CAPÍTULO I. CONCEPTUALIZACIÓN, PREVALENCIA Y COMORBILIDAD DEL TDAH
2.1. Factores etiológicos
2.1.1. Factores genéticos
En general, numerosas investigaciones coinciden en señalar una importante contribución de los factores genéticos en la etiología del TDAH (Faraone, Biederman, Keenan, y Tsuang, 1991; Faraone et al., 1993; Faraone et al., 1995; Faraone, 1996; Biederman, Faraone, y Mick, 1995).
Los trabajos realizados al respecto, se basan en los estudios llevados a cabo en familias y en estudios con gemelos. Los estudios con familias sustentan claramente la influencia genética en el origen del TDAH tras constatar la incidencia del trastorno en los padres biológicos de estos niños (Shaywitz y Shaywitz, 1991; Biederman et al., 1992; Faraone, 1996). Así mismo, se ha observado una proporción más elevada de trastornos psiquiátricos en padres biológicos de niños con TDAH. Concretamente, se ha encontrado una mayor incidencia de trastornos de ansiedad y cuadros de depresión en madres, y de trastornos de personalidad antisocial y
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alcoholismo en padres (Biederman, Faraone, Keenan, Knee, y Tsuang, 1990; Faraone et al., 1991; Faraone Biederman, Mennin, Russell, y Tsuang, 1998a).
En la misma línea, Frick (1994) mostró que los padres biológicos de los niños con TDAH tienen mayor probabilidad de presentar déficit de atención. Sin embargo, algunos trabajos han puesto de manifiesto la existencia de factores ambientales moduladores de la presentación y severidad de la sintomatología del TDAH, como su asociación con otras patologías como la conducta agresiva (Shaywitz y Shaywitz, 1991; Biederman, Newcorn, y Sprich, 1991; August, Mcdonald, Realmunto, y Skare, 1996; Biederman et al., 1997).
Respecto a los estudios con gemelos resultan también congruentes con la hipótesis de un componente genético en la manifestación del trastorno. En los trabajos realizados se ha hallado una mayor concordancia entre gemelos monocigóticos que en dicigóticos en la presencia del TDAH. Estos resultados apoyan la idea de una influencia genética en la etiología del trastorno (Gillis, Gilber, Pennington, y Defries, 1991; Sherman, Iacono, y McGue, 1997b). En un estudio realizado por Goodman y Stevenson (1989) se concluyó que la manifestación del TDAH venía explicada en un 50% por factores genéticos. Gillis et al. (1991) hallaron una concordancia para el TDAH del 81% en gemelos monozigóticos y del 29% en gemelos dizigóticos, al igual que Sherman, Mcgue y Iacono (1997a), quienes registraron tasas de concordancia mayores para gemelos monozigóticos que dizigóticos, en una muestra de 288 gemelos. En la misma línea, Silberg et al. (1996) constataron una influencia genética en la etiología del TDAH en la infancia, mientras que la aparición en la adolescencia junto con la conducta agresiva, estaría explicada preferentemente, por una influencia ambiental. Más recientemente, Sprich, Biederman, Grawford, Mundy y Faraone (2000), en un estudio llevado a cabo para evaluar la asociación entre TDAH y los trastornos de primer grado en padres biológicos y padres adoptivos de niños con TDAH, apoyan la hipótesis de que el TDAH tiene un importante componente biológico.
Investigaciones actuales, continúan buscando el correlato genético del trastorno, así, Ramos-Loyo, Taracena, Sánchez-Loyo, Matute y González-Garrido (2011) muestran una contribución genética sustancial en el desarrollo del TDAH. En
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este sentido, las evidencias empíricas obtenidas hasta la fecha demuestran cierto grado de “transmisión” familiar, que incluso alcanza una estimación de heredabilidad entre el 55 y el 78% (Wilens y Spencer, 2010). Los marcadores moleculares más vinculados al TDAH son los genes relacionados con los receptores de dopamina D2, D4 y D5 y con el gen transportador de dopamina. No obstante, probablemente las asociaciones más estudiadas y señaladas como responsables genéticas de la aparición del TDAH han sido en primer lugar la repetición del alelo 7 del gen que codifica para el receptor dopaminérgico D4 mediando la respuesta intracelular a dopamina y la repetición del alelo 10 del transportador DA1 al que se le ha atribuido tener relación con una elevación en la recaptura neuronal de dopamina. De cualquier modo, las bases moleculares y genéticas del TDAH continúan siendo motivo de intenso debate en la investigación (Siegel y Smith, 2010).Es más, en los últimos tiempos, se está investigando el gen LPHN3 (Jain et al., 2012). Investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud en Bethesda en Estados Unidos han descubierto un vínculo entre el trastorno y el gen Latrophilina 3 (LPHN3). Según estos investigadores, la misma variante del gen LPHN3 está también asociada con la respuesta a la medicación estimulante, lo que podría ayudar a identificar a aquellas personas que responderían de forma positiva a esta terapia y al futuro desarrollo de tratamientos farmacológicos más eficaces para el TDAH (Ribasés et al., 2008). Los científicos, dirigidos por Maximilian Muenke y Mauricio Arcos-Burgos, realizaron un estudio de vinculación amplia de genoma de 18 familias afectadas por el TDAH en una población aislada de Colombia con el objetivo de estudiar las causas genéticas del trastorno. Los resultados mostraron una asociación entre el TDAH y una región genómica en LPHN3. Los investigadores replicaron entonces estos resultados en muestras de cinco poblaciones de otras áreas del mundo, incluyendo Alemania, Noruega, España y otras dos de Estados Unidos. Los estudios de imágenes cerebrales confirmaron más tarde esta conexión, mostrando que las variantes de LPHN3 se expresaban en regiones cerebrales asociadas a la atención y la actividad y que están asociadas con la respuesta a la medicación estimulante (Domenè et al., 2010a; Domenè, et al., 2010b; Arcos-Burgos et al., 2010).
A modo de conclusión, los resultados obtenidos de los estudios con familias y gemelos apoyan la hipótesis de una herencia poligénica en la transmisión del TDAH.
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Diferentes marcadores genéticos han mostrado su relación con el trastorno, por lo que podemos decir que no existe en la actualidad un único factor genético responsable de la sintomatología del déficit de atención o de la hiperactividad/impulsividad. Por ello, se tienen en cuenta otros factores como los neuroquímicos y neuroanatómicos que pasamos a describir.