Fase 3 álgida: En esta fase los sujetos agreden ejerciendo dos o tres tipos de maltrato
5.2. Las familias
Cuando se hace referencia a las familias donde ocurren malos tratos a manos de menores, son muchas las voces que mencionan los estilos educativos que reciben estos
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62 jóvenes como la principal causa del problema de violencia que protagonizan los hijos. El tipo de pautas y control de crianza que reciben estos sujetos ciertamente son inadecuadas, como se pudo comprobar en los distintos estudios que conforman este proyecto de investigación. De hecho, en el estudio del que se ocupa este informe se descubrió una relación significativa entre el estilo educativo y el hecho de pertenecer al GN-M o al GM. Pero a raíz de lo relatado por los padres en las entrevistas que conformaron el material del estudio de casos anterior, se comenzó a barajar la hipótesis de que estos estilos educativos pudiesen haber evolucionado de adecuados a inadecuados a lo largo del tiempo a causa de la conducta violenta de los menores y, estas nuevas pautas educativas provocasen el mantenimiento del problema de malos tratos en el hogar. Esta hipótesis parece confirmarse con el hecho de que, según los padres de los maltratadores, los estilos educativos durante los primeros años de vida, no presentaban diferencias significativas en comparación con los sujetos del grupo control. Además, esta hipótesis se ver reforzada por el hecho de que los padres maltratados respondieron afirmativamente cuando se les preguntó sobre posibles cambios en las normas y las respuestas a su incumplimiento tras la aparición del primer episodio de malos tratos. Estas pautas se endurecieron en algunos casos y se suavizaron en otros.
No es de extrañar que los jóvenes adolescentes presenten dificultades de control de la conducta durante esos años, pero estos menores maltratadores parecen presentar más problemas ya que incluso los padres, que siempre han sabido utilizar estrategias educativas normalizadas, se equivocan ante la imposibilidad de llevar a buen fin los propósitos de crianza con sus hijos. Es necesario por lo tanto que a la hora de afrontar los consejos sobre las pautas de actuación de los padres hacia los hijos se tenga en cuenta que se trata de adolescentes especialmente complicados cuyos progenitores no están totalmente carentes de habilidades parentales.
En cuanto a la existencia de otras dinámicas de violencia familiar distintas a las que ejercen los menores objeto de estudio, estas se han encontrado significativamente en la muestra que conformó el grupo experimental en esta investigación. Las teorías sobre la transmisión intergeneracional de la violencia (Widom, 1989) podrían explicar, si no todas, parte de las causas que originan este fenómeno violento en los hijos. Un menor puede aprender que la violencia es aceptable para defender sus intereses y más
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63 aún en el ámbito familiar que es donde ha visto este tipo de manifestaciones con anterioridad.
El aprendizaje social de las conductas también podría justificarse por el hecho de que los padres de estos menores, a diferencia de los padres de los sujetos no maltratadores, aceptan el uso de la violencia en algunas ocasiones, al igual que hacen los jóvenes maltratadores. Pero yendo más allá en los modelos de los que se pueden aprender las conductas y actitudes positivas hacia la violencia, no se debe olvidar que estos sujetos se relacionan con otros menores problemáticos que pueden estar influyendo notablemente en las actitudes de estos maltratadores incluso más que los padres. No debe olvidarse que, por una parte, éstos últimos justifican la violencia para defenderse a si mismos o a alguien que está siendo dañado, mientras que muchos de estos jóvenes lo hacen para obtener sus objetivos. Además, la toma en consideración del grupo de iguales suele ser más alta durante la pubertad que durante las etapas vitales anteriores (Palacios y Oliva, 2005). Por lo tanto, se observan dos factores familiares que podrían influir en el aprendizaje del uso de la violencia como técnicas lícitas de obtención de objetivos y resolución de conflictos: el ser víctima y/o testigo de malos tratos en el hogar y la exposición a consideraciones favorables a la violencia. Pero no olvidemos que estas circunstancias podrían estar influyendo en algunos menores únicamente, ya que un 58,8% ellos proceden de familias donde no se han producido otras dinámicas de violencia intrafamiliar y un 29,4% de los padres y un 47,1% de las madres de los sujetos agresores, defienden que la violencia no es aceptable bajo ninguna circunstancia.
Por último y para finalizar las consideraciones sobre las familias donde se producen malos tratos a manos de menores de edad, se debe señalar que significativamente los padres de los jóvenes agresores presentan problemas de algún tipo, aunque en la mayoría de los casos, cuando sufren problemas psicológicos estos surgieron a raíz del problema que viven con los hijos. Existen autores que consideran que los padres que experimentan problemas de algún tipo ven mermadas sus capacidades para controlar la conducta de los menores de forma adecuada (Gorman- Smith y otros, 1998). Por este motivo, desde aquí también se recomienda el apoyo a los padres en sus respectivas problemáticas, tanto si se trata de problemas provocados por los malos tratos recibidos como si se trata de problemas previos.
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