Prevalencia de obesidad y exceso y de peso
4. Participantes, Material y Métodos
6.8. Evolución hacia la deceleración
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La utilización de distintos criterios diagnósticos basados en IMC (IOTF, ETEC y Orbegozo) sobre una misma muestra facilita comparar nuestros resultados con los ya publicados a nivel regional, autonómico, nacional e internacional. El uso de distintos criterios añade valor a este estudio al comparar los resultados obtenidos a partir de los estudios de referencia nacional e internacional para diferentes rangos de edad y sexo.
6.8. Evolución hacia la deceleración
La prevalencia de la obesidad infantil en España que estuvo en continuo crecimiento desde 1985 hasta aproximadamente el año 2000, en la última década se ha ido estabilizando.
La deceleración secular de la obesidad infanto-‐juvenil de la población de Oviedo se hace evidente al comparar los datos de 2012 con los datos de Díaz Martín (1999; 2006) correspondientes a las mediciones realizadas en 1992 y 2004-‐06.
A pesar de que existe una importante prevalencia de sobrepeso y obesidad en la población escolar, se ha producido una significativa disminución en el porcentaje de escolares con exceso de peso, más significativa en los alumnos de sexo masculino y en los escolares en edad puberal.
A modo de resumen, a partir de nuestros resultados se observa por un lado una importante deceleración en la tendencia de la prevalencia de sobrepeso y obesidad infanto-‐juvenil en Asturias en los últimos años, y por otro, que ser niño, en edad prepuberal, son factores relacionados con el sobrepeso y obesidad, hallazgos que coinciden con las afirmaciones de Serra Majem et al (2006) a nivel nacional con el estudio enKid.
No sabemos con certeza las causas que han podido motivar este substancial giro de tendencias, pero nos aventuramos a sugerir que, el hecho de que los cinco colegios estuvieran bajo la mirada atenta y periódica de investigadores del Servicio de Salud del Principado de Asturias, SESPA, en los últimos 20 años podría haber influido sobre la visión del profesorado, la dirección de los centros educativos, la Consejería de Educación Cultura y Deporte, y/o la Consejería de Sanidad del Principado de Asturias
97 ante la magnitud del problema, pudiendo desarrollar, respectivamente, cierta
sensibilidad ante la alarma social desplegada en la década de los 90 y la de los años 2000 al hacer públicos los resultados de los estudios realizados por Díaz Martín et al (1999; 2006) que mostraban una significativa aceleración en la tendencia de la prevalencia de obesidad infanto-‐juvenil en Oviedo, y por tanto pudiendo contribuir a desarrollar programas que directa o indirectamente reforzaran la oferta deportiva y lúdica de los centros dirigida a colectivos de riesgo, o bien, promoviendo hábitos alimenticios saludables en el aula, en los comedores escolares, aprovechando las sinergias que en este periodo de edad existen entre padres y profesores.
Recientes estudios realizados en Reino Unido y España sobre población con pocos recursos en general (National Obesity Observatory, H&SC (2012); García Goñi & Hernández Quevedo (2012) relacionan a determinados colectivos sociales con mayor predisposición a sufrir obesidad. Podrían existir pues, como ya han descrito autores españoles (Moreno et al (2002), Aranceta et al (2001) o Gutiérrez Fisac (2003), y extranjeros (Sjöberg et al (2008), Wang & Lobstein (2006), Zhang & Wang (2004), Ogden et al (2006; 2008), una relación entre factores socioculturales y socioeconómicos de la población residente en estas ZBS del Area IV, y la prevalencia de obesidad. El nivel cultural de la madre del niño juega un papel importante como demostró el estudio AVENA (Moreno et al 2004).
En nuestro conocimiento, se trata de la primera observación en este sentido en nuestro país, lo que alimenta la esperanza en la prevención de estos problemas para los próximos años.
Más allá de concretar el grado de sobrepeso y obesidad del niño o adolescente y la prevalencia de obesidad infanto-‐juvenil que tenemos en Oviedo, es necesario dotarnos de protocolos que permitan la detección precoz de los casos con exceso de peso y establecer medidas de prevención comunitarias eficaces y de sensibilización. Estas medidas deben ir encaminadas hacia el fomento del deporte, la actividad física y una dieta saludable que incluyan en sus objetivos, no sólo el abordaje del niño enfermo, sino que colaboren en controlar este aumento de peso que aún estando dentro de la
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98 normalidad distancia a los niños de esta generación del P50 de generaciones anteriores
en el IMC (Pesquera Cabezas 2010), pues el secreto para combatir esta epidemia está en la prevención en estadios precoces (Lama More et al 2006; Fernández de Velasco et al 2008) de niños con un IMC < a P85.
Urge, por tanto, la necesidad de plantear medidas poblacionales para atajar esta epidemia en el mundo industrializado. El sobrepeso, la obesidad y las enfermedades conexas son en gran medida prevenibles, por consiguiente hay que dar una gran prioridad a la prevención de la obesidad infantil.
