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En el caso de la Convención de 1853 se hace bastante difícil el rastreo de este tipo de fuentes pues, mientras que los debates se han registrado en forma actuada y sintética, los mismos constituyentes parecieron reacios a citar y mencionar escritores y publicistas. Pero no faltan ejemplos útiles. Zuviría se refirió a “los eminentes y esclarecidos norteamericanos, Hamilton, Madison y Jay”6; no hay otra mención para los autores de El Federalista. Zenteno recuerda la opinión de Rousseau contraria a la libertad de cultos y la de Tomás Moro a favor de la unidad de culto7. Por último, Lavaysse menciona el juicio de Montalembert sobre la expulsión de los jesuitas en Francia8, y con esto se acaban las citas de extranjeros. Alberdi es el escritor argentino más citado por los hombres de Santa Fe: tres veces es invocado. Huergo lo llama “un

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Se trata de SARMIENTO, ídem, p. 218, y también FRÍAS, ídem, p. 317. En El Redactor Nº 2 se menciona críticamente a la revolución de 1789 y a la de 1848 (ídem, p. 364).

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Ídem, pp. 112, 130, 180, 185, 212 y 401.

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Ambos por SAGUÍ, ídem, p. 212.

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Es en el Nº 6, ídem, p. 401.

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Esto, a pesar de la influencia innegable de Alberdi. Cfr.: PÉREZ GUILHOU, El pensamiento conservador de Alberdi y la constitución de 1853, Depalma, Buenos Aires, 1984.

6 ACA, p. 478. 7 Ídem, p. 408. 8 Ídem, p. 530.

eminente publicista argentino”; Gorostiaga cita su opinión sobre los recursos del tesoro nacional; y Fray Manuel Pérez critica el proyecto de Constitución de Alberdi en lo relativo a la libertad de cultos1. El otro publicista argentino mencionado es Sarmiento, y lo trae a la memoria Huergo cuando menciona su idea, expuesta en Argirópolis, de hacer la Capital en Martín García2. De lo dicho por los propios convencionales se puede extraer una muy vaga noción de las fuentes ideológicas y doctrinales de la Constitución. Pareciera que el plan constitucional se originó en una simbiosis del modelo norteame- ricano y del proyecto de Alberdi.

En 1860 hay una mayor riqueza doctrinaria, si se quiere. Los hombres de Buenos Aires se dieron lustre de cultos, haciendo gala de sus conocimientos de autores extranjeros. En este caso, también es abrumadora la mención de políticos y publicistas norteamericanos. Vélez Sársfield cita tres veces a Franklin3, y recurre también a Madi- son en una oportunidad4, igual de veces que a los convencionales en Virginia King Mason y Gouvernour Morris5. Sarmiento cita a Webster en una ocasión y también a Roger Williams6. Hamilton es citado en dos ocasiones: una por Vélez y la otra por R. Pérez7. En Nº 5 de El Redactor se menciona, además, a Elliot8. Story es una de las más importantes influencias, ya que se hace referencia a él por Sarmiento, quien le reconoce su autoridad constitucional, Elizalde, Vélez Sársfield, Félix Frías y también en dos ocasiones en el Nº 5 de El Redactor9. Pero la gran fuente es Curtis, cuya historia constitucional de los Estados Unidos estuvo en boca de casi todos los convencionales: Sarmiento lo cita dos veces10, Vélez Sársfield en más de tres ocasiones11, y Riestra en una oportunidad12.

Los autores de habla francesa ocupan un segundo lugar en las preferencias de los convencionales porteños. Sarmiento citó a Guizot13 y Vélez Sársfield a Sieyés14. 1 Ídem, pp. 484, 504 y 512. 2 Ídem, p. 500. 3 RC60, pp. 140, 143 y 254. 4 Ídem, p. 143. 5 Ídem, p. 143 y 266. 6 Ídem, p. 157 y 326. 7 Ídem, p. 143 y 331. 8 Ídem, p. 389. 9 Ídem, pp. 157, 180, 227, 326, 387 y 389. 10 Ídem, pp. 170 y 292. 11 Ídem, pp. 227, 267-269 y 298. 12 Ídem, p. 300. 13 Ídem, p. 288. 14 Ídem, p. 142.

Robespierre es criticado duramente por Sarmiento1 y Rousseau es censurado tanto por Sarmiento como por Félix Frías2. Este último también censura a Proudhon, llamándole “doctor de la barbarie”3. Frías, que es quien manifiesta su mejor formación en la cultura francesa, introduce en tres ocasiones opiniones y juicios de Tocqueville4, a quien también se menciona en el Nº 8 de El Redactor5. El suizo Pellegrino Rossi es recordado en dos ocasiones por El Redactor6. Vélez Sársfield explica el por qué de esta escasa influencia de los franceses y los europeos, cuando informa sobre el criterio seguido por la Comisión Examinadora. En su extenso y erudito discurso, el cordobés criticó la tendencia de los constituyentes del 53 de recurrir a fuentes “doctrinarias europeas”, y se preguntó: “Pero, ¿qué saben los europeos de derecho federal, en qué libro europeo pueden los hombres de América aprender algún derecho constitucional?” Para Vélez hubo un gran sabio francés que dijo que el tercer estado era todo, pero que no era ninguna novedad “después de estar publicada la Constitución de los Estados Unidos”. Le parecía evidente que de los europeos nada podía aprenderse.

“Sin embargo, los autores de la Constitución de la Confederación –terminó Vélez- siguieron a estos falsos maestros, olvidando los experimentados principios y ejemplos de los Estados Unidos.”7

El panorama intelectual resulta definido a favor de los publicistas norteamericanos: la ideología de la república democrática federal estadounidense se impuso por completo en la convención de Buenos Aires. Y si con lo dicho no bastara, resulta muy importante comprobar la casi total ausencia de fuentes doctrinarias nacionales en los debates de la convención del 60. Alberdi, que había sido una de las musas de los santafesinos, no fue recordado para bien ni para mal. Se habló de los hombres del 53 en general para criticarlos por haberse apartado del modelo yankee, haciendo un balance negativo de su labor. Un sólo publicista argentino es citado y fue Sarmiento, para encender su vanidad, a propósito de la cuestión capital8.

1 Ídem, p. 156. 2 Ídem, pp. 156 y 317. 3 Ídem, p. 319. 4 Ídem, pp. 316, 318 y 320. 5 Ídem, p. 408. 6 Ídem, Nº 1 y 7, pp. 358 y 405. 7

Ídem, discurso del miembro informante, sesión del 25-IV-60, p. 142.

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IV- EL FEDERALISMO