El inicio en el delito ha sido un tema relevante de estudiar en criminología. La importancia de la edad de inicio en el delito ha sido abordada por un gran número de investigación, y entre las conclusiones más contundentes se encuentra el hecho de que una edad de inicio temprana predice trayectorias delictuales más intensas, crónicas, violentas y versátiles (Moffit, 1993; Piquero, Farrington, & Blumstein, 2007). Este hecho se encuentra ampliamente documentado, sin embargo el mecanismo que esta tras esta relación ha encontrado diversas explicaciones.
La importancia de la edad de inicio como predictor de trayectorias más intensas tendría dos fuentes de explicación, que pueden ser complementarias, pero que difieren radicalmente en la concepción del delito. Por un lado, existe un enfoque que se centra en la heterogeneidad entre individuos, basado en la taxonomía del desarrollo planteada por Moffit (1993) en donde la edad de inicio temprana reflejaría la presencia de un síndrome de comportamiento antisocial generalizado, que es una característica estable de algunos individuos. Desde este punto de vista la asociación inversa y entre edad de inicio y persistencia en el delito no sería causal y solo reflejaría diferencias entre individuos que aparecen temprano en la vida (Nagin & Farrington, 1992). Una segunda interpretación postula que la relación entre edad de inicio y persistencia en el delito sería causal, ya que la edad de inicio temprana contribuye a la acumulación de desventajas y funciona como puerta de entrada a otras conductas, a asociación con pares desviados e involucramiento en actividades no convencionales (Nagin & Farrington,
1992). Farrington et al. (1992) argumenta que ambos puntos de vista pueden ser complementarios, la edad de inicio temprana en el delito puede ser reflejo de diferencias estables entre individuos, pero además tiene un efecto en el desarrollo de trayectorias que pueden ser revertidas o varían en sus causas en distintos momentos del tiempo.
La importancia de la droga como un factor que contribuye a la iniciación en el delito puede ser interpretada desde estos dos puntos de vista. Por un lado, el consumo de drogas puede representar una expresión más de una propensión hacia actividades desviadas, y por ende, su relación con la iniciación en el delito sería espuria y no causal. Y por otro lado, el inicio temprano en drogas puede entenderse como un factor de riesgo que funciona como puerta de entrada para la actividad delictual, en la medida que contribuye a la acumulación de desventajas para el desarrollo de comportamientos conformistas. Zhang, Wieczorek, & Welte (1997) extienden la teoría de la puerta de entrada del consumo de drogas propuesta por Kandel (2002) al delito. Señalan que el uso temprano de drogas aumenta la probabilidad de comenzar una trayectoria de consumo y a la vez, aumentar las probabilidades de delinquir en el futuro. El consumo de drogas tendría varias consecuencias negativas entre los jóvenes, como el aumento de la rebeldía y la mayor dificultad para desarrollar relaciones sociales convencionales. La secuencia de iniciación que los autores proponen va desde un inicio temprano en el uso de drogas, hacia la participación en delitos menores y asociación con pares desviados, lo que llevaría posteriormente a un involucramiento delictual más activo. Los autores constatan con evidencia empírica que el inicio temprano en drogas es el predictor importante del inicio en actividades desviadas y asociación con pares delincuentes lo que llevaría a un posterior inicio en el delito. De esta manera, el inicio temprano en drogas podría ser una causa (aunque mediada en parte por otras variables como asociación con pares) del inicio temprano en delito. Así, el inicio en drogas puede ser visto como una causa del inicio en el delito, y no sólo como una expresión más de características de los individuos.
A pesar de que el consumo de drogas puede ser entendido como un factor de riesgo para el inicio en el delito, existe poca evidencia de que la secuencia más común de iniciación entre drogas y delito tenga al consumo de droga como antecesor de la conducta delictual. Pudney (2003) en un estudio con población infractora de Gran Bretaña señala que la secuencia de inicio más común va desde el ausentismo escolar hacia la iniciación en delitos menores y que el consumo de drogas ocurre posteriormente. Sólo una pequeña porción de la población observada por el autor daba inicio al consumo de drogas antes de la delincuencia (12%). Prichard & Payne (2005) en un estudio en población infractora juvenil australiana encontraron que el porcentaje de la población que daba inicio al consumo de drogas antes de la actividad delictual se encontraba entre un cuarto y un tercio de los infractores. Alrededor de la mitad daba inicio al consumo de drogas de manera posterior a la iniciación delictual. De esta manera, el porcentaje de población infractora donde la hipótesis de que la droga lleva al inicio en el delito es reducida. En Chile existe evidencia respecto de la incidencia del consumo de drogas en la iniciación delictual. En un estudio cuantitativo sobre población infractora Daza (2009) señala que es posible observar una secuencia donde el uso de alcohol y marihuana preceden la iniciación delictual, mientras que el uso de drogas más fuertes (como cocaína y pasta base) comenzaría más tarde.
Estudios que ahonden en las características distintivas de las formas de inicio de jóvenes que se inician antes en drogas o viceversa también son limitados. Si bien esta estudiado que existen secuencias comunes desde delitos menores y no violentos hacia delitos más graves, no se ha establecido si el consumo de drogas previo al delito contribuye a hacer menos probable esta progresión. Entre la evidencia encontrada a este respecto, Prichard & Payne (2005) señalan que los infractores violentos tienden a tener un inicio más temprano en drogas que quienes se dedican solo a crímenes contra la propiedad y Mazerolle, Piquero, & Brame (2010) señalan que quienes se inician más tarde en el delito tienen mayores probabilidades de iniciarse en delitos más violentos.