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55 BUZAN, B; HANSEN, L. (2009) Óp. Cit. Pg. 219. 56 Ídem.

57 Tomado de BUZAN, B; HANSEN, L (2009) The evolution of international security studies, Cambridge: Cambridge Press Pg 223, Traducción propia.

45 El esquema 2 permite observar, siguiendo las cuatro características diferenciadoras de los estudios internacionales, un mapa de las relaciones entre los diferentes enfoques y aproximaciones teóricas, y de su evolución. Con este fin se parte de los enfoques tradicionales o clásicos que se desarrollaron desde el final de la Segunda Guerra Mundial (con claros referentes teóricos anteriores) y lo que se llamará la investigación o estudios de la paz. En este sentido más ligados al análisis en sí mismo de la guerra y la paz como situaciones.

La investigación para la paz, por su parte, adquiere dos versiones: el enfoque de una paz negativa o positiva. Construido como una respuesta a los enfoques meramente estratégicos y geopolíticos −ligados al realismo−, busca reducir el uso de la fuerza en el sistema internacional. Dada la importancia que ha ganado el componente tecnológico en el planteamiento de la seguridad y de la definición de la estructura del poder, los estudios para la paz buscan abogar por otras formas de relacionamiento que eviten la guerra y su impacto humano, sobre todo una guerra futura que se plantea más letal que cualquier otra en la historia de la humanidad. La paz negativa es entonces la paz entendida como vía contraria a la guerra entre Estados. La paz positiva, por su parte, va más allá y considera la necesidad de desarrollar no solo medidas estatales para evitar la guerra, sino que incluye en su objetivo las diferentes formas del conflicto violento en la sociedad. En la base de esta búsqueda positiva de la paz se plantean las comunidades de seguridad y la seguridad humana.

Continuando con la evolución de la disciplina, puede verse que en el esquema 2 no se hace la distinción entre teoría realista y liberal como tales, esto responde al interés de los autores58 por hacer un análisis evolutivo de los estudios de seguridad y diferenciarlos de la teoría de relaciones internacionales como tal. Los principales enfoques de las relaciones internacionales (realismo, liberalismo) produjeron aplicaciones específicas al campo de la defensa. En este sentido los enfoques realistas llevan a un planteamiento de estudios estratégicos y los liberales a la investigación para la paz.

En general, los estudios para la paz, desde la perspectiva liberal consideran la posibilidad de cambiar la forma en la que los individuos y los

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Estados se perciben unos a otros y cómo la configuración de las imágenes de los enemigos es en muchos casos imprecisa59. Lo que en la teoría clásica lleva al dilema de la seguridad, desde un enfoque crítico conduce a una securitización negativa de las relaciones con el otro.

Estas serán, también, las bases de la Paz Democrática, una teoría basada en que la comunidad de Estados democráticos, es decir, con valores comunes, tiene menos incentivos para ir a la guerra. Es por tanto necesario y deseable que los Estados compartan los preceptos de la democracia liberal, que se define y juzga desde Occidente. Desde luego no es cuestión de este trabajo profundizar en esta cuestión como teoría pero sí es importante resaltar que esta idea está detrás del fundamento de las intervenciones, no necesariamente violentas, para el establecimiento de la democracia. Idea que ve algunos de sus fundamentos en el posterior enfoque de los Estados colapsados o fracasados y la necesidad de intervenir sobre ellos.

La Paz democrática ha tenido un importante impacto dentro de las Relaciones Internacionales por su conexión con las ideas kantianas y, de este modo, con la teoría normativa, su supuesta base histórica y su capacidad de explicación del comportamiento de los Estados60. A esta tesis se debe, en cierta forma, la apertura a la consideración de las características internas de los Estados como relevantes para entender las relaciones entre ellos. Se valoran no solo la existencia de la democracia como régimen de gobierno, sino la participación de los ciudadanos. Intenta establecer como base de su argumentación una idea que supone la existencia de relaciones fijas entre causas y efectos más propios de las ciencias exactas que del dinámico espacio social, esto es, a mayor cantidad de Estados democráticos entonces menor propensión a la guerra. Esta relación fundamenta una vía de acción determinada, a decir de Peñas61 “transformó en tratamiento el diagnóstico”. La tesis se convierte en una fundamentación de lo existente que es aplicada por los países

59 ONEAL, J; ONEAL, F; MAOZ, Z Y RUSSETT, B (1996) “The Liberal Peace:

Interdependence, Democracy, and International Conflict, 1950-85”; Journal of Peace Research, V. 33, N.1:11-28

60 PEÑAS, F (1997) “Liberalismo y Relaciones Internacionales: la tesis de la Paz democrática y sus críticos”; Revista Isegoría N.16 Pg. 119

47 poderosos como política rectora, mientras que la discusión sobre la conveniencia de dichas políticas, de su realismo, o implicaciones éticas quedan relegadas.

