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Capítulo I. Planteamiento del problema

1.5. Limitaciones de la investigación

2.2.3. Control de la agresividad

2.2.3.5. Factores que suscitan la conducta agresiva

En relación a las posibles causas de la agresividad, las investigaciones realizadas indican que no hay un solo motivo para que un individuo manifieste conductas agresivas. En realidad los factores son muy numerosos y pueden darse en la realidad de algunos niños y niñas. Sin embargo, lo que si se puede asegurar es que la conducta agresiva de un niño tiene su origen en un modelo de conducta que está siendo copiada por este. (Loza & Frisancho, 2010, pp.79 - 80)

Mendoza, (2012) y Rivera, (2011) consideraron que entre los factores que suscitan este tipo de conducta, el más relevante es el que tiene que ver con el tipo de

crianza al que ha sido sometido el individuo, a la forma de relacionarse con los otros que le dan, con el ejemplo, las figuras altamente significativas para este (padres, maestros u otros adultos). Sin embargo, la experiencia nos muestra que estos no siempre son los modelos correctos e incluso cuando ellos creen estar haciéndolo muy bien. El castigo físico, verbal y moral, el abandono, entre otras conductas es el pan de cada día en los noticieros televisivos, radio, intercambios orales y otros que no son ajenos a los niños que alberga la institución que es materia de investigación. Caprara, Pastorelli y Bandura (1993), citados por Cerezo Ramírez (2009) consideraron dos factores o tendencias para que se genere la conducta agresiva:

Una de tipo cognoscitivo-social caracterizada por una alta tolerancia a la violencia, baja necesidad de reparación y desempeño moral y otra relativa a procesos de naturaleza afectiva-impulsiva o control emocional (…) con alta susceptibilidad emotiva, el miedo al castigo, la necesidad de reparación y la irritabilidad. (p.31).

La conducta agresiva se da, entonces porque la hemos aprendido y la ponemos en práctica cada vez que queremos lograr algo o porque emocionalmente nos preparamos para acogerla y la usamos para evitar el dolor, el miedo, etc.

A continuación una relación de factores que podrían determinar una conducta agresiva:

Factores biológicos: el origen de la agresión se ha situado en la herencia genética, sobrecarga de trastornos psicopatológicos en la familia, diversos problemas de salud específicos, diferentes síndromes patológicos y procesos

bioquímicos y hormonales. (ejemplo: la esquizofrenia, trastornos

psicopatológicos, depresión, drogadicción, alcoholismo, etc.), exposición del feto a la nicotina, complicaciones durante el nacimiento, entre otros. Quien la padece requiere de tratamientos específicos y farmacológicos para estabilizarse (Schneider et al., 2009, pp.13-22).

Factores personales: Como rasgos de personalidad que favorecen la agresividad se encontrarían: la inseguridad, la inmadurez afectiva, la intolerancia a la frustración y la dependencia afectiva.

Factores familiares: la disfunción parental: la separación, el divorcio o el absentismo parental prolongado. La perturbación en las dinámicas

familiares, los tipos de castigo usados para corregir ciertas conductas consideradas como aceptables en la familia. Se ha demostrado que tanto un padre poco exigente como uno con actitudes hostiles que desaprueba constantemente al niño, la incongruencia en el comportamiento de los padres que desaprueban la agresión castigándola con su propia agresión física o amenazante hacia el niño; una misma conducta unas veces es castigada y otras ignorada, o bien, cuando el padre regaña al niño y la madre lo excusa, etc. fomentan el comportamiento agresivo en los mismos.

Los malos tratos, la negligencia educativa: como por ejemplo, la ausencia de una actitud dialogante, la falta de ayuda en los estudios, etc. La ausencia o déficit de actividad de relación social familiar integradora con otras familias. Las formas como se distraen, los programas televisivos que observan, entre otros. En su investigación

acerca de el por qué pegan los niños, Loza & Frisancho (2010, p.79 - 80),

concluyeron que el 80 % de los niños siempre y el 20% de los niños a veces frente a un acto de frustración golpean patean, tiran las cosas y hablan groserías a los demás. Observaron que cuando el niño no consigue su objetivo siempre se siente frustrado empezando a demostrar comportamientos agresivos que dañan sus actitudes

y perjudican a su personalidad y a sus compañeros. Muchas rabietas son productos de los modelos que observó en sus padres, cuando ellos no consiguen lo que desean tienden a hablar malas palabras, ponerse coléricos, gritar y tratar mal a la primera persona que se los ponga enfrente.

Factores sociales: La marginación cultural conocida como racismo, homofobia, aporofobia (miedo a la pobreza), agorafobia (miedo a las situaciones cuya evitación es difícil o embarazosa, o donde no se puede recibir ayuda), etc. que generan frustración y por ende agresividad en ambos bandos; los cambios en la situación sociocultural o socioeconómica; la dificultad de obtener lo que se desea, el déficit en habilidades sociales y de estrategias verbales necesarias para hacer frente a situaciones cotidianas pero que generan estrés, entre otros.

Factores cognitivos: La experiencia vivida que conlleva al aprendizaje y a la repetición de una misma conducta ante situaciones parecidas. Los agresivos se consideran provocados (porque aprendieron a sentirse así ante ciertas situaciones) y responden de una manera agresiva igualmente

Factores ambientales: En la actualidad los niños están expuestos a escenas de violencia constantemente, ya sea a través de la televisión, los titulares de los diarios que se exhiben tan naturalmente en las esquinas, el maltrato que observan en las calles, micros, etc. trayendo como consecuencia que los niños se habitúen a la agresividad que observan y terminen manifestando “una alta tolerancia a la violencia y baja necesidad de reparación y desempeño moral”. (Caprara, Pastorelli & Bandura, 1993, citados por Cerezo, 2009, p.31)

2.2.3.6. Agresividad en la infancia.

La psicóloga María Mercedes Curotto Cornejo (Comunicación personal, 13 de octubre, 2015) refiriéndose a los niños decía que la agresividad debe ser vista como una energía que le permite al bebé asegurar la satisfacción de sus necesidades, situación que debe diferenciarse de la agresión: conducta agresiva que al no tener modelos de auto control y ser aprendida por imitación de patrones en el seno familiar puede aparecer, como tal, a partir de los 3 – 4 años de edad cuando el niño empieza su vida social activa al ingresar a la escuela y en la que se expone a situaciones frustrantes (tener que compartir, guardar turno, aceptar ideas y formas de actuar diferentes a las que ha estado expuesto hasta el momento en su hogar) generándose en él una conducta agresiva como respuesta, la misma que al ser rechazada (con violencia) o aceptada (por parte de la víctima) puede generar más frustración y por ende mayor agresividad y repetirse constantemente en contra de la persona que le ha aceptado convertirse en el punto donde calmarse.