Si bien era esencial liberar al departamento de Amazonas de su estructu- ra política premoderna y opresiva, e igualmente necesario incorporar la región plenamente en la vida nacional, Amazonas planteaba que eran ne- cesarias más cosas si se quería que la región ingrese plenamente al mun- do moderno del progreso, la prosperidad y la nacionalidad. La gente de Chachapoyas también tendría que experimentar una serie de profundas purificaciones en cada individuo si deseaba liberarse del legado de su pa- sado de control de la elite. En lugar de la elite decadente y aristocrática que había gobernado la región de manera tan arbitraria durante tantos años, Amazonas buscaba formar lo que se dio en llamar una “aristocracia natural” de individuos verdaderamente dignos de representar por igual a la región y la nación. Como se consideraba que las características de es- tos individuos destacados variaban considerablemente según pertene- ciesen a uno u otro género, el periódico dedicaba mucho espacio a deta- llar las características de cada uno de ellos.
El hombre renovado, imaginado públicamente en las páginas de Ama-
zonas, era la antítesis del varón agresivo, dominante y violento del orden
aristocrático. Era más bien una persona apacible, autónoma, racional y trabajadora, cuya conducta se caracterizaba por la moderación, circuns-
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pección, disciplina y el respeto por sí mismo y por los demás, alguien que no representaba una amenaza para nadie. Las acciones de ese hombre no tenían que estar controladas o supervisadas constantemente por ningu- na entidad externa, puesto que él mismo se controlaba de acuerdo con los principios de aceptación general del trato justo, la verdad y la ética. Su móvil para hacerlo no eran las retribuciones materiales o riquezas. Se pensaba más bien que el hecho de ser este tipo de persona ya constituía su propia recompensa: el saber que se estaba viviendo a la altura de los ideales éticos a los cuales todos deberían aspirar, a fin de vivir una vida justa y ser miembros responsables de la comunidad y nación.
Un artículo del periódico, publicado en primera plana, resumía en bue- na medida el discurso moralizante y democratizador del periódico res- pecto al “hombre de principios” (Amazonas, año 1, no. 4: 1, 1 de febrero de 1927):9
La dignidad
Quien aspira a ser, renuncia a sí mismo. En pocos hombres se reúnen la creatividad y la virtud en un todo armonioso; ellos constituyen una aristocracia natural, son siempre pocos comparados con los muchos más de espíritu imperfecto. En el credo supremo de todo idealismo, la dignidad es única, intangible e intransferible. Es la síntesis de todas las virtudes que fortalecen al hombre y acaban con la oscuridad; allí don- de ella está ausente, el sentimiento del honor no existe, y así como los pueblos que carecen de dignidad son como rebaños, los individuos que no la tienen son esclavos.
Portadores de las cualidades de firmeza y claridad, los dignos se apartan de toda complicidad, desafían toda opinión ignorante y desinforma- da... rechazan todo lo mundano que requiere cualquier abdicación, sa- crifican sus propias vidas antes que traicionar sus ideales, van erguidos, solos, sin contaminarse con las facciones [y] se convierten en una pro- testa viviente contra toda infamia y servilismo... Sin valor no hay ho- nor... Con su ayuda, los sabios emprenden la exploración de lo desco-
nocido, los moralistas socavan las sórdidas fuentes del mal, los osados desafían las alturas y las grandes extensiones a fin de volar, los justos ponen su rúbrica en la adversidad... los mártires van hacia las llamas para desenmascarar a la hipocresía, los santos mueren por un ideal... Quien aspire a ser un águila debe ver lejos y volar alto; quien se resigna a arrastrarse como un gusano renuncia al derecho de protestar si lo aplastan.
La debilidad y la ignorancia favorecen la domesticación de los medio- cres, adaptándolos a una vida de timidez; el coraje y la cultura exaltan la personalidad de los sobresalientes, coronándola de dignidad. Los la- cayos ruegan; el digno merece. Ellos solicitan como favor lo que aquel espera como su justa recompensa. Ser digno no significa pedir lo que uno merece, ni aceptar lo que no. Mientras que los serviles se arrastran entre la maleza del favoritismo, los austeros ascienden por la escalera de sus virtudes o definitivamente no lo hacen.
