CAPÍTULO I. EL RIESGO COMO NUEVA MODERNIDAD
II.2. El fin de la neutralidad valorativa en la etapa de alerta
La oposición al modelo tecnocrático se deja sentir ya en la década de los años 30 en la que se plantea el problema de la irresponsabilidad política de las agencias que desarrollaban su labor al margen del poder ejecutivo, caracterizadas como “un cuarto poder” (Jasanoff, 1990). A mediados de la década de los 50 Marver Berstein proponía limitar el papel de los expertos a situaciones en las que el ámbito del problema fuera reducido, la labor de recopilar datos y analizar hechos fuera difícil y compleja, la discreción estuviera fuertemente limitada, la labor fuese relativa a la aplicación de una política acordada previamente a la regulación -y no a la formulación de la política reguladora básica-, y el Congreso hubiera definido con suficiente claridad el interés público para orientar la dirección y el contenido de las políticas pública.
Poco a poco el viejo contrato social para la ciencia, basado en el modelo lineal de innovación entra en crisis bajo la acción de diversos colectivos sociales78. Y es que ya durante los años 60, las preocupaciones ciudadanas devinieron objeto de la competencia política y propiciaron la
La popularización del concepto se debe a la película con el mismo nombre del año1979 estrenada el mismo año en que sucedió el accidente de Three Mile Island.
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Es también la época del célebre artículo en The Times, de Shirley Williams, una respetada política británica, donde decía que la fiesta ha terminado (para los científicos). La fiesta acabó entre otras razones por los gastos de la guerra de Vietnam y las políticas sociales de la administración Johnson. Esta frase fue utilizada por los periodistas de Nature que cubrían diariamente el Congreso Mundial sobre Ciencia organizado por UNESCO e ICSU en Budapest en junio-julio de 1999. En este congreso, titulado, Una ciencia para el siglo XXI: un nuevo compromiso, y que reunió a delegaciones de casi 150 países, además de a numerosas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales relacionadas con la ciencia, tenía como objeto principal revisar el viejo contrato social para la ciencia a la luz de las nuevas realidades sociales del mundo de cambio de siglo tal y como se verá al final de este capítulo.
aparición de colectivos críticos que consideraron el desarrollo tecnológico como una de las causas de los aspectos negativos de la sociedad industrial. Este sería uno de los factores importantes en el desplazamiento de la industria nuclear y las agencias reguladoras desde un enfoque determinista a uno probabilista respecto de la seguridad. Este periodo se caracteriza por la quiebra del pacto tácito entre los diferentes actores sociales, en torno al “Modelo Lineal de Innovación“. En un contexto socioeconómico cambiante en el que surgen entre los científicos y académicos las primeras voces disidentes hacia el modelo. Ello, junto a la reestructuración industrial, los movimientos obreros y estudiantiles de protesta –conocidos como el Mayo francés o Mayo del 68- y la toma de conciencia de ciertos aspectos disfuncionales del progreso tecnológico, junto a la creciente preocupación por el medioambiente, contribuyen a la ruptura con el modelo anterior. Por otra parte, la investigación en ciencia básica, deja de ser el elemento competitivo crítico, por lo que se cuestiona su conexión directa con el crecimiento económico. Y, por tanto con el bienestar social. Todo ello tiene como consecuencia directa, la demanda por parte de la ciudadana de establecer límites al crecimiento económico y técnico incontrolado. Los científicos radicales y los crecientes grupos de presión reclaman una tecnología adecuada para una sociedad equilibrada y más justa.
Y es que pese al optimismo proclamado por el prometedor modelo lineal, el mundo ha sido testigo de una sucesión de desastres relacionados con la ciencia y la tecnología, especialmente desde finales de la década de los años 50 que han ido provocando un cambio de sentir hacia las bondades de la ciencia y la tecnología, surgiendo entre la población un clima de desconfianza y miedo que se extiende entre las sociedades postindustriales como resultado de dichos desastres79. Es así como nace en los años cincuenta el debate sobre los impactos sociales del crecimiento económico y del desarrollo industrial. Los vertidos de residuos contaminantes, los accidentes nucleares en reactores civiles y transportes militares, los envenenamientos farmacéuticos, los derramamientos de petróleo, son sólo algunos ejemplos del semblante oscuro que escondía el modelo lineal de desarrollo y que provocan que se empiecen a plantear
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En este sentido, cabe recordar que como resultado del accidente de Three Mile Islan, la revista Newsweel escribió que una de las primeras víctimas del accidente había sido la credibilidad científica (Weingart, 1999).
cuestiones relativas a la protección del ambiente y la salud frente al desarrollo industrial. Así mismo adquieren visibilidad pública otras cuestiones relacionadas con las condiciones de trabajo y la calidad de vida que hasta entonces se habían acallado sin dificultad.
