CAPÍTULO V: HALLAZGOS
1. Ausencia de las religiosas
2.1 Las religiosas del Sagrado Corazón
2.1.2 La formación de las élites en la primera etapa del Mater
La historia del Mater se puede separar en dos etapas definidas por la permanencia y ausencia de las religiosas. La primera etapa corresponde a la llegada de las Sociedad del Sagrado Corazón abriendo un colegio que fue conocido como el Colegio de las Damas, el periodo de tiempo corresponde de 1908 hasta 1976 cuando dejan en manos de una asociación civil la dirección del colegio; una segunda etapa corresponde a la salida de las religiosas de su colegio, poco antes de su salida cambia el nombre por Instituto Mater que corresponde al periodo de tiempo desde 1976 hasta la actualidad con el retorno paulatino de las religiosas. En la primera etapa, el colegio albergó a niñas de la élite local con una disciplina estricta pero amorosa (afirma María, ex alumna y maestra), moralizante, instrucción humanista clásica antigua que se les “formaba para ser esposas, amas de casa y madres cristianas, que recibían una educación fundaba en la fe más que en una formación científica” (Maestro
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Eduardo). Una jornada de trabajo escolar era muy parecido al de otros colegios de su época, pero la metodología y el enfoque es lo que hacía la educación distintiva (Maestra Luz).
“…sí era una educación elitista pero de calidad, la educación no era muy alejada a la tradición de la época, pues en el turno de la tarde teníamos clases de costura o así. No todas mis compañeras entraron a la universidad y pocas concluyeron; pero quedó impreso en nosotras la visión de la congregación, imprimiendo una educación basada en la religiosidad y preferencia por lo pobres, pues varias de mis compañeras
continuaron con actividades de labor social o con una clara vocación de servicio hacia los demás. En perspectiva creo que el objetivo se cumplió, porque varias son muy destacadas, son fundadoras de instituciones de beneficencia, de centro educativo e incluso una de ellas trabaja en la ONU” (Clara ex alumna)
Una maestra entrevistada que tuvo la oportunidad de experimentar la transición de una etapa a otra describe la educación en el Mater como una vida académica de calidad, con un rigor pedagógico ascendente. Confirmando lo anterior, Isabel (ex alumna y religiosa) explica:
“…yo recuerdo un ambiente de familia, con valores muy claros, el valor al respeto por supuesto, era muy muy fuerte. Lo que te cabo de decir: la relación era muy importante y un nivel académico fuerte. Hablaban mucho de enseñar a pensar. Entonces desde muy chicas, los exámenes por ejemplo, eran exámenes de reflexión, eran preguntas de juicio. Independientemente a lo mejor había algunas preguntas más directas, de memoria, o cuestiones así; lo que más valía era la pregunta de juicio y era realmente una pregunta en donde tenías que plantear algo sobre cualquier materia, sobre todo las más grandes: literatura, filosofía e historia”.
“Era una educación muy humanista por eso el resultado de cómo hay un interés en esta línea pero de muchísima reflexión, no se aceptaba un respuesta así como muy sencilla, se trabajaba muchísimo en hacer los planes de trabajo, había veces que el examen sencillamente era un plan de trabajo sobre por ejemplo la Revolución Francesa; con libro abierto, tú tenías que hacer un plan de trabajo, que suponía tres cuatro punto, tres cuatro puntos desglosados en otros tres, a veces así te pedían, tres puntos desglosados, cada uno en tres puntos, nada más el plan de trabajo no era
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desglose; pero este te llevaba a reflexión ¿qué voy a decir? o ¿qué piensas de Lope de Vega en relación a este verso? Entonces te ponían un trozo y uno analiza un trozo entonces era como mucho aprender a pensar. Hay tres palabras que Sofía, Santa Magdalena Sofía que empleaban mucho: “a las alumnas -entonces eran niñas- hay que enseñarles a pensar, hay que enseñarles a querer, pero querer de voluntad, a decir y amar. Si una alumna de Sagrado Corazón sale pensando, decidiendo y amando, esto es realmente el éxito de la formación, esto es lo que queremos de las alumnas del Sagrado Corazón y yo creo que en el tiempo que yo viví en el colegio realmente estos tres verbos nos marcaron la vida, había mucho de esto del amar, por ejemplo, lo que te decía hace un rato: la familia…”
“… el horario igual que en otros colegios. Teníamos matemáticas, español lo que tocará en ese momento; salíamos a las doce y la entrada era a la una y media, no me cuerdo de primaria. Pero de una y media a dos teníamos lo que se llama la labora que era cocer, enseñaban distintas cosas de costura. Después teníamos media hora de dos a dos y media de estudio, estudio en silencio absoluto en la sala; había una sala grande donde estaba toda la secundaria, entonces silencio absoluto de manera individual, era tiempo para estudiar lo que tú quisieras, estudiar lo que tenías que trabajar como tareas y luego empezaban las clases. Teníamos también recreo a las cuatro, nos daban de merendar un pan, una concha un pan así y salíamos a las cinco, cinco y cuarto”.
