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2.1 ¿CONCEPTO DE FLEXIBILIDAD?

2.3. FACTORES CONDICIONANTES DE LA FLEXIBILIDAD

2.3.3. Factores relacionados con el fenotipo sexual

Otro de los aspectos más señalados por los autores presentados en el capítulo dedicado a los factores condicionantes de la flexibilidad, es el fenotipo sexual aunque los autores suelen llamarlo sexo2

Docherty y Bell (Docherty & Bell, 1985) compararon la flexibilidad de niños y niñas de 6, 9, 12 y 15 años. Para la medición de la flexibilidad se emplearon los siguientes métodos:

. En consecuencia, no son pocos los estudios que han comparado la flexibilidad en ambos fenotipos sexuales, tanto en valores absolutos, como de evolución. De cualquier manera, en general los resultados son claramente favorables al fenotipo sexual femenino. Para probar esto que aquí se dice, se presentan algunos de los estudios que han investigado directamente sobre este asunto.

• Métodos lineales: “sit and reach, “elevación de hombro y muñeca”, “extensión del tronco y cuello”.

• Métodos angulares con el flexómetro de Leighton: flexión /extensión de hombro, cadera y tronco.

Los resultados del estudio demostraron que las niñas son más flexibles que los niños en todas las edades. Además se señala que la evolución de la flexibilidad en el caso de los chicos es negativa, es decir, a mayor edad de los chicos, menor es su flexibilidad, especialmente en la flexión/extensión de hombro, flexión/extensión de tronco, “sit and reach”, elevación de hombro y muñeca y extensión de tronco y cuello.

En un estudio realizado por Jackson y Langford (Jackson & Langford, 1989) se empleó el test “sit and reach” y se concluyó que las chicas son más flexibles que los chicos. También Mora (Mora, 1989) considera que el “sexo” es un factor condicionante de la flexibilidad, de manera que las mujeres, son en general más flexibles que los hombres. La razón que se da para explicar esta situación, es que las mujeres tienen menor desarrollo muscular que los hombres, aunque en este caso, no se explica lo que provoca esta diferencia estructural entre ambos sexos, aunque se sospecha que puede ser debida a la mayor presencia de testosterona en los hombres.

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Se desconoce si los autores se refieren al genotipo, al fenotipo o a ambos. Siempre que aparezca el término sexo en este trabajo, se debe a que así ha sido citado por los autores que se han consultado. No obstante, se recuerda que puesto que en este estudio no se ha realizado una comprobación biológica del sexo de la población estudiada, el término que se emplea en esta tesis es “fenotipo sexual” (Oliva, et al., 2002).

38 Bale y cols. (Bale, Mayhew, Piper, Ball, & Willman, 1992) también utilizaron el test “sit and reach” para comparar la flexibilidad de escolares de ambos “sexos” pertenecientes a equipos deportivos de edades comprendidas entre los 13 y los 18 años. Los resultados mostraron que las deportistas femeninas tenían una flexibilidad significativamente superior a la de los deportistas masculinos. Además de la flexibilidad, se midió la fuerza y la velocidad siendo estas capacidades más favorables para los deportistas masculinos. Los resultados de fuerza y velocidad sirvieron de argumento para justificar que los chicos eran menos flexibles, es decir, según estos autores, el mayor tamaño de los músculos de los deportistas masculinos parece estar en contra del desarrollo de la flexibilidad. Sobre este aspecto, ya se ha mencionado que algunos de los autores que se citan en este estudio como Alter, Platonov y Fessenko, Weineck o García manso y cols. (Alter, 2000; García Manso, et al., 1996; Platonov & Fessenko, 1994; Weineck, 2005) no consideran que el hecho de tener músculos más grandes y por lo tanto más fuerza muscular, sea óbice para que la flexibilidad esté bien desarrollada.

