• No se han encontrado resultados

La formación de hábitos de conductas y las conductas llamativas en

CAPÍTULO I. PREPARACIÓN DE LA FAMILIA EN SU FUNCIÓN

1.3 La formación de hábitos de conductas y las conductas llamativas en

Ninguna familia aspira a formar un hijo que no se ajuste, por sus conductas, a la vida en sociedad. Todas quieren que sus hijos sean aceptados por sus compañeros, sean capaces y agradables los que les posibilite poder establecer relaciones armónicas con sus semejantes. De ahí, la importancia que resulta enseñar al niño los hábitos sociales e indispensables desde los primeros años.

La conducta social que manifiesta los niños, está estrechamente influida por las normas de conducta que se practican en el hogar.

La comprensión de conducta debe partir de la valoración de criterios importantes como referentes, acerca del desarrollo de la personalidad y de la conducta. El hombre, como ser social, expresa las características de su personalidad a través de la conducta que asume ante todas las situaciones de la vida diaria.

En este sentido L. S. Vigotsky plantea que el desarrollo del niño se perfecciona en dos direcciones opuestas en el aspecto interno; que tiene que ver tanto con la dirección de las funciones psicológicas, la revelación de su peculiaridad cualitativa y de la independencia relativa de su desarrollo (la teoría de la capacidad motriz, del

8 Citado en tesis de Perera Mailet. Tesis en opción al grado científico de Dr. En Ciencias Pedagógicas. ISP Félix

intelecto práctico, etc); como con la dirección de la unión dinámica de estas funciones, la revelación de la integridad de la personalidad del niño y la aclaración de las relaciones complejas estructurales y funcionales entre el desarrollo de los diferentes aspectos de la personalidad.

Desde este criterio de Vigotsky el desarrollo debe combinarse como un proceso único, íntegro, pero no homogéneo. La complejidad de la composición en el proceso del desarrollo no solo no excluye, sino que presupone una importancia de primer grado, de la unión dinámica y estructural de todos los aspectos en un todo único. Estos criterios de la categoría de desarrollo son básicos en el contexto de análisis de la personalidad, de la conducta y del desarrollo del autocontrol.

Desde los primeros días de vida, en el niño se dan condiciones objetivas que constituyen la base y la fuerza motriz de todo el desarrollo psíquico. El nivel alcanzado por un individuo en éste (desde la infancia hasta la vida adulta) depende de la cultura que posee el grupo social en que se desenvuelve, del momento histórico en general y del grupo en particular.

Muchos reconocidos psicólogos consideran la conducta como reflejo de la configuración plena de la personalidad. (en González Maura y otros 2001). Desde esta comprensión, la personalidad es entonces una organización estable y sistémica de los contenidos y funciones psicológicas que caracterizan la expresión integral del sujeto en su relación reguladora y autorreguladora del comportamiento. Se forma como reflejo individual del conjunto de relaciones y condiciones sociales de vida, por lo que es un proceso de desarrollo condicionado histórica y socialmente, donde interviene además de forma decisiva la comunicación social en la actividad. La función reguladora y autorreguladora de la personalidad permite al sujeto dirigir su propio desarrollo psíquico (autorregulación), condicionar formas armónicas y estables de orientación y ejecución de la actividad que toma en cuenta las influencias internas y externas y refleja el nivel de desarrollo de la unidad de lo afectivo y lo cognitivo. Estas funciones permiten que el sujeto se oriente para actuar, que ejecute su actividad dándose cuenta de lo que hace y que vivencie y sienta que la regulación que hace de su actividad es lo que lo lleva al resultado.

Cuando se habla de la actividad como medio de expresión de la psiquis, de la conciencia y de la personalidad nos referimos concretamente a la conducta. En el libro “Problemas psicológicos de regulación de la conducta social”; los Psicólogos E.V Schorojova y M.J. Bohneva señalan que la conducta de la personalidad se determina por la concepción del mundo, por los rasgos del carácter, por la experiencia de la vida, por la actividad hacia el mundo circundante y por otros muchos factores.

Todas estas cuestiones adquieren un gran interés especialmente cuando se habla de la formación de la personalidad y de la conducta de la nueva generación. En sus señalamientos dejan clara la comprensión de la conducta como categoría de la personalidad. La Psicología Marxista no interpreta la conducta como un acto puro, desligado de las condiciones internas psicológicas del sujeto. Al respecto L.I Bozhovich considera que las condiciones de vida por sí solas no son capaces de determinar el desarrollo psíquico del niño puesto que las influencias de cualquier acción que realiza se ven mediatizadas por las características psicológicas que se han formado anteriormente.