La trascendencia de la obesidad es tan importante que se han desarrollado programas de prevención y promoción de estilos de vida saludable no solo a nivel nacional, sino también a nivel europeo y mundial. Cualquier intervención preventiva, debe desarrollarse en cuatro ámbitos: escuela, familia-‐comunidad, laboral y sanitario, en colaboración con industria, tal y como viene descrita en la estrategia NAOS (MSPSI 2012).
La estrategia NAOS (MSC 2005) ha de servir de plataforma donde incluir e impulsar todas aquellas iniciativas que contribuyan a lograr el necesario cambio social en la promoción de una alimentación saludable y la prevención del sedentarismo, realzando la importancia que supone adoptar una perspectiva a lo largo de toda la vida en la prevención y control de la obesidad centrada en niños y adolescentes, cuyos hábitos alimentarios y de actividad física no están aún consolidados y pueden modificarse, sobre todo, a través de la educación.
La escuela, ofrece innumerables oportunidades para formar a los niños sobre hábitos alimentarios saludables y fomentar la práctica regular de actividad física y deporte, tanto en las actividades realizadas en el aula como en las extraescolares. Por ello, de acuerdo con el MSC (2005), constituye uno de los lugares más eficaces para modificar los estilos de vida de los niños y adolescentes.
Por otro lado, la detección sistemática del sobrepeso y obesidad infanto-‐juvenil debería abordarse desde la consulta de Atención Primaria (AP) y los centros escolares,
99 como vienen realizando periódicamente los Especialistas en Enfermería Familiar y
Comunitaria (Specialist Community Public Health Nurses, SCPHN) en Reino Unido a través del establecimiento de un programa nacional de medición antropométrica en la infancia (National Child Measurement Programme, NCMP), que capta a niños de 4 a 5 años y 10 a 11 años, con el propósito de determinar el IMC, componente clave para la monitorización de la prevalencia de sobrepeso y obesidad, e identificación temprana de población de riesgo (Public Health England 2013; De Bell 2007), facilitando consejos básicos sobre alimentación y ejercicio físico con el objetivo de invertir la tendencia ascendente de la prevalencia de la obesidad y, con ello, reducir sustancialmente la morbimortalidad atribuible a este problema de salud.
Dentro de su actividad diaria, el equipo de AP puede reconocer en la población infantil hábitos de vida inadecuados y potencialmente condicionantes de obesidad, lo que hace muy importante su participación en las intervenciones educativas desde la infancia. También puede identificar a la población con problemas de sobrepeso y modificar los factores que puedan estar influyendo negativamente en su equilibrio energético. Evidentemente, no podrá eliminar estas influencias pero podrá contrarrestar sus efectos a través de una acción educadora de carácter general centrada en los niños, adolescentes y sus familias, pero dirigida también al sistema educativo y los ámbitos social y político.
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7. Conclusión
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1. Las prevalencia de sobrepeso y obesidad infanto-‐juvenil en Oviedo han disminuido significativamente en los últimos 7 años. Los resultados muestran que el 17,7% de los niños y niñas, de entre 5 y 14 años de edad, presenta sobrepeso, y el 5,1%, obesidad, más marcado en varones y en edades prepuberales.
Esto supone que el 22,8% de la muestra de 2012 tiene algún grado de exceso de peso.
2. Se observa un descenso significativo en los valores de IMC en la población estudiada, siendo en el año 2012 0,58 kg/m2 inferior al de hace dos décadas. La situación para el IMC en 2012 es análoga al segregar por sexo, descendiendo 0,52 kg/m2 respecto a 1992, y 1,02 kg/m2 respecto a 2004 para mujeres; 0,72
kg/m2 respecto a 1992, y 1,17 kg/m2 para varones.
3. Los hallazgos indican que el descenso en la prevalencia de sobrepeso y obesidad es más acusado en varones y escolares en edades puberales.
4. La utilización de diferentes puntos de corte para el diagnóstico condiciona diferencias importantes en la clasificación de sobrepeso y obesidad infanto-‐ juvenil. La variabilidad de la prevalencia de obesidad infantil en Oviedo dependerá por tanto del criterio diagnóstico utilizado, el nivel de agregación en que se presenten los resultados y la segregación de la muestra por edad y sexo.
5. Es evidente el sobrediagnóstico de obesidad empleando los puntos de corte de la Fundación Orbegozo (7,1%) frente a los de ETEC (1%), valor que septuplica en número de casos con obesidad (6,1 puntos porcentuales más sobre el total de obesos diagnosticados por ETEC), así como sobrediagnóstico de sobrepeso empleando el criterio de la IOTF, que duplica los valores detectados por ETEC (17,7% vs. 9,2%) y por la Fundación Orbegozo (17,7% vs. 9%).
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6. A pesar de la disminución en la prevalencia de sobrepeso y obesidad observada, es necesario continuar implementando medidas preventivas, ya que en cualquier caso el número de niños y adolescentes con exceso de peso todavía es elevado.
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