Ibañez y Torrebadella (Ibañez y Torrebadella, 1993) señalan como condicionantes de la flexibilidad al fenotipo sexual y lo considera como un factor exógeno, similar a la genética, la temperatura ambiente o grado de entrenamiento. Para estos autores, generalmente las mujeres son más flexibles que los hombres. La razón que aportan para justificar estas diferencias se basan en el mismo argumento presentado por Mora (Mora, 1989) que justificaba estas diferencias por los distintos valores en las hormonas sexuales que tienen entre sí los hombres y las mujeres. Por lo tanto, parece ser que la mayor presencia de estrógenos en las mujeres provoca en ellas una mayor retención de agua y en consecuencia una disminución de la viscosidad. Además de la mayor presencia de estrógenos por parte de las mujeres, el “sexo” femenino se ve favorecido frente a los hombres por el menor porcentaje de masa muscular y por el mayor porcentaje de grasa, lo que las capacita para un mayor grado de flexibilidad.

Además de corroborar que las chicas son más flexibles que los chicos, al menos en jóvenes de edades comprendidas entre los 13 y los 16 años, Maffuli y cols. (Maffuli, et al., 1994) estudiaron si la flexibilidad de los jóvenes de las edades citadas anteriormente, estaba igualmente desarrollada en las diferentes articulaciones del cuerpo en los chicos que en las chicas. El resultado fue que las chicas mostraron mayor homogeneidad en el desarrollo de la flexibilidad que los chicos. Así, en el caso

39 de los chicos, se pudo ver que el desarrollo de la flexibilidad de las articulaciones del tronco y extremidades superiores era diferente al alcanzado en las extremidades inferiores.

Generelo y Tierz, (Generelo & Tierz, 1995) también consideran que el fenotipo sexual es un factor influyente de la flexibilidad. Por lo tanto, coinciden con el resto de los autores presentados al mencionar el “sexo” [sic], es decir, para ellos las mujeres son más flexibles que los hombres, aunque en esta ocasión, las diferencias entre ambos “sexos” [fenotipos sexuales] están condicionadas por cuestiones sociales y culturales y no por las hormonas sexuales señaladas por Mora e Ibañez Torrebadella (Ibañez & Torrebadella, 1993; Mora, 1989). En efecto, para estos autores, las niñas practican actividades que requieren más habilidad que las que realizan los niños, en cambio, los niños realizan actividades más orientadas a la mejora de la fuerza. En definitiva, estos autores consideran que es el medio y el entorno lo que está condicionando en gran medida las diferencias que presentan los hombres y las mujeres en las marcas de flexibilidad.

Le Chevalier, Alter, Valbuena y Hernández y cols. (Alter, 2000; Hernández, et al., 2007; Le Chevalier, 1996; Valbuena, 2007; Valvuena, 2007) también señalan que las mujeres son más flexibles que los hombres. En concreto, Alter señala que está demostrado que las mujeres son más flexibles que los hombres, especialmente en la región pélvica, lo que las proporciona una adaptación específica para el embarazo. En el caso del estudio de Hernández y cols. se concluyó que en un rango de edad comprendido entre los 9 y los 17 años, la flexibilidad de las mujeres es superior a la de los hombres.

La opinión de Heyward (Heyward, 2008) está en la misma línea que los autores presentados a lo largo de este apartado. En su opinión, las niñas son más flexibles que los niños a las mismas edades y esas diferencias se mantienen a lo largo de la vida. La razón con la que se justifica la diferencia en los valores de flexibilidad alcanzados entre los hombres y las mujeres es la presencia de músculos más grandes y mejor desarrollados en los hombres que en las mujeres.

En un reciente estudio realizado por Kwok-Kei y cols. (Kwok-Kei, et al., 2010) se evaluó con el “sit and reach” a 3204 jóvenes de edades comprendidas entre los 12 y los 18 años. Los resultados del estudio mostraron que la flexibilidad de los chicos (27.4 centímetros) es inferior a la de las chicas que las chicas (32.2 centímetros).

40 Con independencia de lo anterior, muchas de las mujeres que realizan algún tipo de actividad física, especialmente las deportistas que están interesadas en mejorar su rendimiento deportivo, se han preguntado en alguna ocasión ¿cómo influye el ciclo menstrual en los resultados de las competiciones?