Lo ocurrido con la Paz democráticas consistente con la evolución de otros enfoques tradicionales. En la Postguerra Fría se produce un desdoblamiento de los enfoques teóricos. A pesar de perder su marco de referencia, “el mundo bipolar”, y la aparente marginalización de la agenda político-militar, la rama tradicionalista de los estudios de seguridad internacional mostró una considerable continuidad y robustez. Algunos temas como la disuasión y la carrera armamentística continuaron siendo referentes, aunque ahora orientados a otras amenazas, como el terrorismo o los Estados beligerantemente opuestos a la doctrina occidental. Esta fortaleza de los estudios tradicionales para soportar la desaparición de sus marcos de referencia, se basa en la “institucionalización” de estos enfoques62. Esto se explica porque eran enfoques bien arraigados en la academia y en los centros de análisis y especialmente en las instituciones. Eran los enfoques que determinaban los discursos del poder, que lo justificaban y como tales continuaron usándose y adaptándose a la nueva situación internacional, una suerte de inercia, dentro de la dinámica interna de los debates

académicos. Así, los teóricos del neorrealismo y el neoliberalismo fueron

capaces de demostrar que la agenda estatocéntrica y militar no había sido desplazada en el nuevo escenario internacional.

Además de la adaptación de la agenda de los enfoques tradicionalistas y de la paz negativa, en la Postguerra Fría, dentro de la disciplina, se produjo un proceso de ampliación y profundización de los estudios de seguridad. Como bien puede observarse en el esquema los nuevos enfoques se dividen en una amplia gama, desde el feminismo a la seguridad humana pasando por el postestructuralismo y los enfoques críticos.

Esta ampliación de la agenda de estudios responde, tanto a la importación de ideas y aplicaciones provenientes de otras disciplinas, como a la incapacidad de los enfoques clásicos para explicar la complejidad de la nueva situación internacional. Sin embargo, la complejidad de la situación no era un hecho novedoso de por sí, sino que había estado largamente invisibilizada, y al

62 Ídem.

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romperse el “filtro explicativo” de la Guerra Fría una serie de conflictos de diferente grado y estructura salieron a la luz como fenómenos nuevos y/o como tensiones ocultas o catalizadas a través de las dinámicas de la confrontación bipolar. La antigua agenda positiva para la paz, deja de ser tal para convertirse en un conjunto de enfoques diversos pero todos caracterizados por introducir en su espectro de interés los nuevos −y antiguos, pero olvidados− retos, como las reacciones frente a la inmigración, la pandemia de VIH, la contaminación ambiental, o el colapso estatal, entre otros.

Entre los años 1990 y el 2000, tiene lugar la consolidación de estos enfoques que aunque nacen de ideas largo tiempo desarrolladas, en este periodo van tomando personalidad propia. El constructivismo, con su variante crítica, la seguridad humana impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el post-colonialismo, los estudios críticos de seguridad, la teoría de la securitización ligada a la Escuela de Copenhague, las nuevas aplicaciones de los enfoques feministas, el postestructuralismo. Todos ellos con respuestas diferentes o diferenciadas en algún punto, sobre las características básicas de sus objetos/sujetos referentes y amenazas a la seguridad.

A continuación se esbozan brevemente las características de algunos de los enfoques relevantes para el estudio propuesto para, a continuación, revisar la evolución del concepto de seguridad en sus marcos analíticos y sus implicaciones.

1.3.

Enfoques clásicos

En la vertiente más clásica de estas tradiciones el Estado es el centro de la política, y el fin último por sí mismo. El Estado, por su parte, se define de una forma clásica como una entidad territorialmente basada, con un gobierno que domina todo el territorio, y que es reconocido como tal por otros Estados63. El enfoque centralizado en el “Estado” tiene sentido desde una perspectiva en la que se entiende este último como una concentración de poder única, referente

63 COLLINS, A (2009) Óp. Cit. Pg. 14

49 últimos de las lealtades e identidades de muchas personas, y las más grande, poderosa y efectiva forma de comunidad humana64. Por este motivo los Estados se mantienen en el centro de la política no solo internacional y militar sino económica, política e inclusive sicológicamente.

La seguridad del Estado, así entendido, contiene cuatro elementos básicos: seguridad física, autonomía, desarrollo y ejercicio de la ley. El Estado trabaja por defender esos cuatro elementos de las amenazas internas y externas y esta defensa es la tarea de la seguridad que se vale en todos los casos de las capacidades de coerción y disuasión.

