1.4.2 ¿Por qué nos interesa jubilarnos?
1.4.4 Factores que afectan la adaptación a la jubilación
Aschley, citado por Schaie y Willis (2003) desde 1976, ha venido señalando que la jubilación es un proceso al que la persona se va adaptando
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y durante el mismo pasa por diferentes momentos que van desde la fase de la ‘’luna de miel’’, con muchas actividades y planes, pasando por una fase de relajación y descanso, para llegar al desencantamiento de la jubilación cuando reconoce que no era lo que esperaba. Luego viene una fase de reorganización hasta que se estabiliza logrando un ajuste entre sus expectativas y la realidad.
Schaie y Willis (2003) refieren estudios realizados entre 1991 y 1997 que brindan apoyo a la posición de Ashley (1976), no obstante algunos investigadores más recientes no lo acogen de manera plena. Tal es el caso de Navarro et al. (2006) los que argumentan que el avance en los cambios sociales, el aumento en la esperanza de vida, los avances tecnológicos y médicos, así como el ingreso y afianzamiento de la mujer en el sector laboral han logrado variar los efectos que plantea Ashley.
Jiminián (2005) hace una cita de Havighurst (1972) en la que refiriéndose a la jubilación la enfoca como un proceso de aprendizaje durante el cual la persona mayor debe aprender una serie de tareas para ajustarse a los cambios que se les van presentando, como aprender a desempeñar los roles sociales con flexibilidad, buscar un grupo de su misma edad y un lugar para vivir que sea satisfactorio. Recomienda también (identificándose con Erikson) aprender a aceptar su propia vida, a fin de lograr la integridad.
El proceso de adaptación se ve afectado positiva o negativamente por factores ambientales no normativos, siguiendo el enfoque del ciclo vital, es decir factores circunstanciales de la vida de cada persona. El nivel educativo y el monto de los ingresos contribuyen a establecer diferencias en el proceso de adaptación a la jubilación. Prados y Muñoz (2005) encontraron que los que están más altos en estas dos variables, prefieren extender el tiempo del retiro. En este orden se puede aportar que el 80% de las profesoras jubiladas que participan en este estudio han vuelto a trabajar después del retiro, y
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aunque la adquisición de ingresos y la ocupación del tiempo libre estén presentes en esta decisión, es probable que también lo hagan por disfrutar de su actividad laboral. Pues como reportan Prados y Muñoz (2005) cuando el trabajo realizado representa una parte vital del individuo y además le confiere un elevado prestigio, la persona puede tener dificultades para la adaptación.
Dorfman y Kolarik (2005) encontraron que el 70% de profesores universitarios jubilados continuaba con las actividades laborales, es posible que se mantengan activos porque el trabajo que realizan les resulte satisfactorio; o puede ser como encontraron Guzmán y Lou (2008) en un estudio con profesores universitarios que seguían trabajando después de los 65 años que el factor generatividad, esté presente. En este estudio los profesores encuestados, en su mayoría, valoraron el seguir influyendo en sus estudiantes y poder disfrutar de los éxito alcanzados por ellos. Además estos profesores mantenían en alto sus niveles de autoestima al continuar empleados.
Otra variable que puede afectar la adaptación es el estado civil, sobre todo si tomamos en cuenta el principio de la perspectiva del ciclo vital que establece que las vidas, tales como la del marido y la mujer son interdependientes como expresan Schaie y Willis( 2003). Navarro et al. (2006) reportan que las mujeres casadas que viven con su pareja suelen ser más felices que las solteras. El apoyo emocional y económico que ofrece la pareja puede ser un facilitador para la adaptación.
En algunos casos y por determinadas razones la jubilación puede afectar de manera negativa las relaciones de pareja y los efectos suelen ser mayores en las mujeres. Jiminián (2007) refiere una investigación de Keating et al. (1980) en la que entrevistaron a 400 parejas, encontrando que en el 42% de los maridos (todos profesores retirados) la jubilación había creado problemas en sus matrimonios. En cuanto a las esposas, el 78% dijo tener
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problemas conyugales, incluyendo disminución de su libertad personal, demasiados encontronazos y exigencias sobre el tiempo. Algunas mujeres, entrevistadas (Jiminián 2007) reportan que la presencia del marido jubilado en la casa, altera su rutina, sus decisiones y sus preferencias cotidianas.
