Los animales con alta preferencia de caza y abundantes son los quirquinchos (chico, ancho) y el pecarí de collar. Otros animales con alta preferencia, evidente- mente pueden haber sido abundantes en el pasado, pero actualmente no lo son. En la Tabla 12. 5 se considera la apreciación de los pobladores locales sobre la abundancia de fauna silvestre:
Tabla 12. 5: Percepción sobre abundancia de especies de caza
Especies No hay más Escasas Abundantes
Guanaco Mara Suri Vizcacha Conejo Perdices Quirquincho Chancho Zorro Corzuela
Los quirquinchos (Figura 12. 4) son muy elegidos porque la gente los con- sidera “ricos”, al igual que el ñandú o suri. Las apreciaciones “es lo que más hay”, “es lo que hay”, “es lo único que hay”recaen sobre quirquinchos, chan- chos, conejo de los palos y mara, y también sobre las perdices, sobre las que se menciona “andan a la vista”.
La grasa del quirquincho ancho suele ser usada para fritar o se le da de comer a los perros. El caparazón de los quirquinchos se le da a mascar a los perros, incluso el del mataco bola, a pesar de su dureza.
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El 81% de los cazadores coincide en que la abundancia actual es menor que hace una década y sugieren los factores que han influenciado para llegar a esta situa- ción (Figuras 12. 5):
(a)
(b) Figura 12. 5: Percepción de los pobladores sobre la abundancia de fauna silvestre: (a) con respecto a hace 10 años atrás; (b) causas de reducción de la abundancia
Causas de disminución de la fauna silvestre
Se destacan la caza de autoconsumo por los pobladores del lugar y también la recreativa o deportiva por cazadores externos. Con respecto a esta última, se ha mencionado un aumento en el último año.
Es interesante referirse a los métodos de caza empleados por los cazadores lo- cales: éstos reconocen que su método de caza (y su finalidad) genera un menor im-
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pacto en la fauna silvestre, comparado con la utilizada por los cazadores externos. El poblador local tiene dos motivaciones para cazar: por un lado, cuando sale a revisar sus cabras o vacas en el campo, y por otro, cuando organiza expresamente una salida de caza. La primera es una caza oportunista (“se caza lo que salga”) donde el quir- quincho es la presa más frecuente (78,57%), muy por encima del pecarí (10,71%), de la iguana (3,57%), o el suri (3,57%). La segunda, cuando la salida de caza es organizada, las presas preferidas son el suri (26,92%), el pecarí (23,07%) y el quir- quincho (23,07%), luego la corzuela (7,69%), la iguana (3,84%), la mara (3,84%), el conejo de los palos (3,84%), la perdiz (3,84%), y “lo que encuentre” (3,84%). La actividad de caza no necesariamente se hace en forma individual; en ocasiones se sale con algún familiar, vecino del mismo poblado o de otros poblados. Sin embar- go, en la mayoría de los casos sale solo. La partida de caza incluye el apoyo de un perro adiestrado, caballos para desplazarse y el uso de la “polca” o la boleadora, escopetas, rifles o arma blanca. La finalidad de caza es básicamente la obtención de carne para alimentación. Actualmente el curtido de cuero no es frecuente, ya que al estar prohibida la caza de los animales por ellos utilizados con tal fin, el precio de los cueros ha disminuido mucho.
Algunos pobladores hacen referencia a las enfermedades como posible causa de las disminuciones abruptas en las poblaciones de algunos animales, por ejemplo mara y conejo de los palos. Uno de los pobladores relata que cazó una liebre gorda pensando que era hembra preñada, pero resultó ser un macho, y al abrirlo tenía agua y pelotitas como de grasa entre el cuero y los músculos. Este hecho coincidió con la merma de la población hace dos años atrás y con un período de inundación de la zona. Supone como posible causa de la merma de estas poblaciones, una enfermedad contagiosa (algunas gallinas también manifestaron síntomas parecidos).
Hay diferentes perros, según lo que se busque cazar: galgos para ñan- dúes, “cuzcos” para los quirquinchos, o dogos para los chanchos. A los dogos se les coloca un collar de cuero para protegerlo de los colmillos del pecarí.
Si bien el caballo cumple la función de medio de transporte, también es fundamental para la caza del ñandú porque permite correrlos. “Hay caballos que son muy buenos para correr suris, se quedan esperando mientras los pe- rros lo traen hacia uno…”.
La distancia que recorren los cazadores en busca de presas es variable, desde 500 m a 20 km. No obstante, lo usual es entre 4 km y 10 km. Cada vez deben recorrer distancias mayores para obtener resultados exitosos.