La posibilidad de que los resultados de las mujeres que participan en este estudio pueda estar condicionada por la fase del ciclo menstrual en el que han sido medidas, obliga a tener en cuenta este aspecto, por lo tanto, con la intención de dar respuesta a la pregunta que se ha planteado en el párrafo anterior, se ha decidido incluir en este apartado, algunos de los aspectos fisiológicos más importantes del ciclo menstrual de la mujer.

Vaya por delante que a pesar de ser un asunto bastante estudiado, lo cierto es que se no ha encontrado una respuesta unánime, sobre los efectos que las diferentes fases del ciclo menstrual, producen sobre el rendimiento deportivo de las mujeres, no obstante, antes de aportar ideas específicas sobre los efectos del ciclo menstrual de la mujer en el rendimiento físico, se ha creído oportuno informar en primer lugar del ciclo menstrual y sus fases, ya que este es un aspecto muy investigado y que servirá de referencia para exponer el resto de opiniones.

Según Tresguerres y cols. (Tresguerres, Aguilar, Devesa, & Moreno, 2000) desde que comienza la pubertad en las mujeres, y hasta la menopausia, los ovarios de la mujer secretan hormonas cíclicas que en su conjunto provocan una serie de efectos conocidos como ciclo menstrual. Uno de los aspectos más importantes del ciclo menstrual es sin duda el hecho de que cada 28 días se libera un óvulo susceptible de ser fecundado, en cambio, el fenómeno que más se evidencia es el sangrado menstrual, que se produce también aproximadamente una vez cada 28 días como consecuencia de la acción de las hormonas sobre el endometrio. Por otro lado, las hormonas ováricas secretadas a lo largo del ciclo tienen efectos sobre otras estructuras del aparato reproductor femenino, aunque estos efectos son menos evidentes que los mencionados anteriormente, y se producen en las mamas, vagina, vulva, útero y trompas con la periodicidad que marca el ciclo menstrual. Puesto que estamos hablando de un ciclo que se repite a lo largo de aproximadamente 28 días, las fases que producen a lo largo de este ciclo son las siguientes:

41 Esta fase se inicia con el sangrado menstrual y que supone la finalización del ciclo anterior. Desde el primer día del sangrado, comienza el desarrollo de una serie de folículos primarios. En esta fase se observan unos niveles elevados de la hormona FSH, que es la hormona encargada de desarrollar el folículo y de elevar el número de receptores de la hormona LH. También es importante destacar que en esta fase se empieza a detectar un incremento de la concentración de estradiol en sangre.

• Fase folicular media (días del 5 al 7):

A medida que se va produciendo el desarrollo folicular, la secreción de estrógenos se va incrementando progresivamente y al mismo tiempo disminuyendo los niveles de FSH. La disminución de la hormona FSH provoca que los folículos que tienen menos receptores de esta hormona sufran un proceso de atresia. En cambio, el folículo más sensible a la FSH será el que más se desarrolle. Este folículo se hará progresivamente más sensible a la hormona LH y además producirán andrógenos. Al final de esta fase, el complejo celular teca-granulosa del folículo consigue una funcionalidad casi completa.

• Fase folicular tardía (días 8 al 12):

Este periodo se caracteriza por el incremento progresivo de los estrógenos hasta llegar al máximo previo a la aparición del pico ovulatorio de LH. En esta fase el folículo ha madurado completamente. Al final de esta fase folicular tardía los niveles de LH y FSH comienzan a elevarse para dar lugar al pico ovulatorio, en el que la LH se incrementa muchísimo más que la FSH. Al mismo tiempo se secreta la hormona androstendiona, testosterona y 17-alfa- hidroxi-progesterona, que alcanza sus valores máximos muy cerca de la fase periovulatoria. Esta fase se caracteriza también por la fluidificación del moco cervical.

