos anteriores”.
El pronunciamiento de la Asociación Americana del Corazón (AHA) en 1992 reforzó las recomendaciones de ACSM, al identificar en su informe a
la inactividad física como uno de los cuatro factores de riesgo modificables de la enfermedad cardiovascular, junto con el hábito del tabaco, la hiper- tensión y la dislipidemia (157). En este informe también se reconoce el valor de la cantidad de actividad física de intensidad moderada, especialmente en sujetos sedentarios.
Posteriormente en 1995, se publicó un informe sobre actividad física y salud pública realizado conjuntamente por el Centro de Control y Pre- vención de Enfermedades (CDC) y el ACSM (32) que son referencia hasta la actualidad para la práctica de actividad física en Estados Unidos y el resto del mundo. El énfasis principal se puso en la realización diaria de un mínimo de 30 minutos de intensidad moderada. Estas recomendaciones iban dirigidas a la población adulta americana sedentaria y/o con enfer- medades crónicas. Informes similares aparecieron más tarde, como los del U.S. Surgeon General (2), el Instituto Nacional de Salud (173) y la Organización Mundial de la Salud (174).
La característica más significativa de las recomendaciones del CDC/ ACSM del año 1995 fue el énfasis en la acumulación de 30 minutos o más de actividad física, en un bloque único y continuo o en periodos de un mínimo de 10 minutos, haciendo la práctica más atractiva y fácil para la mayoría de la población que antes era inactiva (figura 9).
“La dosis mínima de actividad física es capaz de reducir substancialmen- te la mortalidad y morbilidad producida por enfermedades crónicas”.
Además, se remarcó que los individuos que ya realizaban los mínimos de 30 minutos o más de EF a intensidad moderada, podrían conseguir be- neficios adicionales al aumentar el tiempo o realizándolo con intensidades más elevadas.
La identificación de la dosis óptima de EF, mediante la combinación de frecuencia, duración e intensidad del EF, suponen un gasto calórico mínimo de 1000 kcal/sem, 150-200 kcal/día durante todos los días de la semana en un individuo de 70 kg de peso en actividades de intensidad moderada vigorosa (159).
Figura 9. Esquema de las recomendaciones realizadas por el CDC y el ACSM en 1995 para mantener una apropiada salud mediante la incorporación regu- lar y acumulativa de actividad física. Adaptado de Lopategui (2013)(265)
Estas recomendaciones han sido modifi cadas a medida que las investigacio- nes científi cas han aportado información sobre la adecuada “dosis-respuesta” entre EF y la salud. Así estudios como el “The HERITAGE family study” (160), han mostrado el pequeño descenso de la FC y presión sistólica basales, y el notable descenso de la FC y presión sistólica durante el ejercicio, después de un programa de resistencia aeróbica de 20 semanas, independientemente de la raza, edad y género, mostrando los individuos de raza negra cambios de mayor magnitud. Por otra parte, el rol de la intensidad en la prescripción de EF parece ser una de los puntos clave en las recomendaciones actuales, al sugerir muchos estudios que la elevada intensidad puede tener efectos benefi ciosos para la salud (161,162,163,62,163,164,165, 166).
Así, en el año 2008, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos publicó las guías actuales de actividad física para niños y adultos (fi gura 10). Estas recomendaciones invitan a que los adultos, entre 18 y 64 años, realicen 150 minutos semanales de actividad física (2 horas con 30 minutos) de una intensidad moderada. Sin embargo, hace hincapié en que si
ésta actividad física se realiza a intensidad vigorosa la duración total mínima habrá de reducirse a 75 minutos (1 hora con 15 minutos) por semana, o una combinación equivalente de actividades de moderada a vigorosa intensidad. En el mismo sentido que se planteaba en las guías publicadas en el año 2007, las actividades físicas pueden realizarse de forma intermitente, acumulando periodos de 10 minutos, distribuidos a lo largo de la semana. Además, si el participante tiene como meta lograr benefi cios de mayor calidad, éstos requieren involucrarse en actividades físicas aeróbicas que posean una duración semanal de 300 minutos (5 horas) de intensidad moderada, o 150 minutos de actividad física de naturaleza aeróbica realizadas a una intensi- dad vigorosa, o una combinación equivalente de actividades de moderada a vigorosa. Finalmente, también se recomienda que los adultos se impliquen en un programa de entrenamiento para el fortalecimiento muscular, con una frecuencia de 2 o más días por semana, con una intensidad de moderada a alta que active los principales grupos musculares.