Las preocupaciones ciudadanas devinieron en objeto de la competencia política y propiciaron la aparición de colectivos críticos que consideraron el desarrollo tecnológico como una de las causas de los aspectos negativos de la sociedad industrial. Todo esto no hace sino confirmar la necesidad de revisar la política científico-tecnológica de laissez-faire y cheque en blanco, propio del modelo lineal y, con ella, la concepción de la ciencia y la tecnología y de su relación con la sociedad. Es por esto que los años 60 y 70 suponen un momento de revisión y corrección del modelo lineal como base para el diseño de la política científico tecnológica. Habiendo aumentado las demandas de innovación tecnológica, comienza una etapa marcada por la discusión y la aplicación de prioridades en el avance científico tecnológico, dualizando lo que conviene y lo que no conviene apoyar según el criterio de los organismos del Estado encargados de este cometido. Los gobiernos ejercen desde entonces su capacidad de priorizar unas áreas de investigación por encima de otras, dando diferentes grados de financiación y estableciendo una forma de intervención que pretende impulsar un sistema de ciencia y tecnología que establece diferencias entre las distintas áreas de conocimiento y dibuja un panorama entre disciplinas 80(Bellavista, 2000).
Este replanteamiento afecta también a los estudios sociales sobre la ciencia misma. Uno de los hechos que más influyó en la superación del Positivismo Lógico y el Modelo Lineal de desarrollo fue la recepción sociológica de la obra de Thomas Kuhn quien en 1962, introdujo conceptos irreductiblemente sociales para explicar cómo cambia la ciencia, y cómo funciona su dinámica o su desarrollo. La gran novedad que ofrece Kuhn es que, en su perspectiva, la ciencia no consiste en un conjunto de preposiciones verdaderas, ni se rige por principios lógicos y metodológicos inmutables, sino que representa una empresa social en un consenso organizado. En este sentido, la ciencia tiene períodos estables en que el tipo de ciencia que se produce es la ciencia normal, en
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En conexión con este sistema y marco de actuación, para conseguir financiación hay que demostrar la relevancia de los proyectos de investigación que se presentan.
contraposición a la ciencia que se presenta cuando sobreviene una revolución científica debido a la acumulación de anomalías.
En Kuhn, la ciencia normal se caracteriza porque una comunidad científica reconoce un paradigma o teoría, o conjunto de teorías, que da soluciones a los problemas teóricos y experimentales que se investigan en ese momento. Durante el período de la ciencia normal las innovaciones son poco frecuentes ya que el trabajo científico se concentra en la aplicación del paradigma. La acumulación de problemas no resueltos puede ocasionar un malestar que haga que se comience a percibir como anomalías del paradigma, pudiendo llegar a hacer que éste entre en crisis y se abra un período de ciencia extraordinaria en el que tenga lugar una revolución. La ciencia revolucionaria se caracteriza por la aparición de paradigmas alternativos, por la disputa entre comunidades rivales, y eventualmente, por el posible rechazo por parte del grueso de la comunidad científica del paradigma antes reconocido. Esto significaría que hay un cambio en la producción de los problemas disponibles, en las metáforas usadas y en los valores de la comunidad, induciendo también a un cambio en la imaginación científica. Con la consolidación de un nuevo paradigma se inicia el cambio en la forma de los problemas que antes estaban sin resolver. Es como si el nuevo paradigma cambiara el mundo que había sido descrito por la ciencia, para ver con nuevos ojos los problemas del conocimiento a los que se refiere dicha ciencia. Una vez estabilizado el paradigma científico, la ciencia tiende a convertirse otra vez en ciencia normal, para iniciar de nuevo el curso de acumulación de conocimientos y de problemas que encierra el desarrollo del pensamiento científico.
La ciencia, en la obra de Kuhn es una empresa colectiva de solución de enigmas, y las soluciones propuestas, las teorías científicas, son representaciones convencionales de la realidad física. La enseñanza fundamental de Kuhn es que la insuficiencia de la razón hace necesario apelar a la dimensión social de la ciencia para explicar la producción, mantenimiento y cambio de las teorías científicas (véase, Barnes, 1982).
En este nuevo panorama, lo que se refiere a la anterior política del laissez faire, va dejando paso a una nueva política más intervencionista, donde los poderes públicos desarrollan y aplican una serie de instrumentos técnicos, administrativos y legislativos para encauzar el desarrollo científico-tecnológico y supervisar sus efectos sobre la naturaleza y la sociedad. El estímulo de la participación pública en los
procesos de decisión aparece ya en esta etapa y será desde entonces una constante en las iniciativas institucionales relacionadas con la regulación de la ciencia y la tecnología.
