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ÁLBUM FAMILIAR DISEÑO METODOLÓGICO FOTOELICITACIÓN

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Fotografía participativa

A lo largo de la historia los seres humanos hemos desarrollado múltiples estrategias para

representar nuestro entorno, tanto el dibujo, la pintura o el grabado han sido solo algunas formas de comunicar las relaciones que tejemos con el mundo. La fotografía, por ejemplo, supuso un reflejo casi que instantáneo de la realidad, transformando los modos de expresión conocidos hasta entonces, y si bien, solo las clases acomodadas y algunos sabios de mediados del Siglo XIX podían permitirse el lujo de realizarse una fotografía, uno de los rasgos más característicos de esta técnica es la aceptación que ha recibido de todas las capas sociales durante los últimos años; su poder de reproducir parcialmente la realidad le confiere un carácter documental y la presenta como el procedimiento más fiel para representar la vida social y cotidiana. (Freund, 1993).

La evolución técnica y el valor que adquirió la fotografía a partir del siglo XX intensifico su uso, “Usted oprime el botón, nosotros hacemos el resto” fue el eslogan que popularizo esta tecnología en las familias del naciente siglo. Bajo este lema George Eastman, fundador de la compañía Kodak en 1888, diseñó, armó y lanzó al mercado el primer modelo de su famosa cámara fotográfica “Brownie”, la particularidad de este prototipo radicaba en su accesibilidad

económica, su portabilidad al transportarla y su flexibilidad de revelado, pues, hasta finales del siglo XIX los aparatos fotográficos eran costosos, grandes, pesados, exigían un personal “profesional” para su uso y requerían de un proceso de exposición y revelado complejo, con el modelo diseñado por Eastman en 1900 toda persona mayor de 12 años tenía la posibilidad de tomar cerca de 100 fotografías por película y revelarlas en los laboratorios de la compañía. “Cientos de miles de gentes que otrora visitaban al fotógrafo profesional para retratarse, comenzaron a fotografiarse a ellos mismos” (Freund, 1993, p.81).

48 De ese modo, la práctica fotográfica transitó de un uso “profesional” a un uso “aficionado” que posteriormente se incorporó al escenario académico e investigativo, pues lentamente se

constituyó como una fuente visual decisiva para abordar determinados estudios relacionados con la historia o la antropología, pero ¿qué tipo de representaciones se construyen en estos usos de la fotografía? Gonzáles (2006) comenta que la relación entre esta tecnología y las formas de

representación no es banal, pues “solo puede autorrepresentarse socialmente como sujeto activo, quien domina la tecnología” (p.5). En ese sentido, el investigador, académico, historiador, antropólogo, etc. que represente por sí mismo la figura del otro a través de la fotografía, lo hace a partir del proceso de objetivación implícito en el acto fotográfico; es decir, el fotógrafo- investigador, que generalmente pertenece a una posición social o académica “superior” a la del retratado, no plasman la realidad, sino la interpretación que hace de ella, construyendo una representación individual del otro, quien, al actuar como objeto representado y no como sujeto representante, queda atrapado en las convenciones estéticas del que mira a través de la cámara. Sin embargo, ¿puede quien es representado por otro, abandonar su rol de sujeto pasivo para convertirse en un sujeto representante? ¿qué pasa entonces cuando es ese otro quien sostiene la cámara y se representa a sí mismo y a su comunidad?

Al respecto, en 1970 cuando la fotógrafa y educadora norteamericana Wendy Ewald realiza sus proyectos personales de fotografía con comunidades indígenas en Canadá, descubre que, al darles cámaras fotográficas a los niños, éstos producían imágenes muy diferentes a las suyas, mucho más íntimas y subjetivas, desde sus propios valores culturales y vivencias personales (Kattán, 2011). En consecuencia, se abre un camino para comprender las posibilidades de enunciación y autorepresentación que ofrece la imagen fotográfica; la fotografía participativa,

49 parámetros de la mirada convencional, permitiendo a los sujetos y grupos humanos,

anteriormente representados por otros, comunicarse, expresarse o identificarse desde sus propias miradas y lenguajes.

Conocida ampliamente como photovoice o foto voz, la fotografía participativa se define como un proceso en el que personas ajenas a la práctica fotográfica, identifican y representan su entorno a través de una técnica fotográfica específica. Y si bien, emerge como una metodología que pone la cámara en las manos de las personas que se anima a documentar, compartir y co-construir su realidad a través de las fotos (Cubillos, 2012), esta estrategia busca que las narrativas visuales producidas durante su desarrollo, incidan directamente en el contexto social, político, ambiental y cultural de sus participantes.