Un poblador de San Isidro refiere que “antes a 6 km encontrabas, ahora andamos un día entero, a veces nos quedamos a dormir en el monte”.
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Roles familiares vinculados a los animales silvestres
Cuando se indagó acerca de la participación de cada integrante de la familia en el aprovechamiento de los animales silvestres, se identificaron distintas actividades que se realizan en la zona: la caza, la recolección de huevos (de suri o perdiz), el trampeo, la juntada de pichones, la juntada de tortugas, la extracción de miel de palo, el chaguado de miel de palo y el filtrado de cera de abejas meliponas.
Existe una asignación de roles entre los distintos integrantes de la familia: los hombres, padres de familia casi en su totalidad, son los que practican la caza y la extracción de miel. Por el contrario, las mujeres adultas en el 50 % de los casos no participan de las actividades vinculadas con animales silvestres; las que sí lo hacen no se dedican a cazar (aunque existen algunas excepciones) sino que extraen miel de palo, chaguan la miel o filtran la cera, esto último realizado por pocos. Estas activi- dades son transferidas a las hijas desde pequeñas. Entre los niños y jóvenes, las actividades de mayor desarrollo son la caza y la extracción de miel de palo; la pri- mera entre jóvenes de 10-15 años, y la segunda entre niños de 5-10 años. El trampeo y la juntada de huevos son actividades frecuentes en ellos, incluso mayor que la de los adultos, padres de familia. Los jóvenes entre 15-20 años no participan en estas actividades ya que, aparentemente, migran a poblaciones vecinas para continuar con sus estudios secundarios, ausentes en la educación rural. En los jóvenes mayores a 20 años, la caza, la juntada de huevos y la extracción de miel vuelven a tener una dedicación importante, no así el trampeo. Sin embargo, el hecho de que estas activi- dades no sean realizadas por todos los pobladores, no es indicativo que el impacto sobre la biodiversidad y abundancia de la fauna silvestre sea bajo, sobre todo si nos referimos a las crías, quienes ya no constituirían, a futuro, el plantel de adultos re- productores.
Situación legal de la fauna silvestre
La caza de fauna silvestre en la provincia de Catamarca está regulada por la Ley N° 4855 de Protección de la Fauna Silvestre, y su Decreto Reglamentario N° 1064. La Ley, en su Art. 12, clasifica las especies de la fauna silvestre conforme al siguiente ordenamiento:
a) Especies amenazadas: aquellas que se encuentran en peligro inmediato de ex- tinción, y cuya supervivencia seria improbable si los factores causantes de su re- gresión continuaran actuando.
b) Especies vulnerables: aquellos que por exceso de caza, por la destrucción de su hábitat o por otros factores, son susceptibles de pasar a la situación de especies amenazadas.
c) Especies raras: aquellas con una baja densidad poblacional, que aunque actual- mente no se encuentran amenazadas ni son vulnerables, corran esos riesgos.
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d) Especies en situación indeterminada: aquellas cuya situación actual se desco- noce con exactitud, en relación a las categorías anteriores, las que sin embargo requieren la debida protección.
e) Especies fuera de riesgo: aquellas que no se sitúan en ninguna de las categorías anteriores.
Sin embargo, no detalla cuales son las especies que pertenecen a cada catego- ría, lo que genera un vacío legal importante. También es interesante destacar que la fauna silvestre pertenece al dominio público, y que toda persona requiere la licencia del Estado para ejercer la caza, ya sea en propiedad pública o privada; en este último caso, deberá requerir como medida previa autorización escrita del ocupante legal del campo. En el Decreto Reglamentario (Art. 3) establece que las especies de las cate- gorías a) a la d) no pueden ser cazadas a excepción de fines científicos. Entonces, surge la pregunta: ¿Cuál es la situación de los pobladores de las salinas? Sabemos que la mayoría de ellos se dedica a la caza de animales silvestres, y que los mismos forman parte de de sus hábitos alimenticios y de su cultura. En este sentido, se gene- ra una problemática legal que no se puede desconocer, ya que esta actividad involu- cra la caza de muchas especies que en teoría están protegidas.
En las encuestas surge que el 62,5 % de los encuestados afirma tener algún ti- po de conocimiento acerca de las normas que regulan el aprovechamiento de la fauna silvestre, y en las conversaciones surge que saben de la ilegalidad de la activi- dad, que pueden ser controlados y multados, que hay épocas y permisos de caza. Pero, por otra parte, manifiestan que en épocas de escasez, los animales silvestres constituyen una importante fuente de proteínas para la dieta diaria.