Esto significa que las influencias no pueden ser analizadas aisladamente como un factor influyente en la conducta del hombre sino en su relación con las características psicológicas del individuo. La conducta del ser humano implica como aspecto medular, su relación con las normas morales, con los valores de la sociedad por lo que puede decirse que tiene un contenido social, ideológico y moral.

En la obra de Leontiev se destaca que la conducta es siempre social y que el niño debe adquirirla a través de sus propios intercambios con el medio, con las exigencias sociales, con las normas para las formas de comportamiento cotidianas, donde la posibilidad de reflexionar sobre la conducta permite activar el enfrentamiento con el mundo que le rodea, utilizando el término “adquirir” refiriéndose al aprendizaje. Como se puede apreciar asegura el papel social de la personalidad, reconociendo el papel activo del niño en este proceso. No obstante aún cuando reconoce una determinante social no se desentiende del aspecto biológico.

El desarrollo psíquico del hombre se caracteriza por la existencia de un complejo de propiedades que realizan una función en la conducta y en sus relaciones con el medio. Es preciso entonces reconocer el criterio de que la personalidad se cristaliza en la conducta del sujeto como forma de expresión de su individualidad. Estos análisis permiten concretizar que la conducta es por tanto la expresión externa de modo individual de la configuración interna de la personalidad, por lo que refleja la unidad de la forma inductora y ejecutora de la función reguladora de la misma, es decir, la unidad de lo cognitivo y de lo afectivo. Pérez Fowler, M.M, 2004.

Por eso, el autor de este trabajo es del criterio, que la conducta no puede entenderse como simple respuestas o reacciones a estímulos externos. Es indudablemente algo mucho más complejo pues implica lo que el hombre hace, como se conduce, que no se produce de forma instintiva, sino que se desarrolla por la interacción activa del hombre con su realidad y con sus condiciones sociales de desarrollo.

Por estas razones es que por determinadas reacciones de la conducta no es posible siempre juzgarse los sentimientos y los pensamientos, pues esta no es un conjunto de actos aislados de carácter anónimo, sino el reflejo concreto de una personalidad con vivencias, emociones, motivaciones, juicios y razonamientos propios.

Esto no niega la importancia de determinadas situaciones, contingencias que influyen en el comportamiento humano; lo que no significa que el hombre sea el fruto inmediato de las contingencias, sino por el contrario, es ante todo sujeto activo de las transformaciones del mundo que le rodea y de su autotransformación. En el comportamiento, la toma de decisiones es un momento importante, que refleja el grado de autotransformación de la conducta y que expresa en sí misma la unidad de lo cognitivo y de lo afectivo porque no se actúa sólo por el grado de motivación sino por la comprensión del por qué de la actuación, por supuesto, este grado de motivación tiene en su base el sistema de necesidades y motivos que imprimen la energía necesaria a la conducta, de ahí el papel tan importante que tienen los agentes sociales y educativos.

G. Grossmann, D. Fitzner y A. Gerth señalan condiciones interpersonales favorables que afectan la conducta:

El establecimiento de normas inadecuadas y ausencia de patrones inadecuados de la conducta.

Carga excesiva o insuficiente de exigencia para el niño en el proceso de enseñanza. Relaciones familiares y escolares caracterizadas por conflictos duraderos.

Formación deficiente en el niño de actitudes y convicciones, desatención en la formación de hábitos adecuados.

Conocimientos insuficientes por parte del personal educativo, acerca de las vías para desarrollar relaciones emocionales y comunicativas adecuadas en los educandos. Atendiendo a lo anteriormente señalado es preciso referirse a las características de los estudiantes que presentan conductas llamativas:

Presentan una estabilidad insuficiente, al estar pobremente motivados por la actividad de estudio, se distraen con facilidad en asuntos ajenos a la clase y no mantienen establemente la atención sobre la misma.

No se concentran el tiempo exigido en el contenido didáctico ofrecido, para la realización exitosa de la actividad.

Su atención oscila de un objeto a otro con facilidad, lo que acarrea fatiga mental muy a menudo en estos alumnos.

En cualquiera de los casos, las características negativas de la atención afectan el aprendizaje escolar y el autocontrol.

Se observa un pobre desarrollo en estos alumnos de sentimientos éticos y estéticos. No reconocen normas ni los valores de relación.

Son poco expresivos en sus manifestaciones emocionales y no valoran justamente las situaciones y conducta de los demás.

Las desviaciones afectivas en los alumnos con conductas llamativas, se reflejan en la desmotivación, en el pobre control de los impulsos, en la baja autoestima e inadecuada comunicación, por otra parte, las circunstancias y vivencias son negativas, prevaleciendo en ellos estados anímicos de mal humor, desmotivación, poco entusiasmo y optimismo. (Grossman, G.,1990)

Estos menores presentan falta de autodominio, pues tienden a no poder someter a control las manifestaciones negativas de su conducta, esto en muchos casos, está dado por el desconocimiento de formas correctas de actuación ante situaciones complicadas, todo lo cual se refleja en actitudes agresivas, en llanto descontrolado en cambios bruscos, de reacciones emocionales, mostrando gestos y mímicas inadecuadas y expresiones incorrectas y contradictorias.

