- No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.
- Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella.
- El favor consiste no en lo que se hace o se da, sino en el ánimo con que se da o se hace.
- La vida es como una leyenda: no importa que sea larga, sino que esté bien narrada.
- No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea. - No hay viento favorable para el que no sabe donde va.
- Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti.
- ¡Estudia! No para saber una cosa más, sino para saberla mejor. - Lo que has de decir, antes de decirlo a otro, dítelo a ti mismo. - La recompensa de una buena acción está en haberla hecho. - La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo. - Considera las contrariedades como un ejercicio.
- Las obras se tienen medio terminadas cuando se han comenzado bien.
- No os espante la pobreza; nadie vive tan pobre como nació.
- La armonía total de este mundo está formada por una natural aglomeración de discordancias.
- Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad.
- Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas.
- Gran parte de la bondad consiste en querer ser bueno.
- Los que saben mucho se admiran de pocas cosas, y los que no saben nada se admiran de todo.
- No hay mayor causa de llanto que no poder llorar. - No podemos evitar las pasiones, pero si vencerlas.
- Lo mismo es nuestra vida que una comedia; no se atiende a si es larga, sino a si la han representado bien. Concluye donde quieras, con tal de que pongas buen final.
- No hay cosa más fuerte que el verdadero amor.
- Ningún descubrimiento se haría ya si nos contentásemos con lo que sabemos.
- Forma parte de la curación el deseo de ser curado. - La voluntad es la que da valor a las cosas pequeñas.
- En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto. - El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo.
- No es preciso tener muchos libros, sino tenerlos buenos.
- La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.
- El trabajo y la lucha llaman siempre a los mejores. - El tiempo descubre la verdad.
- Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos.
- La adversidad es ocasión de virtud.
- Existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y, por otro lado, lo que ya está determinado. Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos.
- Hay ciertas cosas que para hacerlas bien no basta haberlas aprendido.
- Una esperanza reaviva otra esperanza; una ambición, otra ambición. - Sin estudiar enferma el alma.
- No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.
- El fuego prueba el oro; la miseria los hombres fuertes. - Pesa las opiniones, no las cuentes.
- Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, concordar las palabras con la mente.
- Los hombres aman sus vicios y al mismo tiempo los odian.
- Si os sujetáis a la naturaleza, nunca seréis pobres; si os sujetáis a la opinión, nunca seréis ricos.
- No os espante el dolor; o tendrá fin o acabará con vosotros. - Los hombres aprenden mientras enseñan.
- Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo. - No he nacido para sólo un rincón, mi patria es todo el mundo. - No existe ningún gran genio sin un toque de demencia.
- Viven más contentos aquellos en quienes jamás puso los ojos la fortuna, que los otros de quienes los apartó.
- El hombre es un animal racional.
- Todo poder excesivo dura poco.
- No recibimos una vida corta, sino que nosotros la acortamos. No somos de ella indigentes, sino manirrotos.
- No hay árbol recio ni consistente sino aquel que el viento azota con frecuencia.
- No os espante la muerte; o extermina o transforma vuestra existencia.
- Languidece la virtud sin adversarios. - Quien da pronto da dos veces.
- Vencer sin peligro es ganar sin gloria.
- Lo que de raíz se aprende nunca del todo se olvida. - Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo. - El sabio en su retiro es útil a la comunidad.
- El poder y el despotismo duran poco.
- Igual virtud es moderarse en el gozo que moderarse en el dolor. - ¿Preguntas qué es la libertad? No ser esclavo de nada, de ninguna
necesidad, de ningún accidente y conservar la fortuna al alcance de la mano.
- Si me ofreciesen la sabiduría con la condición de guardarla para mí sin comunicarla a nadie, no la querría.
- El cabalgar, el viajar y el mudar de lugar recrean el ánimo.
- A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde. - A vivir se aprende toda la vida, y toda la vida se ha de aprender a
morir.
- El lenguaje de la verdad debe ser simple y sin artificios.
- El colmo de la infelicidad es temer algo, cuando ya nada se espera. - Estar en ocio muy prolongado, no es reposo, es pereza.
- Es rey quien nada teme, es rey quien nada desea; y todos podemos darnos ese reino.
- Para saber algo, no basta con haberlo aprendido.
- La naturaleza nos ha dado las semillas del conocimiento, no el conocimiento mismo.
