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FACTORES DE RIESGO Y CONSECUENCIAS DEL MALTRATO HACIA LAS PERSONAS MAYORES

2.1. Factores de riesgo de maltrato a mayores

2.1.3. Factores de riesgo presentes en el contexto de la situación

Las siguientes características necesitan ser valoradas en el contexto de la situación del maltrato hacia las personas mayores en el ámbito comunitario ya que se han identificado como factores de riesgo.

Ayuda formal e informal recibida

Las personas, que cuidan a personas mayores, que menos ayuda reciben, presentan mayor riesgo de maltrato que los que reciben más ayuda formal o informal (Pérez-Rojo et al., 2005; Pérez-Rojo et al., 2008; Pérez-Rojo et al., en prensa). Si no tienen a otros familiares disponibles para ayudarles en el cuidado de un pariente mayor o para proporcionarles un respiro periódico, la carga total de la responsabilidad debe ser asumida por ellos. Las implacables y constantes demandas resultantes del suministro de cuidado podrían sobrecargar al cuidador y dar como resultado un cuidado abusivo o ineficaz (Wolf y Pillemer, 1989; Kosberg y Nahmiash, 1996; Oh et al., 2006).

Historia de violencia familiar

En algunos casos en los que las personas mayores han sido responsables de conductas abusivas hacia familiares en el pasado pueden recibir un tratamiento similar cuando muestran un aumento del deterioro y de la dependencia (Sengstock y Hwalek, 1987; Baker, 2007). Además, se ha encontrado que los hijos que han sido maltratados de pequeños, al ser adultos presentan riesgo de convertirse en responsables de maltrato (Sengstock y Hwalek, 1987). El maltrato que ellos inflijan puede ser una venganza deliberada, una conducta aprendida o el resultado de una hostilidad inconsciente (Kosberg, 1988).

Aislamiento

La falta de contactos informales y/o formales, es decir, el aislamiento social, tanto en el responsable del maltrato como en la persona mayor aumenta la probabilidad de maltrato (Baker, 2007). El aislamiento social es un factor de riesgo significativo que se ha sugerido como una de las razones principales por las que las víctimas son difícilmente detectadas. Muchas personas mayores permanecen aisladas debido a enfermedades físicas o mentales, o como consecuencia de la pérdida de amigos y familiares. Las personas que son maltratadas normalmente tienen menos contactos sociales que las que no lo son. El aislamiento social es más probable que ocurra en casos de negligencia y de abuso económico que en casos de maltrato físico o psicológico y, el aislamiento geográfico del responsable del maltrato o de la persona mayor aumenta la probabilidad de que ocurra el maltrato. Además, si el responsable del maltrato no tiene contactos informales o formales con amigos, familiares, compañeros de trabajo, organizaciones o asociaciones podría estar aislado de otras personas con las que poder hablar de su situación, de los problemas que le acarrea o para recibir apoyo emocional, etc.

Aunque el aislamiento en sí mismo no es causa de conducta abusiva, las familias en las que los miembros están aislados unos de otros colocan a una persona mayor vulnerable en una posición invisible dando como resultado que el comportamiento abusivo pueda no ser detectado.

Conflictos familiares

El desgaste de los vínculos intergeneracionales entre padres e hijos y los conflictos maritales pueden incrementar el riesgo de maltrato (Jayawardena y Liao, 2006). Además, también se deben evitar las dificultades o problemas matrimoniales que experimenta una familia en la que se aloja a una persona mayor. El estrés y la ira resultado de los problemas maritales podrían

desbordarse y provocar como resultado el maltrato de un familiar mayor, especialmente de un suegro o una suegra (Kosberg, 1988).

Convivencia

Que el responsable del maltrato y la persona mayor vivan juntos aumenta el riesgo de maltrato (Kosberg, 1988; Pillemer, 2005; Baker, 2007). Convivir juntos implica que aumentan las oportunidades de contacto o de interacción entre ellos y, por tanto, aumenta la probabilidad de conflicto o maltrato.

Calidad de la relación entre responsable del maltrato y la persona maltratada

La calidad anterior y actual de la relación entre el responsable del maltrato y la persona mayor influye en el maltrato, siendo más probable el riesgo cuando peor es la calidad de la relación en ambos momentos (Homer y Gilleard, 1990; Glendenning, 1993; Jayawardena y Liao, 2006; Oh et al., 2006).

Vivienda compartida

El alojamiento de una persona mayor en la vivienda de una familia en la que viven muchas personas podría resultar desafortunada, no sólo para la persona mayor sino también para el resto de la familia. Se ha encontrado que el exceso de personas y la falta de intimidad conducen a conflictos intrafamiliares y pueden provocar ira, como resultado, hacia la persona mayor, quien es vista como la causa de la incomodidad (Kosberg, 1988).

Dificultades económicas

Las presiones económicas (como resultado del desempleo y de otros problemas económicos) en una familia podrían influir de forma negativa en el cuidado o en el trato dado a una persona mayor. Adicionalmente, el cuidado podría significar que una de las personas que trabajan, a menudo la hija o la nuera, tuviera que dejar de hacerlo para cuidar de la persona mayor. Por lo tanto, los problemas económicos podrían intensificarse y dar como resultado hostilidad y maltrato (Lau y Kosberg, 1979; Kosberg, 2005; Oh et al., 2006).

Deseo de institucionalización

Se debe evaluar con mucho cuidado a cualquier familia que prefiera la institucionalización de un pariente mayor a cuidarle en su propio hogar. Esto podría deberse a que la familia ya esté muy sobrecargada, o bien puede ser el reflejo de conflictos intergeneracionales antiguos. Idealmente, la motivación de las familias para cuidar de parientes mayores debe estar basada en un compromiso real. El cuidado debe ser proporcionado voluntariamente, sin presiones por parte de los profesionales (Kosberg, 1988).