CUARTA PARTE LOS PSICOFÁRMACOS
XVII. FÁRMACOS USADOS EN TRASTORNOS AFECTIVOS
LAS EMOCIONES ANORMALMENTE INTENSAS pueden asociarse a psicosis. Con esta aseveración nos referimos a la depresión y la manía, estados emocionales extremos que pueden conducir a deformaciones del pensamiento, de la razón y de la percepción del ambiente externo e interno. Es preciso no confundir los trastornos afectivos con los estados psicóticos que incluyen un componente emocional. El tratamiento es fundamentalmente distinto.
La depresión grave, o mayor, es una de las alteraciones psiquiátricas más frecuentes: se observa entre el 5 y 10% de la población general, siendo más frecuente en las mujeres que en los hombres, apareciendo particularmente entre los 25 y 35 años de edad. Se caracteriza por sentimiento de tristeza extrema, pesimismo, preocupación, pérdida de la concentración, agitación, pérdida de la autoestima, alteraciones del sueño, pérdida del apetito, fatiga y pérdida de la energía, incapacidad para sentir placer (anhedonia) e incluso ideas suicidas. Es importante
distinguir esta depresión de estados más leves, como la tristeza reactiva (aquella que dura algunas horas o días), la pena asociada a factores externos (pérdida de algún ser querido) o la depresión asociada a trastornos médicos o a fármacos. Entre las causas de depresión reactiva encontramos el asma, las infecciones crónicas, la insuficiencia cardiaca, el cáncer, la diabetes, el SIDA, la desnutrición, la anemia, el síndrome premenstrual, la artritis
reumatoide, la colitis ulcerativa, los trastornos de la glándula tiroides (hipo o hipertiroidismo), la enfermedad de Alzheimer, la de Parkinson, el síndrome de fatiga crónica, etc. Entre las drogas que pueden causar depresión se encuentran los antihipertensivos, los antiparkinsonianos, los ansiolíticos, algunos anticonvulsivantes, las píldoras anticonceptivas, el alcohol, los corticosteroides y otras hormonas, agentes antineoplásicos (los usados para combatir el cáncer), algunos sedantes etc. Por supuesto, no se trata de todos los casos de sujetos que experimentan estas enfermedades o condiciones o los que reciben estos tratamientos. La asociación entre ellos y la depresión
puede ocurrir pero no es la regla.
La manía y la alternancia entre estados de depresión y de manía (llamado trastorno afectivo bipolar) son menos comunes. Éstos se tratan con drogas antipsicóticas o con litio. La manía se caracteriza por euforia, humor expansivo o irritable, delirio de grandeza, disminución de la necesidad de dormir, distractibilidad, imposibilidad para mantenerse callado, agitación psicomotora, implicación excesiva en actividades con alto riesgo de placer o dolor, que frecuentemente conducen al individuo a la promiscuidad, etc. Los estados maníacos pueden
presentarse, como la depresión, asociados a enfermedades o a algunos medicamentos. Entre los primeros encontramos algunos tumores cerebrales, infecciones como la neurosífilis; la encefalitis, la influenza, algunos trastornos metabólicos, la esclerosis múltiple, etc. Entre las drogas que pueden provocar estados maníacos se encuentran las anfetaminas, la cocaína, los bromuros, la isoniazida y los esteroides.
Veamos primero las drogas utilizadas en el tratamiento de la depresión. LOS ANTIDEPRESIVOS
Como para cualquier medicamento, antes de prescribir un tratamiento antidepresivo es necesario confirmar la existencia de esta condición. La depresión de la que estamos hablando es un trastorno bioquímico cerebral, con manifestaciones físicas evidentes: alteraciones del sueño y del apetito, fatiga, agitación y nerviosismo, falta de concentración, desinterés sexual y anhedonia. Se piensa que estas alteraciones son causadas, al menos en parte, por desequilibrios en la regulación de ciertos neurotransmisores, en particular las catecolaminas (noradrenalina, dopamina) y la serotonina. Los antidepresivos pueden restablecer algunos de estos desequilibrios, pero es importante explicar al paciente que para lograrlo estas drogas deben alcanzar niveles sanguíneos terapéuticos durante un periodo suficiente (usualmente de tres a cinco semanas). Si el paciente no siente alivio de los síntomas desde el principio del tratamiento, puede pensar que el medicamento no le está surtiendo efecto y desanimarse a continuar el tratamiento.
