En el caso personal, cada uno tiene su vida, y Dios le habla en concreto a través de las circunstancias y de las voces del alma. Cada uno tendrá que ver lo que hace, con el consejo del otro, pero tomando sus propias decisiones. Sin embargo, respecto a las cosas en común, a los hijos, a la familia, al apostolado matrimonial, tienen que conversarlo y tomar decisiones en común.
Se trata de vivir y caminar juntos con el Dios de nuestra vida. Esto nos da tranquilidad, seguridad; lleva a enfrentar la vida con alegría y con optimismo, aunque nos esperen cosas difíciles: hay alguien que Dios puso a nuestro lado.
Durante esta revisión personal y en común, siempre, de una u otra forma, estarán presentes los hijos. El fruto de nuestro esfuerzo por crecer juntos y personalmente como papá y mamá, repercutirá positivamente en ellos: muestra vida familiar será más armónica y feliz.
Se trata de realizar como esposos un trabajo en profundidad, de lo contrario el matrimonio se volverá superficial y lo arrastrará la corriente. Entonces empezarán a vivir como todos, a hablar como todos, a discutir como todos, a gastar el dinero como todos, o a separarse, como muchos.
Queremos realmente regalar a la Iglesia una nueva vivencia del matrimonio y de la familia, queremos aportar un nuevo estilo de santidad matrimonial. Las 4 R y, en concreto la tercera R, son un aporte en este sentido. Las experiencias irán mostrando cada vez con mayor claridad qué es lo que más nos sirve y cómo lo hacemos propio, compartiendo también con otros matrimonios este camino.
P
reguntas y tareas
1. Preguntas
• ¿Cómo ha sido nuestro intercambio en relación a nuestra autoformación?
• ¿Hemos trabajado cada uno en su propia autoformación? ¿Cómo lo hacemos? ¿En qué podemos ayudarnos mutuamente de acuerdo a lo que vimos en la primera parte de la 4R?
• ¿Hemos introducido en nuestro estilo de vida el programar y tener claro lo que deseamos conquistar como persona y como matrimonio? ¿Qué hacemos para no quedarnos solamente en “buenos deseos”?
• Podemos fallar por quedarnos en vaguedades, pero también en querer determinar todo... ¿qué hacemos nosotros en concreto?
2. Tareas
• Determinar cada uno, de acuerdo a cómo ha practicado los medios ascéticos (lo positivo y lo negativo), lo que hará al respecto en el mes próximo.
• Si hay conflictos que no hemos solucionado, conversar cuál será nuestra actitud al respecto en el mes próximo (Intensificar la ración, ayudarnos con la consulta a alguien de nuestra confianza, etc.
• Reafirmar la decisión de guiar nuestra vida que se oriente por la fe práctica en la divina Providencia.
• Terminar la revisión en la tercera R, teniendo claro lo que deseamos acentuar en el mes próximo como persona y como matrimonio.
L
a Cuarta R
Renovar
El fundamento o marco referencial de nuestro ideal matrimonial
La cuarta R supone que los esposos tienen un proyecto de vida, de otra forma no tendrán claridad sobre lo que tienen que renovar. Y hay que decir que son pocos los esposos que han delineado y trabajado su ideal como matrimonio y como familia.
Esto se da por supuesto. Sin embargo, hoy más que nunca, es necesario realizar en este sentido un trabajo consciente. Ya la misma pregunta sobre qué es el matrimonio se cuestiona. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de “esposos” o de matrimonio o sobre “familia”?. Las respuestas son múltiples: las lesbianas o los homosexuales abogan por ser un matrimonio y por tener hijos, sea adoptándolos o generándolos in vitro. Matrimonio es una unión, afirman otros, de un hombre y una mujer, pero ¿por cuánto tiempo? “Ojalá sea, para siempre”, pero en la práctica es, como se dice, “hasta que nos dure el amor”. Y eso es relativo,.. pueden ser algunos años, a veces pocos a veces más. No se puede exigir que “sea para siempre”, porque si no nos resulta, tenemos que tener la posibilidad de rehacer nuestra vida, separándonos, divorciándonos, contrayendo un nuevo matrimonio o simplemente juntándonos con otra pareja. Por lo demás, ¿qué significa un matrimonio abierto a la vida? ¿Tener hijos o evitarlos? Existen estas y otras concepciones del matrimonio. ¿Cuál es la nuestra? Son todas preguntas que reciben muy diversas respuestas...
