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(fx 1) Reverendo Padre José Joaquín Izquierdo:

Sección II. Cartas de Ana Josefa García de acuerdo al AGN

Carta 60 (fx 1) Reverendo Padre José Joaquín Izquierdo:

Amantísimo Padrecito de mi mayor aprecio. Recibí sus 3 apreciables, celebrando por ellas su buena salud, la que celebraré infinito se mantenga sin la menor lesión, la mía está algo quebrantada,

porque cuanto me cae al estómago todo se me agria al instante, a esto acompaña dolor de cabeza y garganta, y poca o ninguna apetencia a la comida, algunos vahídos y sobre todo una melancolía inexplicable.

No tengo momento de alivio en mi acerbo dolor, el cual va en aumento. No sé qué me haga, el juicio pierdo, pero qué ha de tener una infeliz, qué ha de tener una desdichada, qué he de tener la que está fuera de su centro, qué ha de tener la que no tiene corazón y vida, más que para penar, llorar y sentir.

Ay de mí, padrecito de mi vida, ay de mí, padrecito de toda mi alma, cómo he de vivir yo sin Vuestra Reverencia. No puede ser, no. Allá tiene mi alma, vida y corazón, todo es suyo. Siglos enteros se me hacen los días y con especialidad las tardes, de que dan las 3 se me aumenta mi inexplicable dolor, adorando estoy en el dicho rinconcito donde se sentaba a darme vida y aliento. Yo vivo y no sé cómo.

Qué duro es mi corazón, más no lo es, puesto que un ángel lo está manteniendo en su leal, constante, pecho de diamante, no tengo más dicha de ser querida de Vuestra Reverencia, pero que más dicha puedo tener que la que tengo.

Es posible que yo, Ana Josefa, vivo en ese pecho amante, es posible que siendo tan infeliz merezco yo, tan indigna, que me ame Vuestra Reverencia, mas aunque lo sea, sí lo creo, de ese nobilísimo corazón, no es posible que un ángel mienta.

Padrecito, no podía con las lágrimas leer las queridísimas cartas de Vuestra Reverencia y mías, las cuales me enternecieron demasiado, mayormente, con las gracias y rendimientos de Vuestra Reverencia, los cuales no merezco, porque yo no he hecho más que adorarlo, porque merecido se lo tiene, ya / (fx. 2) si no tiene para que dar agradecimientos, porque eso es correrme, yo sí, yo sí se los debo dar, como se los doy de tantas honras como me ha hecho y continúa haciéndome, pues ¿de dónde merezco yo la atención de Vuestra Reverencia? Estoy tan lejos de merecerla, como lo está el cielo de la tierra, y así, mi padrecito de mis ojos, no me ponga rendimientos que desdicen en un ángel y como tal no debe humanase tanto, y mayormente conmigo, que soy la basura de las criaturas y como tal muy indemeritada para tan sublimes y cuantiosos favores.

Más honra tengo con llamarme y ser (como soy) su esclava, que con ser emperatriz de la tierra. Dichosa yo mil veces que soy esclava de tal señor, quien me ha de aventajar en dueño. Nadie, nadie, claro está que sí, yo soy quien quiero ser, y de quien me recibe magnánimo y liberal, pues me ha dado la mejor alhaja, que es el corazón. Cuántas envidiarán mi grandeza, pues tengo (aunque no poseo) su amor, alhaja para mí tan de estima, que no la feriara por cuanto hay y puede haber en el mundo, porque en todo él no hay cosa mejor, ni siquiera que se le asemeje, ni apetezco otra cosa.

Empiezo a contestar, digo que por lo que mira al sermón que me echó don Manuel fue de esta manera, sin quitar ni poner me dijo: hijita, ¿por qué lloras?, le respondí: Padre, porque se va nuestro padrecito, entonces me dijo: con llorar no remedias nada y te puedes enfermar. Espero en Dios que lo hemos de ver otra vez en este colegio, no te entregues tanto a la pena porque te puede castigar Dios y enviarte una pesadumbre mayor, como el que fuera tu Padre o Madre o yo nos muriéramos. Consuélate y hazte cuenta que se va a pasear por unos días, que así vendrá a ser. Este fue el sermón con las mismas voces que lo he escrito, ya claro está que he estado y estoy para perder el juicio o la vida, pero delante de él lo disimulo y así de esto no tenga el menor recelo, que hablo con verdad. / (fx. 3)

Padrecito de toda mi alma y corazón, en la carta antecedente no le escribí lo que me dijo el padre Zamora, porque como me encargó el secreto se me hizo escrúpulo, mas ya lo he pensado mejor y conozco que no lo agravio en decirle a Vuestra Reverencia lo que me dijo, así porque no me ha de descubrir, como porque le sirva de gobierno y consuelo, y esté Vuestra Reverencia que se lo voy a decir con las mismísimas voces que me lo dijo, las cuales tengo tan presentes, como a Vuestra Reverencia.

