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2.3. Factores relacionados con el Rendimiento Escolar 17

2.3.2. Factor Familiar 21

De acuerdo a lo que establece en su investigación Brunner y Elacqua (2009) al factor familiar, se suele pensarse que está determinado exclusiva o principalmente por el nivel de ingresos del hogar. Empero, tal y como lo muestran diversos estudios, este factor es mucho más complejo que eso. Tiene que ver con el “mundo de vida” en que nace y se desarrolla el niño. Ciertamente, el status socio-económico de los padres es importante, pero aún más decisivo, parece ser, en el caso de niños provenientes de hogares de escasos recursos, la organización de la familia, su clima afectivo la socialización lingüística o la adquisición temprana de actitudes y motivaciones.

Por eso, es importante abordar algunos aspectos que permitan establecer con precisión la relación de los factores familiares con el desempeño académico,

estableciendo que la familia es según Covadonga (2001, c.p. García, 1990) una comunidad de afecto fundamental entre los seres humanos, así como una de las instituciones que más importancia tiene en la educación. Por tal razón el espacio que se comparte en el hogar es trascendental y marca con gran relevancia a sus integrantes, ya sea para bien o para mal.

En el caso de los núcleos familiares, estos se encuentran conformados por diferente cantidad de miembros. Sin embargo, no se pretende establecer la relación que pueda existir entre la cantidad de hermanos y la posición que ostenten, con el desempeño académico. Sin embargo, al considerar la cantidad de miembros como parte del factor familiar, según lo que establecen Elices, González, Rivera y Crespo (1989), en cuanto al número de hermanos, una vez controlado el efecto de la clase social, no muestra

resultados significativos en los aspectos de desarrollo cognitivo… Las mayores diferencias vienen marcadas por el orden de nacimiento (p.42).

2.3.2.1. Escolaridad de los padres

Se puede determinar la escolaridad de los padres como un factor familiar que eventualmente puede inferir en los resultados del rendimiento académico de los hijos. Ya que según Sandi (s.f.) un alumno, hijo de padres con un nivel de estudios inferior a los padres de otro alumno, tendría a priori una mayor probabilidad de alcanzar un menor grado de educación (p.13).

De ahí que se visualiza la baja escolaridad de los padres como un factor de riesgo, correlacionado al bajo rendimiento académico, como señala Jadue, Galindo y Navarro (2005), la baja escolaridad de los padres también constituye un factor de riesgo y está relacionada con la pobreza, los hábitos de vida y la comunicación lingüística al interior del hogar; involucra también la baja calidad y la escasez de estrategias de aprendizaje que ayuden a los hijos al éxito en la escuela. Aunque estos padres valoran la educación, por su baja escolaridad, no poseen la habilidad para conformar estrategias de aprendizaje en el hogar que apoyen la labor de los profesores (p.52).

2.3.2.2. Convivencia con los padres en el hogar.

Los padres ejercen una fuerte influencia en diversos aspectos de la vida de los hijos, entre estos aspectos podemos destacar la educación, así como la seguridad para que la persona se sienta querida, además de los valores y la disciplina para que se desarrolle en un ambiente de hogar y que posteriormente, estos aspectos se logren extender a su vida en edad adulta.

Es por ello que se dan variaciones cuando los hijos cuentan con la presencia de ambos padres o por el contrario con uno de ellos, o bien, según la calidad del tiempo que se invierta en los hijos. Por ello, aquellos hijos que viven con un solo padre están más propensos a experimentar un síntoma muy común en la tensión emocional, como lo es la ansiedad. De acuerdo con Jadue (2003)

hasta cierto punto, es lógico atribuir estos signos, entre otros factores, a la rapidez con que cambia la sociedad, al fomento de la competencia y del individualismo en todos los ámbitos sociales (familia, escuela, comunidad), lo que en muchas personas genera ansiedad, conflictos, frustración y otros problemas emocionales; en general, una sensación incómoda de tensión y aprensión que por su duración hace que el sujeto se perciba a sí mismo muy intranquilo, lo que puede traducirse en problemas de conducta y/o del rendimiento en la escuela (p.119).

Lo cierto, es que el centro educativo debe conocer la situación del estudiantado, de forma que pueda favorecer y reorientar el proceso de enseñanza aprendizaje, con el fin de

lograr optimizar las habilidades y destrezas de sus educandos, pero también mejorar aquellas limitaciones con las que cuente.

2.3.2.3. Presencia de los padres en el centro educativo.

Con el pasar de lo años, en el marco del desarrollo educativo del estudiante, se vuelve importante la comunicación entre el colegio y la familia, no solo por el compartir información, sino por el seguimiento que debe brindarse a la educación de los niños y niñas. Aunado a lo anterior, está el apoyo que deben sentir los hijos de sus padres, el cual puede verse traducido con la asistencia de sus progenitores o encargados a la institución educativa.

