En este capitulo tratamos dos características del individuo que determinan la evaluación: los compromisos y las creencias. Estas variables influyen en la evaluación determinando 1) qué es lo más sobresaliente para conservar el bienestar, 2) de qué modo el individuo entiende la situación poniendo en marcha reacciones emocionales y estrategias de afrontamiento y 3) cuáles serán las bases para evaluar los resultados (cf Wrubel, Benner y Lazarus, 198 l). En el capitulo siguiente discutiremos las características de la situación que influyen en la evaluación.
A pesar de que tratamos por separado las variables que hacen referencia al individuo y a la situación, consideramos tales variables como interdependientes y es por ello que nos referimos a ambas en la discusión. Por e . emplo, cuando hablamos del compromiso como de un factor individual que influye en la evaluación, suponemos implícitamente la idea de un compromiso «con» algo o con alguien. Se trata, por tanto, de una relación específica entre el individuo y el entorno. Para que un compromiso ejerza influencia sobre la evaluación de un acontecimiento, debe guardar relación con éste.
Todavía no es posible valorar las variables individuales y situacionales que afectan la evaluación, a no ser que las midamos por separado. Creemos que es necesario dividir nuestra discusión sobre los determinantes de la evaluación en dos capítulos distintos. Sin embargo, aunque las mediciones se hagan por separado, deben analizarse e interpretarse de forma interdependiente. Esta perspectiva se basa en el concepto de transacción que discutiremos en el capitulo 9.
Compromisos
Los compromisos expresan aquello que es importante para el indivíduo. Así mismo, deciden lo que se halla en juego en una determinada situación estresante. Cualquier situación en la que se involucro un compromiso importante, será evaluado como significativa en la medida en que los resultados del afrontamiento dañen, amenacen o faciliten la expresión de ese compromiso. Los compromisos deciden también las alternativas que el individuo elige para conservar sus ideales y/o conseguir determinados objetivos.
Aunque nuestra definición de compromiso contiene elementos cognitivos en cuanto a que se refiere a alternativas, valores y/o objetivos, no queremos olvidar sus ¡aplicaciones motivacionales, su intensidad, su persistencia, su tinte afectivo y su dirección (cf Lazarus, Coyne y Folkman, 1982). Para expresar los aspectos motivacionales de la conducta humana, los psicólogos han utilizado otros términos y conceptos entre los que se encuentran drive, catexis, motivo, inversión, necesidad, plan, intención y expectativa del valor recibido (p. e., Atkinson y Birch, 1978; Heckausen, 1977; Schónpflug, en preparación). Todos estos términos son adecuados, pero llevan implícitos aspectos de otros conceptos que preferiríamos evitar. Preferimos el término compromiso porque denota procesos cognitivos y sociales de mayor orden, puesto de relieve en la teoría de la evaluación cognitiva y porque además
conlleva una calidad emocional duradera.
Para nosotros, un individuo se halla comprometido con algo o con unas cuantas cosas en particular. Por tanto, podemos hablar de modelos de compromiso expresando con ello que hay ciertas cosas con las que uno se halla muy comprometido y otras con las que el compromiso es pequeño o no existe. No es fácil determinar tales modelos ya que no vienen necesariamente manifestados por las circunstancias objetivas del individuo. Koening (1973) y otros (p. e., Conté, Weiner y Pluchik, 1982; Diggory y Rothman, 196 l) señalan que el compromiso con la vida no es siempre la preocupación principal de los moribundos o de aquellos que temen morir, sino que la dependencia, la separación, el aislamiento, el dolor, la deformación fisica, el miedo al abandono y el fracaso en lograr objetivos importantes en la vida, son algunos de los compromisos que preocupan a estas personas de manera muy desigual. Aquí aceptaremos la compleja cuestión de la valoración y asumiremos el hecho de que otros investigadores puedan encontrar formas adecuadas de valoración de modelos entre individuos.
