—Las tendencias de opinión del electorado chileno, desde la elección presidencial de 1970, hasta la elección del 4 de marzo pasado, han podido manifestarse en cuatro oportunidades:
— en la elección general de regidores de abril de 1971, el Gobierno y la oposición obtuvieron porcentajes casi equivalentes en la votación general, produciéndose lo que se denominó un empate político;
— en la elección complementaria de un diputado por Valparaíso, en julio de 1971, la votación de gobierno bajó al 49% en proyección nacional;
— en la elección complementaria de un senador y un diputado, en enero de 1972, en las provincias de O'Higgins, Colchagua y Linares, el caudal electoral de la Unidad Popular bajó al 47,4%, considerando también su proyección a todo el país;
— finalmente, en julio de 1972, en la elección de un diputado por la provincia de Coquimbo, la votación para el Gobierno llegó apenas al 41,9%, considerando nuevamente su proyección nacional.
Sin embargo, a pesar de que la tendencia del electorado demostraba que la votación oficialista debía disminuir en marzo de 1973, y llegar a una cifra próxima al 38%, lo que también confirmaron algunas encuestas de fuentes responsables, ocurrió el hecho sorpresivo para muchos, aun para partidarios de la Unidad Popular, que su votación llegó al 43,5% sobre el total de votos. La proyección de la tendencia de deterioro se alteró, en una inusitada y hasta insólita recuperación, especialmente si se toma en cuenta la crítica inflación producida en los meses anteriores a la elección y a la situación de desabastecimiento generalizado de bienes esenciales para la subsistencia. Es necesario, también, referirse a la incidencia de las nuevas inscripciones en el resultado de la votación de marzo. Los antecedentes en nuestro poder demuestran que la cifra de nuevos inscritos no pudo ser superior a 570.000 personas. Sin embargo, figuraron como nuevos inscritos alrededor de 820.000 personas, depurando la cifra con los traslados y las dobles inscripciones detectables.
De esto se desprende que existe un volumen de por lo menos 250.000 electores, cifra que aún puede ser mayor, respecto de los cuales no existe explicación razonable de su participación en la elección del 4 de marzo.
La incidencia de la votación de los nuevos inscritos en el resultado general de esta elección es fundamental. En las mesas con inscripciones realizadas hasta el año 1970, los ciudadanos marcaron aproximadamente un 62% a la Code y un 38% a la Unidad Popular. En las nuevas mesas, que en su gran mayoría corresponden a inscripciones realizadas entre el 1° de septiembre y el 3 de noviembre
de 1972, la votación se distribuyó por mitades entre Gobierno y oposición.
Es importante resaltar que tenemos demostración de que aproximadamente la mitad de los 880.000 nuevos inscritos en condiciones de votar son mayores de 21 años y no analfabetos.
Con las cifras ya anotadas, el promedio nacional de aumento del contingente electoral con los nuevos inscritos en todo el país, es del 23%, en números redondos. Sin embargo, su comportamiento es sumamente caprichoso a lo largo del territorio, con fluctuaciones aparentemente injustificadas.
En la agrupación senatorial de Atacama y Coquimbo, zona cuyo resultado electoral era muy conflictivo, el aumento es del 28%. En Santiago, se inscribieron 300.000 nuevos electores, cuando todos los cálculos determinan para esta provincia un máximo probable de sólo 150.000. En la Sexta Agrupación, Curicó, Talca, Linares y Maule, el aumento es del 33%, y en la Octava, Bio-Bio, Malleco y Cautín, se acerca al 37%. En todas estas agrupaciones provinciales la disputa de un senador por ambas tendencias dependía de márgenes estrechos.
En la Décima Agrupación, en cambio, no había discusión posible. Considerando las mejores opciones para la Code y la Unidad Popular, siempre el resultado sería 3-2 favorable a la Code. En esta agrupación el aumento de las inscripciones fue extrañamente bajo, de sólo un 18%, muy por debajo del promedio nacional y más aún del 37% de la Octava Agrupación.
Quiero poner un ejemplo concreto de aumentos inauditos en la población electoral. En la localidad de Algarrobito, cercana a Vicuña y a La Serena, de un mes a otro, en pocos días, su población electoral subió en 72%, 619 electores más, con domicilios imposibles de precisar, con referencias rurales y viviendas sin numero.
Los antecedentes expuestos hacían pensar en la posibilidad cierta y fundada de un fraude electoral, lo que movió a analizar casos concretos y específicos. Nuestra actual Ley de Elecciones supone la buena fe en los requisitos para la inscripción. Para inscribirse no es necesario presentar carnet de identidad. Basta con exhibir ante el funcionario del Registro Civil cualquier testimonio fehaciente sobre la identidad y domicilio del que aspira a inscribirse. El expediente más corto y más fácil para aumentar fraudulentamente el caudal de los votos consiste en hacer que una misma persona se inscriba varias veces y sufrague otras tantas.
