transición de la fecundidad
1.2. El Proyecto de Princeton y la reformulación del paradigma transicional
1.2.2. Factores económicos versus factores culturales
Aunque la verificación de la hipótesis clásica del descenso de la fecundidad en Europa fue una razones que impulsó el European Fertility Project, sus resultados matizaron la importancia de los factores socioeconómicos. J. Knodel y E. Van de Walle verificaron el contexto socieconómico en el cual tuvo lugar el descenso del 10% de la fecundidad marital (Ig) de los distintos países europeos y lo que encontraron fue una amplia gama de situaciones: mortalidad infantil entre 250 por mil nacidos vivos en Hungría a 69 en Irlanda, porcentaje de mano de obra agrícola desde el 70% en Francia al 13% en Escocia, porcentaje de población rural desde el 85% en Finlandia al 26% en Holanda, etc. Parece indudable, pues, que el declive de la fecundidad legítima tuvo lugar bajo una gran variedad de condiciones sociales, económicas y demográficas (Knodel, Van de Walle, 1979).
Por el contrario, los hallazgos del proyecto de Princeton encumbraron el poder explicativo de las variables de tipo ideológico-cultural, tenidas hasta entonces por secundarias. Es cierto que antes de la Segunda Guerra Mundial existieron, como hemos visto, diversas corrientes de pensamiento que atribuían el descenso de la natalidad a causas de tipo ideológico, moral o cultural; eran autores que achacaban el declive de la fecundidad, no a causas vinculadas al desarrollo económico, sino a motivos morales como “la degeneración de la especie”, “la decadencia de la Nación”, “la pérdida de la religiosidad” o del “patriotismo”, “el hedonismo y la búsqueda de los placeres”, etc. En estas corrientes se incluye tanto a los eugenistas preocupados por “la calidad de la raza” como a los pensadores influidos por ideas ultrarreligiosas, así como a los ideólogos nacional-fascistas existentes en prácticamente todos los países europeos y occidentales y que tuvieron una gran pujanza en el período de entreguerras13. Sin embargo, las conclusiones del Proyecto de la Fecundidad Europea
13 En general, eran intelectuales poblacionistas, creyentes en la “fuerza del número” -un país es más
poderoso cuanto más numerosa es su población”- y estaban condicionados por el clima prebélico que vivió Occidente desde las últimas décadas del siglo XIX (Teiltelbaum y Winter, 1985). No obstante, algunos de
no se refieren a razones morales un tanto etéreas, sino al papel de dos factores que, si bien son igualmente difíciles de medir, son más concretos: en primer lugar, el papel jugado por la secularización y la pérdida de peso moral de las autoridades religiosas a la hora de explicar el cambio de mentalidad respecto a la reproducción; en segundo lugar, la trascendencia de los factores culturales, entendidos de una manera amplia (lengua, cultura, religión, historia común...), como elementos de difusión y, al tiempo, de diferenciación regional respecto a la fecundidad.
En referencia al primer punto, quizás es R. Lesthaeghe, conocido después por ser uno de los padres de la teoría de la “segunda transición demográfica”, el autor que más ha incidido en la importancia de la secularización como desencadenante del descenso de la fecundidad marital. Lesthaeghe cree que para que una pareja decidiera reducir su descendencia, primero debía incluir el tamaño de la prole dentro del campo de las elecciones conscientes, y ello sólo pudo ser posible a partir de los cambios morales y religiosos provocados por la secularización: sólo entonces se pudo percibir el proceso reproductivo como algo sometido al control de los individuos. Esto explicaría en gran parte el paso de una situación en la que el control de los nacimientos no se consideraba aceptable dentro del matrimonio, a otra donde la fecundidad pasó a depender de la voluntad de la pareja. Lesthaeghe sostiene además que, en Europa occidental, las regiones asumieron un comportamiento diferencial frente al proceso de secularización en función de su predominancia católica o protestante, puesto que estas últimas ofrecieron menos resistencia y se adaptaron más rápidamente a los nuevos tiempos (Lesthaeghe y Wilson, 1982).
Una vez aceptada idea de la limitación de los nacimientos por una masa crítica de gente, el segundo elemento –el factor cultural– sería el que explicaría la rápida extensión de la fecundidad controlada en el seno de las comunidades que compartían los mismos caracteres culturales, es decir, en las “regiones”14; de ahí la
homogeneidad del comportamiento reproductivo en el interior de las regiones y las grandes diferencias existentes entre ellas.
Respecto a este punto, S. C. Watkins advierte ante el error de atribuir a todos los individuos de un grupo social las características “medias” de dicho colectivo, debido al uso de datos agregados. Cada región se componía de múltiples grupos sociales con comportamientos diferenciados, y también respecto a la fecundidad. Sin embargo,
ellos fueron los padres de la moderna demografía en sus respectivos países, como Gini en Italia o Vandellós en Cataluña.
14 En el proyecto de Princeton se constituyeron unas nuevas entidades estadísticas, denominadas
“regiones”, que agrupaban a las “provincias” (entidades territoriales de base en el estudio) que más o menos compartían unas ciertas características culturales, lingüísticas, históricas o geográficas comunes y distintas a las demás. Es decir, es un concepto aproximadamente equivalentes a nuestras antiguas “regiones históricas”: Cataluña, Galicia, Andalucía, Castilla la Vieja...
tampoco se puede negar que todas las poblaciones que compartían un territorio común, que vivían en la misma región, compartían a su vez un mínimo de convenciones, de valores, de determinantes comunes. Por ello, la modernización implicó una serie de cambios “ambientales” que afectaron, más pronto o más tarde, a toda la población, tanto a las clases altas como las bajas, a las poblaciones urbanas como a las rurales, así como a los distintos grupos profesionales (Coale y Watkins, 1986: 441-444)15.