En este contexto de desconfianza creciente hacia el desarrollo científico-técnico, surge el movimiento de mayo del 68, que concibe la tecnología como un término con sentido maligno, identificando la tecnología con el armamento militar, la codicia y la degradación medioambiental81. Lo que el movimiento de mayo del 68 reclama es desarrollar formas de convivencia con la tecnología en el mundo actual, que permitan corregir los errores del pasado y adaptar las máquinas a las necesidades y aspiraciones del ser humano. Las dulces canciones de los “hijos de las flores” se mezclaban con los airados cánticos de los militantes universitarios, creando una atmósfera en la que los ingenieros no podían evitar sentirse incómodos (Florman 1976/1994) Algunos autores han destacado la relación de este descontento con la ciencia con el Movimiento Ludita del S.XIX . Movimiento cuidadosamente organizado, que entre 1811 y 1816 despertó un amplio apoyo entre los obreros que se resentían amargamente de las nuevas reducciones salariales, la explotación infantil y la supresión de las leyes y costumbres que en una época habían protegido a los obreros cualificados; su descontento se expresó mediante la destrucción de máquinas, la mayoría de la industria textil. Desde entonces, el término ludita, ha pasado a significar una oposición radical a la tecnología. Algunas de las cuestiones que el movimiento de mayo del 68 recupera del movimiento ludita decimonónico son la no-neutralidad de las tecnologías; la idea del industrialismo como proceso de cataclismo; una resistencia social y una oposición moral hacia el sistema industrial; una apuesta por el debate público en la esfera política que refuerce la resistencia al industrialismo; la confianza hacia la desaparición del sistema propiciado por la resistencia social y política y también por sus propios excesos e inestabilidades.
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En 1968, en pleno apogeo del movimiento contracultural, Theodore Roszak expresaba sus ideas sobre el papel de la ciencia y la tecnología en el mundo contemporáneo: «Cualesquiera que sean las demostraciones y los beneficiosos adelantos que la explosión universal de la investigación produce en nuestro tiempo, el principal interés de quienes financian pródigamente esa investigación seguirá polarizado en el armamento, las técnicas de control social, la mercancía comercial, la manipulación del mercado y la subversión del proceso democrático a través del monopolio de la información y del consenso prefabricado» (1968: 286).
Cierto malestar con respecto a las condiciones de la modernidad ha sido un tema recurrente en la literatura occidental desde los comienzos de la revolución industrial. Un ejemplo lo constituye, Signs of Times (1829) de Thomas Carlyle, obra que ya contiene muchos elementos centrales a las críticas de la sociedad tecnológica de mediados de siglo XX: sobrecogimiento frente al dominio de la naturaleza por parte del hombre, inquietud frente al desmantelamiento de la tradición, disgusto con la reglamentación de los trabajadores, ira ante las injusticias de la economía industrial, y angustia por la pérdida de un centro moral ante el avance técnico. Los hombres crecen mecanizados en mente y en alma y también en su mano, (Winner, 1986). La anterior reacción, que refleja el síndrome de Frankenstein82 en la esfera de las actitudes públicas, es algo que no se agota en el ámbito social y político y que afecta a la esfera del conocimiento y de la ciencia.
Durante las décadas siguientes la innovación tecnológica se va imponiendo como criterio. En un primer momento lo que se pretende es capear la crisis del petróleo de los años 70, pero finalmente acaba por establecerse como criterio general que se mantendrá hasta nuestros días. Con el transcurso del tiempo, recuerda Bellavista (2000) se va imponiendo un criterio de políticas de apoyo a la ciencia y la investigación para que puedan incidir en la competitividad industrial con una búsqueda constante de tecnologías basadas en procesos de investigación básica. En este nuevo contexto que se abre desde entonces se da cabida a los valores sociales y se pasa de un modelo de autonomía a un modelo de intervención; de un modelo de supremacía de la ciencia sobre los valores sociales y políticos a un modelo de dominio político de los avances. De lo que se trata ahora es de dar cabida al dominio de la sociedad sobre ambas esferas. La ciencia pasa a ser concebida, entonces, como acción colectiva que se desarrolla en contextos sociales, que incluyen valores socialmente compartidos. La influencia de la obra de Kuhn en la sociología de la
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El síndrome de Frankenstein hace referencia al temor de que las mismas fuerzas utilizadas para controlar la naturaleza se vuelvan contra nosotros destruyendo al ser humano, la novela de Mary Shelley publicada en 1818 recoge ese temor “tú eres mi creador, pero yo soy tu señor” y ese juego de poder que puede hacerse extensivo a la relación entre la sociedad, entendida en su sentido amplio, y la tecnociencia.
ciencia y del conocimiento científico, se aleja de la aportación mertoniana, una visión general que va más allá del análisis circunscrito a la comunidad científica institucional. Tendrá además una notable repercusión sobre los estudios CTS, por su ruptura con el pensamiento positivista y su consideración de los aspectos sociales y culturales respecto a los procesos de producción científica y tecnológica.