A continuación se revisan los dos enfoques tradicionales, realismo y liberalismo, aunque siguiendo el criterio del Estado como objeto referente de la seguridad65 . En el esquema de la evolución de la seguridad analizado anteriormente, corresponden a los paradigmas teóricos de los estudios estratégicos y la investigación para la paz. Como enfoque tradicional también debería incluirse el marxismo, pero no se incluye dado que no es el fin de este documento presentar al detalle los enfoques, sino establecer herramientas analíticas para el caso de estudio.

Señalar, asimismo que, a pesar, de la importancia de los debates fundamentales66 que han impulsado la disciplina de Relaciones Internacionales, y de las discusiones teóricas alrededor de estos como estructuradores de la evolución de los estudios internacionales, dichos debates no se desarrollan pues no tiene lugar en este documento un análisis exhaustivo de la evolución teórica de la disciplina como tal.

Tradición realista y neorrealista

En el realismo la seguridad juega un papel predominante, puesto que esta teoría ha sido la más usada por los tomadores de decisiones para explicar y

64 Ibídem. Pg. 14

65 DOYLE, M (2012) “Liberalism and Foreign Policy” EN SMITH, S; HADFIELD, A; DUNNE, T;

Óp. Cit. Pg. 56

66 De forma habitual se reconocen 5 debates: realismo-liberalismo; cientifismo-tradicionalismo; realismo - transnacionalismo, neorrealismo-neotradicionalismo; racionalismo – reflectivismo.

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enfocar la política exterior, especialmente durante la Guerra Fría. El realismo es esencialmente una teoría normativa cuya base filosófica está dominada por el pesimismo antropológico y rechaza la existencia de una posible armonía de intereses, por lo que el conflicto se considera connatural al sistema internacional67. De acuerdo con esta visión la actuación del Estado viene dada por el mismo sistema con independencia de su ideología por lo que todos los Estados actúan de forma similar intentando aumentar su poder.

La seguridad desde esta perspectiva tiene cuatro características: ve a los Estados como preocupados por la seguridad física; asume la preocupación del Estado por la autonomía; trata el desarrollo nacional, principalmente como un medio que ayuda a sostener y fortalecer la autonomía estatal y la seguridad; y entiende las leyes como un importante conjunto instrumental primario68.

El interés nacional desde la perspectiva realista se define en términos de poder, que es considerado la llave de la seguridad, más aun, la estructura del sistema internacional se entiende como la distribución del poder entre los Estados69. En general, el realismo político, asume que los principios morales en abstracto no pueden aplicarse a la acción política, siendo criterios materiales de ejercicio del poder los que determinan la acción estatal, la política exterior y determinan las características de la competencia entre países. Una de las principales preocupaciones de los Estados es generar y mantener la distribución del poder apropiada; esta distribución “óptima” tiene como resultado mantener el orden y la estabilidad poniendo freno a las posibilidades de guerra y conteniendo los conflictos, así, provee seguridad para el sistema y sus miembros. El problema es que los Estados pueden diferir sobre cuál es la distribución óptima del poder. A su vez una distribución del poder determinada solo puede recomponerse o cambiarse a través de una gran guerra o de un cambio profundo en la capacidad militar de uno de los principales poderes.

67 DEL ARENAL, C (1990) Introducción a las Relaciones Internacionales. Madrid: Tecnos. 3ª. ed. Pg. 129-130

68 MORGAN, P(2009) Security in international politics, traditional approaches, en COLLINS, A;

Contemporary security studies, Londres: Oxford University Press Pg:17

51 La revisión del realismo hacia el denominado “neorrealismo” tuvo lugar con el fin de adaptar su capacidad de abordar la creciente importancia de los temas económicos en la agenda internacional, abandonando así una postura más dada a la reflexión filosófica y entendiendo las relaciones económicas como instrumento mercantilista y competitivo −y con mayor rigor metodológico−70.

En materia específica de seguridad, quizás el mejor exponente de la evolución del enfoque es Keneth Waltz y su conocida obra El Hombre, el Estado y la Guerra71 publicada originalmente en 1954. Para Waltz, la naturaleza humana, la organización interna de los Estados y el sistema internacional que son las tres imágenes de los orígenes de la guerra. El autor concluye que es la última de éstas donde se explica realmente el origen de la guerra pues −existe constantemente una posibilidad de guerra en un mundo en que haya dos o más Estados tratando de promover sus intereses particulares sobre todo cuando no existe un organismo del cual puedan depender para lograr su protección−72. Ratifica así la idea de un estado de anarquía en el sistema internacional, tal como sus predecesores y, de hecho, se reafirma en que los problemas internos de los Estados deben excluirse del estudio de las Relaciones Internacionales73.

