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LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD Y LA VERDAD MEDIANTE EL LENGUAJE: REALIDAD DE LA EXISTENCIA Y

2.2 Acentos de realidad, dimensiones de lo verdadero y lenguaje, en Husserl y Schutz.

2.3.1 Funciones del lenguaje

El lenguaje, como facultad y recurso instrumental ancestral que le ha brindado al ser humano la habilidad para conocer epistemológicamente el mundo, le permite, además, comunicarse verbalmente. Como sistema estructural de pensamiento y comunicación es extremadamente riguroso en la convencionalización de signos fonéticos, fonológicos, morfológicos, sintácticos y semánticos, y es susceptible de ser extrapolado a otros sistemas menos rígidos de signos. La aplicación del término lenguaje en otras estructuras de significatividades no se hace en sentido metafórico, sino como desplazamiento de los actos intencionales, debido a que todos los contextos de sentido forman parte del dominio que tiene el ser humano, dotado de logos. Cualquier forma de manifestación comunicativa emplea el lenguaje haciendo propio un conglomerado de expresividades bajo una modalidad específica; sintaxis del relato audiovisual, símbolos musicales, semiótica de la moda, código Morse o señales de tránsito, por mencionar solo algunas. A estas

modalidades de expresividades derivadas también se les ha denominado lenguajes y, en algunos casos, discursos.

Las capas evolutivas del lenguaje en el avance de la humanidad desde sus orígenes, son análogas al desarrollo del lenguaje del ser humano desde su nacimiento y también son semejantes los procesos de evolución del uso del lenguaje en la transición de lo individual al cuerpo social: “Podría señalarse que los mismos procesos que son “filogenéticamente” operativos en la constitución social del lenguaje son también presupuestos, en una forma modificada, en la “ontogénesis verbal”, en la adquisición subjetiva del lenguaje. Dado que éste se halla implicado en el comienzo mismo de las primeras relaciones Nosotros y en los procesos de reflejo intersubjetivo que origina, el lenguaje se manifiesta al niño como un elemento de experiencia directa de los semejantes, como un elemento de la realidad social inmediatamente dada” (Schutz, 2009, p.241).

Aunque Karl Popper es un pensador que no transita por el territorio de la fenomenología o la hermenéutica, es válido incorporar uno de sus aportes por considerarle decisivo en el propósito de establecer una estructura categorial adecuada en relación con las funciones del lenguaje. En muchos aspectos, en esta categorización de Popper, se evidencian simpatías con las perspectivas mencionadas en este capítulo y, por eso, es preciso recuperar lo siguiente: Popper (1957) planteó que el lenguaje cumple cuatro funciones indispensables, de carácter progresivo en su complejidad; expresar y comunicar, como las dos lingüísticas inferiores, y describir y argumentar, como las dos lingüísticas superiores. En el primer nivel funcional, el de la expresión, las variantes de valor, que operan como indicadores, consisten en que el sujeto pueda revelar o no sus emociones. En la segunda función, la de comunicación, se evalúa el grado de eficiencia al comunicar su conocimiento. En el tercer nivel funcional, el de descripción (o función informativa), se valora la verdad o la falsedad de la proposición en relación con el estado de cosas del mundo, y en la cuarta función, la argumentación, se valora la validez o invalidez de la proposición. Este último nivel corresponde a la función superior del lenguaje que dominamos los seres humanos, pero, al igual que en la perspectiva de Cassirer, empleamos también el resto de las funciones para enfrentar los desafíos permanentes de la vida social cotidiana.

Otro autor al que quiero convocar, también proveniente de un territorio epistemológico distante pero, en lo esencial, muy afín, es Carl Gustav Jung. Desde la perspectiva del siconálisis, Jung (1964) contribuye significativamente al estudio del lenguaje y el pensamiento al proponer cuatro categorías funcionales de la conciencia: la percepción, el pensamiento, el sentimiento y la intuición: “Estos cuatro tipos funcionales corresponden a los medios evidentes por los cuales obtiene la conciencia su orientación hacia la experiencia. La percepción (es decir, la percepción sensorial) nos dice que algo existe; el pensamiento nos dice lo que es; el sentimiento nos dice si es agradable o no lo es, y la intuición nos dice de dónde viene y adónde va” (Jung, 1964, p.57). Jung concibe que dos de estas categorías son racionales y las otras dos irracionales. Pensamiento y sentimiento, son funciones racionales. El sentimiento, en forma similar al pensamiento, es una construcción de un juicio de valor que se realiza con base en la emoción. La percepción y la intuición, en cambio, son funciones irracionales, no voluntarias y por lo tanto, no resultantes de actos de

conciencia. Las funciones simbólicas del pensamiento y el sentimiento, elevan las experiencias al nivel de lo epistémico y lo estético, respectivamente, mientras que la experiencia perceptiva se quedaría en el nivel fenomenológico descriptivo. Este ascenso escalonado que conecta la actividad del conocer ontológico con la del saber epistemológico puede relacionarse fluidamente con las funciones del lenguaje planteadas por Popper y Cassirer. En el plano del sistema “efector” del sujeto, cumplimos las funciones del lenguaje: expresar, comunicar, describir y argumentar. Así pues, la expresión correspondería a la experiencia estética, la comunicación a la experiencia epistemológica de intersubjetividad, la descripción a la experiencia epistemológica concreta que se vincula con la realidad óntica del mundo y la argumentación a la experiencia epistemológica más abstracta que se vincula con la realidad simbólica del ser humano.

Recogiendo algunos puntos claves de lo expuesto en esta sección se puede concluir que: no por estar facultado con la función argumentativa del lenguaje (nivel superior en la escala de Popper), el ser humano intenta despreciar las demás funciones (expresivas, comunicativas y descriptivas), pues éstas le permiten conocer el mundo de diversas maneras y contribuyen a ampliar el espectro de posibilidades para expresarse verbal y no verbalmente. El conocimiento directo de la realidad es un proceso de actos no coscientes del sujeto en el cual participan, principalmente, las sensaciones y las emociones. Este nivel primario es propio del lenguaje emotivo, pero como el ser social está dotado de logos, tales impresiones directas de la realidad también son filtradas por el lenguaje proposicional, haciendo que muchas funciones perceptivas, intuitivas y emotivas se procesen conceptualmente de manera inconciente. Esta compleja habilidad que proporciona el lenguaje le impide al sujeto interactuar con la realidad tan solo de manera práctica y responder estrictamente a necesidades biológicas, porque su respuesta es retardada por el pensamiento. El sistema “efector” del hombre, basado en el lenguaje proposicional, simbólico o conceptual, hace que la realidad física parezca retroceder en la misma medida en que avanza su actividad simbólica. De ahí, la imperiosa necesidad del sujeto por trascender sus experiencias en el mundo de la vida pues, como lo expresó Husserl, todo intento por reflexionar la vivencia, ya es un acto trascendental.

CAPÍTULO 3

FENOMENOLOGÍA DE LA REPRESENTACIÓN EN LA EXPERIENCIA DEL