Mecanismos por los que los compromisos ejercen inj7uencia sobre la evaluación
Los compromisos determinan la evaluación mediante numerosos mecanismos (cf Wrubel et al, 198 l). En primer lugar, acercan y alejan al individuo de las situaciones y pueden amenazarle o desafiarle, beneficiarle o dañarle. El atleta que se halla comprometido con el hecho de ganar una competición, se someterá a un riguroso entrenamiento y prescindirá de aquellos placeres que puedan disminuir sus posibilidades de ganar. El niño que desea ser aceptado por sus compañeros procurará participar en aquellas actividades aprobadas por el grupo y evitará las que no lo sean.
El significado de esta forma de razonamiento viene desarrollado en un interesante estudio de Slife y Rychlak (1 982) sobre el modelamiento de la agresión en el niño corno función de sus valoraciones al respecto. En este estudio, los niños fueron evaluados según su afición o no por los juguetes violentos, previa exposición a imágenes de televisión modeladoras de la agresión. Los niños no se limitaron sólo a copiar lo que vieron en la televisión sino que mantuvieron sus preferencias por un(5 determinados juguetes, lo cual podría interpretarse como un reflejo de que sus valores previos influyeron en su conducta posterior.
Los compromisos influyen también en la evaluación mediante la forma en que determinan la sensibilidad del sujeto respecto a las características de la situación. Por ejemplo, King y Sorrentino ( 1 9 8 3) demostraron que las diferencias en la forma en que los individuos evalúan las situaciones son debidas en parte a las diferencias individuales en cuanto a la importancia otorgada a distintos aspectos de esas situaciones (por ejemplo, agradable versus desagradable, fisico versus social o íntimo/relacionado versus no íntimo/no relacionado). La importancia otorgada por King y Sorrentino son reflejo de valores y compromisos que deterrninan la sensibilidad del individuo hacia esos aspectos particulares de la situación. Este estudio es uno de los pocos que han intentado considerar de forma seria las dimensiones de la situación que hacen variar o mantener los modelos de evaluación en las personas.
Mechanic (1 962) refiere el aumento de la sensibilidad a distintas señales en los estudiantes que esperan saber si han aprobado su examen de licenciatura. Cuando terrninaron los exámenes y se empezaron a poner las notas, los alumnos se volvieron extremadamente sensibles hacia todas las expresiones y conductas observadas en los miembros de la facultad.
Tal sensibilidad hacia las señales emitidas no se habría desarrollado si los alumnos no hubieran tenido el compromiso de aprobar. Mientras no entendamos los mecanismos por los que los compromisos determinan la sensibilidad hacia las señales, no sabremos si este proceso puede ocurrir también en respuesta a señales incompletas o a nivel tácito o incons- ciente (véase Polanyi, 1966). Un ejemplo derivado de la experiencia diaria es la sensibilidad de las madres hacia el sueño de sus hijos pequeños.
Klinger(1975), en su estudio de la depresión trata el tema de la sensibilidad hacia las señales. En su opinión, la depresión es la consecuencia natural del alejamiento de los compromisos cuando éstos se vuelven abrumadores o insostenibles. Cuando tal alejamiento se consuma, los aspectos relevantes del entorno pierden significado en cuanto a su relación con los compromisos con los que previamente estaban relacionados. Por tanto, mediante el alejamiento, el individuo pierde su sensibilidad hacia las señales relacionadas con los compromisos. Entre tanto, puede sentir «apatía, menor capacidad de lucha instrumental, falta de concentración y mayor preocupación por señales momentáneas ... » (p. 8) o, en otras pala- bras, depresión.
La tercera, y quizá más importante forma en la que los compromisos ejercen influencia sobre la evaluación, es mediante su relación con la vulnerabilidad psicológica del individuo. Esta relación tiene una curiosa naturaleza bipolar. Por un lado, el potencial de una situación para ser psicológicamente perjudicial, amenazante o desafiante depende directamente de la intensidad con que existen compromisos establecidos. Cuanto mayor sea el grado de profundidad al que se halla comprometido un individuo, mayor será el potencial de la situación para amenazarle o dañarle. Por otro lado, la misma intensidad del compromiso que es capaz de determinar vulnerabilidad en el individuo, puede también impulsarle a actuar para reducir la amenaza y ayudarle a desarrollar recursos para hacer frente a los obstáculos que se le presenten.
