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CAPÍTULO III. EL MESTIZO FRONTERIZO Y EL BÁRBARO ORGULLOSO FIGURAS RACIALES EN NARRATIVAS DE LA EXCEPCIONALIDAD REGIOMONTANA

3.2 El bárbaro orgulloso como práctica de resignificación hispanista

3.2.1 Exterminar a los chiriwillos para seguir siendo regios

Que curioso, regresan de forma masiva los chiriwillos a Monterrey y aparece de nuevo la contaminacio n del aire.

Post en Rugido de Leo n

Los ochenta, e poca de oro; pero esos tiempos se fueron, y con ellos la magia de la familia; hoy a veces pasamos y ni volteamos a verla, ya ocupada por personas fora neas…Es…, no, fue, la verdadera Alameda. Hoy es una an eja sen ora que sigue vistiendo ropajes que huelen a rancia Lavanda y brillantina, pero que no le quedo ma s destino que

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ser anfitriona de todos, pero al mismo tiempo de nadie…

Gregorio Martí nez, La Alameda y el tiempo que se

fue

Como mencione al inicio de este capí tulo, los migrantes rurales y semirrurales del centro-sur del paí s sostuvieron con su trabajo el desarrollo industrial de la “Sultana del Norte” y el posterior desplazamiento a la economí a de servicios (Cfr. Palacios, 2008, Snodgrass, 2008). Au n cuando esos migrantes se han arraigado a la ciudad por varias generaciones, siguen siendo vistos, desde las narrativas de

excepcionalidad, no so lo como sujetos ajenos al “nosotros” regiomontano, sino incluso como amenazas directas al mismo. No se le teme al migrante en abstracto, sino al migrante racializado que amenaza, con su forma de vida, su cuerpo, sus ha bitos y modos de hacer, la continuidad de la “esencia” regia.

En los espacios de replicacio n digital que forman el corpus de promocio n limí trofe, se utiliza una categorí a local para nombrar a ese migrante racializado: el chiriwillo (a veces escrito como

chirigüillo o chiriwiyo, y relacionado sema nticamente con "los sanluisitos", "los chilangos prietos", “los chapas”, “los oaxacos”, “los negros”, “los hijos de Tla loc”, “los cara de San Luis”, “las Marí as”, “las Juanas”, “los Chirichangos”). Lejos de pertenecer so lo a dichos entornos, esta pra ctica discursiva centrada en la nominacio n

racial, cruza por otros grupos y pa ginas de Facebook (y conversaciones de Twitter) que no se afirman a sí mismos como regionalistas (menos au n como separatistas), y su uso continu a en las otras esferas digitales y en la cotidianidad offline.

Imagen obtenida del grupo secreto de Facebook Regios vs chiriwillos Oficial

(19 de marzo de 2019)

Imagen obtenida de la página de Facebook Lo que pasa En García NL

120 Los promotores cí vicos separatistas toman ima genes de esos espacios114, de lo que podrí amos

llamar, para fines heurí sticos, “humor racial” y las hacen circular en sus grupos y pa ginas. A su vez, en los propios espacios de “humor racial” publican algunos de los promotores o funcionan como moderadores.

Lo importante, sin embargo, no son esos ví nculos directos entre los promotores del separatismo y los espacios del humor racial, sino

las relaciones de sentido que unen el uso del “chiriwillo” como pra ctica discursiva de demarcacio n del “nosotros” regiomontano con el imaginario e tnico-comunitario de las narrativas de excepcionalidad que ponen al centro,

como vimos anteriormente, la hispanidad criolla. En el polo opuesto al hispano (judí o) / chichimeca (ba rbaro) / tlaxcalteca sobre el que se erige el relato del mestizo fronterizo, el chiriwillo es racializado como indí gena del centro-sur; o bien, como mestizo pero con una clara centralidad indí gena115. Así , en el grupo secreto de Facebook

Chiriwiyos vs. regios oficial, circula la siguiente definicio n bajo la forma del humor racial:

Chiriwillo: adj. Humanoide de tez morena, labios gruesos, ojos negros, cabello rebelde, proveniente de etnias indí genas del sur de Me xico tales como Toluca, SLP, Veracruz y Chiapas

114 Regios vs. chiriwillos oficial; Regios vs Chiriwillos sin censura; El Mesí as Rayado; Regio Mamo n; Lo que pasa

en Garcí a Nuevo Leo n, son algunos de esos espacios.

115 “Hace mucho calor voy a poner unas bocinas en la alameda pa que bailen los chiriwillos y llueva.”, bromea

un usuario de Twitter. “Hoy desperte con una ereccio n digna de ponerle unos voladores de Papantla, tra iganme a los chiriwillos esos”, comenta otro. “Vayanse a san guicho apoyar a sus raí ces indí genas, no le peguen ala mamada con que son tigres o rayados! chiriss cagados”, dice un usuario del grupo Regios vs chiriwillos oficial.