También la contigüidad geográfica habría colaborado, junto a la proximidad cultural, en esta labor de propagación. Parece ser, en efecto, que las pautas de baja fecundidad se difundieron a menudo desde las regiones pioneras a los territorios circundantes siguiendo aparentemente criterios de proximidad geográfica, en general a través de los ejes marcados por las grandes rutas de comunicación. Estos dos factores (proximidad, buenas comunicaciones) podrían explicar, junto a la homogeneidad cultural ya mencionada, el que las nuevas ideas se expandieran con relativa rapidez desde los focos originarios a las zonas contiguas, tendencia que se reforzaría con la aparición de los modernos medios de comunicación de masas irradiados desde los grandes núcleos urbanos.
Posteriormente se ha alegado, sin embargo, que estos factores podrían ocultar la importancia que tal vez jugaron los movimientos migratorios como transmisores de la ideología neomaltusiana16 y transformadores de las condiciones de
vida en los lugares de origen. En efecto, las migraciones no sólo significaron el traslado de las personas desde el campo a la ciudad y desde las regiones agrarias a las más industrializadas, sino también la propagación del estilo de vida urbano (incluyendo el control de los nacimientos), que viajó al mismo tiempo que los migrantes.
En este sentido, Roser Nicolau (1989) ha destacado el papel de las migraciones en la difusión del nuevo comportamiento limitador de la fecundidad desde Barcelona al resto de las provincias que conformaron su campo migratorio –Cataluña, Baleares, Valencia, Aragón…–, que no por casualidad constituyeron el ámbito territorial con más baja fecundidad del Estado.
15 El uso de datos agregados presenta, sin embargo, otra serie de problemas de interpretación, entre los
cuales se encuentra lo que algunos autores denominan “falacia ecológica”: el que una región posea menores proporciones de analfabetos y menores índices de fecundidad que otra, no significa necesariamente que la población alfabetizada sea menos fecunda que la analfabeta, pues el mismo comportamiento se obtendría si ambas subpoblaciones de la región más “culta” tuvieran menor fecundidad que las subpoblaciones de la región con mayor analfabetismo (Anderson, 1986: 308-309).
16 El concepto “neomaltusiano” hace referencia al control de la fecundidad con el uso de técnicas
anticonceptivas o aborto voluntario, a diferencia del control “maltusiano” realizado mediante la restricción de la nupcialidad y la castidad. Sin embargo, se ha generalizado el uso indistinto de ambos términos para hacer referencia a una población en la que se controla la fecundidad aunque sea por métodos modernos.
Sostiene la autora que la integración de los sistemas demográficos de estas regiones se produjo a lo largo del período 1887-1930, y su motor principal fueron las migraciones, muy intensas en el interior de esta área aunque poco significativas en los intercambios demográficos con el exterior17.
Desde otra perspectiva, Anna Cabré (1989: 15-19, 285-289) ha relacionado los movimientos migratorios con las nuevas pautas de baja fecundidad, pero resaltando la existencia de un vínculo todavía más fuerte entre ambos fenómenos: serían factores constituyentes de un mismo patrón reproductivo. Así, esta autora ha enunciado la existencia del “moderno sistema catalán de reproducción”, es decir, de un sistema de reemplazamiento de las generaciones catalanas que, según A. Cabré, habría perdurado desde la primera mitad del siglo XIX hasta el alud migratorio de los años sesenta del XX y que se habría caracterizado sobre todo por mantener una baja fecundidad matrimonial a la vez que aseguraba su supervivencia demográfica gracias al continuo aporte de inmigrantes llegados, en primer lugar, de las áreas rurales catalanas y, posteriormente, de otras regiones progresivamente más alejadas. Es decir, las migraciones no serían simplemente un mero transmisor de los nuevos valores, sino una pieza clave y constituyente de este sistema reproductivo que, originado en el área de Barcelona, se extendería posteriormente al resto de Cataluña y a las regiones de su entorno geográfico y cultural, englobando un área cada vez más extensa18.
En cualquier caso, y volviendo de nuevo al European Fertility Project, lo que las investigaciones enmarcadas en el proyecto de Princeton pusieron en evidencia fue la importancia que el doble proceso innovación/difusión tuvo en la caída de la fecundidad. Dicha transformación del mundo de las ideas, de las mentalidades, se habría iniciado en la mayoría de los países en las provincias más urbanizadas e industrializadas, pero habría experimentado una expansión en gran parte independiente del grado de desarrollo socioeconómico y ciertamente condicionada por las características culturales específicas (lengua, cultura, religión, valores comunes...) que distinguían a cada una de las regiones, por la facilidad de las comunicaciones y por las migraciones de los individuos.
17“Si on devait chercher les facteurs intégrateurs, on penserait sans doute que l’industrialisation autour de Barcelone, par les flux humains qui l’accompagnent, a modifié les formes de travail et de vie ainsi que les perspectives et les comportements démographiques de la population de l’ensemble de la région, et non pas seulement de celle qui s’est déplacée vers la ville” (Nicolau, 1989: 300-301).
18 El carácter endógeno de las migraciones en el sistema catalán de reproducción, y su papel en el
proceso de descenso de la fecundidad, se resume en la siguiente frase: “Es pot doncs pensar que la immigració i/o la seva previsibilitat han permès optimitzar els nivells de fecunditat, reduint-los aproximadament al què precisa la simple perpetuació de les cèl.lules familiars, objectiu extra-econòmic al que es reconeix, tanmateix, un valor indiscutible. La immigració forma doncs part del sistema reproductiu”