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Foucault y sus dobles

1. Una encrucijada de la filosofía política contemporánea

1.4 Foucault y sus dobles

La permanencia irreprimible de la modernidad se hace así evidente, y Foucault inscribe su propio trabajo en línea de continuidad con una serie de filósofos modernos. Tan es así que, hacia el final de su vida, Foucault hizo explícita la importancia de Kant, Hegel, Marx, y Weber para su proyecto filosófico. En uno de sus últimos artículos caracteriza a Kant como el fundador de las dos tradiciones críticas en que finalmente se dividiría la filosofía. Por un lado, una tradición que plantea la cuestión de las condiciones que hacen posible el conocimiento verdadero, y que Foucault denomina analítica de la verdad. Y por otro, una filosofía moderna que ve nacer en la cuestión de la Aufklärung y la Revolución un tipo de interrogación crítica que tomará la forma de una ontología de nosotros mismos y girará en torno a la pregunta: ¿Qué es nuestra actualidad? Una vez precisadas estas dos vías, señala: ―la elección filosófica a la que nos enfrentamos actualmente es ésta: se puede optar por una filosofía crítica que se presentará como una filosofía analítica de la verdad en general, o bien optar por un pensamiento crítico que tomará la forma de una ontología de nosotros mismos.‖31 La apuesta de Foucault es clara: se decanta por la segunda vía, advirtiendo al efecto que ésa ―es la forma de filosofìa que de Hegel a la escuela de Francfort, pasando por Nietzsche y Max Weber, ha fundado una forma de reflexión dentro de la cual he intentado trabajar.‖ 32

A este respecto, se han llevado a cabo una serie de investigaciones que acercan los trabajos de Foucault a Kant, Marx y Weber.33 Sin embargo, hay un silencio generalizado en torno a su vínculo con Hegel. Si bien existen comentarios aislados

31

M. Foucault, ―Qu‘est-ce que les Lumières? (1983)‖, en Dits et écrits. Vol IV, 687. (Trad. esp.: Buenos Aires, Alción, 1996, pág. 82.)

32 Op. cit, pág. 689. (Trad., pág. 82.)

33 Entre las distintas interpretaciones que resaltan el vínculo de Foucault con Kant, Marx y Weber, caben

señalar las siguientes: J. Dávila y F. Gros, Michel Foucault, Lector de Kant, Mérida, Universidad de los Andes, 1998; M. Fimiani, Foucault y Kant. Crítica, clínica, ética, Buenos Aires, Herramienta, 2005; C. Micieli, Foucault y la fenomenología. Kant, Husserl, Merleau-Ponty, Buenos Aires, Biblos, 2003; E. Castro, ―Foucault, lector de Kant‖ en: E. Castro (ed.) Michel Foucault. Una lectura de Kant, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009, pp. 9-29; T. Lemke, ―‘Marx sin comillas‘: Foucault, la gubernamentalidad y la crìtica del neoliberalismo‖, en: AA.VV., Marx y Foucault, Buenos Aires, Nueva visión, 2006, pp. 5-19; S. Legrand, ―El marximos olvidado de Foucault‖, en: AA.VV., Marx y Foucault, op. cit., pp. 21-39; A. Callari y D.F Ruccio (eds.), Postmodern Materialism and the Future of Marxist Theory. Essays in the

Althusserian Tradition, Hanover and London, Wesleyan University Press, 1996; W. Milberg, ―Marxism,

Poststructuralism and the Discourse of Economists‖, en: Rethinking Marxism, 4 (2), 93-104; AA.VV.,

Michel Foucault, filósofo; B. Han, L‟ontologie manquée de Michel Foucault, Grenoble, Millon, 1998; G.

36 sobre la materia, no disponemos de una línea de investigación exhaustiva que haga el esfuerzo de conectar ambos pensadores. Podría afirmarse que esta ausencia de vinculación entre el pensamiento de Hegel y Foucault se debe a cierto afán por superar el hegelianismo y la modernidad dentro del ámbito del pensamiento francés de mediados del siglo XX -afán indisociable de cierta recepción del pensamiento de Heidegger y Lévinas, que habría contribuido a perfilar gradualmente una filosofía de la diferencia ontológica, combinada con cierto intento de pensar lo otro como otro, es decir, como una exterioridad irreductible a lo uno-.34 Podría decirse que pensar la diferencia en sí misma, esto es, lo diferente desde lo diferente, sin pasar por la representación y lo negativo, parecía haberse convertido en el horizonte de sentido ineludible para la práctica de la filosofía. En muchos casos, casi siempre por una sucesión de malentendidos, esta exploración de la diferencia fue entendida como el imperativo de distanciarse de Hegel. No hace falta más que recordar la acusación de Lévinas a Hegel como el ejemplo paradigmático del pensador totalizante que crea un mundo en el cual todas las cosas y formas de otredad son absorbidas por la lógica de la identidad, por culpa de la violencia totalizadora ejercida por el método hegeliano y su respectiva ontología idealizada. 35

Bien es cierto que había una guerra declarada contra cierto hegelianismo -así como había una guerra contra el marxismo, la fenomenología husserliana y el psicoanálisis-, pero las relaciones del pensamiento de la diferencia con Hegel siempre han sido más difíciles de precisar. Sea como fuere, pretender que la postulación de una ontología de la diferencia traería consigo una superación de la dialéctica hegeliana es algo que, además de ingenuo, nos resulta ahora francamente estéril. Al fin y al cabo, renunciar al pensamiento dialéctico mediante el recurso de una tensión dialéctica con Hegel nos parecería apenas una curiosa ironía histórica si no estuviera en juego nuestra posibilidad de elaborar un pensamiento político acorde con los problemas de hoy. Quizá sea más acertado considerar el vínculo con Hegel no tanto en los términos de una

34

Cf. A. Crockett y C. Davis, ―Risking Hegel: A New Reading‖, en: S. Žižek, C. Crockett y C. Davis (eds.), Hegel and the Infinite. Religión, Politics and Dialectic, New York, Columbia University Press, 2011, pp. 1-17.