Partiendo de diversos puntos de vista, Lewis Mumford, Paul Godman, Herbert Marcuse, Theodore Roszak, y Jaques Ellul, trasladaron el tema de la sociedad tecnológica moderna y la mentalidad técnica al primer plano de la crítica social. La obra de Marcuse, El hombre unidimensional, (1964), retrataba tanto a la sociedad capitalista como a la socialista como componentes de una civilización tecnológica vasta y represiva que estaba colocando todos los aspectos de la humanidad bajo su control. El libro de Munford, The Mith of the Machine: Thee Pentagon of Power, (1970), en un clíma pesimista sobre la cultura material, juzgaba que los métodos técnicos modernos habían sido traicionados por la destructividad de los métodos megatécnicos autoritarios y por el vacío espiritual de la especialización. La obra de Ellul, The Technological Society, (1964), proporcionaba a sus lectores una opinión extrema, sosteniendo que cada aspecto de la vida del s.XX la economía, la política, la cultura simbólica, y la psicología individual habían caído bajo el dominio de la técnica.
Estos libros eran leídos y comentados por aquellos que pensaban que las formas más ortodoxas de análisis social eran inadecuadas para expresar los problemas que veían en el mundo moderno. O existía algo abominable en el artificio moderno, posición mantenida por Ellul, o los instrumentos característicos utilizados con mayor frecuencia en la era moderna estaban equivocados, en el sentido de que generaban destrucción de forma tan vasta que afectaba a los beneficios mismos de la productividad tecnológica. Marcuse en su obra Essay on Liberation dice que la libertad ciertamente depende, en gran medida, del progreso técnico y del avance de la ciencia. Sin embargo, esto difícilmente impide ver la condición previa esencial: para poder convertirse en vehículos de libertad, la ciencia y la tecnología tendrían que modificar su actual dirección y objetivos; tendrían que ser reestructuradas de acuerdo con un nuevo criterio: las exigencias del instinto vital. Entonces se podría hablar de una tecnología de la liberación, producto de una imaginación científica libre para proyectar y diseñar las formas de un universo humano sin explotación ni esfuerzo.
Nace así la idea de una Tecnología Apropiada, nos recuerda Winner, (1977) en los países industrializados. Su verdadero propósito no era producir energía de fuentes renovables, sino generar la esperanza de renovación social de los vientos de la desesperanza. Asimismo, y como resultado de los accidentes y efectos indeseados que se estaban produciendo debido a la aplicación de las innovaciones técnicas, comienza a establecerse una distinción entre las que, desde entonces se conocen como tecnologías blandas y las tecnologías pesadas. Las tecnologías blandas se caracterizaban por su carácter ecológico, bajo consumo de energía, baja o nula contaminación, por estar hechas sólo de materiales reciclables y usar fuentes de energía renovables; por poseer funcionalidad en todo momento, por pertenecer a una industria artesanal con una baja especialización; por su integración con la naturaleza, por adscribirse a una política democrática; por aceptar los límites técnicos establecidos por la naturaleza; por permitir intercambios locales y ser compatibles con la cultura local; por que su innovación está regulada por la necesidad, por favorecer una economía estatal estable y un trabajo intensivo; por ser descentralizadas; porque son más eficaces cuanto más pequeñas sean; y por sus modos de operación, entendibles por todos.
Frente a éstas, las tecnologías pesadas son aquellas ecológicamente inestables, con un alto consumo de energía, una alta contaminación, con materiales y fuentes de energía no reciclables, funcionales solo durante un tiempo limitado, con producción en masa, alta especialización, alienación de la naturaleza, políticas de consensos, límites técnicos establecidos por la riqueza, comercio global, destructora de la cultura local, tecnología propensa al mal uso, altamente destructiva de otras especies, innovación regulada por el beneficio y la guerra, economía orientada hacia el crecimiento, capital intensivo, centralista, más eficiente cuanto mayor sea y modos de operación demasiado complicados para una comprensión general. Existe por lo tanto un cambio importante al reconocerse que el