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La función de producción y la escuela de Cambridge

2. ALGUNAS CONSECUENCIAS DE LA UTILIZACIÓN DEL CÁLCULO

1.3 La función de producción y la escuela de Cambridge

producción, ello no eximiría a la teoría neoclásica y al propio concepto de productividad marginal de otro tipo de críticas con mucho mayor contenido económico y con la que, consideramos, nuestro enfoque se halla relacionado en alguna medida. Nos referimos a crítica desarrollada en la universidad de Cambridge en relación con la teoría de la productividad marginal, ligada a la dificultad de medir la modificación en la cantidad de capital cuando el stock de bienes del mismo se altera, independientemente de las formas concretas en las que el capital se incorpora en cualquier momento, y que no permitirían atribuirle una productividad marginal propia. o la imposibilidad de especificar relaciones tecnológicas puras agregadas sin incluir de alguna forma a los precios (Robinson J. 1955). En relación a lo primero señala dicha autora “Al estudiante de teoría económica se le enseña a escribir x= f(L,K)...Se le alecciona a suponer que todos los trabajadores son iguales y a medir L en hombres-hora de trabajo; se le menciona la existencia de un problema de números índice en cuanto a la elección de una unidad de output; y luego se le apremia a pasar al problema siguiente, con la esperanza de que se olvidará preguntar en que unidades se mide K. Antes de que llegue a preguntárselo, ya será profesor y de este modo se van transmitiendo de generación en generación

Desde el mismo ámbito se critica la posibilidad de que las productividades marginales calculadas a partir de esa supuesta función de producción, sirvan para explicar el valor de los salarios y de los beneficios, así como las fracciones relativas del producto repartidas al trabajo y al capital (por ejemplo, Kaldor N. 1955-56). Las críticas anteriores están inmersas en la que posiblemente ha sido la polémica más importante entre economistas del siglo XX. Nos referimos a las capital controversies entre los dos Cambridge ( Inglaterra y Massachussets), que enfrentaron

a Joan Robinson y Paul Samuelson. Parece pertinente una breve descripción de sus aspectos más significativos, en la medida en que pueda existir alguna relación con las hipótesis de nuestro trabajo. En este sentido y desde el lado neoclásico Ferguson (1969), expone la controversia en los siguientes términos: “ El problema esencial puede plantearse en la siguiente forma. Si las funciones de producción son

uniformemente continuas y continuamente diferenciables en todo lugar, los resultados neoclásicos valen ( posiblemente en forma un tanto atenuados, si se toman en cuenta los bienes heterogéneos de capital ). Pero si no hay lugar para la sustitución de los factores, salvo al cambiar de un proceso de proporciones fijas a otro, lo cual implica la existencia de bienes heterogéneos de capital, no pueden tener vigencia las parábolas neoclásicas simples. ( Ferguson C. E. The Neoclassical

Theory of Production and Distribution, pág. 292-293 ed. en castellano).

J. Robinson (1954) y en parte también N Kaldor y R. Khan, abrieron la discusión atacando la concepción misma de la función neoclásica de producción, concentrando la crítica sobre el concepto de capital como factor de producción, y su medida, como hemos señalado más arriba. P. Sraffa en 1960 mostró que la medida del capital no es independiente de la distribución.

Un tema importante del debate fue el de tratar de esclarecer cuáles son las condiciones que podrían ser satisfechas para que los bienes de capital heterogéneos se puedan agregar en una única cantidad física, siendo relevantes a éste respecto las propuestas de Samuelson sobre la función de producción substituta o subrogada (1962), y la de Champernowne (1953-54) sobre la construcción de un índice en cadena como indicador o medida del capital. Las conclusiones alcanzadas ( ver también Fisher, 1971) se podrían resumir en que las condiciones que deben ser satisfechas, para la agregación de bienes de capital heterogéneos, son tan extraordinariamente restrictivas que excluirían, en la práctica, que una medida física agregada de los bienes capitales se pudiera construir. Sobre este asunto Garegnani (1970), muestra como una función de producción neoclásica de buen comportamiento descansa en supuestos y restricciones demasiado exigentes e irreales.