Las drogas antidepresivas se pueden clasificar de acuerdo con su estructura química en tres grandes grupos: los antidepresivos heterocíclicos (bi, tri y tetracíclicos), los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) y los no heterocíclicos o atípicos. El primer grupo, mejor conocido como el de los antidepresivos tricíclicos, es
Los tricíclicos incluyen la imipramina, la desipramina, la amitriptilina, la nortriptilina, y sus derivados, el doxepina y la protriptilina, entre los principales. Tomaremos a la imipramina, el más utilizado de ellos, como ejemplo para describir sus efectos.
La administración de esta sustancia a sujetos sanos (no deprimidos) produce somnolencia, cierto mareo, caída de la presión arterial, sequedad de la boca, visión borrosa y sensación de malestar generalizado. Por el contrario, en sujetos deprimidos, la imipramina produce una elevación del estado de ánimo. Estos efectos antidepresivos aparecen sólo después de dos a tres semanas de iniciado el tratamiento, por lo que debemos considerar a estos agentes como eficaces sólo cuando el tratamiento es relativamente prolongado.
La manera como estás sustancias actúan se ha descrito más en términos de disminución de las ideas depresivas que de la inducción de un estado de euforia, aunque se han reportado estados de excitación e insomnio en pacientes susceptibles. O sea, no es que la alegría aumente, sino que disminuye la tristeza.
Este grupo de sustancias favorece la acción de las catecolaminas y de la serotonina al ejercer un efecto inhibitorio sobre sus mecanismos de inactivación. Los antidepresivos tricíclicos también pueden producir bloqueo de los receptores de la acetilcolina (los muscarínicos) y la histamina. Estos efectos neuroquímicos intervienen tanto en las acciones terapéuticas como en las reacciones adversas. Estas últimas ocurren usualmente cuando las
concentraciones sanguíneas de la droga alcanzan niveles tóxicos. Estas reacciones son relativamente frecuentes, y pueden presentarse hasta en 5% de los pacientes. La imipramina y sus derivados producen sedación —que puede representar un efecto benéfico en pacientes con insomnio, pero también un problema en los que manejan
vehículos o máquinas.
Otros efectos colaterales incluyen: sequedad de la boca y sensación de sabor metálico; dilatación pupilar (midriasis), que para contrarrestarla puede sugerirse el uso de lentes oscuros; visión borrosa y dolor, que puede indicar aumento brusco de la presión intraocular y comprometer la visión gravemente, es decir, ataques agudos de glaucoma; retención urinaria; estreñimiento; efectos cardiovasculares que incluyen hipotensión postural (caída brusca de presión al cambiar de posición), taquicardia, palpitaciones y toxicidad cardiaca, potencialmente fatal en pacientes con infartos del miocardio; en algunos pacientes se puede observar una transición de la fase depresiva a una de excitación excesiva, que aparece bajo la forma de un estado hipomaniaco o maníaco con delirio y
confusión, situación que puede ser peligrosa en pacientes suicidas, los cuales pueden así sentir la energía necesaria para consumar el acto de autodestrucción.
Es importante recordar que, como el tratamiento antidepresivo puede durar meses o años, es posible que el paciente tenga que consumir otros medicamentos, por lo que hay que vigilar los efectos de la interacción
medicamentosa. Por ejemplo, la asociación de antidepresivos con drogas antipsicóticas, tranquilizantes, sedantes, algunos antiepilépticos, alcohol y ciertos antihipertensivos producen mayor depresión del SNC.
