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2. TEMA: LA FAMILIA Y LA CONSTRUCCIÓN DE VALORES

2.2 Familia como escenario de construcción de valores

Para conocer como el escenario de construcción de valores en la familia interviene en el individuo, es necesario establecer lo que significa el bienestar familiar. Así se puede decir, que el bienestar familiar ha pasado de ser considerado como un estado estático de armonía y satisfacción entre sus miembros, a ―describirse como un proceso constructivo que se consigue con el diario vivir y que requiere reajustes ante las situaciones cambiantes a las que se enfrenta la familia‖ (Penas, 2008, p.73).

Los valores constituyen un elemento sustancial en el sistema de creencias de las personas y se relacionan con estados ideales de vida que responden a las necesidades

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del individuo como seres humanos. Cuando los sujetos actúan de acuerdo con sus valores están promoviendo y reforzando el sentimiento de autoestima, autocompetencia y de reconocimiento social. Y por el contrario, la diferencia entre la conducta y los principios producirá incomodidad, entonces se promoverán nuevas soluciones que faciliten la satisfacción de las necesidades generadas. ―Los valores, por tanto son potenciadores de la autoestima y competencia social‖ (Penas, 2008, p. 73).

Es necesario reconocer entonces, que la familia como primer ente socializador debe ser el primer escenario de aprendizaje de las reglas sociales y la promotora de la adquisición de valores por parte de sus integrantes. El ambiente familiar ofrece al individuo diferentes situaciones exclusivas que le permiten aprender valores; así se pueden mencionar: la comunicación, la proximidad entre los integrantes, el afecto y la cooperación (Penas, 2008 p. 73).

No obstante, la función socializadora que cumple la familia radica en algo más que la mera transferencia intencional y clara de normas y valores. Es desde el ambiente familiar que ―el adolescente obtiene las claves para que edifique su representación acerca del funcionamiento de la realidad social‖ (Penas, 2008, p.73). Entre estas claves se hallan las propias representaciones de los padres, los modelos de interacción familiar, las expectativas y demandas sociales que pesan sobre los hijos, la definición de las tareas evolutivas a las que debe enfrentarse, entre otras.

Desde esta perspectiva, la familia cumple dos tareas importantes:

Determinar qué objetivos o metas son compatibles o incompatibles entre sí, a través de la estructuración del ambiente educativo, en donde se encuentran entre otros: la distribución de recursos materiales, el clima afectivo, la organización de roles y las pautas de disciplina.

Primar la solución deseable ante los conflictos de valores, buscando aquella que más se ajuste con las expectativas sociales promovidas por la familia. Puesto que cada familia muestra a sus miembros lo que se espera de ellos, usualmente esto se halla condicionado en gran medida por las directrices y requerimientos

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culturales provenientes del sistema social en el que se desenvuelve, tales como: valores culturales, creencias, sucesos históricos, tamaño de la familia, trabajo, amistades, entre otros. ―Tanto padres como hijos interpretan su propia conducta y la del otro en función de esquemas cognitivo-motivacionales transmitidos por esos valores culturales dominantes‖ (Penas, 2008, p.75).

Para el autor Santiago Penas (2008), las nuevas perspectivas constructivistas señalan que los hijos son agentes activos en el proceso de construcción de valores, instituyéndose una relación transaccional, aunque asimétrica, con el adulto. En este sentido, no es suficiente con la intención deliberada de educar en valores para lograrlo y las moderadas correlaciones paterno-filiales así lo demuestran.

Según este autor, la construcción de valores en la familia requiere tomar en cuenta, el papel activo que tienen los hijos para asumir o no los valores de los padres; entonces, ―no es posible afirmar que exista una relación directa entre los valores que los padres desean para sus hijos y los que los hijos adquieren‖ (Penas, 2008, p.75). Aun cuando el modelo que demuestren los padres y su conducta resulte apropiada e, incluso, ―las relaciones paternofiliares sean intachables, siempre estará la interpretación que cada hijo haga de la conducta paternal, por lo que los valores podrán ser similares pero nunca idénticos‖ (p.76).

Adicionalmente, en las relaciones paternofiliares, se podrán modificar los valores de los padres para adaptarse a las nuevas exigencias y demandas que aparecen a lo largo del ciclo vital familiar.

De la misma forma, en la familia pueden surgir continuamente conflictos, que permiten fortalecer el criterio propio de sus miembros, de esta forma, los hijos pueden decidir si asumen o no el valor familiar, o puede adaptarlo a su personalidad.

Es preciso tomar en consideración que desde que los padres deciden formar una familia, tienen la expectativa de mantener una serie de valores que les permita guiar a sus hijos por buen camino; en todas las etapas del ciclo familiar como es el embarazo, la niñez, la pubertad, la salida de los hijos del hogar, plantean un reto a la familia y ―cada familia lo

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afrontará de una manera diferente en función de los valores asumidos‖ (Penas, 2008, p.74).

El autor Santiago Penas (2008), en su obra cita a McNally, Eisenberg y Harris (1991) quienes en su trabajo longitudinal con familiar con hijos de 7 a 16 años encontraron que:

―sorprendentemente, se dan pocos cambios en las actitudes de socialización, lo que parece indicar que esta se basa en valores objetivos fuertemente arraigados y bastante estables a lo largo del ciclo familiar. El sentido común hace pensar que esos valores deberían ser los de solidaridad, tolerancia y seguridad, ya que todos ellos son indispensables para conseguir una familia que proporcione a sus miembros la seguridad para afrontar los diferentes retos del desarrollo‖ (p. 75). De acuerdo a este descubrimiento se puede afirmar que los valores practicados dentro del seno familiar, sin lugar a dudas permitirá al individuo a desarrollarse positivamente dentro de la sociedad.