35 La imagen que Lévinas construye de Hegel repite sin saberlo el núcleo del pensamiento hegeliano,

puesto que reduce éste a una entidad simple (an sich.) Ejerce tal violencia sobre él que convierte su filosofía en una identidad solidificada. Es como si el movimiento lógico (o más bien su falta) del pensamiento de Lévinas asumiese la forma misma de aquello que él acusa. Véase E. Lévinas, Totalidad e

37 superación inaplazable, sino más bien como el lugar de trabajo e indagación de un problema. Seguir defendiendo la idea de la superación no hace más que perpetuar la esterilidad propiciada por las lecturas parciales de Hegel -cuyas consecuencias más alarmantes serían la simplificación de la dialéctica y una condena del pensamiento especulativo como mera ambición totalizante-. Con todo, si bien es cierto que los denominados ―pensadores de la diferencia‖ contribuyeron a crear la ficción de que el ingreso en la nueva era de la filosofía pasaba por superar a Hegel, fueron esos mismos filósofos los que rápidamente reconocieron las dificultades de semejante empresa. Como ha sugerido Félix Duque, difícilmente se comprendería la filosofía francesa actual sin tomar en consideración la presencia de Hegel.36 Por su parte, Jacques Derrida llegó a afirmar que ―nunca terminamos de leer o releer a Hegel y, en cierto sentido, yo no hice más que intentar explicarme a mì mismo sobre este punto‖.37

Y Gilles Deleuze, casi siempre tan hábil para colonizar cuerpos filosóficos en los que acaba engendrando felices monstruosidades38, misteriosamente nunca consiguió parasitar el pensamiento especulativo.39 Probablemente esta experiencia límite y refractaria para con el pensamiento de Hegel, esta pretendida necesidad de ruptura con sus presupuestos básicos, constituya un primer modo de restablecer otro tipo de relación con él. En El Orden del discurso, Foucault llegó a plantear el dilema del siguiente modo:

(…) toda nuestra época, bien sea por la lógica o por la epistemología, bien sea por Marx o por Nietzsche, intenta escapar a Hegel (…) Pero escapar de verdad a Hegel supone apreciar exactamente

36 F. Duque, Historia de la filosofía moderna. La era de la crítica, Madrid, Akal, 1998, pág. 331.: ― Y

todo ello por no hablar de Francia, que hizo de las tres «H» (Hegel, Husserl y Heidegger) sus maîtres à

penser (convenientemente denostados luego por los ya olvidados jeunes Philosophes del post-Mayo),

mezclando maravillosamente a Hegel con Marx, Heidegger y Freud, sobre todo a partir de los esfuerzos de Jean Hyppolite y de Jacques D‘Hondt, sobrepasados desde luego en influencia por ese «libro» increíble (tan hermoso, rotundo y apasionante como falaz) que recoge las lecciones de Alexandre Kojève (un ruso exiliado) en el Collège de France (…) Difícilmente se entiende la filosofía francesa actual (hasta Foucault y Derrida, al cual hemos ya citado) sin ese libro «pre-post-existencialista» y «pre-postmoderno», que eleva a la Fenomenología del Espíritu –interpretada por su Sumo Sacerdote- a una premonición del «Libro Absoluto» mallarmeano.‖

37

J. Derrida, Positions, Minuit, Paris 1972, pp. 103-104.

38 Para tener una idea más precisa del proceder deleuziano con los filósofos modernos véase Alberto

Toscano, Theatre of Production: Philosophy and Individuation between Kant and Deleuze, Basingstoke: Palgrave, 2006.

39 Véase S. Žižek, Órganos sin cuerpo. Sobre Deleuze y consecuencias, Valencia, Pre-textos, 2006;

también véase C. Crockett y C. Davis, op. cit., pp. 1-18. La tesis que comparten ambos textos es que las dificultades de Deleuze para enfrentarse a Hegel se deben precisamente a su cercanía con él. [Este punto será tratado en el último capítulo de la tesis.]

38 lo que cuesta separarse de él; esto supone saber hasta qué punto Hegel,

insidiosamente quizá, se ha aproximado a nosotros; esto supone saber lo que es todavía hegeliano en aquello que nos permite pensar contra Hegel; y medir hasta qué punto nuestro recurso contra él es quizá todavía una astucia suya al término de la cual nos espera, inmóvil y en otra parte.40

Ahora bien, frente a la disyuntiva de situar el proyecto filosófico de Foucault bien como un enfrentamiento o bien como un diálogo ininterrumpido con la tradición, aquí hemos optado por considerarlo en una permanente Auseinandersetzung respecto a los filósofos de la modernidad y en especial, en relación con Hegel. El término alemán permite captar el doble sentido de debate y confrontación, un permanente juego de acercamiento y distanciamiento, que pondría en movimiento un modo particular de hacer filosofía. Foucault ―recorre un camino mediante el que se separa de Hegel, se distancia, y por medio del cual se encuentra llevado a él pero de otro modo, para después verse obligado a dejarle nuevamente‖.41

Así, pues, dado que son los propios textos de Foucault los que no dejan de sugerir ese juego de aproximaciones y distanciamientos con Hegel, un trabajo de investigación que haga explícito el silenciado vínculo entre ambos filósofos nos parece una tarea urgente.

40 M. Foucault, L'ordre du discours, op. cit., pág. 74. (Trad., pág. 70.) 41 Ibidem.

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