El compromiso como un factor en la vulnerabilidad
En el capítulo 2 hemos presentado el concepto de vulnerabilidad al estrés psicológico. Describimos tal concepto como una amenaza potencial determinada por distintas variables del individuo y de la situación. El papel jugado por el compromiso en la modelación de la vulnerabilidad es particularmente interesante y a menudo se olvida.
Cuánto mayor sea la intensidad del compromiso, mayor será la vulnerabilidad del individuo al estrés psicológico en lo que respecta a tal compromiso. La relación entre compromiso y vulnerabilidad a la amenaza se pone de manifiesto en un trabajo experimental realizado por Vogel, Raymond y Lazarus (1 95 9). Los sujetos del estudio eran alumnos varones de la escuela superior. Se midió la intensidad relativa de dos clases de motivaciones (lo que nosotros llamaríamos compromisos): la afiliación y el éxito. De acuerdo con la medida de distintas conductas e informes de los propios sujetos, se eligieron los puntajes extremos y se dividieron en dos grupos mucho más pequeños: uno, formado por los que sentían gran motivación por el éxito, pero poca por la afiliación, y otro constituido por los que presentaban características contrarias.
Ambos grupos fueron expuestos a condiciones consideradas como amenazadoras tanto para los objetivos de éxito como para los de afiliación. Se pidió a los sujetos que desarrollaran actividades relacionadas con ambos tipos de objetivos. Posteriormente, se procedió a la medición de la conductancia de la piel, la presión sanguínea y del pulso, para determinar el
grado de reacción psicológica al estrés y, por inferencia, el grado de amenaza percibida. Los autores de este estudio hallaron que el grado de amenaza era mayor cuando el estímulo atentaba contra la motivación más fuerte. Así, los sujetos orientados de forma predominante hacia el éxito, se sentían más trastornados por los estímulos amenazadores dirigidos hacia este objetivo y lo mismo ocurría con aquellos orientados hacia la afiliación.
A nivel psicofisiológico, Bergman y Magnusson (1 979) demostraron que los alumnos más sobresalientes de la escuela superior (aquellos que cumplían más de lo que podía esperarse por su coeficiente intelectual) y los elegidos por sus profesores como extremadamente ambiciosos, excretaban más adrenalina en situaciones en las que había demanda de éxito que los demás alumnos de su misma clase.
Estos hallazgos no son sorprendentes ya que están de acuerdo con lo que cabe esperar a partir de nuestra experiencia diaria. Un alumno que tenga un compromiso importante en llegar a ser médico, experimentará hacia la facultad de medicina una reacción mucho más intensa que el que considera la medicina como una de las muchas posibilidades interesantes a seguir. La imposibilidad de tener descendencia será mucho más amenazante para una pareja que desee intensamente tener niños que para otra que enjuicie la paternidad como una posible alternativa. Las diferencias en cada caso vienen dadas en parte por el grado de compromiso desarrollado.
Una de las consecuencias más importantes de este principio es que incluso las situaciones más graves pueden evaluarse de forma distinta en cuanto al grado de amenaza que representan, según detertninadas peculiaridades del modelo de compromiso. La mayor parte de los ejemplos, aunque son anecdóticos, resultan muy sugestivos. Por ejemplo, para algunas personas, la enfermedad no es sólo una amenaza a su propia vida sino que también les sirve de motivo para evitar situaciones aversivas, como un trabajo estresante, o para conseguir el derecho a reclamar o a aceptar la ayuda y la atención de los demás (cf Fiore, 1979). Tales ejemplos se denominan, de forma tradicional, «ganancia secundaria». En ellos, la enfermedad modifica un complejo entramado de costos y beneficios derivados de determinados modelos de compromiso sobre los que es habitualmente difícil actuar debido a los condicionantes sociales. Cada vez hay mayor interés por analizar los significados relativos a los compromisos de situaciones como las de enfermedad y envejecimiento, que constituyen importantes factores en la evaluación del estrés (Williams, 198la,b).