Acabado de vestir a mi ama y señora, salió su realeza y nos sentamos los dos en la banca y me dijo de esta suerte: Hijita, no llores tanto, que te puedes enfermar, serénate por vida tuya, ya no te di mi palabra de que por mi cuenta has de tener aquí al padre Izquierdo; díjele yo entonces: Es verdad así, pero mi desconfianza nace de que cuando vino en correo, que se fuera, todas me dijeron que se quedaba, replicome entonces: Yo no te mentí y sino lee con cuidado el revés de la carta y verás cómo no te engañé, díjele entonces: Ya lo he reflejado y he advertido la discreción del párrafo, pues siendo así, por qué desconfías de mi verdad, no pienses no que esto que te voy a decir te lo digo nomás por consuelo, no, no, pero sí te prevengo no me descubras con ninguno. Díjele que así lo haría, prosiguió: Sábete, hijita, que aunque no escriba ningún padre para la vuelta del padre yo sólo lo he de traer, porque sólo en mi mano estriba su regreso, así que se abra el gobierno te he de enseñar una carta, con la cual así que la leas has de decir: Con razón me decía mi padre que sólo en su mano estaba la vuelta del padrecito Izquierdo, ciertísimamente hijita, lo tienes aquí el día cuatro u ocho de junio, y lo tienes con las comodidades y desahogo que no ha tenido, de esta vez está tan en mis manos su vuelta que si no viene, de ciertamente que Zamora tiene la culpa, es tan cierto que ha de venir a estarse de pie en este colegio, como lo es el que se fue.

Esto que llevo dicho me dijo y repitió varias veces, con lo cual me consolé, según y cómo lo he escrito, así, / (fx. 4) ni más ni menos, me lo dijo afirmándomelo con toda eficacia y diciéndome que deseaba servirme, que bastaba para traérmelo el que yo lo pidiera.

Yo así que acabó le di del mejor modo que pude los debidos agradecimientos, diciéndole que yo no se lo había servido, que era muchas veces mi padre y todo mi consuelo, que si lograba esa fortuna, que sería su esclava, que me hallaba incapaz de corresponderle tan cuantioso favor, que Dios se lo pagara y le diera el consuelo en el alma como a mí me había dado, que su Majestad le prestara mucha vida y salud para amparo de infelices y con especialidad mío, que le deseaba en todo las mayores felicidades.

Y así digo que respecto a esto será muy conveniente que Vuestra Reverencia le inste al padre y al padre Francisco, y no a otro, porque una vez que me lo asegura tanto, señal es de que tiene empeño seguro y siendo esto así no me parece será acertado, que Vuestra Reverencia haga empeño o empeños con otros padres, porque si de estos concurren muchos puede no conseguirse nuestro intento, porque dirán los padres graves que una vez que hay tantos empeños, que desde luego Vuestra Reverencia los habrá movido, llevado acaso de algún tirante. Y esto no nos conviene, sin embargo de lo dicho me remito, mi padrecito y señor, al parecer de Vuestra Reverencia, el que sin duda será el más acertado y convincente al logro que ambos deseamos de juntarnos a vivir, porque la que tenemos no lo es sólo una muerte que vamos tragando sin poderlo remediar.

Agradecen las memorias Marianita y la niña y las reproducen con afecto, a mi compadre le di memorias de Vuestra Reverencia y a la señora Chepita, aunque Vuestra Reverencia se le pasó mandarlas, las agradecen mucho, y las retornas con todo / (Costado fx. 4) cariño y las muchachas de la cocina hasta Miguel y Manuel, a mi hermanita no he visto, así que la vea la saludaré como me intima.

Padrecito y toda mi idolatría, el padre Francisco no ha venido, el martes 22 me dijeron en el Beaterío sus hijas que venía, a mí me escribió cuando a Vuestra Reverencia y me dijo que tocante a la vuelta de Vuestra Reverencia que hablaríamos, me avisaron las niñas luces que se iba su tío, que si quería escribir y yo no lo hago porque la verdad tengo / (Costado fx. 3) mi pedazo de desconfianza de que me lean la carta y por eso no lo hago.

Si Vuestra Reverencia no le ha dicho a don Manuel, que me escribió con el mayordomo, se lo negó cuando se encontraron en Salamanca. Vino muy enamorado de Vuestra Reverencia y compadecido por su tristeza. Me ha contado que Valladolid es muy feo, demasiado.

Yo le agradezco a Vuestra Reverencia con toda mi alma suya que no salga a visitas, yo tampoco las tengo, ni quiero tener más que a mi centro amable que lo es Vuestra Reverencia. Entérese bien del párrafo del padre Zamora, / (Costado fx. 2) entendido, que según y como me lo dijo, así lo he escrito y supuesto, lo dicho al padre, más bien que a otro, le ha de suplicar la diligencia de su vuelta. Esto importa más que no lo haga por otros sujetos, no sea que suceda lo que dijo en no sé qué parte de la carta.

Siento mucho la pérdida del birrete, desde luego se lo hurtarían, ya tengo la carta escrita, ya la mando por no ponerla a riesgo y mayormente teniendo esperanzas de su vuelta, la que si no se verifica (lo cual no permita Dios) se la mandaré a Vuestra Reverencia, amito de mi vida y corazón y alma, con toda ella le agradezco la firmeza, claro está que no hay más diferencia, sólo el que no nos vemos.

Digo lo mismo que Vuestra Reverencia, que primero me olvidaré de / (Costado fx. 1) mí que de Vuestra Reverencia. No olvido un instante, el alma se me arranca por verlo, adorado e idolatrado estoy en sus amantes letritas. Quién fuera pájaro para volar a mi nido amabilísimo.

En este instante acabo de recibir la muy estimadísima de Vuestra Reverencia, quedando enterada de su contenido y estimándole con todo mi corazón su amor, su firmeza, su constancia, con qué he de pagar tanto diluvio de honras y beneficios, con darle mi corazón, pero ya a días, que es suyo y no será de otro, no, no, no, no, no, sólo a Vuestra Reverencia adoro con toda el alma y corazón.