3. El Instante Desconfigurado en Sensación
3.2. El fragmento y su caracterización
Todo acercamiento a la poesía desata un vórtice que consume cuanto distractor ajeno a la conmoción del sentimiento. Los sentidos se han dispuesto al punto de hacer del poema un cosmos forjado por cuerpos celestes traducidos en fragmentos. El fragmento en sí es un mundo porque goza de la autonomía que le conceden sus dimensiones. Es así como el tiempo, el espacio y el acontecimiento dan origen a un mundo poblado de imágenes. Cada unas de estas dimensiones se moldea de acuerdo con el carácter dual de en la realidad alterna. Por tanto, no es posible lograr un acercamiento al poema a través de la mera sensibilidad:
Hemos querido decir (probar) que toda nuestra intuición no es más que la representación del fenómeno, que las cosas que nosotros intuimos no son más que como las intuimos, que sus relaciones no se hallan constituidas como se nos aparecen y que si hacemos abstracción de nuestro sujeto o solamente de la naturaleza subjetiva de nuestros sentidos en general, toda la manera de ser y todas las relaciones de los objetos en el espacio y en el tiempo, y aún el espacio y en el tiempo, desaparecen, pues en tanto que son fenómenos no pueden existir en sí, sino
solamente en nosotros (Kant, 1950, p. 73).
Se precisa de una razón fundada en la experiencia vivida en lo cotidiano. La percepción del tiempo y del espacio está supeditada a su quietud natural, por tanto, sus cambios dependen de las imágenes. La fuerza emotiva del poema reside en la experiencia
incitada por los sentidos que deben tomar atenta nota de la realidad alterna. En términos de dimensiones, el tiempo y el espacio dejan de ser inmutables gracias al surgimiento del acontecimiento como dimensión dependiente de la cotidianidad.
Aunque el mapa global del fragmento es tripartita, la disposición del espacio como albergue de la realidad alterna es tridimensional. El alcance de las imágenes sólo logra acentuarse por medio de las infinitas proyecciones de un primer espacio que sólo tiene ancho y largo:
A
Para lograr que la imagen pueda integrarse a la cotidianidad es necesaria su transformación por medio del volumen:
P1 P2
P3
A
Así pues, una vez se consuma la tridimensionalidad, el acontecimiento como dimensión puede asumir su forma total. Las proyecciones del espacio son aleatorias y, en principio, su enfoque es infinito. No obstante, hay una aplicación principal del volumen. Ella está precedida por proyecciones subrepticias que están sugeridas y ofrecen infinidad de
L
posibilidades. Los puntos de fuga semántica son los homólogos de las proyecciones espaciales que permiten un volumen propio para las imágenes:
Posibilidad de proyecciones espaciales básicas
¿Será posible, acaso, que el tiempo lineal pueda asir las emociones? El afecto no presume de una estructura que lo haga comprensible o palpable. Va sucediendo sobre la marcha de la experiencia y puede tener o no un desenlace. El tiempo del fragmento está segmentado porque depende de la disposición de las imágenes en el poema. Todo parte de la misma noción de tiempo que la poesía propone. De este modo, los instantes suceden en segundos y microsegundos; y la velocidad hace que las imágenes se transformen con mayor o menor rapidez. El cambio de las formas de nominar el tiempo discontinuo consiste en la experiencia de la cotidianidad influida por los afectos. Así, los accesos de una temporalidad permiten lazos entre realidades alternas pretéritas. En consecuencia, la consumación del tiempo discontinuo ocurre en las posibilidades resultantes en la hibridación del pasado y del presente:
La búsqueda de un tiempo potencial es el alcance final de la propuesta temporal de la realidad alterna. Los vacíos entre momentos encasillados son grietas en las imágenes que dan lugar a posibles cambios en su mudo de hacerse experimentar.
Lo cotidiano es la gran síntesis de lo visible que halla su razón de ser en el acontecimiento. En los términos de la poesía, no es suficiente dar cuenta de ella por medio del tiempo y del espacio. De hecho, al valerse de la vida como fuente principal para conceder significado a las imágenes y hacerlas palpables en la sensación, el acontecimiento forja esa dualidad que le permite transformar al tiempo y al espacio. El ritmo de la vida que fluye con libertad es impredecible para una temporalidad que está ideada como casillas de capacidad limitada que no pueden dar cuenta de toda la existencia. El curso de los eventos a través de la vivencia común no responde a las convenciones del tiempo:
ES ASÍ
Es como si desde el marco de una puerta /entreabierta
quisieras ver qué ocurre en una inmensa sala viendo tal vez la esquina de una mesa
el vuelo de un vestido!
Como esos cielos de las calles estrechas telones desvaídos
un pedazo flotando, cortando sobre los ojos miopes, lejos.
Es así: contemplamos retazos, trozos sueltos.
¿Quién sale de su fina ranura, quién se alza Escuchando el rumor total: sonido puro
O roto, absurdo ruido? (Presencia diaria)
La superposición de eventos permite que los tiempos de cada realidad alterna se crean y hagan del acontecimiento una suerte de collage. Por tanto, no es una dimensión unívoca sino que toma forma a partir de la unión de experiencias ya forjadas.
El fragmento, una vez concreta sus tres dimensiones, es la expresión acabada de la realidad alterna. Y toda su perfilación se logra mediante la elaboración de la imagen. Entre las dimensiones y las imágenes existe una reciprocidad que consiste en diversas opciones de tiempo, espacio y acontecimiento que definen muchas posibilidades de una imagen. En un trozo de mundo esbozado en el poema hay una metonimia del universo.