Otro par de puntos que vale la pena mencionar: es aconsejable no administrar antidepresivos a mujeres
embarazadas, particularmente en el primer trimestre del embarazo. Y por otra parte, debe informarse al paciente que el peligro de desarrollar adicción a los antidepresivos es bajo. Y repetimos, estas sustancias no deben administrarse a pacientes con antecedentes de infarto del miocardio, epilépticos o pacientes con glaucoma. El segundo gran grupo de fármacos antidepresivos son los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO). Estas sustancias tienen la propiedad de antagonizar a la enzima que metaboliza las catecolaminas, lo cual prolonga el efecto de estos neurotransmisores y aumento en sus niveles cerebrales. Son fármacos tan eficaces como los antidepresivos tricíclicos, siempre y cuando se administren con mucho cuidado. El peligro es que haya aumentos bruscos y graves de la presión arterial. Esto sucede cuando el sujeto consume alimentos con tiramina, una sustancia contenida en varios quesos, algunos vinos y cervezas, hígado, salchichas, aguacate, plátano, chocolate, café, cola, salsa de soya, etc. Por este problema que puede resultar fatal, los IMAO se administran solamente a pacientes hospitalizados o a los que pueden seguir las indicaciones del médico de manera confiable. Incluso se consideran los IMAO menos tóxicos que los antidepresivos tricíclicos, siempre y cuando se sigan estas
restricciones dietéticas, y más eficaces en algunos pacientes con depresión atípica, depresión enmascarada (la que manifiestan algunos sujetos hipocondríacos) y la anorexia nervosa, condición en la que el sujeto no come.
También debe tenerse precaución extrema de no combinar los IMAO con drogas anticolinérgicas, anestésicos, depresores del SNC (sedantes, hipnóticos, alcohol), anfetaminas, antidepresivos tricíclicos, y otras drogas con acción central.
Como en el caso de los tricíclicos, la aparición del efecto antidepresivo se observa entre 10 días y cuatro semanas de iniciado el tratamiento. Los IMAO más frecuentemente usados son la fenelzina y la tranilcipromina. Como en el caso de los tricíclicos, los efectos farmacológicos —benéficos y tóxicos— también se deben a la hiperactividad catecolaminérgica.
El tercer grupo de antidepresivos es el de los no heterocíclicos o atípicos. Son sustancias de aparición
relativamente reciente con acción un poco más selectiva que la de los otros dos grupos. Estas sustancias inhiben la recaptación de la serotonina; dado que la recaptación es una de las formas de inactivación de este
neurotransmisor, el efecto neto es potenciar los efectos del neurohumor. Existen varias sustancias con estos efectos; las más utilizadas hasta ahora son la fluoxetina (Prozac®) y la sertralina. La fluoxetina tiene una vida media relativamente larga: de siete a nueve días. Esto significa que el fármaco puede administrarse una sola vez al día (usualmente por las mañanas) o tres veces por semana. También significa que antes de cambiar de tratamiento antidepresivo, particularmente con los IMAO, es imprescindible esperar de cuatro a seis semanas antes de iniciar el nuevo tratamiento, por el peligro de la aparición de efectos tóxicos. La fluoxetina se prescribe frecuentemente, quizá por su utilidad y por la baja incidencia de efectos adversos; el problema es su costo bastante elevado. El bupropión, otro antidepresivo que no es ni tricíclico ni IMAO, parece ser tan eficaz como éstos pero menos tóxico, aunque tampoco debe combinarse con los IMAO.
Mencionemos, para terminar, que existen otros antidepresivos con estructuras químicas y mecanismos de acción diferentes a los antes mencionados. Esto ofrece más esperanzas al futuro desarrollo de la terapia antidepresiva. CUADRO XVII.I. Antidepresivos.
Nombre Genérico Comercial Dosis usual (rango) (mg) Sedación TRICÍCLICOS O RELACIONADOS Amitriptilina Anapsique 50-300 +++ Amoxapina Demolox 150-400 ++ Bupropión welbutrín 200-450 + Desipramina Norpramín 150-300 + Doxepina Sinequan 50-300 +++ Fluoxetina Prozac 20-80 + Imipramina Tofranil, tolpramina 50-300 ++ Nortriptilina Motival 30-125 ++ Maprotilina Ludiomil 50-225 ++ Mianserina Tolvón 20-120 +++ Sertralina Zoloft 50-200 + Trazodona Sideril 150-400 ++ INHIBIDORES DE LA MONOAMINOOXIDASA (IMAO) Fenelzina Nardil 30-90 + Isocarboxacida Marplán 10-40 + Tranilcipromina Stelapar 20-60 +