EN EL PROCESO TERAPÉUTICO
1. Funciones yoicas
Este concepto abarca un conjunto en el cual es necesario por las razones precedentes hacer diferenciaciones jerárquicas en tres órde- nes de funciones.
A. Funciones yoicas básicas, dirigidas al mundo exterior, a los otros y a aspectos de sí mismo: percepción, atención, memoria, pensamien- to, anticipación (planificación o programación de la acción), explora- ción (actividades de tanteo y rodeo), ejecución, control (regulación) y coordinación de la acción. Estas funciones aparecen dotadas de un cierto potencial de autonomía primaria (6) (actúan con eficacia dentro de un cierto margen de condiciones, a pesar de la acción contraria de fuerzas que tienden a lo largo del desarrollo y en cada corte transversal del comportamiento, a debilitarlas o interferirías). Este potencial de acción “libre de conflictos” es relativo, reversible, móvil en cuanto a su amplitud, pero constatable en base a la capacidad de ajuste de la conducta evaluada en sus matices más finos (plasticidad, corrección por retroalimentaciones).
2 Hemos discutido exhaustivamente las funciones del yo en un grupo de estudios
a mi cargo (1971-72) integrado por las psicólogas Licenciadas Eva Cozzetti, Nilda Guerschman, Celia Mauri, Julia Redondo, Edith Vivona e Inés Youkowsky. Varios de los criterios postulados en este capítulo son resultado de esa tarea de elaboración grupal.
3 La ausencia de tales distinciones hace que listados como los de Bellak (2),
asentados a su vez en los de Hartmann, resulten confusos: no se pueden colocar en un mismo nivel (lo que va implícito en enunciarlos unos a continuación de otros) “control de impulsos”, “pensamiento” y “sentido de realidad”, ya que son a menudo facetas de un solo acto unitario de comportamiento basado en la regulación yoica.
B. Funciones defensivas, dirigidas a neutralizar ansiedades median- te diversas modalidades de manejo de conflictos creados entre condi- ciones de realidad, impulsos y prohibiciones. Estas funciones defen- sivas (disociación, negación, evitaciones) no pueden colocarse al lado de las que hemos llamado básicas, ya que son funciones de otro orden, actúan simultáneamente con aquéllas, las cabalgan y por ello, a menudo, las interfieren en sus otros fines de ajuste. La represión actúa no sólo sobre afectos e impulsos, sino a la vez, y en base a afectar percepciones, recuerdos, pensamientos y ejecuciones motoras. A su vez aquellas funciones básicas, su fuerza y disponibilidad constitu- cionales influyen sobre la configuración del repertorio defensivo. Hartmann (5) destaca así este interjuego:
Hasta ahora hemos tratado en psicoanálisis principalmente con la intervención del conflicto en su desarrollo (se refiere a los factores autónomos^., pero es de considerable interés no sólo para la psicología del desarrollo sino igualmente para los problemas clínicos, estudiar también la influencia inversa, es decir la influencia que la inteligencia de determinado niño, su equipo motor y perceptivo, sus dotes especia- les y el desarrollo que todos estos factores tienen en el tiempo, en la intensidad y en el modo de expresión de esos conflictos. /
Las relaciones entre aquellas funciones básicas (dotadas de autono- mía primaria) y las defensivas se nos presentan como las de dos subsistemas de distinto nivel, enraizados, que intercambian influen- cias (tal intercambio explicaría, por ejemplo, que el ejercicio de una actividad -terapia ocupacional- logre por el reforzamiento de las funciones perceptivas, de la planificación y ejecución motora, contri- buir a modificaciones en la fuerza y nivel de las defensas, hecho que la clínica verifica con frecuencia).
C. Funciones integradoras, sintéticas u organizadoras. Se trata de funciones de tercer orden, es decir que constituyen un estrato funcional superpuesto jerárquicamente a los anteriores. Permiten mantener, en el seno de una enorme variedad de conductas, una cohesión, una organización, un predominio de los sinergismos sobre los antagonismos funcionales. La fuerza de estas funciones integra- doras se pone a prueba particularmente cuando frente a cambios en la situación debe el sujeto reorganizar sus relaciones con el mundo, a través de una movilización selectiva de nuevas funciones de adaptación. Se revelan asimismo en la posibilidad de coordinar metas “racionalmente elegidas” con otras necesidades arraigadas en la zona irracional de los impulsos. La síntesis consiste, por ejemplo,
en articular eficazmente el contacto con el propio deseo y el control racional sobre las condiciones reales de satisfacción del deseo.
Algunas de estas funciones de síntesis pueden, entiendo, vincular- se con lo que desde un enfoque existencial se ha llamado (Sartre) (11) “tendencia constante del sujeto a una totalización de sí mismo, a realizar la unidad en la multiplicidad de determinaciones que lo constituyen”. Tal coincidencia es visible cuando desde el enfoque psicoanalítico se las menciona como “actividades de completamiento, de cierre gestáltico de sí” (10).
Estas funciones operan constantemente tendiendo a un centra- miento de la persona. Conectarse con este nivel del funcionamiento yoico significa colocarse, el terapeuta, en la perspectiva que puede lograrse desde adentro de este esfuerzo de centramiento y recentra- miento personal constante (en lucha contra todo lo que tiende a disociar y a desorganizar). Es atender a la presencia más o menos exitosa, pero constante, de un proyecto de totalización de sí mismo, en función del cual una de las perspectivas, entre otras varias, necesariamente debe ser la de las síntesis (aspectos que aparecen diluidos en ciertos desarrollos corrientes, centrados en una búsqueda “analítica” que hipertrofia los momentos de fragmentación, el estudio por partes, del sujeto).
La presencia de estas funciones de síntesis se expresa también en un nivel de intencionalidad, en el cual se busca establecer conexiones eficientes entre el pensamiento racional y otras zonas de la experien- cia. El trabajo en psicoterapia dirigido a reforzar funciones yoicas debe partir de respetar los efectos exitosos de estas funciones (ejem- plo: hacer explícitos los logros objetivantes del pensamiento mani- fiesto en sus mensajes intencionales) así como señalar sus fracasos y explorar los motivos de esos fracasos. Esto significa un terapeuta atento a un doble frente constante: el de los mensajes “latentes” y el de los mensajes manifiestos e intencionales del paciente, de los cuales hacer caso omiso sería desconocer toda un área de rendimientos yoicos.4
4 Este punto requiere ser subrayado frente a los equívocos que suscitan ciertas
reglas técnicas del psicoanálisis kleiniano, donde sobre la premisa de que “todo acontecimiento en el campo debe ser al mismo tiempo otra cosa” (Baranger), se pasa al método de “hacer el analista caso omiso del mensaje intencional del paciente, captando en cambio otro distinto” (9). Esto es totalmente antagónico con la atención que las psicoterapias deben prestar, entre otros niveles, al del rendimiento yoico. Por la simplificación que se propone en aquella regla, de las relaciones entre mensaje intencional y mensaje latente, es dudoso además que la misma tenga validez incluso en el trabajo psicoanalítico.