Capítulo IV: Diversas miradas acerca de un “nuevo” paradigma
II. Géneros discursivos
Bajtín considera que tradicionalmente el lenguaje ha sido entendido como medio para la expresión del pensamiento y se ha dejado de lado su función de interacción comunicativa. De esta manera, critica la concepción del lenguaje como “expresión” en la que el oyente solo cumple el rol de decodificar pasivamente el mensaje y afirma que toda comprensión tiene carácter de respuesta. Sugiere otra forma de entender la comunicación entre las personas y, en su teoría de los géneros discursivos, el enunciado es la unidad real.
Así señala la existencia de distintas esferas de la vida humana en las cuales el uso de la lengua se plasma mediante “enunciados (orales y escritos) concretos y singulares” (Bajtín, 2005:248). Las esferas actúan como contextos socioculturales de producción de dichos enunciados. A estos tipos relativamente estables de enunciados los denomina géneros discursivos.
Dada la heterogeneidad de éstos se debe distinguir entre géneros discursivos primarios (simples) y secundarios (complejos):
“Los géneros discursivos secundarios (complejos)-a saber, novelas, dramas, investigaciones científicas de toda clase, grandes géneros periodísticos, etc.-surgen en condiciones de la comunicación cultural más compleja, relativamente más desarrollada y organizada, principalmente la escrita: comunicación artística, científica, sociopolítica, etc. En el proceso de su formación estos géneros absorben y reelaboran diversos géneros primarios (simples) constituidos en la comunicación discursiva inmediata”. (Bajtín, 2005:250)
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Cada género está relacionado con su función, por lo cual,
“Una función determinada (científica, técnica, periodística, oficial, cotidiana) y unas condiciones determinadas, específicas para cada esfera de la comunicación discursiva, generan determinados géneros, es decir, unos tipos temáticos, composicionales y estilísticos de enunciados determinados y relativamente estables”. (Bajtín, 2005:252)
Bajtín advierte que el autor de los enunciados es quien da una intencionalidad y ésta es la que vehiculiza la comunicación discursiva. El autor espera una respuesta, una contestación, consentimiento, objeción, etc. De esta manera, el oyente, se transforma en hablante generando nuevos enunciados, los cuales se convierten en un eslabón en la cadena dialógica.
Los enunciados poseen características propias, la primera de ellas es sus fronteras bien definidas. “Las fronteras de cada enunciado como unidad de la comunicación discursiva se determinan por el cambio de los sujetos discursivos, es decir, por la alteración de los hablantes” (Bajtín, 2005:260). Los diálogos cotidianos son el ejemplo más claro.
Otro de los rasgos de los enunciados es su nivel de conclusividad. Esto significa que, todo enunciado, aparece apto para ser respondido cuando aparece como concluso. Poder percibir la conclusividad de los enunciados permite comprender y ser parte de un intercambio comunicativo. Bajtín agrega:
“Este carácter de una totalidad conclusa propia del enunciado, que asegura la posibilidad de una respuesta (o una comprensión tácita), se determina por tres momentos o factores que se relacionan entre sí en la totalidad orgánica del enunciado: 1] el sentido del objeto del enunciado, agotado; 2] el enunciado se determina por la intencionalidad discursiva, o la voluntad discursiva del hablante; 3] el enunciado posee formas típicas, genéricas y estructurales, de conclusión.” (Bajtín, 2005:266)
El primero de estos puntos tiene que ver con el carácter intencional del enunciado, es decir, del hecho de tener un autor. El segundo factor, que deriva de éste, tiene que ver con que el enunciado se comprende como concluso cuando se percibe que el autor ha agotado el objeto de su enunciado. En palabras de Bajtín,
“La intención determina tanto la misma elección del objeto (en determinadas condiciones de la comunicación discursiva, en relación con los enunciados anteriores) como sus límites y su
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capacidad para agotar el sentido del objeto. (…) La intención, que es el momento subjetivo del enunciado, forma una unidad indisoluble con el aspecto del sentido del objeto, limitando a este último, vinculándola a una situación concreta y única de la comunicación discursiva, con todas sus circunstancias individuales, con los participantes en persona y con sus enunciados anteriores.” (Bajtín, 2005:267).
Continúa:
“Por eso los participantes directos de la comunicación, que se orientan bien en la situación, con respecto a los enunciados anteriores abarcan rápidamente y con facilidad la intención o voluntad discursiva del hablante y perciben desde el principio mismo del discurso la totalidad del enunciado en proceso de desenvolvimiento.” (Bajtín, 2005:267)
Como tercer factor Bajtín, señala la existencia de formas típicas, genéricas estables del enunciado. De allí que “la voluntad discursiva del hablante se realiza ante todo en la elección de un género discursivo determinado” (Bajtín, 2005:267). De esta manera la elección de un género afecta las cuestiones previamente señaladas, dado que “la intención discursiva del hablante, con su individualidad y subjetividad, se aplica y se adapta al género escogido, se forma y se desarrolla dentro de una forma genérica determinada” (Bajtín, 2005:267).
El autor afirma que todos hablamos a través de géneros discursivos, aunque no tengamos plena conciencia de ello. Asimismo, señala una amplia variedad que se determina por
“la situación discursiva, por la posición social y las relaciones personales entre los participantes de la comunicación: existen formas elevadas, estrictamente oficiales de estos géneros, junto con las formas familiares de diferente grado y las formas íntimas (que son distintas de las familiares). (Bajtín, 2005:268-269)
Agrega que “estos géneros requieren también un determinado tono, es decir, admiten en su estructura una determinada entonación expresiva” (Bajtín, 2005:269). De igual manera, los enunciados poseen como característica la expresividad, “es decir, una actitud subjetiva y evaluadora desde el punto de vista emocional del hablante con respecto al contenido semántico de su propio enunciado” (Bajtín, 2005:274).
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Bajtín plantea que ningún enunciado es neutral y que el estilo de cada uno de ellos se define principalmente por su aspecto expresivo. Asimismo, destaca que la expresividad individual de un enunciado va a ser siempre una especie de negociación entre la intencionalidad de su autor y la expresividad intrínseca del género en el que plasma su enunciado.
En resumen, mediante la teoría de los géneros discursivos Bajtín destaca la importancia del contexto que convierte a las palabras y oraciones en enunciados91. En este sentido, las palabras y oraciones no poseen expresividad propia, sino que la misma nace en el contacto de éstas con la situación real. Como señalamos, el enunciado, es “un eslabón en la cadena de la comunicación discursiva y no puede ser separado de los anteriores que lo determinan por dentro y por fuera generando en él reacciones de respuesta y ecos dialógicos” (Bajtín, 2005:285). Por ello los enunciados se conciben en un ambiente determinado como parte de la comunicación dialógica, la cual siempre obtiene (de una u otra manera) respuesta. Esta respuesta es dada por un destinatario, a quien va dirigido el mensaje. Este sujeto es clave, ya que “la composición y sobre todo el estilo del enunciado dependen de un hecho concreto: a quién está destinado el enunciado, cómo el hablante (o el escritor) percibe y se imagina a sus destinatarios, cuál es la fuerza de su influencia sobre el enunciado” (Bajtín, 2005:285).
En esta línea entenderemos nuestras entrevistas, desarrollando un análisis de las mismas abarcando el contexto en el cual fueron realizadas.
III.Análisis.