Los alumnos con estos trastornos, muestran inseguridad en sí mismo vacilando ante la acción y ante la toma de decisiones e iniciativas para cumplir con efectividad los objetivos. En las relaciones sociales se mantienen inestables, superficiales y con vínculos poco armoniosos con el colectivo. Se muestran retraídos e indiferentes ante las exigencias y proyectos de éste y no reconocen autoridad. En ocasiones se aíslan y no se identifican con el colectivo, o por el contrario, son rechazados por sus compañeros, ya que molestan constantemente y no se interesan por nada.

Son indisciplinados, no acatan normas, ni reglas sociales ni escolares. Algunos casos son inconsecuentes, desobedientes, que quieren hacer siempre su voluntad. Toman decisiones inadecuadas, en ocasiones no acordes con las exigencias que se le plantean, son irreflexivos ante la toma de posición en algo.

Estos alumnos no presentan intereses sólidos ni estables, fundamentalmente en los referidos a la actividad docente. Sus motivaciones difieren en algunos casos de los valores y normas que se corresponden con nuestra sociedad. Todo esto hace que se afecte el nivel y la calidad en la ejecución de las tareas. Sus intereses, sobre todo, están más dirigidos a las actividades deportivas, culturales e incluso al cuidado de mascotas y animales domésticos, lo cual es positivo tenerlo en cuenta en las estrategias de intervención.

Muchos de ellos dudan de sus propias posibilidades y condiciones, por lo que tienen el criterio de no poder alcanzar objetivos futuros en la vida personal. Es además característico en ellos, que se anticipen al fracaso (autovaloración inadecuada).

En cuanto a las características de la autovaloración de estos niños podemos plantear que a veces manifiestan reacciones emocionales semejantes ante el fracaso o ante los logros, y demuestran inseguridad en sus actuaciones y poca

flexibilidad en las valoraciones propias. Se muestran autosuficientes, por lo que pueden aislarse de los demás.

Hay que plantear que no todo niño con conductas llamativas posee integralmente este conjunto complejo de manifestaciones al mismo tiempo y que además presentan potencialidades que deben tenerse en cuenta para lograr su evolución positiva.

Las manifestaciones negativas de la personalidad de estos menores, afectan su relación con el medio y el proceso de su aprendizaje en la escuela y por tanto la comprensión de las acciones que deben realizar para controlar la actuación en cada momento. Las características del área cognitiva y afectiva motivacional en cada etapa de desarrollo en su conjunto, afectan el desarrollo adecuado de hábitos, habilidades y capacidades básicas para el autocontrol.

En esta investigación se han tomado niños que proceden de hogares disfuncionales donde prima la violencia, carencia de afecto, desatención, padres reclusos, alcohólicos, psiquiátricos, situaciones económicas adversas, las condiciones de su vivienda no son adecuadas para un buen desarrollo del niño, la mayoría de los padres tienen un nivel cultural bajo, independientemente existen familias preocupadas donde si existe el afecto y la ayuda a sus hijos.

Autores como el gran pedagogo soviético A.S. Makarenko, Juan Pozo , Doris Castellanos Simón, Nerelys , Konnikova T.E. y otros (Metodología de la labor educativa editorial Grijalbo S. A,) “la palabra conducta se deriva del latín, conducida, guiada y llamativa aquello que causa impresión por salir fuera de lo normal.

Porte o manera con que los hombres manejan su vida y dirigen sus acciones modo de ser del individuo y conjunto de acciones que lleva acabo para adaptarse a su entorno. La conducta es la respuesta a una motivación en las que están involucrados componentes psicológicos, fisiológicos, y de motricidad. La conducta de un individuo es

considerada en un espacio y tiempo determinado se denomina comportamiento.”9

La conducta humana es aprendida, es decir, adquirida por transmisión social. Por ello el ser humano es producto de los grupos a que ha pertenecido, país, etnia, clase social, religiones, familia y escuela. Todos ellos en sus definiciones tienen puntos comunes

9

como es la forma de conducirse, guiarse, algo que impresiona que sale de lo normal. Los hijos de las familias con las que la investigadora ha estado trabajando presentan las características anteriores, es por ello que necesitan de una preparación para favorecer la corrección de conductas llamativas de sus hijos por lo que la autora considera necesario definir a partir de lo estudiado y entendido de estos autores, qué entiende por conducta llamativa , por ser este un concepto que se utiliza a lo largo de la investigación, “ conductas llamativas son aquellas manifestaciones del comportamiento fuera de lo normal e impresiona por sus manifestaciones, ya sea ocasionadas por el medio familiar o por su conducta, implicaciones en el aprendizaje, problemas en el acatamiento de las normas, disciplina escolar , u otras acciones”.