Amazonas pretendía así formar una aristocracia natural de personas
que demostrara su valor en base al mérito individual y la fuerza de carác- ter personal. El periódico se imaginaba una comunidad compuesta ente- ramente de estos varones autónomos, diligentes, dignos y éticos. Estos hombres responderían al mismo conjunto de principios éticos, indepen- dientemente de su raza o sus ancestros, y se identificarían con el mismo “bien común” e “interés general”, sin importar la pertenencia a una de- terminada casta. Vivirían en paz y simplicidad, no codiciarían lo que per- tenecía a los demás y no harían daño a nadie. Se apegarían a los princi- pios generales de la integridad, verdad, honestidad y humildad. Y se li- berarían de todo sentimiento de temor, admiración o envidia hacia los poderosos. En otras palabras, se convertirían en personas disciplinadas y de principios, ni abusivas ni serviles con los demás y que poseyeran la “fuerza interior” que les permitiera ser plenamente autosuficientes, in- dependientes y autónomos. Es más, evaluarían a los demás, sin importar su condición social, con las mismas normas éticas de comportamiento.
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Por su parte, la mujer renovada descrita en el periódico en cuestión di- fería profundamente del individuo principista, racional y diligente bajo cuya imagen los hombres tendrían que orientarse. La mujer ideal era al- guien cuya pureza moral, simplicidad natural y empatía emocional la ha- cían merecedora de formar parte de la comunidad nacional (Amazonas, año 1, no. 4: 2-3, 1 de febrero de 1927):
La patria está en búsqueda de una muchacha
Consciente, obediente, estudiosa, sincera, llena de gracia, de carácter recio, generosa y leal.
Una muchacha que esté aprendiendo a cultivar grandes pensamientos, concebir nobles visiones, atesorar emociones puras y realizar buenas obras.
Una muchacha que sea comedida y amorosa con sus hermanos; siem- pre lista a suplir parte de la labor de la madre o del padre; limpia en sus hábitos, refinada en su juego, buena con los pájaros, animales y las plantas, sencilla, natural y auténtica en toda su vida, el consuelo y la es- peranza de su madre y de su padre, la tierna bendición de su hogar. Una muchacha que tenga consideración con los demás, que sienta los dolores y las alegrías de sus amigos y vecinos, que haga todo lo que es- tá en su poder para aligerar la carga de aquellos que sufren, que contri- buya todo lo que esté de su parte al bienestar general, cuya vida sea un rayo de esperanza.
Una muchacha tan buena que el mal huya de ella como la noche ante al avance del día... tan tierna que todo en ella derrame amor... tan cris- tiana que siempre perdone... tan fuerte que siempre persevere, tan ab- negada que siempre ayude.
Una muchacha que siempre aspire y espere anhelante, una muchacha de hermoso espíritu, que lleve consigo siempre el brillo del cielo; cuya vida sea un tesoro de profecías, un manantial de riqueza y de prome- sas, un amanecer de la gloria que se acerca.
La Patria está siempre en búsqueda de una muchacha así, dilo en voz alta ante la Patria.
Pero, considera esto muchacha: Tú que estás leyendo, ¿no quisieras ser la muchacha anhelada por tu Patria? Entonces... con voz suave te digo: Tú misma puedes responder a tu Patria. Tú puedes llegar a ser esa mu- chacha que tu Patria siempre busca.
Como este artículo deja muy claro, no cualquier muchacha es digna de formar parte de la nueva comunidad nacional, tal como estaba funda- mentada en los principios de la moralidad, democracia y promoción del bienestar general. Tan solo muchachas de excepcional pureza moral, sen- cillez natural y empatía emocional podrían servir efectivamente a la pa- tria. Pues ellas podrían hacer mucho para construir el orden social moral que sería el fundamento de la solidaridad, el progreso y la prosperidad nacional. Ello sería posible –en los términos del artículo– porque sus vir- tudes se difundirían, acabando así con la maldad como el día termina con la noche, superando todos los obstáculos a fin de contribuir al bienestar general. La patria acogería a estas muchachas en su seno, pues mucha- chas como ellas eran dignas representantes de la nación y todo lo que ella simboliza.
