Cuando hablamos de
identidad nacional, las
imagenes que vienen
a nuestra mente son
los colores de nuestras
banderas, las melodías
de nuestros himnos,
marchas o canciones
tradicionales presentes
en nuestra memoria
y los mapas que
muestran el territorio
que abarca cada uno
de nuestros países. En
esos mapas, las líneas
que separan un país
de otro muestran lo
que llamamos límites y
fronteras.
Fronteras: de límites a espacios que unen
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La definición tradicional
Según la definición tradicional, las fronteras son espacios adyacentes al límite internacional, y el limite internacional es una línea divisoria que separa las jurisdicciones y ejercicio de soberanía entre Estados. Cada país ejerce la soberanía sobre ese territorio delimitado, tiene derecho a exigir que los demás países no invadan su territorio o que se abstengan de introducirse y actuar en él.
Desde la perspectiva de esa definición, todos los países del mundo reciben el nombre de estados. Su característica esencial reside en la soberanía, es decir, en la facultad de implantar y ejercer su autoridad en su territorio de la manera en que considere conveniente.
Para que el ejercicio de la soberanía por parte de un Estado no perjudique a otros, se trazan límites sobre tierra, agua y aire.6 Etimológicamente la palabra tiene una connotación militar, ya que hace referencia al frente de batalla, por ello en ocasiones se emplea solamente el término límite o límite geográfico.
Las posibilidades de reflexión sobre el concepto de frontera son múltiples y diversas. La noción de frontera es, a la vez, conceptual y metafórica.
6. Existen diferentes tipos de fronteras: aéreas, territoriales, fluviales, marítimas y
lacustres.
Para la delimitación de fronteras se emplean, la mayoría de las veces, aspectos visibles de la geografía de un país. Si hay muchas montañas, se utiliza el pico más alto o el fin de la cadena montañosa. Con los ríos sucede algo similar: si la frontera es un río, la división territorial se define en cada una de las orillas de este.
Con las fronteras marítimas y aéreas es diferente; en estos casos se establecen líneas imaginarias, jurídicamente establecidas y que son visibles en mapas y por medio de coordenadas.
La frontera aérea se utiliza para poder controlar los vuelos a través de los cielos del país (un avión que desee pasar por los cielos de un Estado ajeno a aquel de donde proviene debe pedir autorización, de lo contrario el gobierno de dicho Estado puede considerar que su espacio aéreo está siendo invadido.
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Criterios para ampliar el alcance de la definición tradicional
La definición tradicional fue construida históricamente, en una época cuyas características económicas, sociales, políticas y culturales exigían, por así decir, la formación de los estados nacionales, en sus diversos momentos, absolutistas y liberales7, al concebirse la idea de nación con una estrecha vinculación a lo territorial. Este vínculo se naturalizó, a pesar de que el uso del término nación se extiende a comunidades sin territorio —como la judía, antes de la creación del Estado de Israel, o la gitana— y a los pueblos originarios de América, cuya cosmovisión no percibe al territorio como propiedad.
Esas características han quedado olvidadas en la definición tradicional, ya establecida o instaurada, que suele considerarse como «natural», como algo que siempre ha sido así, lo que le brinda, como ha señalado Max Weber, su legitimidad, es decir su aceptación como algo eterno o fundado en esa supuesta eternidad.
Del surgimiento de las naciones y del aspecto imperialista que ese proceso adquirió, se derivaron las revoluciones latinoamericanas, sus guerras de independencia, sus luchas interprovinciales y su constitución como naciones, aunque no de modo lineal ni inmediato.
Antes de su fisonomía actual, existieron provincias autónomas (Argentina 1820-1852) y alternancia de Repúblicas de distinto corte (Chile 1830-1861), hasta que las elites lograron imponer estados de alcance nacional.
En la actualidad, en lo que suele llamarse, ambiguamente, globalización —o, según algunos historiadores ingleses, nuevo sistema mundial—, el mencionado concepto de nación ha cambiado, aunque prevalezca su referencia empírica.
7. Tras el derrumbe del Sacro Imperio Romano-Germánico y las peculiares guerras de religión europeas, desde el siglo XV.
Frontera fluvial. El río Guadiana hace de frontera natural entre España y Portugal. La frontera está a escasos 200 metros pero no hay paso por carretera de un país a otro.
Tales cambios históricos permiten, si no redefinir o resignificar el concepto eminentemente territorial de nación, al menos ampliar el alcance de su significado. Hoy, al concepto de frontera podemos atribuirle características que nos permiten considerarlo como un espacio de integración, que ofrece potencialidades que es necesario considerar para un fortalecimiento regional y de consolidación de vínculos entre países vecinos. Esta perspectiva conlleva la interpretación de la frontera no como límite sino como puente.
Lo que separa se puede convertir en lo que une. La concepción de la frontera incide en nuestra relación con ella y con nuestros vecinos. Desarrollar ese contenido puede conducirnos a la noción de frontera abierta, un lugar que, geopolítica y abstractamente, limita, pero que, comunitaria y concretamente, permite pasar.
Susana Bandieri encabeza su artículo “La cordillera de los Andes: de área de conflicto a espacio de interacción” con el siguiente epígrafe:
Asociar el término frontera al concepto de frontera militar o frontera administrativa sería mantenerse al margen de los progresos en las Ciencias Sociales, particularmente si se trata de estudiar una frontera tan permeable como la propia.8
8. Villalobos, Sergio y Pinto Rodríguez J., (comps.), Araucanía. Temas de historia fronteriza, Temuco, Universidad de la
Frontera, 1985.
Paso fr
onterizo Chile Argentina, Cristo Redentor
. Foto: carlos ar2000.