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Fotografía Edunia Seed Packs Litografías con semillas de Edunia (Kac, 2012)

Otra característica del plantimal de Kac, es que la cadena ligera de inmunoglobulina del ADN del artista hace parte del cromosoma de Edunia, esto quiere decir que el gen sintético se propaga a través de sus semillas. A diferencia de las mariposas creadas por Menezes, Edunia puede tener descendientes. Por esta razón, Kac integra a la exhibición unos paquetes de semillas en los cuales él se dirige directamente al público con indicaciones para sembrar la nueva especie.

Fotografía. Eduardo Kac y su plantimal, tratándola como trataría a cualquier planta. (Kac, 2009)

Con las semillas, Kac muestra que los seres transgénicos se pueden diseñar para reproducirse por sí solos, como casi cualquier animal o planta encontrada en la naturaleza, y que de esta forma está en el hombre acostumbrarse a su existencia, aprovecharla y permitirla. Esto evidencia algo totalmente nuevo en el arte, ahora se

debe distinguir31 reproducción técnica como la entendía Benjamin en el siglo XX, que

requería de un aparato y que la misma obra fuera reproducible, de reproductibilidad como la capacidad para mantener una especie viva, que dependen de circunstancias sobre las cuales el hombre tiene menos control como el clima, luz solar, periodos de gestación, atracción entre seres de la especie, entre otras.

Las Edunias, o cualquier plantimal, son seres transgénicos que significan un nuevo patrón biológico a través de (re)composiciones genéticas y transgénicas que llevan al límite la noción que abarca la palabra vida. A través de este trabajo artístico el hombre puede motivarse a reflexionar sobre la distancia entre las plantas, la raza humana y otros animales abarcando su relación con cada uno de ellos. Con Edunia se observa que esas distancias se están acortando aunque el hombre prefiera pensarse como un ser distinto y superior a los demás, de modo que la relación e interacción cotidiana entre hombre y ambiente se está (re)configurando. En otras palabras, Edunia es una creación que instaura una realidad física que nos permite reconsiderar la relación simbólica que tenemos con las plantas y otros seres, con lo que nos rodea y con nosotros mismos.

Con Edunia, Kac logra reivindicar otros usos de la biotecnología contemporánea, posibilidades que se encontraban ocultas al conocimiento popular por la forma y los lugares desde los que se presentaba. El arte transgénico fractura la repartición de lo sensible al abandonar el código dominante y al permitir la creación de nuevas formas de vida que a su vez pueden existir por sí solas, reproducirse sin la necesidad de la interferencia del hombre u otras máquinas. Pero interrumpe la realidad porque diverge la mirada del hombre, lo obliga a reconocer que los seres transgénicos no son algo nuevo, desde el arte sí pero desde otros campos es algo “normal”.

Sin duda, el arte transgénico está llevando al límite las posibilidades formales y conceptuales del arte y de la creación de seres transgénicos. De esta manera, “saca a la luz algunos temas relevantes relacionados, tales como la integración doméstica y social de los animales transgénicos, el delineamiento arbitrario del concepto de ‘normalidad’ a

       31 La idea de la distinción sucio de Mitchell

través del realce, de la terapia y de las pruebas genéticas, y el de los graves peligros de la eugenesia” (Kac, 1998, p. 6 de 7).

Obras como Génesis, Alba o Edunia fuerzan al hombre a pensar alrededor del poder que él mismo posee dentro de la (re)configuración de su realidad. El arte transgénico pone sobre la mesa la posibilidad de repoblar el mundo, tal vez desde la creación de nuevos animales o desde la recuperación de especies extintas. Señala también que las plantas y alimentos transgénicos son algo a lo que el hombre ya se acostumbro, probablemente sin darse cuenta.

Si se quiere ir más lejos, el arte transgénico permite pensar en otros aspectos que caracterizan nuestro tiempo, por ejemplo en que es posible acabar con el hambre del mundo si se crean alimentos que cuenten con más proteínas y nutrientes o semillas de plantas que resistan condiciones climáticas extremas; también en que ya deben estar produciéndose curas para la mayoría de enfermedades o condiciones inesperadas mortales. Por lo tanto, es lógico o razonable preguntar si eso está ocurriendo o si es el caso por qué no. Del mismo modo, sirve indagar sobre cómo se están incorporando las nuevas tecnologías biológicas a proyectos bélicos de desarrollo de armamentos.

Conocer las posibilidades que permiten las tecnologías actuales consiente imaginar nuevas situaciones, de todo tipo, pero no sirve de nada afanarse a imaginar posibilidades cuando no se da una discusión y se llega a un consenso sobre las posibilidades reales. Primero los actores deben aceptar lo que permiten las nuevas tecnologías y definir sus límites. El arte transgénico está siendo discutido y por lo menos de esta forma se presenta un lugar para evaluar el estado de las relaciones entre tecnología y hombre y lo que sugieren.