Señores teleespectadores: del enorme volumen de antecedentes que poseemos, me detendré, por la imposibilidad de retenerles por un muy largo tiempo, en dos ejemplos demostrativos, tomados al
azar, que Uds. pueden comprobar mañana en el Servicio de Identificación. Citaré nombres y cédulas de identidad de personas precisas que pueden estar viéndome y escuchando y que a lo mejor Uds. conocen:
MESA 373 DE VARONES DE SAN MIGUEL. Doce irregularidades y evidencias de fraude sobre un total de 276 votantes. Menciono casos específicos:
Elector N° 56: Declaró llamarse Guillermo Félix Acevedo Díaz, carnet ° 6.279.280, de Santiago. Este carnet pertenece en realidad a don Miguel Lagunas Meza.
Elector N° 76: Declaró llamarse Enrique Marcelo Stiebler González, con carnet N° 7.331.264, de Santiago. Este carnet corresponde en realidad a doña María Virginia Sanhueza Roca.
Elector N° 51: Declaró llamarse Miguel Angel Gaete Ortiz, carnet N° 6.491.718, de Santiago, que en realidad corresponde a don Iván Guillermo Vega Alvarado.
Elector N° 184: Declaró llamarse Ramón Jesús Barraza Farías, carnet N° 6.443.882, de Santiago, el cual en realidad corresponde a doña María Ramírez Bustamante.
Mesa N° 38, VARONES LA REINA: En esa mesa hay 27 casos de anomalías comprobadas y 10 dudosos. Citaré a vía de ejemplo sólo cuatro.
Insisto, pueden anotar y verificarlo. Leeré despacio:
Elector N° 6: Declaró llamarse Marcelo Arias Córdova, carnet N° 7.062.495, de Santiago, que en realidad pertenece a doña Isabel del Carmen Núñez González.
Elector N° 22: Declaró llamarse Nelson Eduardo Gacitúa Vega, carnet N° 5.748.882 de Santiago, que pertenece a don Isaac Saldías Araya.
Elector N° 23: Declaró llamarse Juan Alfonso Olivares Arenas, carnet N° 4.817.427 de Santiago, que pertenece a don Juan Alfonso Alvarez Arceras. Elector N° 39: Declaró llamarse Eduardo Gandón Tafra Checura, carnet N9 5.973.365 de Santiago, que pertenece a doña Sonia Berenguela Berenguela. Hay mesas, como la 374, varones, San Miguel, en que sobre 281 electores tiene 29 casos irregulares.
Hay muchos y muchos casos más de suplantación o identidad falsa. Pero hay también otras vías para el fraude. La persona que se declara analfabeto no necesita presentar ningún documento que acredite esa circunstancia, por lo que una persona que sepa leer y escribir podría inscribirse como analfabeto y votar más de una vez. Puede suplantarse a los electores que normalmente no sufragan; pueden sufragar terceros por personas fallecidas y no borradas. Muchas de las inscripciones de los fallecidos entre los años 1946 y 1960 aún figuran vigentes. Esta vía se facilita si se tiene acceso a la información oficial de los fallecidos inscritos y no borrados. Finalmente, hay fundadas sospechas de un crecido número de dobles inscripciones motivadas por traslados sin que se haya anulado la inscripción anterior.
Señores teleespectadores: responsablemente afirmo que los antecedentes reunidos hasta ahora, en una investigación que aún no termina y que sólo he podido dar a conocer someramente, permiten asegurar que hay hechos precisos y presunciones graves de una alteración masiva del veredicto popular.
Las más severas y cautas proyecciones determinan alrededor de 200.000 sufragios falsos. Otras, que consideran factores muy probables, pero no suficientemente investigados todavía, elevan esta cifra a más de 300.000 votos. Más del 8% de los sufragios no correspondería a un pronunciamiento legítimo de ciudadanos con derecho a voto. Además, y como hecho secundario, pero no por eso menos grave, un enorme caudal de personas circula con doble o triple identidad, alterando la fe pública y posibilitando la comisión de innumerables actos ilícitos.
El eje central de la democracia se ha roto. Esta maquinaria monstruosa destinada a alterar la genuina expresión de las mayorías, sigue vigente. Descubierta la fácil vía para el fraude, es razonable que con posterioridad a la última elección, su volumen haya aumentado en términos mucho mayores que los denunciados.
Lo digo con sobrecogimiento: en el estado actual de los registros electorales es imposible que haya en Chile una elección legítima mas.
En el actual Gobierno, bajo cuya administración han ocurrido estos hechos, recae la responsabilidad ineludible e inmediata de restituir al país la confianza en el fundamento de su democracia:
las elecciones limpias y libres.
Organismos imparciales que den seguridad a todos los chilenos deben investigar y depurar todo rastro de fraude.