La obligación más importante de una muchacha, afirmaba Amazonas, era consagrarse a la esfera doméstica, donde se le había confiado la pe- sada responsabilidad de brindar el ambiente apropiado para convertir a los muchachos en los tipos apropiados de hombres responsables y disci- plinados. De hecho, Amazonas retrataba a las madres como a las encar- naciones locales de la comunidad nacional, puesto que eran ellas quienes inculcarían a sus hijos los valores y orientaciones que harían de ellos “ele- mentos útiles para la comunidad y la nación”.
No es de extrañar entonces que, dada la fe en el papel clave que tenían la mujer y el hogar en el proceso de construcción nacional, cada número de Amazonas incluyera algunas secciones especiales –una “Columna para la mujer” y otra “Columna para el niño”– específicamente dedicadas a es-
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tos temas. La “Columna para la mujer” ahondaba en detalles sobre cómo debían las mujeres ordenar y mantener su ámbito doméstico (con énfasis en la limpieza e higiene), si verdaderamente querían ser “decorosas” y que su hogar fuera el entorno propicio para que sus hijos sean hombres dignos de ser miembros del Estado nación moderno. La columna era par- ticularmente “útil” para alertar a las madres sobre los peligros ocultos que acechaban dentro y alrededor de sus hogares, y que amenazaban la inte- gridad del importantísimo ambiente doméstico. La columna del periódico demostraba de este modo que mantener el hogar no era una tarea simple y que Amazonas debía cumplir un papel relevante en “educar” a las ma- dres en cuanto a la mejor manera de lograrlo. Consideremos el siguiente artículo, extractado de la “Columna para la mujer” del periódico, que tra- taba sobre el cuidado apropiado de la casa (Amazonas, año 1, no. 6: 3):
Algunos detalles prácticos para el hogar
La buena madre debe conocer muchos detalles del orden doméstico a fin de lograr el mejor resultado para el funcionamiento adecuado del hogar.
Hay cosas que parecen ser insignificantes pero que pueden ejercer una influencia definitiva, en favor o en contra... y, por lo tanto, pasaremos a indicar algunas de las más frecuentes:
En la noche, al limpiar los contenedores de gasolina, petróleo o alcohol, hay personas que acercan una vela al contenedor para poder verlo me- jor. Esto constituye un serio riesgo de incendio...
No debes agregar kerosene a una lámpara que ya está encendida; es preciso primero apagarla, para evitar incendios. Mucha gente se ha quemado y hasta ha quemado casas debido a este tipo de negligencia... En lugares como el Departamento de Amazonas, donde en ciertas épo- cas del año crecen hongos tanto venenosos como comestibles, es ne- cesario tener mucho cuidado ya que los hongos venenosos frecuente- mente resultan fatales cuando son consumidos...
En los cuartos de niños enfermos debes estar segura que el aire esté pu- ro. Para asegurarlo es necesario prohibir que la gente entre en el cuar- to, o limitar el acceso a sólo unas cuantas personas, y evitar la entrada de animales. La respiración de la demás gente priva del oxígeno al cuar- to que, de otra manera, podría ser aprovechado por el enfermo y llena el aire de anhídrido carbónico que es dañino...
En lugares donde el clima es caluroso y húmedo, muchos artículos que- dan dañados por la humedad. En algunos casos es una buena idea de poner envases de vidrio o de cerámica que contengan cal en todos los armarios. Es una buena idea sacar la ropa ocasionalmente del armario para colocarla bajo el sol y voltearla continuamente a la vez que se ce- pilla por adelante y por atrás.
