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Formas nucleares (categorías de significación) y

CAPÍTULO I. LA LÓGICA FORMAL COMO ANALÍTICA

3. La morfología pura de los juicios

3.5. Formas nucleares (categorías de significación) y

res

Un último paso en la investigación de las formas lo da Husserl al tomar, como eje de la variación imaginaria, no ya el sintagma, sino los materiales sintácticos. En efecto, si se descomponen las proposiciones hasta sus miem- bros últimos, se observa que los materiales sintácticos conservan aún algo idéntico, destacable en ellos a pesar de su diversidad. Ese algo idéntico, esa invariable, es la forma no sintáctica implicada por esencia en todo material sintáctico; a las formas de este tipo Husserl las denomina categorías de signi-

ficación o también formas nucleares (Kernformen), y son las ya mencionadas

53 FTL, p. 307 (trad., p. 315).

categorías de sustantividad y adjetividad, esta última considerada como atri-

bución o como relación55.

De este modo, el material sintáctico papel, por ejemplo, posee una forma sustantiva; rojo, una forma adjetivo-atributiva; semejante, una forma adje- tivo-relativa. Hagamos variar ahora algunas de estas formas pero mantenien- do un mismo contenido: rojez y rojo, semejanza y semejante. Tenemos ahora

formaciones nucleares (Kerngebilde)56 de categorías diferentes pero que po-

seen un momento material esencial idéntico. Ese momento idéntico es el ma-

terial nuclear (Kernstoff) y constituye el elemento último al que se puede

llegar en el análisis de las significaciones. Es también, por cierto, inseparable de la forma nuclear, como todo momento distinguido por abstracción57.

***

De estas distinciones podemos extraer dos consecuencias, capitales, a nuestro juicio, para entender la importancia que le da Husserl a este primer nivel —extremadamente técnico, ciertamente—, en la fundación de una lógi- ca trascendental y, finalmente, de una fenomenología trascendental.

1. Una morfología pura de los juicios, ampliada a partir de estas líneas ge- nerales, debería a lo menos preservar al fenomenólogo de la ingenuidad res- pecto de su propio lenguaje. En efecto, aunque es cierto que Husserl toma aquí una perspectiva eminentemente lógica, no es menos cierto que esta pers- pectiva está siempre acompañada de una lúcida conciencia respecto de la aporía que surge del lenguaje natural58.

El fenomenólogo, podríamos decir, experimenta a cada instante la nece- sidad de hablar y, con ella, el incesante vaivén entre la expresión y el silencio, entre un hablar siempre anclado en una lengua y un silencio que quiere capturar las cosas en su estado naciente y mudo. La fenomenología, no menos que cualquier filosofía, vive en y por el lenguaje. Sin embargo, ¿cómo expre-

55 Cf. FTL, p. 310 (trad., p. 319).

56 Así llama Husserl a la unidad de material y forma no sintácticos. Se distingue, pues, del sintag- ma, la unidad específicamente sintáctica, y se identifica con el material sintáctico.

57 Se trata, pues, del terminus de la lógica tradicional.

58 Nos parece claro, en efecto, que Husserl no concibe su morfología pura ni como una

grammaire générale et raisonné ni menos aun como un simbolismo gramatical. Sobre esto,

véase HEFFERNAN, G., Isagoge in die phänomenologische Apophantik, pp. 230 s. Respecto de la aporía del lenguaje fenomenológico, hay que recordar aún el clásico artículo de FINK, E., “Die phänomenologische Philosophie Edmund Husserls in der gegenwärtigen Kritik”. Kant-

sar lo que nos es común a todos más allá de las diferencias lingüísticas que de hecho nos separan? Únicamente investigando las estructuras generales que se revelan en lo gramatical puro correlativo a cualquier objetividad conformada categorialmente. Cierto es que Husserl hace un sesgo importante en el estudio de las expresiones lingüísticas, limitándose, en un principio, a las estructuras de la idealidad lingüística59, pero hay que recordar que la guía temática de

Lógica formal y trascendental es la lógica, y esta es ideal en todos sus ni-

veles.