En Isabel otro momento de la plática agrega:
“Yo terminé hasta prepa de dos años; pero eran tres años, para graduarte necesitabas tres años, entonces a mí me tocaron, en segundo de prepa era bachillerato era ciencia-físico-matemáticas y en tercero de prepa por así decir en el último año que se llamaba clase superior era bachillerato de derecho y ciencias sociales. Entonces si terminabas en el colegio terminabas con dos bachilleratos de manera que podías entrar a cualquier carrera propiamente, tenías ciencias y tenías letras...”
Los comentarios hechos por Isabel reflejan que el horario y carga académica era lo que se acostumbraba en las décadas de los cincuenta y sesenta. Todas las ex alumnas entrevistadas
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de la época confirman la educación humanista basada en los clásicos grecolatinos: historia, filosofía, arte, las habilidades de lecto-escritura así como el aprendizaje del francés eran la materia que las religiosas dominaban. María a parte señala que había maestros laicos que impartían las clases de matemáticas y física, por otro lado en el libro “Un siglo en la memoria” se menciona de un maestro de música que impartió clases en el Colegio de las Dama. Parte fundamental y que también mencionan las ex alumnas entrevistadas es el énfasis en el desarrollo de la meta cognición que se generó a través de la comprensión de la información más que de la memorización como método aprendizaje.
A la educación humanista se sumaban actividades como la costura, que es una habilidad que se repite en los comentarios de las ex alumnas que estudiaron en el edificio de la colonia Obispado; así como las actividades altruistas con las niñas de la escuela de gracia. El estilo de educativo del Colegio de las Dama se caracterizó por la excelencia académica, el interés por los temas humanistas, el uso apropiado del lenguaje y los valores tradicionales cristianos. Este estilo educativo se transformó paulatinamente a consecuencia de la aparición de nuevas teorías pedagógicas y necesidades que coincidieron con el cambio de instalaciones y la transformación de la estructura de la congregación.
La transición de una etapa a otra representó romper con viejos esquemas en varios sentidos, significó abandonar los hábitos y dejar la clausura, dar apertura a otro tipo de alumnado, tanto varones como a familias de clase media principalmente profesionistas y medianos comerciantes, que adentraron a sus hijos en el Mater primero por el prestigio social que representaba, pero también por el prestigio académico.
Carmen (ex alumna de las décadas de los sesenta y setenta) comentó que le tocó vivir el último año de las religiosas en el colegio ubicado en la colonia del Valle y dice: “…a mí me tocó los dos sistema, el sistema tradicional y el más activo”. Respecto a la formación cuenta que cuando ella entró a la universidad pública notó como todo las habilidades de lecto- escritura le era muy fácil, lo que le ayudaba a la hora de hacer los trabajos académicos en comparación de sus compañeros que venían de otras escuelas:
“Sabías que te estaban formado para la vida, también podías estudiar, no sólo era casarte. Estudiar en el Mater era como mi herencia, mi madre me lo decía: yo no te
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voy a dejar dinero ni casa, pero sí una buena educación. Estar en el Mater significaba adquirir un estilo de vida, estatus y relaciones sociales; mi super amiga era la hija del gobernador que pasaba por mi todos los días para ir a la escuela, después la mandaron a Estados Unidos”.
Las religiosas del Sagrado Corazón fueron siempre punteras en la toma de decisiones, fue la primera congregación en hacer cambios en su estructura, en abandonar los hábitos por “tenis y pantalón de mezclilla” menciona Carmen. También en introducir en sus colegios
metodologías pedagógicas cómo la educación personalizada y utilizar el programa de inclusión para personas con capacidades diferentes y pasar de ser un colegio solo para niñas en una institución mixta. Todo lo anterior hizo que los padres de familia vieron en la
transformación una traición al estilo, lo que provocó emigrar hacia otras propuestas
educativas que estaban llegado a la ciudad, más tradicional y que respondían a sus intereses como clase social.