Imagen obtenida de la página de Facebook Lo que pasa En García NL

(14 de enero de 2017)

y

Imagen obtenida de la página de Facebook Orgullo Neoleonés

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entre los cuales emigran al Norte especialmente la Grandiosa y Hermosa cd. De Monterrey para juntarse en pavadas en la Alameda y Macroplaza aunque tambie n se les ha visto en Fundidora, casi nunca se mezclan con gente que no sea de su raza pero si logran hacerlo los criollos de nacimiento no ayudan a mejorar su especie.

Esa definicio n sintetiza tres elementos clave de la conformacio n racial y racista de esta pra ctica discursiva: la herencia indí gena como centralidad e tnica de los migrantes; la relacio n moreno / prieto en conexio n con lo simiesco, lo

primitivo, la animalidad, así como con lo peligroso, lo fuera de norma, lo delincuencial; y la Alameda y la Macroplaza como espacios “tomados” por los chiriwillos116, espacios heteroto picos que

contrastan con la utopí a de vivir sin ellos o, al menos, con la supuesta tranquilidad, seguridad y bienestar que queda en la ciudad cuando ellos “se regresan a su rancho”.

Aunque esta ma s alla de los lí mites de esta tesis, una veta clave de investigacio n serí a, precisamente, la dimensio n socioespacial de esta pra ctica discursiva a trave s de lo que un usuario del grupo secreto Regios vs. chiriwillos llama la “geografí a chiriwillo-regia”, si bien e l la situ a exclusivamente en el municipio de

Escobedo (parte del A rea Metropolitana de Monterrey). En un ejercicio que podrí amos analizar desde lo disto pico, lo uto pico y lo heteroto pico, dicho usuario define cuatro espacios de Escobedo (separados por color y en el cual coloca incluso las colonias que los conforman), segu n la presencia/ausencia chiriwilla: el negro es

“Escomiedo” la zona de mayor peligrosidad por ser “zona chiriwilla”; el rojo es “Escoviejo”, espacio de peligrosidad moderada en el cual “regios de edad avanzada y chiriwillos conviven

116 Espacios “tomados” por ellos y, a la par, espacios en los cuales deben quedarse confinados, de los que no

deben salir para seguir siendo lo que son (“¿Desde cua ndo hay chiriwillos en San Pedro?”, pregunta con ironí a un usuario de Twitter).

Imagen obtenida del grupo secreto de Facebook Regios vs chiriwillos Oficial

(18 de marzo de 2019)

Imagen obtenida de la página de Facebook Rugido de León

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y se toleran”; el verde es “Escobello”, espacio de poca peligrosidad, de mayorí a regia, donde “a veces hay encuentros inesperados con chiriwillos”; el azul, por u ltimo, es “Escofresa”, zona segura, “los chiriwillos tienen prohibido entrar a menos que trabajen ahí ” (Regios vs chiriwillos Oficial, 12 de abril de 2018).

De la mano de la nostalgia por el Monterrey que era sin los chiriwillos, se despliega otra estrategia tí pica del racismo: el miedo al reemplazo. Uno de los promotores del separatismo, afirma: “Monterrey no esta invadido, esta infectado de chiriguillos, los que dicen que no pasa nada ya veremos en unos an os cuando sean mayorí a, y no quede nada de lo que fue NL” (Repu blica de Nuevo Leo n, 8 de agosto

2017). A su vez, el miedo al reemplazo, el relato de la invasio n y la cadena sema ntica migrante- indí gena-moreno-prieto en conexio n con lo simiesco-primitivo-animalidad-peligroso vincula a los “chiriwillos” con los migrantes centroamericanos (honduren os, guatemaltecos, salvadoren os, principalmente).

En este sentido, el “chiriwillo”, como pra ctica discursiva, es racista no so lo por la nominacio n, sino porque se alude a su exterminacio n fí sica y simbo lica como ví a indispensable para la recuperacio n de “lo regio”. Con esta pra ctica vemos concretizarse, como efectos de esencializacio n, las fijaciones de sentido del imaginario e tnico-comunitario de la excepcionalidad regiomontana. Lejos de flotar en el aire, dichas fijaciones se traducen en relaciones de segregacio n y violencia cotidianas con los otros, los que, desde su propia perspectiva, amenazan la “esencia” de la excepcionalidad regiomontana.

Esa esencializacio n coloca en el polo opuesto del chiriwillo al mestizo fronterizo de centralidad hispana, sobre el cual se erige el hombre empresarial que, segu n estas narrativas, forjo la grandeza de “la capital industrial” de Me xico. En el pro ximo capí tulo (enfocado en el imaginario econo mico-polí tico de la excepcionalidad regiomontana), trabajo con las polí ticas de esa grandeza y sus relaciones con lo que llamare el regionalismo sinecdo quico regiomontano, el cual disputa los contenidos hegemo nicos del nacionalismo mexicano.

Imagen obtenida de la página de Facebook Rugido de León

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