Desarrollada inicialmente por las investigadoras Caroline Wang y Mary Burris en 1992, en el marco de un proyecto que les permitió a las mujeres de la provincia de Yuman en China incidir y contribuir en las políticas de salud pública y desarrollo rural que les afectaban en ese momento, esta iniciativa se plantea tres objetivos principales:

1. Que las personas puedan registrar y reflejar las fortalezas y preocupaciones personales de su comunidad.

2. Promover el dialogo crítico y la discusión grupal sobre los temas relevantes a nivel individual y colectivo.

3. Que los mensajes visuales que se generen en este proceso, lleguen hasta los

representantes políticos responsables de las diferentes situaciones por las que atraviesa la comunidad. (Rabadán, 2014).

50 Heredera de la teoría de la comunicación participativa y para el cambio social (Gumucio); del enfoque de la investigación acción participativa (Martí); y de la pedagogía critica (Freire), la fotografía participativa ha sido aplicada por diversas organizaciones alrededor del mundo: Photovoice (Inglaterra), Asha (Nepal), Fotokids (Guatemala), Ph15 (Argentina), Kids With Cameras (Calcuta e Israel), Imagen Acción (España), Disparando Cámaras para la Paz, Silo-vé un Niño (Colombia), entre otras, quienes han hecho propio este método para que niños,

adolescentes, mujeres y/o adultos mayores, exploren las posibilidades de participación, cambio y transformación que ofrece la imagen fotográfica (Cubillos, 2012). Y si bien, la fotografía

participativa se planteó como una práctica autónoma y flexible, Wang y Curris (Rosón, 2014) proponen los siguientes parámetros para su desarrollo:

Parámetros Photovoice

• Seleccionar una audiencia objetiva de responsables políticos y líderes de la comunidad.

• Crear grupos motores

• Introducir la metodología de Photovoice a los participantes y facilitar un grupo de discusión.

• Explicar que representa tener una cámara (poder y riesgos).

• Discusión acerca de fotografías tomadas a otras personas.

• Obtener consentimiento informado.

• Decidir un tema inicial para realizar fotos.

• Distribuir cámaras a los participantes y revisar cómo usarlas.

• Dar tiempo a los participantes para tomar fotos.

• Reunión para la discusión de fotografías.

• Orientar preguntas conformadas por el acrónimo SHOWED: What do you See here?

What is really Happening here? How does this relate to Our Lives?

51 Why does this situation, concern, or strength exist?

What can we Do about it?

• Planificar con los participantes la forma en que serán compartidas las fotografías con el resto de la comunidad.

Tabla 3: Parámetros Photovoice. Fuente: Rosón, 2014.

Del mismo modo, y tras la ejecución de diversos proyectos, Wang y Burris identifican las siguientes fortalezas y debilidades a la hora de implementar la fotografía participativa:

Ventajas y desventajas de la fotografía Participativa

Ventajas Desventajas

• Comunica de manera sencilla y clara las ideas y opiniones de los participantes sobre lo que ellos consideran relevante de su localidad.

• Cruza barreras lingüísticas y culturales, ya que no requiere la habilidad de leer o escribir y es accesible a cualquiera que pueda

aprender a manejar una cámara automática.

• La fotografía tiene el poder de dejar una impresión duradera y de llamar la atención sobre aspectos olvidados de una comunidad, motivándola discusión sobre estos.

• Las imágenes e ideas producidas y el dialogo desarrollado por los participantes puede funcionar- siguiendo a Freire – como un estímulo para la acción y un catalizador del cambio social.

• Captura conductas, momentos o situaciones a las que un agente externo difícilmente

lograría tener acceso.

• La propia dinámica y estructura social puede funcionar como instrumento de censura al momento de decidir que se puede fotografiar y que no.

• Como en toda metodología, siempre hay elementos que se quedan por fuera. No todos los temas pueden ser abordados y al final hay que decidir que se fotografía y que no, que se discute en el grupo y que se deja de lado.

• La gran cantidad de datos que cada una de las muchas fotografías aporta puede a veces dificultar el análisis y síntesis de la información.

• Los temas de transporte,

comunicación, servicio técnico, revelado, etc. Pueden volverse un problema en proyectos a gran escala,

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• Las cámaras constituyen una herramienta atractiva y motivadora para la mayoría de la gente. Su uso puede ser motivo de orgullo y apropiación paras la comunidad.

• El dialogo y las explicaciones de los participantes sobre el proyecto brindan la posibilidad de reafirmar o redefinir los objetivos del proyecto al momento de la evaluación de necesidades.

• Provee beneficios inmediatos a los

participantes, creando nuevos vínculos entre ellos, ampliando así su círculo social.

• No solo ofrece la posibilidad de registrar un hecho, sino también es una forma de arte que permite expresar la propia creatividad.

en donde además se requiere de la coordinación de gobiernos locales, líderes comunales, empresas, entre otros.

