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Capítulo II Marco teórico

2.2.1. La educación y la formación docente.

2.2.1.2. La formación de los docentes

Es una de las más acuciantes preguntas en el ámbito de la educación es la que podría exponerse de la siguiente manera: ¿Qué tipo de conocimientos y formación deberían tener los docentes, en cualquier nivel del sistema educativo para ser de calidad como profesionales de calidad? Me parece que una de las claves para responder esta pregunta es comprender, de acuerdo con resultados de investigaciones, cuánta

influencia tienen los profesores en el rendimiento de sus estudiantes y cuáles atributos tienen más impacto sobre los aprendizajes de los mismos, considerando un contexto nacional que demanda, con urgencia y con pocas certezas, calidad de los aprendizajes en todos y cada uno de los niveles del Sistema Educativo. Nos parece que este tipo de interrogantes son altamente relevantes dada la preocupación que tienen los

investigadores, las instituciones educativas y el país en general sobre la calidad de la educación y de los docentes.

Según Sacristán (2010), el puesto de trabajo del profesor es complejo; y para ello, planteó que es muy importante resolver tres retos:

1. Concretar los criterios expresando con claridad cuáles son las funciones, las acciones a realizar, las tareas que hay que hacer y las formas de trabajar de los buenos profesionales de la enseñanza. Esta aclaración nos indicará qué información debe considerarse al establecer grados en la carrera docente. Los rasgos deben permitir saber si un determinado profesor cumple o no los requisitos y en qué medida lo hace.

2. Es necesario dejar claros los estándares de calidad acerca de lo que se considera son buenas prácticas, lo que no se debe hacer y lo que conviene que hagan los docentes. El profesorado debe ser objeto de controles para asegurar el cumplimiento de las

obligaciones. Cumplir no es un mérito. Sí pueden serlo realizar tareas de calidad, otras adicionales, las desarrolladas en condiciones especialmente adversas, perfeccionarse, colaborar a la mejora de la profesión y de la educación pública, que deberían ser valoradas positivamente. No tanto por “motivar” a los profesores que ahora se sienten desamparados como se dice, sino por justicia, por satisfacer de la mejor manera posible

el derecho a la educación del estudiante. Por esta misma razón, la carrera tendría que ser ascendente y descendente.

3. Los rasgos que ha de desarrollar o las funciones que deba desempeñar el buen profesional de la enseñanza son numerosos y susceptibles de ser evaluados con diverso grado de operacionalidad, usando distintas metodologías. (p. 256).

De esta suerte, la relación entre calidad de la enseñanza y desempeño docente aparecen más estrechamente unidas en torno al rendimiento académico y para ganar calidad en el sistema educativo requiere mejorar la formación del profesorado. El profesor

universitario, como agente esencial en la formación de los futuros profesionales, tiene en su incesante desarrollo profesional la incuestionable tarea de renovación y mejora de su capacidad docente.

M. González y V. González (2007) sustentaron que:

1. La universidad del nuevo siglo exige del docente y del estudiante nuevos roles que se expresan en la condición del docente como orientador y del estudiante como sujeto en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

2. La formación del docente universitario para el ejercicio de su nuevo rol debe ser entendida como un proceso educativo dirigido a potenciar su desarrollo profesional a partir de la reflexión crítica y comprometida con la calidad de su desempeño en un ambiente participativo y dialógico.

3. El diagnóstico de necesidades formativas del profesorado ha de constituir el punto de partida para el diseño de estrategias de formación docente. Es el que permite analizar la situación en la Organización Universitaria y planificar los elementos de mejora.

4. Las estrategias de formación docente deben ser flexibles y contextualizadas, integrar la teoría y la práctica profesional y propiciar la reflexión crítica y comprometida del profesorado con su desempeño profesional. Deben ser útiles y prácticas.

5. Los programas de formación docente deben comprender diferentes alternativas de formación que puedan adecuarse a las necesidades y posibilidades del profesorado y a las exigencias del contexto de su actuación profesional. Deben facilitar la formación y el intercambio de conocimientos y experiencias entre profesores universitarios. (p. 17)

El docente como orientador ha de ser capaz de diseñar situaciones de

aprendizaje que potencien en el estudiante la construcción autónoma y responsable de conocimientos, valores y habilidades profesionales en un ambiente de participación y diálogo. Para ello, el docente ha de generar competencias didácticas, motivación y cierto compromiso profesional que le permitan desarrollar sus clases a través de metodologías participativas de enseñanza que posibiliten vincular la teoría con la práctica profesional en un contexto de diálogo, con el empleo de métodos y técnicas de evaluación que centren la atención en el estudiante como sujeto de aprendizaje.

Sánchez (2003), referente a lo expuesto, afirmó:

La formación del profesorado universitario se debe considerar como un proceso continuo, en evolución, programado de forma sistemática, cuyo primer eslabón sea una formación inicial, dirigido tanto a sujetos que se están formando para la docencia universitaria como a docentes en ejercicio. La tarea docente universitaria es tan

su actuación didáctica. Por ello, aprender a enseñar es necesario para comprender mejor la enseñanza y para disfrutar con ella.

Y agrega diciendo que la indispensable implicación de los profesores en su proceso formativo se inicia con la participación de estos en el estudio de dichas necesidades. Haciendo que todo programa de formación debe estar precedido de un análisis de necesidades formativas, y para que cumpla con una de las características propias de toda acción formativa, como es la pertinencia, ya que un programa es pertinente si responde a las necesidades existentes. Y que se debe tener en cuenta las necesidades del profesorado es un óptimo inicio para la mejora de la calidad de la enseñanza universitaria, y para diseñar una formación didáctica realista del docente universitario (Cox, 1993). Y nos presenta una propuesta de las bases de un programa de intervención formativa para el profesorado novel universitario (figura 1), que aquí presentamos basada principalmente en el análisis de las experiencias de formación inicial desarrolladas para la docencia universitaria. (pp. 1, 2).

Figura 1. Programa de intervención formativa para el docente novel

Tomado de: Revista Iberoamericana de Educación.