Lo que llama la atención del arte transgénico es que va más allá de lo que supone desafiar conceptos sociales y propios del arte o de que supere la representación. Su valor se encuentra en lo que comunica al generar nuevas formas e introducirlas al escenario

de lo común. El arte transgénico es una distorsión que se integra al sentido común, que pasa de ser ruido a discurso, alterando e interfiriendo los anteriores. Analizarlo permite entender que sin ruido o desacuerdo no hay política, también sospechar que sin política el hombre viviría bajo el dominio de leyes anacrónicas insuperables, en la ignorancia de las posibilidades del ambiente.

Mientras las preocupaciones del arte tradicional figuren dentro del contexto de nuestra propia biología, el arte genético erosiona el límite entre arte y naturaleza. Al hacer colapsar la metáfora del arte como un espejo de la vida con la vida misma, al hacer arte como espejo de procesos biológicos y de la red de preocupaciones que configuran nuestra era biológica apenas comenzando, los artistas de genes enganchan preguntas realizadas por sus contrapartes científicas/corporativas/gubernamentales. (Tomasula, 2002, p. 138).

El inconveniente ante el cual se enfrenta el arte transgénico radica en que los discursos éticos pertenecen a la partición de lo sensible de lo policivo y que estos también se actualizan y (re)configuran, encontrando nuevas formas de aceptar la distorsión para luego bloquear el eco que puede llegar a alcanzar (dentro de la sociedad) a través de nuevos consensos y opiniones (generalmente bivalentes –bueno o malo) que frenan las posibilidades que proyectaba, en un principio, la distorsión.

El arte transgénico provoca una repartición de lo sensible porque escandaliza a lo policivo que lo vigila, a la bioética: “un discurso regulatorio, consensual, que usualmente tiene que ver con no hacer algo” (Roncallo, 2009, p. 209). Como esto está sucediendo, comienzan a aparecer reflexiones teóricas al respecto y consensos como los espacios de exhibición del arte transgénico. Pero todavía queda mucho por decir y acordar sobre lo que las nuevas formas transgénicas implican porque el lenguaje no las comprende del todo.

El problema actual es que lo policivo se encuentra oculto tras máscaras comprensivas, esto complica la posibilidad de política porque la reflexión ética se limita a opiniones ambiguas (generalmente dos y opuestas, a favor o en contra). Esta ambigüedad bivalente no permite reconocer la distorsión que traen consigo actividades

como la del arte transgénico ni su valor, solo el pronunciamiento de opiniones, recordando que la comunicación de opiniones no significa política.

El arte transgénico es desacuerdo en nuestro tiempo, vigente porque toma en cuenta la actualidad y novedad tecnológica. El desacuerdo ocurre porque al alojarse en las tecnologías de punta, cuestiona las leyes que quieren impedir y restringir la creación de seres transgénicos a usos exclusivos de la ciencia y corporaciones con ánimo de lucro, obliga a pensar lo que significa el derecho de autor de secuencias genéticas y a reflexionar sobre los seres transgénicos que no escandalizan como las plantas transgénicas; el arte los expone para conocerlos e identificar lo que están haciendo con los cuerpos en el ambiente, cuestionando por qué alrededor de ellos no hay escándalo.

La existencia de arte transgénico no quiere decir que esta sea una actividad fácil y disponible a cualquier hombre creativo. Los artistas que quieren participar en la (re)configuración de la realidad desde el arte transgénico encuentran obstáculos en cuanto al acceso a las biotecnologías y al conocimiento necesario para utilizarlas, del mismo modo tienen que contar con los recursos, económicos y legales, necesarios para llevar a cabo creaciones que identifican como posibles de acuerdo a sus gustos estéticos, imaginación y razonamiento. De modo que se puede considerar un arte exclusivo a algunos afortunados, hasta el momento.

Trabajos como los de Kac, de Menezes o Gessert, deben ampliar y politizar la argumentación alrededor de las posibilidades de la manipulación genética en nuestra época. Ese es el máximo valor que puede llegar a alcanzar el arte transgénico, más allá de demostrar que se pueden crear nuevos espacios y formas con particularidades estéticas. Estoy convencida de que lo están logrando, están des-ocultando las posibilidades de nuestro tiempo, queda ver qué ocurrirá en el futuro y si los entes policivos de la sociedad continúan cediendo lugares.