Afirmamos que el matrimonio es una unión de amor entre un hombre y una mujer, por toda la vida, que está abierta a la vida, es decir, a la paternidad y la maternidad. Esta es para nosotros la concepción del matrimonio en el orden natural, tal como Dios lo pensó. Sabemos que no es fácil comprometerse en fidelidad por la realización de este ideal, pues contamos con nuestra propia debilidad y vivimos inmersos en una cultura que camina por otro sendero.
Pero hay más, ese matrimonio, nosotros lo hemos consagrado y ha sido elevado por la gracia del sacramento. ¿Qué significa esto para nuestro proyecto matrimonial?
Por lo general no es tan claro: nos casamos con la bendición de Dios, somos personas de fe, que rezamos y educamos a nuestros hijos según nuestra fe. Además, incluso, hacemos apostolado, y buscamos amarnos como Cristo amó y nos pidió que nos amáramos, etc. Pero todo esto, que es verdad, también lo pueden realizar matrimonios que se han divorciado y se han vuelto a casar, que son “creyentes, pero no practicantes”,
o que creen en Cristo, pero no en la Iglesia, etc. Y si se trata de amar como Cristo, también las personas célibes, innumerables santos, lo hacen, sin que se hayan casado. Ese es un distintivo de todo cristiano consecuente, su fundamento es el sacramento del bautismo. La originalidad del sacramento del matrimonio, por eso, no puede residir solo en ello.
Anteriormente aludimos ya al hecho que poco conocemos en profundidad la naturaleza del sacramento del matrimonio y de lo que este significa en concreto para nuestra vida como esposos y como familia. Los esposos conforman una biunidad natural, una biunidad espiritual y una biunidad sacramental.
Nos unimos porque descubrimos entre nosotros una sintonía y atracción mutua y diferencias que se complementaban y nos enriquecían. Esa unidad se internalizó y desembocó en una decisión de entrega mutua, porque nuestra convicción era que Dios nos había destinado el uno para el otro.
Y esa decisión de entrega total e integral en nuestro amor fue elevada por el sacramento que nos llamó a ser un signo eficaz y reflejo de la biunidad entre Cristo y la Iglesia, o de la biunidad entre Cristo y María.
No podemos extendernos aquí al respecto. Sólo afirmamos que la base de nuestro proyecto familiar es ésta y que para formular un ideal de matrimonio tenemos que tenerla presente. La originalidad de nuestro ideal depende de la originalidad de cada cónyuge y la originalidad de la historia personal y de la historia común, en la cual el Dios vivo, va
mostrándoles en su Providencia como misión, ideal o tarea.
La búsqueda del ideal matrimonial
En la obra de familias del movimiento de Schoenstatt existe toda una pedagogía que ayuda a los esposos a delinear la originalidad de su proyecto de matrimonio y familia de acuerdo al sacramento que han recibido. Es un proceso que toma tiempo, años, hasta que el matrimonio ha logrado formular su ideal y expresarlo en un lema, una pequeña oración de esposos y de símbolos que lo hacen presente.
Normalmente al inicio el ideal se asume en forma genérica: queremos casarnos por la Iglesia y vivir nuestro matrimonio en Dios. Luego se descubre que ese matrimonio, sellado por el sacramento, es una alianza de amor, que está llamada a vivirse como signo de la alianza de Cristo y la Iglesia, personificada en María. Cada uno “aporta” a esta unidad su propio ideal personal integrándolo ahora en el ideal común.
Para muchos matrimonios, que pertenecen a la Familia de Schoenstatt, un hito importante en la clarificación de su ideal matrimonial y familiar, lo constituye la preparación y bendición de su Santuario-Hogar, en la cual piden a María que ella se establezca espiritualmente en su hogar y que les regale las gracias para vivir y conformar su familia de acuerdo a su originalidad y lo que la divina Providencia les señala por su historia3.
Tener un proyecto
Para construir una casa necesitamos un proyecto, un plan que vamos realizando paso a paso. Cada cierto tiempo tenemos que revisar cómo avanza nuestro proyecto, si funciona o no funciona, si tenemos que cambiar algo, esta pieza, las puertas, las ventanas, los muebles, agregar un nuevo espacio, etc. En forma semejante, en el matrimonio es necesario seguir conscientemente una meta concreta, de lo contrario se lo lleva la corriente y pasa a ser un matrimonio más, una familia como miles de otras que viven al día, que no logran construir un hogar feliz y fecundo, como nosotros lo queremos.
