CAPITULO 2: MARCO CONCEPTUAL Y TEÓRICO
2.3 LA TEORÍA DE LAS REPRESENTACIONES SOCIALES: UN ENFOQUE HOLÍSTICO
2.3.2 Fundamentos de la teoría de las representaciones sociales
La publicación de la tesis doctoral de Serge Moscovici (en 1961) marca un hito dentro del desarrollo teórico de las representaciones sociales. De acuerdo a Araya (2002), en su obra El psicoanálisis, su imagen y su público, Moscovici utiliza la noción de representaciones sociales (RS) para elaborar una explicación de la transformación moderna del sentido común.
Según Moscovici (1961), la representación social es:
“… una modalidad particular del conocimiento, cuya función es la elaboración de los comportamientos y la comunicación entre los individuos. La representación es un corpus organizado de conocimientos24 y una de las actividades psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una relación cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación” (Moscovici, 1961).
Las RS se refieren a un tipo específico de conocimiento, jugando un papel crucial sobre el cómo la gente piensa y organiza su vida cotidiana (Moñivas, 1993). Este conocimiento específico se relaciona con el conocimiento implícito en el sentido común, ya sea en la manera de percibir, razonar y actuar (Araya, 2002). De ahí que las RS constituyen sistemas cognitivos en los que es posible reconocer la presencia de estereotipos, opiniones, creencias, valores y normas que suelen tener una orientación desde una actitud de carácter positiva o negativa.
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En este sentido, el estudio de los facilitadores de la creación de conocimiento organizacional realizado en el marco de esta tesis doctoral encuentra en las RS el espacio teórico y conceptual de base, a partir del cual se construye el aporte de la misma. Como se ha mencionado anteriormente, esto se debe a que los facilitadores
no sólo actúan como sistemas cognitivos, sino que constituyen también un sistema de códigos, valores, lógicas clasificatorias, principios interpretativos y orientadores de las prácticas que definen la consciencia colectiva.
De hecho, Robert Farr (1986), sumándose a la definición de Moscovici, agrega que en una perspectiva esquemática, las representaciones sociales aparecen cuando los individuos debaten temas de interés mutuo. Por lo tanto, dado su carácter compartido, su génesis en la interacción y sus funciones, las representaciones son necesariamente sociales. Al respecto, Jodelet (1984) advierte que lo social interviene de diversas maneras:
“por el contexto concreto en el cual están situadas personas y grupos, por la comunicación que se establece entre ellos, por los cuadros de aprehensión que les proporciona su bagaje cultural; por los códigos, valores e ideologías ligados a las posiciones o pertenencias sociales específicas”25.
Banchs (1982), por su parte, sostiene que se debe distinguir el contenido y el proceso de las representaciones sociales. El contenido es, según este autor, una forma particular de conocimiento; mientras que el proceso es una estrategia de adquisición y comunicación del mismo conocimiento. Banchs (1982) explica:
“Tanto el construccionismo como la Teoría de las
Representaciones Sociales comparten presupuestos
epistemológicos y ontológicos, tales como el rechazo de la
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racionalidad positivista, el giro hermenéutico, la dimensión construida de los hechos sociales, la naturaleza social del conocimiento científico, el reconocimiento de la naturaleza simbólica e histórica de la realidad social, la importancia del concepto y fenómeno de la reflexividad, la naturaleza relacional de los fenómenos sociales” (Banchs, 1982).
En la misma línea de observaciones, Markova (2000) argumenta que la epistemología que orienta la Teoría de las Representaciones Sociales es dialógica, toda vez que las representaciones forman y son parte misma del conocimiento que puede albergar el ser humano. Las RS son dialógicas porque actúan en el colectivo como parte del tejido del lenguaje, a través del cual las personas conectan sus significados y ponen en común las realidades que pueden compartir, protegiendo las diferencias que los hacen únicos.
No obstante, aún cuando las representaciones implican significados compartidos como expresiones de consensos grupales, también admiten matices en el grado de consenso (Rose et al. 1995). Al respecto, las formulaciones de Moscovici (1988), de Doise (1991) y de Abric (1993) convergen en el reconocimiento de formas diferenciadas de una misma representación social; siendo una de las principales la dinámica de las RS basadas en la diversidad. En este caso particular, la representación social asume una configuración en la cual los conceptos e imágenes que la constituyen pueden coexistir sin uniformidad, en un contexto de incertidumbre. Según Moscovici (1988), en este contexto, habitan malentendidos que son tolerados para que la discusión se mantenga y para que los pensamientos circulen en un espacio interactivo.
Una representación social podría entonces caracterizarse de manera primaria, como una forma de llegar a conocer (lo conocible) por parte de un
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individuo y un grupo, en un contexto socio-histórico determinado, y en donde lo social es la condición sine qua non. Esta es una de las características esenciales en la problemática abordada en esta tesis, porque sostiene la conceptualización de la creación de conocimiento organizacional como una construcción social. Al entenderse como una forma particular de conocimiento, los constituyentes de las RS son aquellos contenidos incorporados desde la información, las actividades, las imágenes, el lenguaje y las opiniones que logran la producción de un significado social alrededor de objetos y procesos sociales.
Estos a su vez, constituyen el marco de la realidad de los individuos y de los grupos. En otras palabras, las RS son también manifestaciones del pensamiento práctico, orientado desde la comunicación interactiva de los individuos y entre individuos organizados socialmente, logrando así la capacidad de comprensión y dominio del entorno social específico en el cual interactúan unos con otros.
