María Dalila Forlano Riera no ha logrado reponerse del dolor de quince años de trabajo perdidos a consecuencia de la falta de nitrógeno para los filtros del laboratorio de parasitología del Decanato de Veterinaria de la UCLA. La Universidad dejó de recibir los recursos para reponer las bombonas y además, varios reactivos se perdieron en las neveras por causa del largo apagón eléctrico del mes de marzo de 2019. Los parásitos hemotrópicos congelados con los que ella y su equipo de estudiantes desarrollaban investigaciones sobre enfermedades zoonóticas -que es como se llaman a las que se transmiten de animales a humanos y viceversa-, murieron progresivamente en los filtros que dejaron de funcionar por la falta de este gas.
El Laboratorio de Diagnóstico de Enfermedades Parasitarias es uno de los pocos lugares del Decanato donde aún funciona el aire acon- dicionado, porque los ladrones que constantemente irrumpen en las instalaciones de la Universidad no han logrado treparse hasta el techo de este espacio para extraer el motor, como lo hicieron con el resto de aparatos de Veterinaria. Con el agua destilada que gotea del viejo equi- po de aire acondicionado, ella y sus compañeros hacen las pruebas de coprología (heces) y serología en parasitología para detectar enferme- dades. La entrevista con la jefa del laboratorio se interrumpe cada cier- to tiempo mientras ella recoge el líquido en un tobo que almacena como un tesoro. Desde abril del año pasado no llega el agua por tuberías al Decanato de Veterinaria; los baños que usa la comunidad universitaria generan una sensación de soledad y abandono que contrasta con lo que se ve en las aulas y pasillos donde la mermada matrícula estudiantil y sus profesores luchan por mantener con vida a la Universidad.
María Forlano, como se le conoce en el Decanato, es magister y doctora en Parasitología Veterinaria por la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro (UFRRJ), donde egresó en 2007. Allá dejó sus afectos, amigos y profesores que hace poco le enviaron un pasaje aéreo y le brindarán estadía para que se actualice en el conocimiento científico, para que practique extracción de ADN y haga pruebas PSR. Forlano, es especialista en enfermedades parasitarias y vectores hemotrópicos de rumiantes, equinos y animales domésticos. Su pasión por la investigación la ha mantenido durante 24 años en la UCLA, de donde no quiere irse sin dejar el laboratorio en las condiciones óptimas en las que lo recibió de sus maestros Hugo Leiva y Roy Meléndez.
Cuando era estudiante del cuarto semestre de Medicina Veterinaria en la UCLA, el doctor Hugo Leiva vio el talento y deseos de aprender de Forlano; por eso la integró a su equipo de investigación en fisiología en reproducción de cabras. Era el inicio de una carrera académica que tuvo un hito en 1994 cuando se graduó, para que al año siguiente ingresara como profesora contratada al Decanato donde se formó. Leiva fue discípulo del doctor Haity Moussatche, un destacado científico brasileño que en 1971 llegó a la UCLA para formar varias generaciones de investigadores en fisiología y fármaco dinámica durante más de una década. Moussatche, como muchos intelectuales de su época, fue obligado a salir de su país por la persecución de la dictadura militar. En Venezuela se aprovechó el talento de este maestro que obtuvo las más altas distinciones en el mundo de la ciencia, tanto en su natal Brasil como en Venezuela y Estados Unidos.
María Forlano pasó de la tutela de Leiva a la del profesor Roy Meléndez, con quien se encaminó por los senderos de la parasitología, asignatura de la que se prendó ella en el quinto semestre de la carrera. Meléndez la incorporó como auxiliar de investigación con el aval del Consejo de Desarrollo Científico Humanístico y Tecnológico (CDCHT) de la UCLA. Con el de su maestro, el nombre de Forlano en su condición de co investigadora comienza a aparecer desde 1993 en revistas especializadas extranjeras. Su primer trabajo como equipo tuvo especial trascendencia: el descubrimiento de un parásito que se transmite de la madre al feto de vacunos, tripanosoma vivax que produce una infección perinatal, y fue publicado en el Journal of parasitology de la American Society of Parasitologists (ASP).
Forlano y Meléndez llevaron sus investigaciones a Georgetown, Brasil y a México, donde se valoró su aporte científico. Desde entonces no ha dejado de trabajar la profesora Forlano en la búsqueda de vectores protozoarios de enfermedades animales, humanas y zoonóticas para su diagnóstico, prevención y cura, así como la identificación y taxonomía de garrapatas. De su labor investigativa destaca la detección de chipos en la zona de Cubiro, algunos de los cuales dieron positivo en la prueba de mal de chagas o la presencia de parásitos en las orejas del ganado tipo Gyr que llegó de Brasil hace algunos años y que produce una otitis fuerte en estos animales, o la reaparición de un parásito que ataca a los pulmones de las reses y que ha sido detectado en ganado importado.
Desde niña, cuando observaba la relación del ser humano con la naturaleza en la zona rural de Capadare, en el estado Falcón, y luego como estudiante de la Escuela Granja Mayorica en San Felipe, ella supo que la ciencia veterinaria sería parte sustancial de su vida. Esa pasión está intacta en ella; por eso se mantiene en la UCLA. “No quiero irme, quiero ver renacer esto, la nevera llena, el nitrógeno con los parásitos… Más que la inseguridad y que no hay agua, eso pone cuesta arriba, pero seguimos aquí, trabajando. Tengo tres años sin carro, se dañó, me movilizo en cola, a pesar de todo eso. Si esto mejora quiero ayudar a levantar nuevamente mi decanato”.