CONCLUSIONES

En un primer momento, cuando se planteó este proyecto, el objetivo principal consistía en mostrar cómo el arte (re)configuraba una gramática usando como excusa el arte transgénico, cuyo método reside en crear desde la biotecnología contemporánea nuevas escrituras combinando los códigos del alfabeto genético. Aunque el objetivo prevaleció durante todo el trabajo, los referentes que iba leyendo durante la investigación me obligaron a enfocarme en otros aspectos del arte que luego me permitieron no solo alcanzar mi objetivo sino ampliar mi comprensión sobre el arte transgénico, el arte en general, la tecnología y sus diferencias con la ciencia, lo que nombramos como artificial o natural, lo que significa lo político y su relación con lo policivo.

Por un lado, tuve que entender la relación entre arte y tecnología, para ello fue fundamental hacer énfasis en lo que significa el arte; luego, comprender cómo y por qué la existencia del arte transgénico hace temblar las nociones de lo natural y artificial, que actualmente no son nada evidentes; y finalmente, darme cuenta de que la importancia del arte recae en que genera un desacuerdo político que desafía a la comunidad a tomar en cuenta formas de ser, hacer o decir que antes se ignoraban o simplemente no existían.

En el primer capítulo, que resultó ser una reflexión sobre la relación entre arte y tecnología, tuve que despojarme de mi noción de arte porque comprendí que mis preconceptos eran, en su mayoría, anacrónicos cuando no insuficientes. Benjamin fue uno de los referentes más útiles en este primer momento, su ensayo me sirvió para comprender que el arte estaba directamente ligado a la tecnología y también para entender que hablar de arte obligaba a discutir las figuras que lo suponen: artista, obra y algo que él llama aura. Entonces me embarqué en la tarea de determinar en qué consistía la relación entre arte y tecnología de la mano de Virilio y especialmente Machado. Con el texto de este último, aprendí que en la antigüedad el uso de una técnica, luego tecnología, se entendía como arte y cómo esa relación cambió con el paso del tiempo y la introducción de tecnologías más complejas. Precisamente el trabajo de Benjamin

muestra cómo la introducción de nuevos objetos y procesos tecnológicos inauguraron nuevas formas de hacer que en su momento obligaron a (re)configurar lo que se comprendía por arte. De esta forma encontré que las nuevas tecnologías solo introducen (nuevas) posibilidades para la experimentación y gracias a Machado entendí que el arte se aloja en la tecnología y cómo lo hace, pues el artista debe (re)configurarla a partir de las posibilidades que encuentra en ella hacer realidad sus objetivos creativos.

Con respecto a las figuras ligadas al arte, la tesis de maestría de Roncallo me sirvió para comprender que con aura Benjamin se refería a lo que permite distinguir un objeto cualquiera de un objeto de arte, a algo que hace posible hablar de arte, y a pensar que el aura no cayó con las nuevas tecnologías, como suponía Benjamin, sino que la idea de aura se (re)configura con las nuevas formas de hacer y, en esa medida, su significado depende del contexto.

McLuhan fue indispensable para comprender que la creación de un objeto o ser de arte significa la creación de un nuevo ambiente, de una realidad donde se hacen visibles ciertos aspectos que ya existían pero que antes se ignoraban porque no se mostraban de una forma que obligara a los hombres a tenerlos en cuenta. El mismo autor fue necesario, también, para entender al artista como una especie de profeta, pues es el hombre capaz de ver la posibilidad de otras realidades que no son evidentes en su entorno y el encargado de crearlas. De esta manera, el artista tiene que encontrar una materialidad o medio que le permita expresar su visión de mundo y el lugar que encuentra para alojar su arte es la tecnología. De modo que el artista reconoce potencialidades en la tecnología que posibilitan la creación de su idea y para lograrlo se enfrenta a los supuestos de la tecnología y al cómo (re)configurarla para que funcione a favor de sus finalidades creativas. Lo que me sorprendió encontrar fue que el hombre experimenta con las tecnologías encontrando usos para los cuales no estaban diseñadas o que no se consideraban como posibles.

Las revelaciones del primer capítulo fueron muy útiles porque me mostraron que todavía hoy se puede hablar de arte y que hablar de arte transgénico tiene sentido. Me

hicieron notar que el arte transgénico es precisamente el arte vigente ya que explora la tecnológica más actual de nuestro tiempo: la biotecnología contemporánea. En esa medida, fue evidente que este arte contemporáneo desafía las nociones con las que funciona y se nombra la realidad, ya que inaugura y señala la escasez de lenguaje necesario para comprender las nuevas formas que surgen en el ambiente, por eso mismo obliga a una actualización o (re)configuración de los conceptos existentes, que deje atrás los significados que se vuelven anacrónicos.