En síntesis, las principales características comunes que se desprenden de los trabajos empíricos de los diversos autores mencionados hasta aquí, convergen en que las RS:
1) son el producto sociocultural, con estructuras significantes que reflejan las particularidades de los grupos en los cuales éstas se forman.
2) son una expresión del pensamiento natural con carácter específico e irreductible.
3) son un pensamiento constituido, al intervenir en el desempeño de la vida social de individuos.
4) son constitutivas de la realidad social de grupos humanos, aportándoles sentido para operar socialmente.
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5) no existen en abstracto ni fuera de un contexto social.
6) trabajan con códigos de comunicación compartidos permitiendo definir fronteras ideológicas de grupos sociales, lo que indica que son generadas colectivamente y, socialmente, aportan a la formación de conductas.
7) tienen un alcance pragmático y funcional.
Además, la naturaleza dinámica de las RS hace que estas formen categorías complejas y heterogéneas. Desde éstas, los individuos y grupos hacen “anclaje” de posiciones con respecto a situaciones o fenómenos que les afectan, directa o indirectamente, dentro del grupo y su relación con los demás. Esta misma naturaleza dinámica les otorga características de polimorfismo, que les permite recoger e integrar conceptos, actitudes, ideologías, percepciones y procesos socio-cognitivos constitutivos de su contenido (Di Giacomo, 1981).
Al aproximarse al contenido de una representación social y a su operacionalización se advierten tres dimensiones interdependientes (Farr, 1986; Doise, 1991; Jodelet, 2003). Tal como se mencionó en el capítulo precedente, éstas son la información, la actitud y el campo de representación o imagen. La información, en particular, requiere la evaluación de su distribución, generalmente, dispersa y circulante en el contexto social. Y de estas dimensiones interdependientes referenciadas se generan los constituyentes de una representación social, a saber, la objetivacióny elanclaje.
De acuerdo a Moscovici (1961), una de las facultades más misteriosas del proceso del pensamiento humano y del lenguaje es la habilidad de materializar entidades abstractas que estos le proveen a cada individuo. Según este autor, ese poder reside en la habilidad del ser humano para cambiar representaciones, o
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dicho de otra forma, para objetivar la representación. En la objetivación median imágenes y metáforas (Moscovici, 1988). Objetivar significa, entre otras cosas, descubrir los aspectos icónicos de una idea; o sea, unir el concepto con la imagen26. La objetivación busca cumplir con una función que le permite a cada
individuo explicar su relación con los demás, y esto, mediante códigos compartidos en términos de una realidad social específica. Junto con el anclaje, la objetivación forma un marco de conducta del individuo en su marco de referencia social. Al objetivar se hace concreto lo abstracto, implicando la existencia de procesos internos y externos de transformación al interior de las representaciones. De acuerdo a Moscovici (1988), los procesos externos se resumen en la personificación, la figuración y la ontización.
La personificación es aquel proceso en donde las ideas y las teorías se asocian con una persona que las representa. La figuración es aquel proceso que está relacionado con la sustitución o con la superposición de imágenes a los conceptos; como una especie de metáfora27. Y la ontización es aquel proceso en
donde el contenido de la ciencia pasa al sentido común, haciendo uso de las lógicas o empíreas.
El anclaje, por su parte, implica categorizar y etiquetar como método para establecer relaciones entre categorías y etiquetas (Moscovici, 1981). Categorizar elementos del mundo real, suscrito a un grupo social, es equivalente a elegir un prototipo almacenado en la memoria humana y establecer con él una relación positiva o negativa. Al hacer esto, se le otorga funcionalidad y
26 Por ejemplo, comparando una iglesia con la casa de Dios.
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significación social a las RS, facilitando un rol que arbitra o regula las interacciones grupales.
El anclaje, entendido como clasificar y etiquetar, es una función del pensamiento desde donde el sujeto hace uso de su capacidad cognitiva y lingüística para poner nombre a las cosas o personas. Al respecto, Moñivas (1993) argumenta que se producen tres efectos: (1) el objeto o la persona pueden ser descritas y se les puede imputar intenciones y cualidades; (2) se pueden producir distinciones entre objetos o personas a través de sus atributos; y (3) el sujeto puede ser introducido en una convicción que generalmente es compartida por otros.
Según Moscovici (1988), el anclaje es un proceso de instrumentación del saber social que actúa como un marco de referencia en la interpretación de la realidad. Esta interpretación actúa como una función de intermediación, entre el individuo y su entorno, el individuo y su grupo. En otras palabras, la intermediación se ve reflejada cuando el individuo convierte las transformaciones en códigos compartidos que le permiten actuar al interior del grupo en el cual se encuentra ubicado, operando la capacidad de abstracción tanto del lenguaje como del pensamiento.
Con respecto a los procesos internos, las representaciones asumen el papel de la teoría. Para ser caracterizadas como tales, se requiere que éstas satisfagan las tres funciones de una teoría: describir, clasificar y explicar. Por consiguiente, las representaciones sociales sintetizan las explicaciones que los individuos utilizan para conocer la realidad, mediada por la comunicación y el pensamiento social.
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En síntesis, las RS pueden ser conceptualizadas como un punto intermedio, entre la imagen y el concepto, considerando que en la imagen puede integrarse información figurativa, información lingüística e información valorativa. Según Jodelet (1984), en la imagen puede albergarse más que la imagen misma.
Y de acuerdo a Moscovici (1988), las representaciones sociales son una forma específica de comprender y comunicar lo que ya se sabe sobre los conceptos; los cuales tienen como objetivo producir la abstracción de significados de la cotidianeidad, en donde la representación es una función de la imagen y su significado. De esta manera, la representación social cristaliza el proceso a través del cual se produce equivalencia entre el concepto y la percepción.