• Fase periovulatoria (días 12 al 14):

En esta fase se alcanza el pico de secreción de estradiol y unas 24 ó 48 horas después llega el pico de LH y FSH, aproximadamente 16 ó 24 horas antes de la ovulación. Cuando se produce la ovulación se produce una disminución de los estrógenos y de la progesterona que durante la fase

42 folicular ha mantenido unos niveles bajos pero que a partir de este momento aumenta progresivamente. Al mismo tiempo la 17-alfa-hidroxi-progesterona y la androstendiona muestran secreciones máximas de acuerdo con la plena madurez funcional de las células de la teca y de la granulosa. Por otro lado el moco cervical adquiere su máxima fluidez.

• Fase luteínica inicial (días 15 al 21):

Después de la ovulación se forma el cuerpo lúteo por la acción de la LH y los restos foliculares. Esta fase se caracteriza por el incremento de progesterona en sangre, del mismo modo, los estrógenos vuelven a aumentar después de los mínimos de la fase post-ovulatoria, aunque no alcanzan los niveles de la fase preovulatoria. La LH y la FSH disminuyen de forma progresiva hasta llegar a los niveles del periodo folicular. Así, en esta fase el endometrio se transforma en secretor, para permitir el anidamiento del huevo en el útero en el caso de que haya fecundación.

• Fase luteínica media (días 22 al 24):

En esta fase la progesterona alcanza sus máximas concentraciones plasmáticas, mientras que los estrógenos alcanzan su segundo pico, aunque menor que en la fase preovulatoria, en consecuencia, las gonadotropinas alcanzan los valores más bajos de todo el ciclo menstrual. En esta fase, el mucus vuelve a espesarse, con lo que se hace más difícil la penetración de los espermatozoides.

• Fase luteínica tardía o luteolítica (días del 25 al 28):

La secreción de progesterona y del estradiol comienzan a disminuir, aunque se aumenta la secreción de gonadotropinas, fundamentalmente la FSH. Al mismo tiempo se disminuye casi a cero la secreción de esteroides, con lo que se da comienza a la fase de flujo.

Kulund (Kulund, 1990) opina que el rendimiento deportivo no está condicionado por las diferentes fases del ciclo menstrual. Según este autor, no existen evidencias que confirmen una influencia significativa de las diferentes fases del ciclo menstrual sobre el rendimiento deportivo de las mujeres. No obstante, es importante señalar que la mayoría de estos estudios se han realizado sobre grupos de mujeres y por lo tanto

43 las conclusiones son generales y obvian la casuística. En este sentido, es posible que alguna mujer pueda ver condicionados sus resultados deportivos en función de las diferentes fases de su ciclo menstrual. De hecho, este autor señala que mientras algunas mujeres se ven obligadas a reducir la intensidad de sus entrenamientos por las molestias que sufren en determinadas fases del ciclo menstrual, otras han logrado éxitos deportivos en esas mismas fases de su ciclo.

Ästrand y Rodahl (Ästrand & Rodahl, 1992) opinan que las diferentes fases del ciclo menstrual femenino no inciden en los parámetros objetivos del rendimiento como pueden ser la frecuencia cardiaca o la captación de oxígeno, además comenta que la mayor parte de los estudios que se han realizado sobre este tema resultan contradictorios. No obstante, las mujeres que están menstruando, pueden percibir subjetivamente que su capacidad funcional está mermada o que son más sensibles a la fatiga. Por otro lado, Astrand y Rodahl señalan que existen muchos ejemplos de mujeres que han conseguido medallas olímpicas durante la menstruación.