Tabla 4: Ventajas y desventajas de la fotografía participativa. Fuente: Rabadán, 2014.

Entrevista de Fotoelicitación.

A pesar de que la investigación social ha sido generalmente abordada desde el texto escrito, durante las últimas décadas se han desarrollado y consolidados procesos académicos e investigativos que, desde la antropología, las ciencias de la comunicación, la sociología, las ciencias políticas o la educación, incorporan lo visual como una fuente de producción de datos, superando el estatus subsidiario o complementario que adquirió la imagen durante muchos años. En el contexto anglosajón, por ejemplo, se han utilizado imágenes estáticas y/o en movimiento como medios de indagación, interpretación y exploración de diversos fenómenos sociales

relacionados con la salud, la educación, el trabajo, la infancia, la adolescencia o el cambio social. (Meo, 2011).

53 Bajo una multiplicidad de denominaciones como: Fotoelicitación; Fotoprovocación;Entrevista de foto estimulación; Entrevista de foto elucidación; Entrevista fotográfica auto-conducida; o

Entrevista fotográfica participativa, emergedentro del campo de las investigaciones centradas en lo visual, una estrategia metodológica que busca favorecer el dialogo; facilitar los recuerdos; evocar sentimientos; disparar relatos; y/o provocar respuestas a través de la incorporación de fotografías durante el desarrollo de una entrevista. El primer acercamiento a este uso de la fotografía, se remonta a mediados del siglo XX por el antropólogo Collier (1957) quien, al sentir limitaciones analíticas en los procesos de recolección de datos tradicionales, denomino foto entrevista a el hecho de presentar fotografías en una entrevista. Su principal ventaja, señala Corredor (2016), era que les daba a las entrevistas “una representación más fiel de la realidad, ya que recogían datos más precisos y comprensivos, estimulaban la memoria, así como las

declaraciones emocionales de la vida de las personas” (p.179).

Las fotografías incluidas en este tipo de estrategias, pueden ser realizadas durante el estudio por el propio investigador; por otros miembros del equipo investigador; por fotógrafos profesionales; y/o por los propios sujetos participantes. Por otro lado, la Fotoelicitación también puede servirse de fotografías realizadas antes de la investigación, ya sean imágenes de archivo; de campañas publicitarias; y/o de álbumes fotográficos familiares. Frente a estas condiciones, Analia Meo (2011) señala que:

Las imágenes producidas en el marco de una investigación (ya sea por los que investigan o los sujetos participantes) tienen la ventaja de haber sido generadas en contextos y marcos significativos conocidos (o que pueden conocerse), lo cual podría enriquecer el proceso de producción y análisis de datos. En cambio, las imágenes producidas fuera de una investigación –en general– son acompañadas por pocos datos contextuales acerca de cómo y cuándo fueron tomadas, quiénes lo hicieron y

54 con qué finalidad. En este sentido, la tarea interpretativa puede verse limitada o empobrecida. (p.17).

En ese sentido, al considerar las imágenes como unidades de análisis y de producción de datos, la fotoelicitación ha sido empleada por investigadores de Estados Unidos e Inglaterra para: explorar la vida cotidiana de los niños trabajadores y en situación de calle; estudiar la percepción de los alumnos sobre el clima escolar; identificar las relaciones espaciales y de poder dentro del aula escolar; y para señalar cambios las actitudes frente a la modernización (Meo; 2011).

Investigaciones que, por su carácter metodológico e interpretativo, presentan las siguientes ventajas:

Favorece la expresividad y emotividad de los/as entrevistados/as; contribuye a relaciones de poder menos asimétricas entre entrevistadores y entrevistados;

promueve la sorpresa de quien investiga…; y el empoderamiento de las comunidades investigadas y enriquece la comunicación e interpretación de los datos” (Meo, 2011, p.17).

Respecto a la expresividad, Analia Meo, citando a Harper (2002) afirma que, al incluir imágenes y palabras, la fotoelicitación promueve el uso de dos partes diferentes del cerebro pues “los intercambios basados exclusivamente en palabras utilizan menos capacidad cerebral que aquellos intercambios en los cuales el cerebro procesó tanto imágenes como palabras” (2011, P.18). Así, los entrevistados logran expresar sus subjetividades, identidades, memorias y vivencias a partir del discurso verbal y/o del discurso icónico, representado en sus composiciones fotográficas. En cuanto a su capacidad de facilitar la emotividad, Harper (2002) sostiene que las fotografías capturan, en mayor o menor grado, las emociones y sensaciones de las personas que realizan las fotografías y, del mismo modo, evocan reacciones emotivas, sentimientos y memorias en quienes

55 son retratados por la cámara; situaciones que difícilmente pueden generarse en una entrevista convencional.