Todas las ventanas de una casa cómoda y limpia deben permanecer un poco abiertas. Durante el día es una buena idea abrir las cortinas para que la luz del sol y el aire puedan entrar. Es mejor que se dañen los ta- petes y los tapices a que la gente se enferme... es importante no olvidar que estas son las maneras más efectivas y económicas para mantener la salud.
El hogar construido discursivamente en las páginas de Amazonas era imaginado como un ámbito distinto y autónomo, del que las “madres vir- tuosas” serían las guardianas. Las madres debían vigilar los límites exter- nos de la casa a fin de evitar influencias y sustancias peligrosas que po- drían penetrar y contaminar el valioso ambiente donde los muchachos se transformarían en los tipos adecuados de hombres. Para ello, las madres debían mantener el orden interno de la propia casa a fin de garantizar el mismo objetivo. En este ambiente más ordenado y seguro, las madres impondrían a sus hijos nuevas formas de disciplina que contribuirían a transformarlos en las personas éticas, patrióticas y de principios tan ne- cesarias para la región y la nación, si ellas querían verse transformadas. Esto implica que los procesos del cuidado del hogar y la crianza de los ni- ños imaginados por el periódico reforzarían las fronteras individuales y
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familiares, al mismo tiempo que inculcarían lealtad hacia las nuevas co- munidades de la región y la nación. Según el periódico, los únicos roles y actividades legítimas abiertas a los adultos en el nuevo orden social con- sistían ya sea en vivir los ideales igualitarios de la comunidad regional y nacional o bien enseñar a los demás a hacerlo.10
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Se consideraba que los trabajadores pobres de la región –el pueblo cha- chapoyano– tenían un mayor potencial para convertirse en esos hom- bres y mujeres renovados de los que el nuevo orden social estaría com- puesto. Sin embargo, inclusive estos individuos “regenerados” deberían dar otro paso si querían sobreponerse a las líneas divisorias de casta del pasado. Tendrían que unir sus fuerzas con todas las demás personas tra- bajadoras, disciplinadas y comprometidas, ya que sólo mediante la fuer- za proporcionada por la unidad estas personas renovadas podrían estar seguras de que la elite no revertiría el proceso de integración nacional y regeneración regional.
Al identificar quiénes eran estos “hombres superiores”, los colabora- dores de Amazonas no pretendían crear un nuevo grupo ajeno y extraño a la población de Chachapoyas. En lugar de ello, utilizaban las distincio- nes sociales existentes, pero dotándolas de un nuevo significado. Era la gran línea divisoria entre la casta española, de un lado, y los cholos, indios y runas, del otro, la que fue preservada y reelaborada por los columnistas para dar nombre al grupo que reconstituiría a la sociedad. En términos concretos, los colaboradores de Amazonas utilizaron el desdén de los gru- pos de la elite hacia el trabajo manual como fundamento para la identifi- cación del hombre superior. Invirtieron los términos de la legitimidad moral, asociada al trabajo manual, transformándola en una virtud antes que un defecto. Sobre esta base, el periódico pretendía borrar las distin- ciones entre cholo, indio y runa, haciendo causa común entre todos aque- llos que trabajaban. Puesto que, según el propio periódico, eran los traba-
jadores de la región los que ejemplificaban al “hombre superior” capaz de
rehacer la sociedad de una forma nueva.
Este llamado a una situación “liberada” en la que la multitud traba- jadora, el pueblo, pudiera cosechar todos los beneficios de la nación moderna atrajo a un gran número de personas de la población trabaja- dora, particularmente, a los comerciantes, artesanos, arrieros, tende- ros, propietarios de cantinas, empleados públicos y algunos campesi- nos. De hecho, el movimiento social que se aglutinó en torno a los prin- cipios de la soberanía popular fue de tal alcance que, en agosto de 1930, en un momento de crisis política nacional, estos sectores medios mar- ginados arriesgaron sus vidas en una “revolución” armada que derrocó a los aristócratas que ostentaban el poder en la región. Las personas mayores que participaron en ese levantamiento comparaban el asalto a la Prefectura que los llevó al poder con la toma de la Bastilla en la Fran- cia revolucionaria.