V. RECOMENDACIONES Y/O PROPUESTA
5.2. Propuesta
5.2.1. Fundamentación
La resistencia a los antimicrobianos y a los betalactámicos plantea un desafío crítico y creciente en el tratamiento de infecciones adquiridas en la comunidad y a nivel hospitalario. La organización Mundial de Salud (OMS) ha listado a los patógenos prioritarios para los cuales es necesario la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos. Con prioridad 1 y estatus crítico, se encuentran Acinetobacter baumannii, resistente a los carbapenémicos, Pseudomonas aeruginosa, resistente a los carbapenémicos y Enterobacteriaceae (incluidas Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae), resistentes a los carbapenémicos, productoras de BLEE. El Centro para el Control de Enfermedades (CDC) considera a las enterobacterias productoras de β-lactamasas de espectro extendido (BLEE) como una de las mayores amenazas para la salud pública. La etiología de los casos resistentes reside en gran medida en las enterobacterias gramnegativas, que producen y diseminan enzimas codificadas por plásmidos capaces de hidrolizar antibióticos
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β-lactámicos que van desde los primeros (penicilinas) hasta los más actuales (cefalosporinas, carbapenems).
El tratamiento antibiótico incorrecto no solo conduce a malos resultados para el paciente, sino que también ejerce una presión selectiva sobre el patógeno, impulsando el avance de las resistencias a los antimicrobianos. Las β-lactamasas de espectro extendido (BLEE), son enzimas que destruyen cefalosporinas con una cadena lateral de oxiimino (cefotaxima, ceftriaxona y ceftazidima), así como la aztreonam oximino-monobactam. Por lo tanto, los BLEE confieren resistencia a estos antibióticos y a las lactamas de oxiimino-b relacionadas.
El uso frecuente de antibióticos en humanos y animales ha causado una mayor resistencia en las bacterias Gram negativas en la actualidad. Se ha informado un incremento de la resistencia en las enterobacterias a los antibióticos comúnmente utilizados en el tratamiento de infecciones del tracto urinario (ITU) como trimetoprim-sulfametoxazol, fluoroquinolonas y otros antibióticos estándar. También se ha identifica un tipo de resistencia bacteriana asociada a la producción de BLEE. Inicialmente, estas bacterias resistentes se aislaron de pacientes hospitalizados o que recibieron antibióticos durante su tratamiento, sin embargo, se ha observado un número creciente de personas con infecciones a causa de bacterias resistentes adquiridas a nivel comunitario. Estos pacientes eran principalmente adultos y sus infecciones con organismos productores de BLEE se asociaron con una mayor morbilidad y mortalidad. Las bacterias más comunes asociadas con infecciones positivas para BLEE adquiridas en la comunidad son Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, y a nivel hospitalario Pseudomonas aeruginosa. El CDC ha identificado Pseudomonas aeruginosa resistente a múltiples fármacos (MDR) como una amenaza grave, y el tratamiento de tales aislados a menudo requiere el uso de medicamentos con toxicidades significativas. La resistencia a los antimicrobianos es una amenaza importante para la salud y el desarrollo humano, que afecta nuestra capacidad para tratar una variedad de infecciones. Los tratamientos para un número creciente de infecciones se han vuelto menos efectivos en muchas partes del mundo debido a la resistencia. El vínculo entre la resistencia antimicrobiana y el uso de antimicrobianos está bien documentado. La OMS validad la utilización de plantas medicinales como parte la medicina tradicional, pues consideran que permitirá resolver un creciente
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número de problemas urgentes dela salud pública como la resistencia bacteriana en las regiones en donde los medios económicos y financieros distan mucho de ser suficientes para cubrir este tipo de necesidades vitales de la población. La fitoterapia se fundamenta en la utilización terapéutica de los vegetales considerados medicinales como reemplazo de los fármacos sintéticos tradicionales o como coadyuvante de éstos. Diversos productos se obtienen a partir de las plantas, por ejemplo, se utilizan sus extractos obtenido a través de diversos métodos, sus aceites esenciales y sus principios activos con la finalidad de restablecer o mejorar la salud integral de los individuos. Para la OMS, los fitofármacos incluyen todos los productos derivados de las plantas medicinales y la combinación de éstos y cuyo uso esté bien referenciado y se le reconozca su eficacia e inocuidad. El conocimiento de la etnobotánica y de la fitoterapia se remonta a la época pre-inca e inca donde nuestros antepasados utilizaban las plantas para mitigar los síntomas y curar diversas patologías. Los fitofármacos son muy valorados por algunos sectores de la población peruana debido a su bajo costo, disponibilidad, reducida toxicidad en comparación a los fármacos obtenidos mediante síntesis química. Es bien sabido que las plantas medicinales y los fármacos sintéticos son dos cosas muy diferentes, sin embargo, los reportes de una investigación realizada por el Instituto Nacional de Cáncer en Estados Unidos, estableció que el 67% de los medicamentos sintéticos se originan en mayor o menor medida de los recursos naturales y cerca del 25% de estos tienen su génesis en las plantas consideradas medicinales.