Las investigaciones de Kasl, Eváns y Niederman (1 979) han demostrado también la importancia del compromiso (ellos utilizan el término motivación) como factor de riesgo para padecer mononucleosis infecciosa en los estudiantes. Se compararon cuatrocientos cadetes de West Point respecto a su motivación y rendimiento académicos, y su historia familiar de motivación como factores prospectivos de riesgo para desarrollar la enfermedad. Encontraron que la combinación de motivación académica alta y rendimiento académico bajo predecían padecimiento clínico de mononucleosis. Por tanto, cuando los alumnos rendían poco, su compromiso hacia el éxito aumentaba de forma significativa su probabilidad de enfennar. En otras palabras, la existencia de compromiso hacía a los alumnos más vulnerables a los efectos debilitantes del estrés cuando se daba la circunstancia de un bajo rendimiento.
Janis y Mann (1 977) añadieron que cuánto máspúblico es un compromiso, más amenazante resulta por su carácter de desafio. Estos autores discuten este punto en el marco de su
modelo de conflicto al tomar una decisión. Discutiendo los efectos de las presiones sociales sobre el hecho de revocar una decisión, Janis y Mann afirman que la estabilidad postdecisional «se basa en el compromiso en la medida que el individuo establece un contrato o adquiere una obligación ante los demás individuos de su entramado social, para llevar a cabo una determinada línea de acción» (p. 279).
Adquiriendo públicamente un compromiso, el individuo que toma tal decisión logra que los demás se vean afectados por ella y esperen de él que la cumpla. El estigma de ser considerado dubitativo e inconstante es, por si solo, un poderoso estímulo nega- tivo que inhibe incluso plantear ante los demás la posibilidad de revocar la decisión. En general, cuanto mayor sea el grupo social pendiente de la decisión, mayor es su poder para evitar la desaprobación que podría aparecer como resultado de su revocación (p. 280).
Janis y Mann están interesados por aquellas decisiones tomadas bajo condiciones de estrés. Sin embargo, el mismo principio resulta importante para todas aquellas circunstancias donde la amenaza a un compromiso determinado tiene la capacidad de disminuir la autoestima o de provocar la crítica social. Cuanto mayor es el número de personas que conocen la existencia de tal compromiso, mayor es su potencial de amenazas. Una interesante aclaración de este principio es el hecho de que cuando el individuo tiene miedo de abandonar un compromiso como el de escribir un artículo, dejar de fumar o abandonar un trabajo, lo que hace normal- mente es anunciarlo a los demás. Con ello, crea presión sobre si mismo para cumplirlo, induciéndose la amenaza de la vergüenza por vacilar ante una decisión. Es como si tales personas se tendieran una trampa a sí mismas para, de este modo, hacer lo que temen dejar de hacer.