En el colectivo familiar, en donde se debe aprender y practicar los hábitos y normas de positivas de convivencia social. Esto es posible a través de las relaciones que se establecen entre sus miembros. Son las relaciones familiares basadas en el amor y respeto mutuo los que ayudan a formar los hábitos sociales.

Cuando las familias poseen hábitos de convivencia social ofrecen manifestaciones de cortesía, de respeto, comprensión, cooperación y solidaridad para con las personas con quienes conviven constituyendo verdaderos ejemplos de buena educación. Este ejemplo es muy provechoso, pues el niño se comporta tal como ve actuar los demás. Las buenas relaciones de afectos y respeto entre las personas mayores del hogar abuelos y padres., la cortesía hacia la figura femenina, el respeto hacia los ancianos e imposibilitados físicos hacen que el niño adquiera buenos patrones de acción con su semejantes.

Dentro del hogar hay que utilizar expresiones adecuadas, amables con los niños, tales como: hazme el favor, muchas gracias, si fueras tan amable, que facilitan la armonía familiar y lo educan en la gentileza y cortesía. Las relaciones sociales entre los vecinos a veces no se desarrollan armónicamente, por incidentes que provocan los niños, cuyos padres no se han preocupados de educarlos en los principios de respeto mutuo a los demás.

Aunque de hecho esto puede ser así, es indispensable pensar en el valor educativo que tiene para los hijos, adquirir responsabilidad y aprender hacer las cosas de acuerdo a sus responsabilidades. Al inicio, las hará un poco mal, pero con el tiempo, mejorará su

habilidad y adquirirá experiencia y conocimientos. Lo fundamental será el desarrollo del sentimiento de solidaridad dentro del trabajo compartido.

Las familias deben tener en cuenta aspectos como los siguientes para la mejor educación de sus hijos:

1 Dar siempre un ejemplo positivo al niño, hacer uso adecuado de sus pertenencias y las de carácter social.

2 Enseñar al niño a ordenar y mantener en buenas condiciones sus objetos de uso personal.

3 Velar porque sus hijos cuiden la propiedad social. Hacer que participen en actividades productivas de manera que adquieran conciencia de lo que es crear y valoren el esfuerzo de los demás.

4 Hacer que sus hijos respeten la propiedad ajena.

5 Se debe inculcar en el niño el sentido de responsabilidad, acorde con toda conducta que atente contra la propiedad social y los derechos de los demás.

Las familias deben ser intransigentes al respecto. Como modelo a imitar, deben tener la misma actitud ante las tareas y situaciones que se les presenten. Solo así sus hijos asimilaran esta enseñanza, que no puede ser solo de carácter verbal. Si el niño ve que sus padres actúen de manera consecuente con la orientación que brindan, harán suyo este comportamiento.

El niño imita todos los adultos que tienen a su alrededor. De ellos aprenden desde los primeros hábitos de vida, hasta expresarse y comportarse correctamente. Es por esto de suma importancia que la conducta personal de estos adultos sea digna de imitar, de ser así, el ejemplo se convertirá en un excelente método educativo.

No solo se educa al niño al indicarle como hacer algo correctamente. Se educa en todo momento. La frase quiero ser igual a papá, quiere decir también quiero reírme como él, conversar con mis amigos, ser cariñoso y cortés con mamá, cooperar en la casa como hace papá, etc. Pero también, puede decir lo contrario, el cariño de un hijo hacia sus padres, la necesidad que tienen las primeras edades de seguridad y protección hace que quiera imitar a la familia, aunque en algunos aspectos este no sea un buen ejemplo a seguir. Un padre que utilice un lenguaje inadecuado, que no mantenga buenas relaciones de cortesía con la familia, enseñará estos malos ejemplos al niño.

Esto puede suceder por la poca preparación de las familias, que en este caso, satisfacen las necesidades del niño, le brindan afecto a su manera, pero no son ejemplos a imitar. Resultado de esto, el niño mal educado. Existen diferentes casos donde no se brindan buenos ejemplos. Surgen así niños con conductas llamativas. Una buena línea de conducta por parte de la familia a imitar por el niño, les ahorra tanto al niño como a sus padres malos ratos en el futuro.

Las insuficiencias que aún se advierten revelan la necesidad de continuar el perfeccionamiento de las formas de trabajo con la familia, para satisfacer las demandas

Documento similar