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B.3.1 ¿DE DÓNDE VIENE ESTE INTERÉS POR LA AUTORIDAD RELIGIOSA?

B.3.3. EXPECTATIVAS EN TORNO A AUTORIDADES EN PRECARIO

Ante la prioridad de encontrar un interlocutor válido para estos colectivos, las sociedades europeas acostumbran a señalar los imames como las figuras que vienen a representar este liderazgo comunitario. Gaborieau y Zeghal (2004: 17) señalan que "la figura del imam, que es marginal en tierra musulmana, se convierte en importante y multifuncional en diáspora", lo que contrasta con la evidencia de que la gran mayoría de los líderes de las organizaciones y federaciones musulmanas en Europa muestran un perfil esencialmente laico. Por otro lado, esta focalización sobre la figura de los imames, deja fuera de plano la existencia de otros perfiles de autoridad religiosa también presentes en Europa. Los imames, probablemente, representan la figura religiosa islámica más conocida para la opinión pública europea, por lo que parece lógico que se genere esta fuerte visibilidad en torno suyo. Al vincular la figura de los imames con las mezquitas, se produce un fenómeno de asociación respecto a lo que supone la parroquia católica, en su grado de influencia en su contexto social

inmediato. La implícita parroquialización que se proyecta sobre la institución mezquita (véase capítulo D), se complementa con la proyección sobre la figura de los imames de toda una serie de funciones que son atribuidas a los sacerdotes católicos o a los pastores protestantes. La imagen del imam como "pastor de su comunidad" es trasferida desde una perspectiva europea, como forma de insistir sobre el grado de influencia de estas figuras con respecto a su colectivo de referencia (Tezcan, 2005) 82.

Sostener que los colectivos musulmanes, dada su condición religiosa, deban de tener liderazgos también religiosos, es sumamente cuestionable. Se trata de un argumento equívoco, en primer lugar, porque contribuye a formalizar aún más el etiquetado social de estos colectivos como comunidades de creyentes, únicamente orientadas en clave doctrinal y cultual. Supondría pensar los musulmanes como homini religiosi, cuya realidad está plenamente condicionada por su componente confesional. La explícita comunitarización externa que se opera a través de este argumento no se corresponde con las constataciones empíricas que los diferentes estudios muestran, tanto respecto a los diferentes niveles de relevancia que adquiere el factor religioso para cada individuo musulmán, como por la existencia de otras referencias, formalmente no religiosas, con las que estas personas pueden identificarse, creando pertenencias individuales o grupales, que también pueden servir para movilizarlos. Hay otro segundo argumento que cuestiona esta vinculación, puesto que al interpretar de manera unívoca la noción de autoridad que representan estas figuras, se acaba confundiendo en la práctica la expresión de una autoridad doctrinal (que permite a estas figuras ejercer una serie de funciones de tipo cultual respecto a su colectivo) con la de un liderazgo asociativo (representado por los órganos directivos de asociaciones u oratorios comunitarios).

82 La llamada "metáfora pastoral" en el cristianismo, fue utilizada por Michel Foucault como un

ejemplo de la tecnología del poder: "el pastor debe asumir la responsabilidad del destino del rebaño en su totalidad y de cada oveja en particular". [...] Supone una forma de conocimiento particular entre el pastor y cada una de las ovejas. Este conocimiento es particular. Individualiza. No basta con saber en qué estado se encuentra el rebaño. Hace falta conocer cómo se encuentra cada oveja" (Foucault, 1990: 112 y 114).

El contraste entre la valoración de la autoridad que hacen las sociedades europeas y la que elaboran las propias comunidades musulmanas, es una de las más notables paradojas en la consideración social de los imames que se observan en Europa (Reeber, 2000; Bruinessen, 2003): mientras que para los primeros la figura de los imames ocupa un lugar preeminente, para los segundos, su rol se entiende más bien como dependiente y al servicio de la comunidad. Esta valoración, aparentemente tan positiva por parte de la sociedad europea, contribuye a revalorizar la autoridad de esta figura, si bien con criterios muy diferentes a los que acostumbran a elaborar las mismas comunidades musulmanas. La no correspondencia entre las valoraciones que se hacen desde un lado y otro contribuye aún más a precarizar y hacer más contingente del ejercicio de su autoridad. En síntesis, lo podemos ver en el siguiente cuadro:

CUADRO 1. Funciones y expectativas en relación con los imames en Europa

Comunidades musulmanas Sociedades europeas

funciones • Liderazgo doctrinal de la

comunidad

• Dirección del culto y atención

religiosa (hospitales, prisiones, defunciones)

• Transmisión de la tradición y

formación de las nuevas generaciones

• Mantenimento del oratorio

• Liderazgo civil de la comunidad • Interlocución ante las instituciones

politicas y sociales

• Mediación en caso de conflictos • Participación en iniciativas de

diálogo interreligioso

expectativas • Salvaguardar y mantener los

vínculos comunitarios en torno al factor religioso

• Formular la representación del

colectivo, en clave de moderación en el discurso y en la práctica del liderazgo

Fuente: Elaboración propia

La autoridad que desde las sociedades europeas se les otorga a los imames depende, pues, de la consideración respecto a su liderazgo externo (durante los contactos con las instancias políticas, por ejemplo), así como por el hecho de convertirse en guías para el colectivo. Ambas funciones siguen girando en torno a la integración social de la comunidad, proceso en el que se afirma que el rol de los imames es clave y fundamental, dando por supuesta su capacidad de influencia sobre el colectivo. Una influencia que, es importante insistir, a

menudo es bastante relativa, tanto por el propio predicamento que este imam pueda mantener ante su comunidad local, como por la presencia de miembros de este colectivo que no se sientan identificados con ningún tipo de referencia religiosa. Atribuirles un grado de influencia tan fuerte, sería hacerlos responsables directos de las dificultades que se presenten en los complejos procesos de integración que protagonizan estos colectivos, lo que es bastante discutible.

Su influencia debe ser matizada de acuerdo con dos criterios: en primer lugar ante su precariedad profesional, a menudo con una situación laboral sin derechos ni garantías (e incluso, en el caso de ser extranjero, sin disponer de la documentación de residencia pertinente), y en segundo, respecto a su déficit de formación o escasa preparación que muestra este personal religioso para el ejercicio de sus funciones en contexto no musulmán. Ambos elementos actúan como indicadores del grado de influencia que pueden ejercer estas autoridades religiosas. Difícilmente podrán favorecer la integración social de su colectivo, cuando la suya se mantiene de forma precaria. Por otra parte, desde el punto de vista de su formación, se produce de nuevo otra confusión, ya que una cosa es que sus conocimientos islámicos sean escasos o que no se adecuen a las realidades europeas, y otra, que éstos no sean válidos o que, incluso, se consideren contrarios a favorecer la integración de su colectivo. De momento, y dejando aparte el delicado aspecto de la valoración de la idoneidad o no de los conocimientos y orientaciones doctrinales de este personal religioso para trabajar en Europa, el dominio y conocimiento de las lenguas y usos sociales de los países europeos ha sido considerado un buen indicador de cómo los imames pueden trabajar por la integración de sus colectivos, así como por la suya propia.

Ayer prácticamente desapercibidos, los imames en Europa rápidamente se han convertido en figuras de notoriedad pública (Chaabaoui, 1994: 62). Mostrados como protagonistas en el debate público sobre la integración social de los colectivos inmigrantes, los imames terminan siendo verdaderamente

transplantados de un ámbito de actuación comunitaria a la esfera pública, mostrándolos como figuras controvertidas ante su implicación, más o menos

comprometida, en la integración de sus colectivos de referencia. A menudo se sugiere que la propia integración social del imam podría ser el "termómetro" del estado de la integración social del colectivo. Según esta lógica, en el caso en que este imam verbalizase algún tipo de discurso aparentemente tradicionalista o rigorista, parecería como si el proceso de integración del colectivo hiciera un paso atrás 83. Y, al contrario, si éste muestra una clara voluntad para conocer la lengua del país, o por mantener un discurso público de moderación, entonces la integración de la comunidad progresa adecuadamente. De nuevo, hay que matizar todas estas correlaciones que aceptan sin contrastar la influencia de una autoridad sobre este colectivo, y sin considerar cómo ésta se proyecta y, sobre todo, cómo ésta es aceptada socialmente.