El papel del compromiso en la prevención de la amenaza
Como ya hemos dicho anteriormente, la intensidad de un compromiso que es capaz de producir vulnerabilidad en el individuo también puede impulsarle a una determinada trayectoria de actos que reduzcan la amenaza y le ayuden a desarrollar estrategias de afrontamiento para resolver el problema. La profundidad a la que se haya adquirido el com- promiso determina la magnitud del esfuerzo que el individuo necesita para prevenir las amenazas. Por ejemplo, Klinger (1 975) afirma que los compromisos hacen que el organismo «persiga una meta a pesar de los muchos cambios que puedan darse en las motivaciones y en las señales emitidas por el entorno y, también, a pesar de los repetidos obstáculos» (p. 2). Quizá los ejemplos más gráficos de la capacidad motivadora de los compromisos se hallen en los casos de enfermedad amenazante para la vida. Muchas vece-s el «deseo de vivir» se considera imprescindible para la supervivencia. Los compromisos particulares que determinan el deseo de vivir varían de una persona a otra. Para algunos puede tratarse de un compromiso con su familia; para otros, haber dejado un trabajo sin terminar y, para otros, el deseo de «vencer las adversidades». Algunas veces el compromiso con la vida se hace evidente en el consentimiento del paciente de tomar ciertos tratamientos y dietas realmente repulsivos. Respecto al modelo de compromiso que genera el deseo a la vida o de los mecanismos a través de los cuales actúa, está claro que sin ese deseo el paciente puede morir. Los informes de los campos de concentración nazi aportan más datos que apoyan el papel de los compromisos en conservar la vida aun bajo las condiciones más devastadoras. A este
respecto, Benner y sus colaboradores (1980) escriben:
Sin embargo, el traurna más importante de los campos de concentración radicaba en el hecho de que el sufrimiento experimentado no podía explicarse en términos de ne- cesario para la vida o atribuirse a un pecado de omisión o de acción, ni tampoco considerarlo dentro de unos designios superiores del universo.
Desde Job (Bakan, 1968), los seres humanos que han sufrido daño o sentido dolor han intentado convencerse a si mismos de la bondad esencial y del significado de la vida buscando explicaciones para aquello que les sucedía. Sin embargo, cuando se trata de un plan tan bizarro e inhumano (o tan típicamente humano) como el genocidio y la esclavitud, la situación no solamente carece de sentido alguno sino que, además, hace dudar de que la vida tenga un significado y una finalidad. Una de las principales es- trategias de afrontamiento en estas situaciones es buscar significado al sufrimiento... sufrir por alguna razón es más fácil de soportar que hacerlo sin causa, beneficio o significado alguno. No es necesario aclarar que los sufrimientos impuestos por el holocausto no tenían una finalidad última, recompensa ni significado inherente. En contraste con la conducta de los judíos creyentes durante los episodios de sufrimiento colectivo, los prisioneros de los campos no imploraban a Dios que les perdonara, ni siquiera gritaban contra la severidad de su castigo, sino que el 45% de supervivientes trasladados de nuevo a Israel refirieron haber perdido su fe corno consecuencia de las experiencias vividas en el campo (Eitinger, 1964). Los campos venían a demostrar no la cólera de Dios sino su muerte (cf Rubenstein, 1966). El proceso es análogo al de la conversión, pero en sentido contrario.
A pesar de su incapacidad para hallar significado a su sufrimiento, los prisioneros si lucharon por hallar y mantener significado a su supervivencia. A pesar de que los campos de concentración fueron concebidos para eliminar todo vestigio de signifi- cado, valor, autonomía o control, casi todos los supervivientes refieren que el hecho de buscar alguna razón a su supervivencia parecia ayudar a conseguirla (Dirnsdale, 1 97 4; Frankl, 1959; Heimler, 1963). Aquí estamos diferenciando entre significado para el sufrimiento y significado para la supervivencia. Aunque las víctimas no encontraran razones, beneficios o propósitos en su sufrimiento, se sentían fortalecidas y apoyadas por sus razones personales para continuar existiendo. Los supervivientes refieren que soportaron el sufrimiento y no se dieron por vencidos por varias y distintas razones: por amor a sus familiaresrnás intimos, para poder servir de testigos, para procurar venganza, etc. (pp. 223-224).
Aunque mucho menos dramáticos, los experimentos realizados en el laboratorio también vienen a demostrar que el compromiso determina esfuerzo por encima de la existencia de estímulos externos. Por ejemplo, en una serie de cinco estudios en los que se examinaron los efectos de los incentivos económicos sobre la conducta humana, Locke, Bryan y Kendall (1968) demostraron que los objetivos e intenciones eran los mecanismos por lo que tales incentivos ejercían influencia sobre la conducta. En cada uno de los estudios se vio que si un