Bien entendida, a nuestro parecer, la morfología pura de los juicios no es separable de la investigación objetiva que busca en y a través de los juicios el surgimiento de lo que Husserl denomina la objetividad sintáctica (o cate-

gorial). Si la morfología pura de los juicios acota un campo universal que

podríamos llamar la esfera del sentido —veremos en seguida por qué—, te- nemos que reconocer en Husserl un esfuerzo por mostrar precisamente la im- bricación original de esa esfera con la esfera de la objetividad. En este con- texto, las investigaciones concretas acerca del lenguaje y de su función en la vida concreta de la conciencia son postergadas, en cierto modo, hasta que se haya descubierto y explicitado esa imbricación original; y esto por una razón fundamental, a nuestro parecer: si no se estudia primero el horizonte más amplio de toda investigación sobre las significaciones, se corre el riesgo de permanecer en una unilateralidad ciega para el conjunto de las funciones intencionales de esa vida de conciencia.

No en vano esta morfología pura es designada por Husserl como la “disci- plina lógico-formal primera en sí”60, pues lo que ella destaca es el suelo sobre

el que todo saber se funda y cuya aclaración, como veremos, se transforma en una necesidad cada vez que el saber reflexiona sobre sí mismo. Hay aquí también, entonces, una tarea fundamental para la reflexión de la fenomenolo- gía misma sobre su propio logos61

.

2. De esta morfología surge, por otro lado, un concepto que se tornará cada vez más importante a lo largo de Lógica formal y trascendental: el con- cepto de sentido.

Obsérvese en primer lugar que la determinación husserliana del sentido es tan amplia que deja abierta la posibilidad de incluir el contrasentido (Wi-

dersinn) en el dominio mismo del sentido (tomado en su más amplia signi-

ficación). Recuérdese el ejemplo de Husserl del cuadrado redondo, en las

59 A lo ideal del lenguaje, no a un lenguaje ideal, ciertamente. 60 FTL, p. 55 (trad., p. 53).

Investigaciones lógicas62, o la expresión todos los A son B, entre los cuales algunos no son B, en Lógica formal y trascendental63. Ambas son expresio-

nes que ofrecen una significación unitaria tan adecuada, desde el punto de vista morfológico-gramatical, como triángulo rectángulo o todos los A son B. Pertenecen, pues, al mundo de las significaciones ideales, a lo decible en general en cuanto unidad significativa, donde no entra en juego la compatibi- lidad o incompatibilidad analíticas.

Por cierto, el lenguaje permite también formaciones sin sentido, como un

redondo empero, un hombre y es —las palabras ensartadas

(zusammengeordneten Worte), según las Investigaciones lógicas64

. Pero estas

sartas, en cuanto tales, no dicen nada en realidad, pues carecen de una significación unitaria; sólo parecen decir algo en virtud de las significaciones, efectivas o posibles, que tienen las palabras tomadas aisladamente.

A este respecto, es claro que Husserl se sirve aquí de las formas extraídas del primer nivel de la lógica —y es esta precisamente parte de su utilidad—, pues una proposición cualquiera tiene sentido si y sólo si las formas sin- tácticas que ella incluye presentan una unidad significativa (si constituyen un sintagma) y si sus materiales están conformados por categorías de significa- ción susceptibles de entrar en esa unidad proposicional total. La única incom- patibilidad que excluye la esfera del sentido es, pues, la de las formas sin- tácticas y la de las formas nucleares.

