3. PARA ANTES DEL OLVIDO BAJO EL LENTE METAFICCIONAL
3.4 LA FINALIDAD DE LA ESCRITURA
La presencia de León en Para antes del olvido, que le sirve a la obra para describir la manera de pensar y actuar de un escritor genuino como él, que es ajeno a la industria editorial y que escribe motivado por un impulso vital, propicia un énfasis especial en el acto de escribir como fin en sí mismo. Este puede ser el propósito principal del episodio donde se narra la última creación literaria de León, antes escribir la historia de Josefina y Alfonso, y una de las ideas que quedan flotando con más fuerza, al final de la novela. Después de ser presentado en su contexto familiar y bajo la atmósfera de su casa, en cuya terraza se encerraba a dormir y escribir, el narrador cuenta como León escribió una obra de 500 páginas que “trataba de un mecánico que viajaba a Estados Unidos, recogía cohetes de los cementerios de chatarra y los traía para Colombia, donde los reparaba y vendía a familias de clase media de Medellín que querían escapar de la Tierra...” (pp. 49-50). Sobre la posición de León respecto a su propio escrito, esto dice el narrador:
Una vez terminado, la calidad del mamotreto lo tenía sin cuidado. Al fin y al cabo había gozado con sus propias gracias y chistes mientras lo escribía, y al fin y al cabo las veces que subió a la montaña y se fumó grandes nubes de marihuana mientras miraba el futuro valle desolado, abajo, había logrado ver, y eso nadie podía quitárselo, la belleza indiferente que rota, flota, se fuga, se pierde, para volverse a encontrar con su propio centro quieto, siempre más allá y al mismo tiempo en la médula de las más complejas construcciones (y destrucciones) humanas e inhumanas. (pp. 51-52)
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Aquí se refleja la necesidad de mostrar una vivencia literaria que invierte los valores convencionales de la literatura aceptada por la industria. Se destacan además las sensaciones conexas a la escritura, en este caso la observación y la contemplación imaginativa, como parte de una experiencia estética completa y vital. De todos modos, también se percibe un juego ambiguo, porque, aunque León ya ha sido sugerido como imagen ficcionalizada del autor en algunos momentos, la obra que el lector tiene ante sus ojos es una obra publicable y aceptada por la industria editorial, en la cual no se observan “descripciones demasiado prolijas y estructuralmente innecesarias” (p.51), los calificativos que el narrador principal encuentra para definir la prosa de León.
De otro lado, ya señalada la existencia de dos novelas en esta obra, habría que agregar, como se anunció antes, la posibilidad de que la novela primera (la que tenemos en las manos), esté concebida como una versión publicable de la novela segunda (la que escribe León). Esta idea encuentra mayor sustento en la parte final de la obra, donde se condensa gran parte de su proposición de mundo:
León escribió más de mil páginas sobre el asunto, y llegar, no llegó a ninguna parte. Aquello había sido grave en alguien que creyera que el mundo de los fenómenos tiene pies o cabeza, o en alguien que buscara la gloria. Pero León sabía mantenerse incorruptible en su anarquía y tenía claro que no había ningún sitio donde se pudiera llegar, puesto que ya se había estado en él desde el principio; y en cuanto a la gloria, era bastante explícito cuando decía que uno podía ser primo hermano de todos los miembros de todos los comités editoriales de los periódicos, editoriales y revistas del mundo entero y no acercarse un paso a la descripción viva de una casa metida en un caos de flores de dalia y baratillas, a la percepción de la construcción y destrucción cuando se dejan venir con un solo y único movimiento, o la visión de los filos donde lo que fue flotó un instante y después acabó por esfumarse. Eso era algo. El resto era el bagazo del hombre sonriendo a los fotógrafos, sentando pautas en materia de belleza, artes y política, y tal vez estrenando billetera. (p.254).