Por supuesto, uno puede vislumbrar lo que vendrá en términos más o menos generales; no se puede planificar el futuro a cabalidad pues la vida no transcurre en una sola línea. Si logran incorporar la cuarta R a las costumbres básicas de la vida matrimonial, tendrán algo muy hermoso como matrimonio. Porque un matrimonio que no tiene un norte, si ha olvidado lo que alguna vez vislumbró como ideales, camina a la deriva, sin saber con claridad hacia dónde va. Se pone exigencias muy débiles: una vez esto, otra vez lo otro y así no progresa, no logra nada en concreto. Tener un ideal y la práctica de la cuarta R evita que los anhelos y sueños se vayan diluyendo.
De esta forma tratamos de formar familias ciento por ciento cristianas. Se lo debemos a la sociedad y a la Iglesia. Porque solo con declaraciones no vamos a aportar nada especial ni a la Iglesia ni a la sociedad. Y si hacemos un apostolado en favor de la familia, si vamos al rescate de las familias, como dice el P. Kentenich, debemos hacerlo como quienes han recorrido una trayectoria y saben que se puede luchar por un ideal.
Siempre habrá caídas, olvidos, pero como tenemos la revisión y renovación mensual y la anual, no será tan fácil que los lleve la corriente. Con mayor razón si rezan juntos todos los días, si mantienen los encuentros como matrimonio para reavivar el amor, y para revisar y renovar su ideal de vida matrimonial. Y si la vida afectiva está bien, si hay calidez, intimidad, ternura y todo aquello que hace feliz a una familia, entonces, seguiremos caminando juntos con optimismo y esperanza.
Está de más decir, que tal como sucede con las otras tres R, es necesario ser consecuentes y dejarse de hecho el tiempo necesario para hacer esta revisión de vida. En el ámbito del trabajo las empresas planifican con seriedad, hacen un balance claro y se plantean los derroteros para el año que se inicia. Eso hace que la empresa siga adelante y crezca.
En la primera R, cuando rezan juntos, y en la tercera R, de una u otra forma, siempre estará presente este ideal. Sin embargo, una vez al año, el matrimonio lo renueva con mayor profundidad, “recentrando” su camino a la luz del ideal, de acuerdo a su trayectoria histórica del año recién pasado y de lo que Dios les plantea en su Providencia como tareas o desafíos para el nuevo año que se inicia.
Cuando se ha hecho el proceso de búsqueda del ideal matrimonial y familiar, se ha formulado un lema que contiene los valores centrales que se quieren encarnar como matrimonio y familia. Se ha redactado una oración que los esposos rezan juntos diariamente (una oración corta, al modo del Padrenuestro, del Avemaría o de la Pequeña Consagración). De modo semejante el ideal se ha plasmado gráficamente en un símbolo
o escudo de familia.
En la renovación anual, todos estos elementos se renuevan, enriqueciéndolos con lo que Dios les ha regalado en el transcurso del año recién pasado. De este modo, los símbolos y oraciones se van cargando cada vez más de contenido y sentido. Esto evita que se tengan oraciones o signos que de hecho solo están, en el mejor de los casos, colocados en el Santuario-Hogar, sin que de hecho animen nuestra vida personal y familiar.
Mirar al año recién pasado
El modo de realizar esta cuarta R, es semejante a que se hizo en la tercera R. Esta R también conoce dos partes.
En la primera, después de haber invocado juntos al Espíritu Santo, cada uno reflexiona por su parte sobre los acontecimientos o realidades que le parecen más significativas del año pasado. Esta reflexión se completa con la revisión de lo que ha sido la práctica de los medios de autoformación.
Esto requiere hacerse en forma tranquila, dándole el tiempo necesario —toda una tarde, incluso todo un día— para considerar, a la luz del ideal matrimonial y familiar, el camino recorrido durante el año, personalmente, como matrimonio y familia.
Todo este proceso está hecho en la búsqueda de los signos que les ha dado la Providencia, de las puertas abiertas o cerradas que han encontrado en el camino de santidad matrimonial que recorren. Revisan su historia y los acontecimientos, gozosos, dolorosos o gloriosos que han vivido; lo más significativo para cada uno, personalmente y como matrimonio y familia. Se trata de una nueva página de su historia sagrada.
Si se ha realizado la tercera R o revisión mensual y se han guardado en el cuaderno personal las anotaciones correspondientes, entonces será más fácil recordar y considerar ahora en su conjunto, los caminos a través de los cuales el Dios vivo los ha ido conduciendo.