Zonas de caza
En la Encuesta 2009 se seleccionó un grupo de pobladores que se dedican a la caza de fauna silvestre, a fin de detectar cuales son los lugares preferidos o frecuen- tados con mayor asiduidad. También se indagó acerca de los métodos de caza que utilizan, épocas, frecuencia de salidas, usos de las presas, etc. Se trabajó mostrando mapas e imágenes satelitales de la zona, para que el encuestado pudiera ubicarse espacialmente y señalar las zonas utilizadas para cazar, o dónde ellos conocen que se va a cazar. Esta diferencia es importante, ya que muchos señalaron lugares en donde ellos mismos iban a cazar, así como otros lugares en donde conocen que otros po- bladores (de su comunidad o de otras comunidades) van a cazar. Las respuestas fueron procesadas mediante herramientas de sistemas de información geográfica (Idrisi Andes y Envi 4.6.1), obteniendo mapas en los cuales es posible representar gráficamente las zonas de caza frecuentadas por cada comunidad.
Teniendo en cuenta la distancia de desplazamiento, los cazadores de cada co- munidad frecuentan zonas no muy alejadas a sus viviendas. Se puede diferenciar entre dos actitudes de caza: aquella que se realiza al azar cuando se está desplazando por otras actividades, por ejemplo cuando salen a buscar los animales, y aquella organizada que se hace para buscar un animal en particular; los motivos de la salida de caza pueden ser variados, pero responden a la necesidad de carne para alimenta-
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ción (suri, pecarí, corzuela), a la búsqueda de algún animal dañino (puma), o por puro esparcimiento.
Para la caza al azar, el lugareño siempre se desplaza a caballo, armado con revólver, escopeta, rifle o simplemente con cuchillo, y acompañado por sus perros entrenados para la caza. Cuando los perros detectan una presa la corren hasta acorra- larla; en ese momento el paisano finaliza la caza con un tiro o un corte oportuno. La caza de quirquinchos, la más redituable, responde principalmente a esta metodolog- ía. Se estima que en el desplazamiento del paisano, los perros pueden cubrir un área de 500 m a cada lado, detectando con su olfato las posibles presas. Para la caza or- ganizada, los pobladores salen en grupo a obtener una presa en particular. Saben a dónde deben dirigirse, ya sea porque conocen las zonas en las cuales merodean los animales, o porque tiene referencias de alguien que lo ha visto. La metodología de caza es la misma que la anterior, aunque pueden pasar varios días para conseguir su objetivo.
De acuerdo a lo manifestado por los cazadores, es posible dibujar sobre los mapas líneas de dirección que muestran las zonas que atraviesan en sus desplaza- mientos, y otras áreas (polígonos) que representan las zonas en donde encuentran las presas con mayor frecuencia. Estos mapas se encuentran aún en proceso de análisis, por lo que la información suministrada debe considerarse como preliminar. En las Figuras 12. 6 y 12. 7 (lámina color) se han superpuesto líneas que representan los trayectos de los cazadores y en los cuales capturan las ocasionales presas que en- cuentran (Figura 12. 6a, lámina color) y círculos que representan las zonas preferi- das de caza que utiliza cada comunidad (Figura 12. 6b, lámina color). La informa- ción proviene de encuestados de El Clérigo, El Garay, La Horqueta, La Zanja, Palo Santo, San Agustín y Km 969.
Utilizando herramientas de los sistemas de información geográfica se analizó si cazadores de diferentes comunidades compartían zonas de caza (Figura 12. 7, lámina color). Las áreas rojas representan aquellas zonas donde no hay superposi- ción de cazadores de diferentes comunidades; las amarillas donde se superponen zonas de caza de dos comunidades. La superposición de tres o más comunidades no es espacialmente importante y se muestra en otros colores. Los resultados del mapa sugieren que hay una preferencia por usar zonas de caza exclusivas para cada comu- nidad, evitando de esta manera problemas de competencia por el recurso. De esta manera, en muchas zonas no existe una presión de caza muy fuerte dado que no hay un exceso de cazadores. Los lugares referenciados como lugares de caza fueron el Bordo del Indio, el Bordo de los Chañares, los montes de Garay, y el monte hacia el poniente de la Zanja.
Animales perjudiciales y peligrosos
Algunas especies son actualmente cazadas por ser consideradas perjudiciales, ya sea por afectar a la salud de los pobladores, como por el daño que causan sobre los animales domésticos (ganado y aves de corral) (Tabla 12. 6 y Figura 12. 8).
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