3. GESTIÓN DE RIESGOS SANITARIOS
3.2. METODOLOGÍA GENERAL DE GESTIÓN DE RIESGOS
3.2.1. EL AMFE COMO METODOLOGÍA PARA LA GESTIÓN DE RIESGOS EN EL USO DE LOS
3.2.1.1. Experiencia de la aplicación del AMFE en el proceso de utilización de
El método AMFE se ha utilizado para evaluar procesos asistenciales de alto riesgo para el paciente, como son las transfusiones sanguíneas(65), la actividad en un servicio de urgencias, o los fallos de comunicación en la transición de los pacientes desde el servicio de urgencias a las unidades de hospitalización(66-68). Recientemente también se está aplicando a procesos tan diferentes como la braquiterapia(69, 70), la fertilización in vitro(71) o para mejorar la calidad de la aplicación de radioterapia en pacientes pediátricos(72). Pero el AMFE también es adecuado para realizar un análisis del proceso concreto del uso de los medicamentos(1-3). Cohen et al(5) lo proponen en diversos trabajos como un método para el estudio de la reducción de los EM, impulsándose esta línea de trabajo por el ISMP(4) y el IHI(51).
Desde la última década de los 90 hasta la actualidad (2016), se han publicado diversos trabajos que aplican la metodología del AMFE para mejorar la seguridad en las diferentes etapas del circuito de utilización de los medicamentos. Algunos de ellos, solo describen la identificación de los modos de fallo y acciones de mejora, pero en otros casos, se mide el impacto que tiene el AMFE en la mejora de los procesos.
La prescripción y administración de quimioterapia es objeto de varios AMFE(10-15). Van Tilburg et al (2006)(12, 15) realizan un estudio para validar si el AMFE es un sistema adecuado para evaluar el proceso de prescripción y administración de quimioterapia en un servicio de oncología pediátrica, concluyendo que es un método efectivo para detectar fallos potenciales en este proceso y que el paciente o sus familiares pueden contribuir formando parte del equipo multidisciplinar que realiza el análisis.
En otros estudios se utiliza el AMFE para mejorar la seguridad en la elaboración de la nutrición parenteral pediátrica(6) o de las fórmulas magistrales(73).
Otros autores(7, 8) lo han aplicado para identificar los posibles riesgos del sistema de
distribución de medicamentos en dosis unitarias. Así, Alfaro et al (2016)(8) evalúan 40
modos de fallo en 6 subprocesos y, entre las medidas de mejora que definen se encuentran: la implantación de la PEA, mejorar los factores ambientales que prevengan o disminuyan los lapsus o despistes, y la formación del personal.
La administración de medicamentos también se ha analizado en diversos AMFE(9, 74-79). Adachi y Lodolce (2005) (75) se centran en la administración de medicamentos por vía intravenosa y evalúan la efectividad de las medidas de mejora implantadas tras el AMFE. Describen que la causa principal de la administración de dosis incorrectas, son los errores de programación de las bombas de infusión, por lo que deciden implementar la utilización de bombas de infusión inteligentes (BII). Un año después de la puesta en marcha, observan una ligera reducción de los errores relacionados con las dosis, pero una reducción muy importante de los errores relacionados con la programación de las bombas. Por su parte, Apkon et al (2004)(76) mejoran la seguridad del proceso de administración intravenosa de medicamentos en una UCI pediátrica utilizando un AMFE, observando una reducción de los valores de NPR, tras la implantación de medidas de mejora. Por último, Berruyer et al (2016)(77) describen los modos de fallo y las medidas correctivas definidas para mejorar la seguridad en la administración de insulina, en una unidad de ginecología obstétrica, una unidad de neonatología y una unidad pediátrica, pero no analizan su impacto en la seguridad. Recientemente, se han publicado estudios internacionales que han empleado el AMFE con una perspectiva más clínica, lo cual abre una línea de investigación muy interesante en lo relacionado con esta metodología. Daniels et al (2015)(80) lo utilizan para mejorar el control de la anticoagulación oral durante el tratamiento concomitante con antimicrobianos en pacientes no hospitalizados. Observan que las acciones que tienen mayor impacto están relacionadas con mejorar la información
disponible en la Historia Clínica Electrónica (HCE), así como la incorporación de alertas en la misma. Los autores estiman que con la puesta en marcha de las acciones definidas en el AMFE, se pueden evitar más de la mitad de los EA potenciales identificados.
Por su parte, Hosoya et al (2015)(81), utilizan el AMFE para determinar los riesgos asociados a la baja adherencia al tratamiento oral con inhibidores de tirosina cinasa de ABL (ABL TKI), en pacientes con Leucemia Mieloide Crónica (LMC). En este caso, los autores realizan una encuesta a 54 pacientes y analizan los resultados con un AMFE, con el objetivo de detectar dianas potenciales para mejorar y maximizar la adherencia al tratamiento de estos pacientes. Identifican 4 factores que pueden estar relacionados con la adherencia, de los cuales, el descuido u olvido y la comprensión inadecuada de los resultados esperados con el tratamiento, son los que alcanzan un mayor valor de NPR.
A pesar del incremento de publicaciones que se ha producido en los últimos años, aún existen pocos estudios en los que se haya empleado esta metodología para evaluar las nuevas tecnologías en el proceso de utilización de medicamentos(3), siendo la PEA
y las BII, las tecnologías más estudiadas. Así Kim (2006)(13) y Collins (2011)(14) describen
en sendos estudios, la utilización del AMFE para evaluar el impacto de la PEA en la reducción de errores de prescripción en quimioterapia, logrando reducir el riesgo de errores del tipo “dosis incorrecta” o “cálculo de dosis incorrecto”. Delgado (2012)(3) y Vélez (2013)(82) aplican el AMFE para detectar los riesgos asociados al proceso de prescripción, validación y dispensación de medicamentos en Unidades de Hospitalización (UH) que disponen de PEA. En el estudio de Vélez, además se realiza un estudio de errores de medicación para conocer el impacto de las medidas definidas en el AMFE, concluyendo que se consigue reducir los errores en cada una de las etapas del proceso. Por su parte, Rodríguez-González et al (2015)(78) realizan un AMFE para evaluar los EA prevenibles que se producen en la administración de medicamentos en UH que disponen de PEA y de Sistemas Automatizados de Dispensación (SAD). Su objetivo es evaluar las causas, priorizar las acciones que se deben implementar, y evaluar su impacto en el valor del HS, y concluyen que las acciones que tienen un mayor impacto son la implementación del registro electrónico de la administración (e-MAR) y la estandarización de la elaboración de las mezclas intravenosas. Por último, Wetterneck et l (2006)(83) y Manrique et al (2014)(84) aplican el AMFE antes y después de la implementación de las BII. En ambos casos, los autores concluyen que la formación de los usuarios, así como realizar mejoras en la tecnología,
y una monitorización continua de su utilización, son claves para garantizar el uso seguro de la misma.
En el momento de iniciar el presente proyecto de investigación no se había publicado ningún AMFE aplicado al proceso de utilización de los Sistemas Automatizados de Dispensación de medicamentos.