Cuando los dos miembros de la pareja han trabajado parece conveniente coordinar el momento del retiro a fin de evitar conflictos entre los miembros. Schaie y Willis (2003) encontraron resultados que confirman que las parejas con roles tradicionales de género, en las que la mujer está trabajando y el marido jubilado, suelen sufrir deterioro en su relación. También, parece ser que el hecho de que el marido esté jubilado no reduce la cantidad de responsabilidades de la mujer. En este sentido, los investigadores citados encontraron que las mujeres trabajadoras casadas, con maridos jubilados, relataron niveles similares de dedicación a las tareas del hogar que las mujeres de matrimonios en las que los dos trabajan.
El estado de salud también influye en la adaptación a la jubilación. Algunas personas se ven obligadas a jubilarse por razones de salud y es probable que el cambio les favorezca. Navarro et al. (2006) señalaron que para muchas personas el cese de la actividad laboral mejora la salud, sobre todo en aquellos cuyos trabajos exigen gran desgaste físico. En este caso la jubilación contribuye a mejorar su calidad de vida y puede facilitar su adaptación a este nuevo nivel. Ahora bien, estar jubilado y a la vez enfermo no parece nada deseable, ya que ello reduce las condiciones de bienestar que pudiera aportar el retiro. La persona se ve limitada en la cantidad y calidad de actividades y en el disfrute y aprovechamiento de los vínculos sociales, lo cuales estarían reducidos, sobre todo cuando algunos de sus amigos confrontan los mismos problemas. Conservar una salud aceptable durante la vejez facilita muchos de los beneficios que reporta la jubilación, más cuando la persona cuenta con apoyo social.
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El respaldo social que brindan la familia y los amigos son de vital importancia para vivir la jubilación con alegría y entusiasmo. El contar con amigos y ex-compañeros de trabajo con los cuales mantener contacto y realizar actividades proporciona satisfacción especialmente en aquellas mujeres que se han mostrado desde siempre muy sociables. Navarro et al. (2006) plantean que las personas muy extravertidas permanecen activas y comprometidas socialmente tras la jubilación. Estas mujeres son muy solicitadas y casi siempre están dispuestas para colaborar en actividades y ofrecer determinados servicios. Algunas tienen ocupado la mayor parte de su tiempo libre y es probable que disfruten esa situación porque las acciones que realizan, generalmente están orientadas hacia metas y les permiten reconocer que siguen siendo útiles después de la jubilación.
Generalmente se suele hablar de dos grupos de jubilados, tomando en cuenta el curso que dan a su vida después del retiro. Están los llamados jubilados tradicionales que son a la vez jubilados sociales que se retiran a sus hogares y en cierta medida dan respuesta a la teoría de la desvinculación social de Cummings y Henry; y los nuevos jubilados aquellos que se ajustan a la propuesta de la Organización Mundial de la Salud sobre un envejecimiento activo. Estos, aunque son jubilados laborales siguen realizando otro tipo de actividades, remunerada o no.
Por otra parte Papalia et al. (2010) citan a Kelly (1994) que refiere tres patrones que suelen utilizar los retirados para conducir su nueva vida. Estos van a depender de condiciones económicas, del nivel educativo y de la edad. El más común es el estilo de vida basado en la familia; se trata de involucrarse en actividades accesibles y económicas que giran en torno a la familia, el hogar y los amigos.
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Un segundo patrón es definido como inversión equilibrada propio de personas con cierto nivel educativo que distribuyen su tiempo de forma equitativa entre la familia, el trabajo y la recreación.
Un tercer patrón conlleva lo que él denomina estilo de esparcimiento serio, en éste la persona se encuentra en una actividad interesante que le exige destrezas, atención y compromiso. Señala Kelly que los retirados que se involucran en este patrón experimentan un alto nivel de satisfacción vital. Estos estilos de vida sobre todo los dos últimos suelen variar a medida que aumenta la edad, y entonces la mayor satisfacción la experimentaran dentro del estilo de vida centrado en la familia y el hogar.
La actitud que asuma la persona ante la jubilación contribuye necesariamente en la adaptación. Agulló-Tomás (2001) citado por Navarro et al. (2006) señalan cinco formas actitudinales que puede asumir la persona ante este fenómeno, como son de rechazo, aceptación, liberación, oportunidad o ambivalencia entre ellas. Jiminián (2007) expresa que para algunas mujeres mayores la jubilación puede constituir una oportunidad a favor de su propio desarrollo, para otras en cambio puede representar un apagamiento del estado de ánimo y una disminución en su nivel de autoestima. Si se completara la clasificación de Agulló-Tomás podría decirse entonces que algunas personas se sienten liberadas de los amarres que le impuso el trabajo, lo que tal vez pudiera ocurrir en aquellas que no disfrutaban del mismo o se sentían presionadas. Para otras personas la jubilación llega y la aceptan.