- No hay ninguna cosa buena que no tenga su base en la razón. - Una era construye ciudades. Una hora las destruye.
- Tan grande como la turba de los admiradores es la turba de los envidiosos.
- Sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo.
- El que no quiera vivir sino entre justos, viva en el desierto.
- Cuanto mayor es la prosperidad tanto menor se debe confiar en ella. - Teméis todas las cosas como mortales y todas las deseáis como
inmortales.
- Nunca fue fácil el aprendizaje de la virtud.
- Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya. - Este día que tanto temes por ser el último, es la aurora del día eterno. - El camino del vicio no solamente se desliza, sino que se precipita
hacia abajo.
- El mejor límite para el dinero es el que no permite caer en la pobreza ni alejarse mucho de ella.
- El ardimiento juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana.
- Desdichado es el que por tal se tiene.
- ¿Qué importa saber lo qué es una recta si no se sabe lo que es la rectitud?
- Merece salir engañado el que al hacer un beneficio, cuente con la recompensa.
- Escucha aún a los pequeños, porque nada es despreciable en ellos. - Toda la armonía total de este mundo está formada de discordancias.
Cicerón:
Escritor, político y orador romano. Aunque su carrera política fue notable, Cicerón es especialmente conocido como el orador más elocuente de Roma y como hombre de letras. Nació en Arpinum (actualmente Arpino, Italia) en el año 106 a. C. y en su juventud estudió derecho, oratoria, literatura y filosofía en Roma. Tras una breve carrera militar y tres años de experiencia como abogado que defendía a ciudadanos privados, viajó a Grecia y Asia, donde continuó sus estudios. Regresó a Roma en el 77 a.C. y comenzó su carrera política. En el 74 a.C. fue elegido miembro del Senado.
Cicerón se dedicó a la literatura hasta el 51 a.C., cuando aceptó el encargo de gobernar la provincia romana de Cilicia como procónsul.
Regresó a Roma en el 50 a.C. y se unió a Pompeyo, que se había convertido en el mayor enemigo de Julio César. Cuando César derrotó a Pompeyo, en el 48 a.C., Cicerón comprendió que continuar con la resistencia a César era inútil, y aceptó su amistad, aunque mientras César fue dictador de Roma, Cicerón vivió apartado de la vida política dedicándose a escribir. Después del asesinato de César, en el 44 a.C., Cicerón retornó a la política. Esperando ver la restauración de la República, apoyó al hijo adoptivo de César, Octavio, más tarde el emperador Augusto, en sus luchas contra el cónsul romano Marco Antonio. Sin embargo, Octavio y Marco Antonio se reconciliaron, y Cicerón fue ejecutado como enemigo del Estado, el 7 de diciembre del 43 a.C.
Cicerón creó un elaborado estilo prosístico que combina claridad y elocuencia, y que se ha convertido en uno de los modelos por medio de los que se juzga toda la demás prosa latina. Su obra contribuyó mucho al enriquecimiento del vocabulario de su propio lenguaje. Los escritos de Cicerón tratan sobre muchos temas. Sus obras filosóficas revelan su creencia en Dios y en el libre albedrío. Casi todos sus trabajos filosóficos se basan en fuentes griegas y, por lo tanto, aparte de su valor intrínseco, tienen uno añadido como es el de haber divulgado y preservado la filosofía griega que de no haber sido por él, tal vez, se hubiera perdido. A partir del 45 a.C. y de la muerte de su hija Tulia, Cicerón se retiró de la política para dedicarse por completo a sus escritos literarios y filosóficos. Destacan sus tratados De Legibus (Sobre las leyes), De Officiis (Sobre el deber), y De
Natura Deorum (Sobre la naturaleza de los dioses). Sus obras retóricas,
escritas en forma de diálogo, en especial De Oratore (Sobre la retórica), tienen gran valor como modelos de una consumada retórica y como una rica fuente de material histórico.
Entre las obras menores de Cicerón, los tratados De Senectute (Sobre la vejez) y De Amicitia (Sobre la amistad) siempre han sido admirados por su estilo cultivado. Muy importantes son cuatro colecciones de cartas escritas por Cicerón a sus conocidos y amigos. Estas cartas constituyen una revelación espontánea de su autor y una excelente fuente de información sobre la política y las costumbres de la antigua Roma, y se ocupan de temas que van desde la filosofía y la literatura a las cuestiones familiares.