Tradición liberal

Por su parte, la tradición liberal está enraizada en la teoría política basada en la libertad del individuo desarrollada a partir del siglo XVII por teóricos de la filosofía política y la economía política como Kant, Locke, Hume, Bentham, y Smith, entre otros. En este caso se trata de una teoría en la que el individuo y la responsabilidad del Estado en su protección son el centro de la acción política, que se ha trasladado al campo internacional. A pesar de ello, al igual que los demás enfoques clásicos, trata al Estado como el actor primario en la política internacional, pero en este caso es un Estado que trabaja en función de los intereses de los individuos. En la tradición liberal resultan menos relevantes los “objetivos o razones de Estado” y más “quién gobierna”, que es el principal

70 HALLIDAY, F (2002) Las Relaciones Internacionales en un mundo en transformación; Madrid: Los libros de la Catarata, volumen 146. Pg. 58

71 WALTZ, K (1959) El hombre, el Estado y la guerra, Buenos Aires: Editorial Nova 72 Ibídem. Conclusiones

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determinante de las políticas gubernamentales. A su vez también reconoce la presencia de otros actores significativos y contempla de una forma diferente al realismo la anarquía dominante en el sistema internacional, aunque estén de acuerdo en el reconocimiento de la existencia de dicha anarquía.

En términos generales, las tesis básicas del liberalismo se pueden recoger en tres puntos74:

• Las relaciones internacionales avanzan hacia una situación de mayor paz y prosperidad y progreso

• La transformación de las relaciones internacionales se debe a un proceso de modernización desencadenado por los avances científicos y reforzada por la revolución intelectual del liberalismo

• Es necesario promover la cooperación internacional para avanzar en el objetivo de la paz, bienestar y justicia

Como puede apreciarse, la primera diferencia entre liberalismo y realismo clásicos está en la negación del pesimismo antropológico del primero en función de una oportunidad de aprovechar los intereses de los Estados para avanzar en una cierta “integración” basada en la cooperación y no exclusivamente en la competencia. En este sentido, el liberalismo entiende que se pueden alcanzar resultados igualmente deseables por parte de los Estados a través de la cooperación; Incluso aceptando la existencia de un estado de anarquía. Dicha aceptación, no va en detrimento de la relación entre países, ni les fuerza necesariamente a una competencia o rivalidad que mine la seguridad; de hecho, redunda en la aceptación de la interdependencia de los Estados para protegerse75.

74 SALOMÓN M. (2002), “La teoría de las Relaciones Internacionales en los albores del siglo XXI: diálogo, disidencia, aproximaciones”, en Revista CIDOB d´Afers Internacionals, N.56, diciembre 2001-enero 2002.

75 MORGAN, P (2007), Security in international relations en COLLIN, S (2007) Óp. Cit. Pg. 23, 27.

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1.4.

Enfoque Constructivista

El constructivismo se desarrolla en la Postguerra Fría, a partir del debate sobre los fenómenos emergentes en este periodo, pero también de una lectura del pasado que ponía en cuestión la forma limitada, o selectiva, en la que se había entendido el sistema internacional y la seguridad. En gran medida este enfoque es una consecuencia del debate entre los enfoques racionalistas y los reflectivistas.

El término, introducido por Nicholas Onuf76 a finales de los 1980, se popularizó alrededor de la obra de Alexander Wendt77, cuyo artículo, “la anarquía es lo que los Estados hacen de ella”, permite entrever dicha postura crítica. Más que ofrecer una contraposición a los enfoques clásicos, en términos de quienes son los actores principales de las relaciones internacionales, los problemas o los temas que importan, lo que se ofrece es una forma alternativa de entender los temas centrales, como el significado de la anarquía y el balance de poderes, la relación entre la identidad de los Estados y sus intereses y la prospectiva de cambio.78

Tal como se señalaba al inicio de este apartado, el constructivismo corresponde a una ampliación del marco de estudio disciplinario, una ampliación tanto de las preguntas de investigación como de los temas y las herramientas analíticas, por lo cual se considera uno de los enfoques ampliados. De hecho la misma consideración de los atributos del Estado se amplía. Así, a decir de Reuss-Smith, en el análisis constructivista la idea de Estado está fundamentada en un conjunto de valores más amplio, que además determinan su acción e influyen en el diseño de las estructuras institucionales. La definición del Estado va por tanto más allá de la consideración exclusiva de la soberanía como principio organizador79

76 ONUF, N. (1989), World of Our Making. South Carolina: University of South Carolina Press. 77 WENDT A. (1992) “Anarchy is what states make of it: The social construction of power politics”. International Organization 46:391-425.

78 HOPF, T. (1998) The promise of Constructivism in international relation theory, International

Security, N. 23:171-200 Pg. 172.

79 REUSS-SMITH, C. (1997) “The constitutional structure of international society and the nature of fundamental institutions”; International Organization N.51Pg. 565

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La premisa básica del abordaje constructivista es que los seres humanos viven en un mundo que es construido de forma permanente a través de sus