Por lo descrito, se pude concebir la presencia de los padres en el centro educativo como el conjunto de visitas realizadas por estos durante el curso lectivo a la institución educativa. Según Lozano (2003), la condición educativa atribuida a la familia está fuera de toda duda y discusión, siendo cada vez mayor la importancia el papel de los progenitores en el progreso y desarrollo educativo de los hijos (p.46). Por ello, en la actualidad no se concibe a un alumno matriculado en un centro de enseñanza y cuyos padres no asistan a dar seguimiento en la labor de aprendizaje de sus hijos.

De ahí que según Edel (sf) al momento de buscar las causas del fracaso escolar se apunta hacia los programas de estudio, la masificación de las aulas, la falta de recursos de las instituciones y raras veces al papel de los padres y su actitud de creer que su

responsabilidad acaba donde empieza la de los maestros. Por ello, este tipo de accionar atenta contra el desarrollo integral de los alumnos y debe ser atendida de forma que se

logre la interacción entre el colegio y la familia. Ante este panorama, es primordial el proceso de participación activa de los padres de familia en la institución para el

seguimiento de las actividades académicas de sus hijos. Como menciona Bolívar (2006)

sin desdeñar todo lo que cabe hacer en los propios centros educativos, la acción de padres y madres debe de jugar un papel relevante a <resituar> en nuestra actual coyuntura hay una tendencia creciente de las familias a delegar la responsabilidad en el centro educativo, dimitiendo –en parte- de sus funciones educativas primarias en este terreno (p.127).

Por lo anterior, el deber de los padres y madres de familia es no dejar sus responsabilidades en manos del cetro educativo, este accionar muestra desinterés en la labor de sus hijos, no ofreciendo la relevancia que tiene el proceso de enseñanza aprendizaje de los menores, pero también no respaldando la función que desarrolla la escuela o el colegio.

2.3.2.4. Situación socioeconómica.

Al pensar en la situación socioeconómica se necesita relacionar lo definido por la sociedad y los ingresos o riqueza que percibe la persona o para este caso la familia, o bien, establecer una comparación entre la cuantificación de ingresos económicos percibidos por la familia y los egresos debidos a la manutención de la familia como tal. Por lo anterior, el criterio del nivel socioeconómico se relaciona directamente con la pobreza, tal y como lo señala Tessier (1994) cuando denota que al hablar de pobreza se suele pensar en falta de dinero, carencia de servicios básicos, problemas de vivienda, en los grupos marginales, la

violencia e inseguridad, entre otros. Por ello, la pobreza en la niñez es el predictor más consistente de problemas en el desarrollo y en el rendimiento escolar.

Debido a las condiciones de vida ligadas a la falta de recursos, la pobreza se convierte en uno de los factores de riesgo que más influye en la vulnerabilidad de las personas. Desde el punto de vista de la UNESCO – UNICEF (1996) los efectos acumulados de la pobreza aumentan la vulnerabilidad física y psicosocial del niño que crece y se desarrolla en un ambiente privado. Quedando claro que la pobreza limita la posibilidad de mejores condiciones para el desarrollo personal y la calidad de vida.

De ahí que la situación socioeconómica que tenga una familia determina las actitudes de comportamiento que desarrolla cotidianamente para Lago (s.f.):

Influyen en las relaciones sociales familiares la representación cultural de familia que se tenga, los patrones de crianza y castigo, las actitudes entre los diferentes miembros de la familia, el nivel de respeto entre los miembros de la familia, la sexualidad y el rol que cada uno de los miembros tiene en la familia (p.29).

2.3.2.5. Tiempo que dedica los padres al estudio con su hijo.

El hijo debe sentir la importancia de la labor que realiza en la escuela o el colegio. Este sentimiento debe ser percibido por el menor, mediante el interés que refleje sus padres en el proceso de enseñanza aprendizaje, en las tareas que este conlleva y en lo retos

que cada día se presentan, no solo desde el punto de vista académico, sino de las relaciones interpersonales que el estudiante adquiere.

Por lo anterior, tiempo destinado a trabajar en conjunto padre e hijo en el

desarrollo de actividades académicas, resulta ser e gran importancia, al visualizar la acción de labor de equipo, pero también el ubicar la educación del menor como un aspecto

relevante en la familia. Bolívar (2006), hace referencia a que la familia desempeña un papel crítico en los niveles de consecución de logros de los hijos como alumnos y los esfuerzos para mejorar los resultados de estos, los cuales son mucho más efectivos si se ven acompañados y apoyados por las respectivas familias.

Por lo descrito, sí es muy importante el apoyo en casa, éste se ve reforzado cuando hay una implicación en las tareas educativas desarrolladas con apoyo de la familia para la escuela. Como efecto final, dicha implicación contribuye, a la larga, a mejorar al propio centro educativo y su relación con los hogares de familia.

Otro aspecto a resaltar, dentro del factor familiar, es su ambiente educativo, el cual es definido por Lozano (2003) como “el grado y estilo de ayuda familiar a los hijos que viene determinado por los elementos de contexto familiar, como la dinámica de relaciones de comunicación y afectivas, las actitudes frente a los valores, las expectativas, etc.” (p.47).

Ese tipo de prácticas familiares, permiten en concordancia con Castellón y Pérez (1998) construir en el hijo- alumno, una percepción sobre la importancia que sus

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