Por el contrario, Córdova y Martínez (Córdova & Martínez, 2001) opinan que el ciclo menstrual de la mujer está sometido a cambios rítmicos en la secreción de las hormonas femeninas. Estos cambios implican un ciclo sexual promedio de unos 28 días, que en el supuesto de que el óvocito no sea fecundado, finaliza en la menstruación. Según estos autores, la actividad física de carácter competitivo, puede estar influida por la fase del ciclo sexual en el que se encuentra la mujer, de hecho, la manipulación del ciclo sexual y sus hormonas con el fin de obtener mejores resultados deportivos, es una práctica frecuente. En este sentido, durante la primera fase del ciclo menstrual se produce un incremento en la secreción de los estrógenos, por este motivo, se cree que esta fase es la más adecuada para alcanzar un mayor rendimiento, puesto que la capacidad física es mayor. En cambio, en el momento próximo a la ovulación, aparece el denominado “síndrome premenstrual” que hace disminuir el rendimiento de la mujer deportista un 13%. La fase inmediatamente anterior a la menstruación y la fase hemorrágica, afectan de diferente modo dependiendo de la mujer, ya que, según los datos de estos autores un 45% de las mujeres opina que su rendimiento es el mismo, el 43% afirma que disminuye y un 12% considera que aumenta.

Wilmore y Costil, (Willmore & Costill, 2004) dividen el ciclo menstrual en tres fases (flujo, proliferativa y luteínica), aunque en la práctica opinan que el ciclo está

44 dividido en fase folicular, que empieza con el comienzo de la hemorragia durante el flujo menstrual y la fase luteínica, que empieza con la ovulación:

• Fase de flujo en la que el revestimiento uterino se desprende y se produce el flujo menstrual, esta fase dura unos 4 ó 5 días.

• La segunda fase es la proliferativa que prepara al útero para la fertilización cuya duración es de unos 10 días. En esta fase se produce la maduración en el ovario de alguno de los folículos que segregan estrógenos. Esta fase finaliza cuando uno de los folículos se rompe y libera un óvulo maduro (ovulación). • Estas dos fases (menstrual o de flujo y proliferativa) corresponden a la fase

folicular del ciclo del ovario.

• La tercera, y última fase, del ciclo menstrual de la mujer es la que se conoce como fase secretora o fase luteínica del ciclo del ovario. Su duración es de unos 10 ó 14 días, en ella el endometrio aumenta por el incremento de la llegada de sangre y nutrientes preparándose de este modo para un posible embarazo. En este periodo el folículo que se encuentra vacio después de desprender el óvulo, segrega progesterona además de estrógeno, aunque en menor medida que en la fase anterior. La duración total del ciclo es de aproximadamente 28 días.

A continuación se muestra el esquema presentado por estos mismos autores en relación a la secreción de las diferentes hormonas a lo largo del ciclo menstrual de la mujer:

45 Wilmore y Costill (Willmore & Costill, 2004) señalan que la fase de la menstruación en la que se encuentra la mujer, podría influir en el rendimiento deportivo, especialmente cuando se encuentran en la fase previa al flujo o durante el mismo. No obstante, esta percepción no es igual para todas las mujeres, de hecho, el número de mujeres que declaran sufrir un deterioro en su rendimiento durante la fase de flujo, es el mismo que el número de mujeres que opina que su rendimiento deportivo no se ve mermado, incluso, algunas mujeres han llegado a conseguir records mundiales durante la fase de flujo.

Figura 2. Secreción de progesterona, estrógenos, LH y FSH. Adaptado de Wilmore y Costill (Willmore & Costill, 2004)

46 Estos mismos autores (Willmore & Costill, 2004) indican que los estudios que se han realizado sobre este asunto, no son demasiados rigurosos y además, generalmente se basan en la casuística o en experiencias personales y localizadas, no pudiendo establecer consideraciones generales y mucho menos un consenso sobre este tema. Es más, suponiendo que la fase del ciclo menstrual en la que se encuentra la mujer, influyese en el rendimiento deportivo, los autores tampoco parecen estar de acuerdo en cuáles serían las fases en las que el rendimiento se vería beneficiado y cuáles serían las fases en las que el rendimiento se vería perjudicado.

Algunos estudios señalan que la fase en la que el rendimiento podría mejorar, sería desde los días inmediatamente posteriores al comienzo del período de flujo, hasta la ovulación, es decir, aproximadamente los primeros catorce días del ciclo, por