El segundo problema conceptual, inesperado, se dio entre lo que se supone natural en relación a lo artificial, una distinción que parece evidente cuando en realidad no lo es. Esta inquietud surgió después de leer a autores como Tomasula, Kac, Sloterdijk y De Menezes, porque en sus textos muestran por qué el arte transgénico es un lugar que discute la vigencia de esos términos. Por esta razón, encontré la necesidad de informarme más al respecto para luego realizar una reflexión teórica sobre esas nociones, que se convirtió en la primera parte del segundo capítulo.

Para enfrentar la discusión que comprende una diferencia entre lo artificial y natural recurrí a Broncano y Fehér. El primero me sirvió para señalar cuán difícil resulta hacer esta división, para ver que es necesario entender que lo artificial se encuentra dentro de lo natural y que estos términos no comprenden dos mundos distintos, pertenecen al mismo. Luego, Fehér fue indispensable porque presenta dos propuestas de artificialidad: una donde hay objetos artificiales productos de procesos artificiales (como las motos) y otra donde la producción es artificial pero en última instancia los resultados son seres naturales (gatos domésticos). Entonces, Fehér también considera la necesidad de otra categoría, una mixta, donde procedimiento y resultado son artificiales pero el último es un ser vivo; esto es precisamente lo que permiten los procesos de la ingeniería genética contemporánea, donde los seres se crean en laboratorios y están compuestos de genes sintéticos diseñados por científicos, aunque a simple vista parezcan seres producto de la naturaleza (como podría ser un conejo transgénico). Dispuse estas categorías porque anuncian y resuelven los problemas de naturaleza de los seres que se dan en nuestro tiempo, pues les asignan lugares en el lenguaje y permiten entender lo que Kac sugiere cuando dice que “la piel ya no es la barrera

inmutable que contiene y define al cuerpo en el espacio. Por el contrario, se ha convertido en un lugar de transmutación continua” (1998, p. 1 de 7).

En el segundo capítulo, abordé el arte transgénico y sus generalidades para dejar claro que es una actividad que pertenece a otra categoría de arte denominada bioarte. Me pareció importante, al momento de escribir el trabajo de grado, darle información al lector sobre las dos formas que abarca el bioarte para que se enterara de la existencia de otra actividad que involucra seres vivos y el uso de tecnologías. Entonces, pretendí exponer que el arte transgénico es mucho más transgresor que el arte biotelemático porque (re)configura el código genético del hombre y utiliza la biotecnología contemporánea para transferir genes naturales o artificiales a un organismo vivo, generando como obra un organismo con nuevas propiedades; mientras que en el arte biotelemático los procesos biológicos están relacionados a sistemas de telecomunicación basados en computadores, es un arte que genera menos impacto.

Después de entender que existe el arte transgénico gracias a las posibilidades tecnológicas de nuestra era, leí otros textos sugeridos por mi asesor que me hicieron comprender por qué el arte es político y cómo el escándalo que generan las creaciones transgénicas se relacionan a esta facultad. Entender esto fue fundamental porque me amplió radicalmente lo que comprendía sobre arte y corrigió la idea errónea que corría por mi cabeza que sugería que el arte es político porque su intención es serlo. Este descubrimiento me permitió darle cierre a mi tesis de una forma inesperada, donde Rancière fue el referente indispensable y Roncallo el guía para interpretarlo.

En la última parte de mi trabajo tuve que explicar que la política y la policía son dos formas de partición de lo sensible, donde lo policivo es quien contiene los presupuestos sobre el deber ser, sus formas y lugares; mientras lo político es quien enfrenta los presupuestos policivos e intenta integrar otras formas de ser, hacer y decir a la sociedad, todo esto con el solo hecho de existir. Eso me permitió ver que lo policivo y lo político coexiste y se (re)configura a través de enfrentamientos y acuerdos. Entonces, comprendí que el arte es político no en la medida en que represente alguna discusión o

conflicto político sino cuando es, en sí mismo, el lugar político que irrumpe el orden común para confrontarlo, haciendo ruido y obligando a la comunidad a evaluar y actualizar sus nociones y espacios.

Finalmente, con este trabajo demostré que el arte (re)compone gramáticas y lo ha hecho desde siempre, el diferencial con el arte transgénico es que nunca antes la tecnología había permitido manipular los códigos genéticos de manera tan precisa y controlada. Más allá de utilizar el lenguaje genético y la biotecnología como medio, el transgénico es un arte que está des ocultando el potencial de la manipulación genética y al hacerlo nos indica que manipular el entorno desde artificialidades no es algo nuevo en la historia del hombre, que probablemente nos acostumbraremos pronto a la idea de que somos seres cada vez más transgénicos. La evidencia más obvia de esto es que ya incluimos algunos alimentos transgénicos como parte de nuestra dieta diaria o por lo

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