Frente a la construcción de relaciones de poder asimétricas entre entrevistados y quien investiga, Meo (2011) señala que, al considerar que los propios investigadores realicen las fotografías, la fotoelicitación les otorga mayor agencia y control sobre el desarrollo de la entrevista,

promoviendo un modelo de investigación mucho más colaborativo y reflexivo, al posibilitar que sean las personas entrevistadas quienes establezcan la jerarquía entre temas, escenarios y

problemas. En esta dinámica, resalta Lapenta (2003).

Los elementos de carácter icónico que se introducen condicionan, en buena medida, el proceso de construcción y negociación de sentido, de negociación de identidades, de establecimiento de (a)simetrías entre el entrevistador y el entrevistado. Al ser las fotografías muestras, a veces más concretas, a veces más simbólicas, de lo que se ilustra en el discurso verbal el proceso de interacción se vuelve más negociado, más reflexivo y las asimetrías entre entrevistador y entrevistado se ven, en ocasiones, alteradas (Lapenta, 2003). En estas circunstancias se consiguen comunicaciones más largas, más detalladas y expandidas en temas y detalles (Serrano, 2016, p.78).

Así mismo, varios autores han resaltado que el entendimiento mutuo y la confianza se fortalecen con la fotoelicitación, especialmente, cuando se trabaja con poblaciones (niños, jóvenes, adultos mayores, comunidades indígenas, etc.) con las que es difícil comunicarse apelando

exclusivamente a la comunicación oral o escrita. En estas situaciones, las fotografías operan como catalizadoras de relatos y narrativas alrededor de las miradas y perspectivas de quienes son entrevistados, generando un ambiente de dialogo de mayor intimidad e interacción. Igualmente, la fotoelicitación promueve la reflexión crítica y el empoderamiento de ciertas comunidades

56 vulneradas,al ampliar su conocimiento sobre las problemáticas que afectan su diario vivir y al hacer públicas sus demandas a través de las fotografías que éstas mismas realizan (Meo, 2011). Por otro lado, la fotoelicitación amplía las posibilidades analíticas de una investigación, pues se examina, de manera conjunta o por separado, las dimensiones técnicas de la imagen (análisis composicional o morfológico); los elementos constituyentes como los actores, escenarios, símbolos y las figuras presentes en la fotografía (análisis de contenido o social); así como los testimonios de los sujetos investigados. En ese sentido, se contribuye al desarrollo de nuevos interrogantes al abordan dimensiones, temas, preocupaciones, intereses y perspectivas del problema de estudio que no habían sido planteadas inicialmente por los investigadores. (Meo, 2011).

En consecuencia, siguiendo las experiencias anglosajonas sobre la implementación de esta técnica, Analia Meo (2011) realiza una investigación en Buenos Aires – Argentina

argumentando que la fotoelicitación o entrevista fotográfica tiene la posibilidad de promover: a) Un intercambio constante entre participantes e investigadores.

b) Una mayor participación en la investigación.

c) Un rol más activo de los participantes, quienes tendrán un mayor control de la situación de la entrevista y de lo que allí se discute.

d) Una aproximación a las perspectivas; puntos de vista y condiciones de vida de los participantes, situaciones muchas veces inaccesibles para los investigadores.

e) El acceso a categorías que posiblemente no se contemplan durante la preparación del estudio.

57 Adicionalmente, Analia Meo señala que, si bien se ha reflexionado en el campo académico sobre las ventajas y potencialidades que ofrece la fotoelicitación para la investigación social, ha sido muy poco lo que se ha discutido sobre sus desventajas y limitantes. No obstante, en sus propias investigaciones, varios autores, citados por Meo (2011), describen las restricciones e

inconvenientes recurrentes a la hora de trabajar con esta técnica. Prosser (1992) reconoce que, al momento de estudiar imágenes de archivo, la falta de información respecto a datos contextuales como el cuándo, dónde y por qué se tomó la fotografía, dificulta la interpretación y el análisis de las condiciones en las que se produjo la fotografía. Por otro lado, realizarlas fotografías en el transcurso de la investigación, sugiere un alto costo económico si se compara con otras técnicas de recolección de datos. Así mismo, se presentan inconvenientes técnicos como la falta de

nociones básicas sobre el lenguaje fotográfico; o el abandono de los participantes por el riesgo de ser víctimas de los equipos de trabajo. (Karlsson. 2001). Otra desventaja de la fotoelicitación, es que las fotografías realizadas por los participantes vayan más allá del centro de interés, o que no planteen una conexión aparente con el objetivo de la investigación (Mizen. 2007). Finalmente, en términos de la postura ética que implica realizar una investigación con registros fotográficos, habrá que prestar especial atención a la publicación de las fotografías; al respeto del anonimato; a la confidencialidad de los datos y el consentimiento informado sobre el tratamiento de la información.

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