Actualmente se incrementado el interés en la medicina complementaria también denominada medicina tradicional y que abarca a la fitomedicina. Basta con visualizar todas las investigaciones publicadas en revistas prestigiosas en todos los continentes. A pesar del auge científico que viene mostrando la fitomedicina aún existe escaso uso de fármacos íntegramente de origen herbal. Los sistemas de salud de los países en vías en desarrollo aún aplican políticas de salud recuperativa y no preventiva. Los tratamientos a todo nivel se fundamentan en la utilización de antibioticoterapia. En el caso de los pobladores de bajos recursos, el acceso a la terapia farmacológica aún es limitada y restringida por diversas circunstancias, como la falta de disponibilidad de una farmacia, los altos costos de los medicamentos, aspectos de tipo cultural, complicado acceso a los servicios de
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salud, y otros, lo que los obliga a optar constantemente por las plantas medicinales que están a su alcance. Teniendo en cuenta también, las experiencias ancestrales trasmitidas de generación en generación, la accesibilidad a los recursos vegetales, los mínimos costos, convierten a la fitomedicina en la principal alternativa para la atención primaria de su salud, realidad que ha permitido que estas costumbres y prácticas persistan aun en la actualidad. Es probable que los microorganismos sean sensibles a los productos totales de las plantas medicinales por la gran diversidad de biomoléculas que sintetizan y la capacidad de estos de tener actividad multisitio sobre la bacteria evitando también el desarrollo de resistencia.
Argemone mexicana L. (cardo santo) es una planta exótica indígena en América del Sur, pero tiene distribución generalizada en muchos países tropicales y subtropicales. A. mexicana es ampliamente utilizada como planta medicinal. Se considera un analgésico, diurético, colagogo y antiinflamatorio. El aceite de semilla se usa como purgante y como pomada. Tanto el aceite de semilla como las infusiones de hojas se beben para aliviar la tos. Las decocciones de raíces y hojas se aplican a la piel para curar el edema, la inflamación, el dolor muscular, las úlceras, y para eliminar las verrugas, matar el gusano de Guinea y promover la cicatrización de heridas. Una decocción de raíz se usa como enjuague bucal y baño ocular para tratar infecciones. La savia de la hoja se usa como gotas para los oídos para curar la inflamación del oído. Las flores, las hojas y las semillas se usan en bebidas alcohólicas y no alcohólicas por sus propiedades psicoactivas.
A. mexicana contiene numerosos alcaloides de isoquinolina del tipo de protoberberina y tipos relacionados, incluida la sanguinarina. El alcaloide 6- acetonildihidroqueleritrina se ha aislado recientemente de extractos de plantas enteras y se encontró que tiene una actividad anti-VIH significativa. Los alcaloides berberina, protopina, clorhidrato de protopina, sanguinarina y dihidrosanguinarina se han aislado de las semillas. La protopina se considera un narcótico y reduce significativamente los efectos de abstinencia de la morfina. La protopina y la sanguinarina mostraron propiedades molusquicidas. La fracción alcaloide de las raíces mostró actividad antiinflamatoria en conejos y ratas. Los extractos de hojas mostraron actividad antiplasmodial in vitro. Otros efectos farmacológicos de los extractos incluyen actividades espasmolíticas, antimicóticas, antiprotozoarias y antibacterianas. La actividad antibacteriana se ha
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evaluado in vitro contra bacterias gram positivas y negativas no resistentes a los antibióticos y está relacionada a sus concentraciones de fenoles y taninos.
Los resultados de la presente investigación permitieron corroborar la capacidad antibacteriana de diferentes concentraciones del extracto hidroalcohólico de A. mexicana L. (cardo santo) sobre cepas de Pseudomonas aeruginosa, Klebsiella pneumoniae y Escherichia coli productoras de betalactamasa de espectro extendido a fin de crear las bases conjuntamente con otras investigaciones a fin de que pueda ser considerada una alternativa para contrarrestar la problemática de la resistencia bacteriana que pone en riesgo la salud pública mundial.