Otro aspecto relevante de la polémica es el relacionado con el retorno o reversión de las técnicas. Los críticos de Cambridge ( Inglaterra), argumentan que no es posible demostrar que una disminución del tipo de interés, necesariamente, vaya a alterar la ordenación de las técnicas disponibles según su rentabilidad en sentido unidireccional, de forma que se produzca un aumento de la intensidad de capital en la economía. Ello sería así a causa del retorno de las técnicas y su fenómeno asociado de reversión del capital ( relaciones capital-trabajo más bajas, en lugar de más altas, a medida que el tipo de interés baja), que podría producirse incluso bajo unas condiciones estrictamente neoclásicas de competencia perfecta, perfecta información, funciones de producción microeconómicas continuamente diferenciables y comportamiento maximizador. Se podría afirmar que el fenómeno del retorno de las técnicas destruye la coherencia lógica de la teoría neoclásica de la

En efecto, si no existe una relación estrictamente monótona entre las variaciones del tipo de interés y la relación capital-trabajo, se debe abandonar la idea de explicar el tipo de interés en términos de la escasez relativa del capital en la economía. Ello constituye, a fin de cuentas, la esencia de la teoría del interés basada en la productividad marginal, habría que abandonar la idea de formular la demanda de capital como función inversa del tipo de interés.

Sraffa (1960), Morishima (1964), Garegnani (1966), e incluso Samuelson (1966) con posterioridad a Robinson (1956), demostraron definitivamente que puede haber una reversión de técnicas. Constituirían un “hecho tecnológico” en el que puedan existir estructuras productivas, para las cuales no tiene vigencia la relación neoclásica, entre la esfera de la producción y el mercado. Más específicamente pueden darse proyectos productivos para los cuales no existe una correspondencia entre el coeficiente capital-trabajo y el cociente de interés-tasa de salarios. Si esto es así, no es cierto, por ejemplo, que la productividad se incremente de acuerdo con la tasa real de salarios, o que el producto nacional aumentase en la medida en que descienda el tipo de interés.

Samuelson sintetiza del siguiente modo la reflexión que le produce la irrupción del fenómeno de la reversión de las técnicas en el pensamiento neoclásico: “ el fenómeno del retorno...de la técnica...muestra la simple fábula narrada de Jevons, Böhm-Bawerk, Wicksell y otros escritores neoclásicos, y también que, a medida que la tasa de interés disminuye a consecuencia de abstinencia del consumo presente a favor del consumo futuro, la tecnología debe cambiar en cualquier sentido más indirecta, mas mecanizada, y más productiva, no puede ser válida universalmente....Resulta que no hay modo ambiguo de caracterizar diversos procesos productivos como más intensos en capital....Si todo esto causa dolores de cabeza a los nostálgicos de las viejas parábolas de la literatura neoclásica, deberíamos convencernos a nosotros mismos que los estudiosos no han nacido para

Aceptada la reversión de las técnicas de modo amplio, el debate se sitúa en relación a si son fenómenos extremadamente probables, como piensan los economistas de Cambridge - desarrollando teoremas analíticos que expresan las condiciones necesarias para que el retorno de las técnicas no pueda producirse, y concluyendo que tales condiciones son tan estrictas que difícilmente se producirán en el mundo real, hasta el punto de que, en realidad el retorno constituya la norma (Harcourt, 1972) - o si, por el contrario, son altamente improbables (Eltis, 1973); y sobre como medir la significación empírica de tal retorno en las economías reales. Mark Blaug, en su obra The Methodology of Economics (1980), señala que la conclusión principal de la controversia sobre el problema de la reversión, sería que la medición de la probabilidad del retorno, depende de la medida del grado de sustituibilidad de los factores en una economía real dada.

Además de la reflexión de Samuelson, citada mas arriba, consideramos interesante incluir, desde el lado neoclásico, la significativa opinión de Charles Ferguson expresada en su libro ya mencionado: “ La crítica que viene de Cambridge

muestra definitivamente, que puede haber estructuras de producción en las cuales las parábolas de Clark, pueden no valer. El meollo de la cuestión es que los economistas pueden ser incapaces de hacer cualesquiera afirmación relativa a la relación de producción con los insumos competitivos y los mercados de producto.

Creo que pueden hacerlo; pero esta es una expresión de fé..”( Ferguson C. E. 1969, pág. 308 ed. en castellano).

Thomas Kuhn (1962), ha enseñado que no es extraño en la historia de la ciencia obtener resultados que contradicen la teoría o paradigma dominante. La actitud más común en estos casos ( hasta que un nuevo y más satisfactorio paradigma sea encontrado), es simplemente ignorar los resultados anómalos. Seguramente es lo que

1.4. La función de producción discontinua. En el apartado 4.1 de este capítulo