Aquí hay un distanciamiento explícito entre las dos novelas mencionadas, porque la de León alcanzó “más de mil páginas” y la que tenemos en las manos no llega a trescientas. También se declara, posteriormente, que dentro de las mil páginas había muchas que contenían “la complicación fría de datos” (p.255), algo que tampoco es relacionable con la novela primera. Pese a la diferencia entre las dos, resulta significativo que se hable del final de la novela de León justo cuando termina la novela primera, de modo que se conserva un hilo simbólico entre ellas.
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Y es que a pesar de que la obra de León era impublicable, lo que sugiere este fragmento es que estaba escrita bajo una concepción singular de la creación literaria, en la que también se basa la novela primera. Una concepción de la literatura que privilegia la belleza de mundo y las sensaciones vitales, por encima del éxito editorial32. Al sugerir
que la buena literatura debe poder dar cuenta de la “visión de los filos donde lo que fue flotó un instante y después acabó por esfumarse”, la obra propone una descripción poética de su temática principal: la reconstrucción literaria de los hechos idos.
Posteriormente llega el último episodio del desenlace de la novela, en el que el abogado decide “reintegrar” todas esas páginas a la naturaleza, quemándolas frente a sus ojos y los de su hermano:
Las hojas ardieron página tras página en la noche frente a las pupilas dilatadas de los flacos hermanos que las miraban llamear una a una en su pequeño clímax de color y después envolverse resonando un poco y encogerse en su inevitable camino a la ceniza. El humo subía hacia el cielo estrellado de noviembre. En volutas subían los trenes, los amantes, los presidentes muertos, polvo de su polvo, guacamayas sobre el río, polvo fino de ceniza que volvería a caer sobre los árboles y a posarse un instante en el follaje, en espera de que la primera lluvia volviera a arrastrarlos otra vez hacia la tierra, llevándolos de nuevo a las raíces de icacos y pomares que florecerían de nuevo para después volver a morir, y aparecer, y morir, y aparecer de nuevo. (p. 256)
Aquí la quema del libro de León es la materialización de la postura expuesta sobre su concepción del oficio, pues al abogado no le importó ver las páginas arder, sino el proceso de escritura como experiencia vital. Al mismo tiempo, el autor construye también una metáfora del olvido que cierra de una manera simbólica el ciclo que se abrió cuando se interesó por los diarios de Alfonso. El humo subiendo al cielo y las cenizas como destino final del esplendor fugaz y olvidado que alguna vez rodeó una vida humana y que ahora solo puede ser “arrastrado otra vez a la tierra” por medio de una literatura que logre dar cuenta de esa fugacidad.
A esta altura del análisis, se ha intentado demostrar cómo la novela, mediante movimientos autorreflexivos, genera proposiciones concretas respecto al olvido y la memoria, la temporalidad del relato y la finalidad del acto de escribir, temas que en
32 Recuérdese que esta postura de León se puede hallar en Tomás González, según la visión de Ignacio Piedrahita (2004) en su texto “Tomás González o el hábito de ser independiente”, donde destaca que González es “por encima de cualquier otra calificación, un escritor independiente” (p.72)
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principio son posturas estéticas de la novela, pero que se irradian hacia el mundo de la literatura en general y denotan una visión del autor sobre el quehacer literario. Esta autopoética está soportada en una estructura en la que se superponen los tiempos de Alfonso y de León y en una relación dialéctica entre el narrador, León y Alfonso, siempre dirigida por el primero.
Se señalaron, además, las implicaciones observables en dichas relaciones y se mencionó cómo en la relación del narrador y Alfonso se evidenciaba una intención de crítica estilística. Ya en esta etapa del análisis, que trasciende a lo formal, se propone ahondar en este aspecto, porque, más que una crítica a Alfonso, esta relación completa la autopoética de la novela, refiriéndose al tema del lenguaje en la literatura, no de modo general, sino con respecto a la postura estética y vital concreta en la cual estaba inmerso Alfonso cuando escribió los diarios.
3.5 ASPECTOS SOBRE LA RECEPCIÓN LITERARIA EN COLOMBIA A