Por lo tanto, cabría sostener que, para Husserl, la esfera del sentido es

anterior a toda distinción entre lo contradictorio y lo no contradictorio, entre

la implicación y la exclusión, entre lo verdadero y lo falso, entre lo posible y lo imposible. El dominio del sentido conlleva, podríamos agregar, una instan- cia paradojal de la que sólo se despoja a posteriori. Aunque, en rigor, nunca se despoja totalmente de ella, pues vuelve a aparecer para el fenomenólogo a cada momento y de diversas maneras. Por ejemplo, al marcar de una vez para siempre la indiferencia del sentido respecto de la existencia o no existencia de los objetos. A este respecto, la posición de Husserl en la Investigaciones

lógicas es ejemplar:

62 Cf. LU, II/1, IVª, § 12, p. 334 (trad., p. 459). 63 Cf. FTL, p. 75 (trad., p. 72).

64 Aunque en estos ejemplos siempre se hace abstracción de las distintas funciones que tiene el lenguaje vivido, en especial de la función comunicativa —es decir, de la notificación (Kundgabe)— en la que los más increíbles sinsentidos pueden ser para nosotros, en ocasiones,

indicios (Anzeichen) de algo que sí podemos comprender y expresar de alguna manera. Cf. LU,

Si existe el objeto intencional, nada cambia desde el punto de vista fenomenológico. Lo dado es para la conciencia exactamente igual, exista el objeto representado, o sea fingido e incluso contrasentido. No nos representamos a Júpiter de otro modo que a Bismarck, ni la torre

de Babel de otro modo que la catedral de Colonia [...]65.

Resulta, en consecuencia, que el dominio auténticamente principial de la fenomenología es la región del sentido en toda su amplitud. Toda acotación o delimitación que se pretenda hacer en ella debe ser justificada a partir de ese dominio y, si queremos tomar en serio el Prinzip aller Principien de la feno- menología, debe brotar de una intuición originaria66. La actitud crítica de la

fenomenología consiste precisamente en no tomar como base segura del co- nocimiento nada supuestamente comprensible de suyo, y el fenomenólogo no puede dar como hecho precisamente lo que tiene que engendrar con evidencia intuitiva, si nos queremos tomar en serio lo que enseña Husserl.

Pero en esto radica, a su vez, una gran aporía: ¿cómo es posible no supo- ner desde un comienzo ciertos principios lógicos, al menos de manera muy general, si se intenta exponer de modo claro lo que se ofrece a la descripción fenomenológica?67 Recordemos a este propósito que, en un importante pasaje

de Ideas I, Husserl había desconectado la lógica formal entera y con ella todas las disciplinas de la mathesis formal, reservándose el derecho de apelar en alguna ocasión sólo a ciertos axiomas lógicos, como el principio de no contradicción, “cuya validez universal y absoluta, sin embargo, [la fenome- nología] debería hacer evidente ejemplarmente en sus propios datos”68. Esta

solución preliminar de la aporía, sin embargo, no parece ser en absoluto con- cluyente, y así tiene que haberlo visto también el propio Husserl, a nuestro juicio, pues ahora encara de una nueva manera este problema.

El camino particular de Lógica formal y trascendental exige plantear des- de un principio los problemas relativos al sentido y la evidencia. La fenome- nología vuelve la mirada, en este punto, sobre todos sus rendimientos ante- riores, y tematiza precisamente los presupuestos más inadvertidos y arraiga- dos de las ciencias y de sí misma. Es crítica del saber, y también, por tanto, del saber fenomenológico. Es reflexión sobre su propio logos, en último

65 LU, II/1, Vª, § 11, p. 387 (trad., p. 595). La misma idea, aunque con menor expresividad, aparece en FTL, p. 139 (trad., p. 139).

66 Cf. Ideen I, § 24, pp. 52-53 (trad., pp. 58-59).

67 La misma idea de una genealogía de la lógica parecería incurrir en tal aporía, como sostiene DEPRAZ, N., en “La logique génétique husserlienne, quelle ‘logophanie’?”, en Phéno-

ménologie et logique, ed. J. F. Courtine (Paris: É.N.S., 1996), pp. 195-216.

término. A este respecto, el movimiento en zigzag del pensamiento fenome- nológico recorre todos los niveles de su investigación, y ninguna vuelta a lo anterior es superflua, aunque tampoco sea la última.