Se ha constatado que la Secretaría Académica intenta acordar políticas comunes con las Facultades, pero las discrepancias y particularidades parecen ser más fuertes. La UNC presentó un proyecto, aprobado por el MECyT, para establecer un título intermedio de Bachiller Universitario, pero no todas las Facultades están dispuestas a aplicar el sistema, a pesar de que la Resolución Nº 402 de septiembre de 2002 otorgó 60 días de plazo para que cada Facultad inserte sus carreras en el Bachillerato Universitario. Otro tanto sucede con los criterios para el funcionamiento de los cursos de nivelación o con el régimen del alumno activo.
La UNC afronta al mismo tiempo varios desafíos en un contexto muy difícil. La masividad del ingreso, la complejización académica, la escasez de recursos, el bajo rendimiento académico, el bajo número de profesores dedicados exclusivamente a la enseñanza e investigación en la UNC, los problemas de reequipamiento, etc. Para enfrentarlos se necesita el máximo de coherencia institucional.
La concepción imperante en la autoevaluación institucional parece ser la de atender a la relación egreso/ingreso, caso en el cual adquieren especial significación los datos obrantes en las páginas 141/155 y 167 y ss. del documento respectivo. Pese a que la calificación 4 es considerada suficiente, los promedios cercanos al 4 son en principio altamente preocupantes, porque pueden ocultar un alto índice de fracaso. El 8,8 % muestra una efectividad baja o muy baja, cifra que, en el gran número de alumnos, significa un sector social importante. La reincidencia en los exámenes podría aumentar las posibilidades de aprobación sin un correspondiente mejoramiento de las condiciones de información y formación. Vale desagregar más los datos de alumnos que no rinden, respecto a los de alumnos que rinden y no aprueban. En estos casos la falta de maduración y el riesgo institucional es mucho mayor. Es necesario tener en cuenta que el número de “egresados” es bajo con relación al número total de alumnos. Urge que los alumnos se gradúen con el mejor nivel posible lo antes posible y para esto hay que ayudarlos; hay que evitar que deserten.
La orientación de los alumnos por Carreras y Facultades pueden ser mejoradas mediante una buena orientación vocacional, pero hay que tener en cuenta que suelen responder a causas sociales y personales muy profundas que a menudo la institución no puede y en ciertos casos no debe procurar cambiar. Es importante avanzar en el sistema de
las posibilidades de éxito de aquellos alumnos cuyos padres tienen un nivel educativo “bajo o muy bajo o ningún estudio”.
Con grandes diversidades, hay significativa preocupación pedagógica, aunque la formación al respecto podría mejorarse con una más sólida apoyatura de posgrado. En este sentido, cabe señalar el Programa de formación que asume la Facultad de Derecho. Sería relevante acentuar también los mecanismos de evaluación permanente de la tarea docente y de todo el proceso de enseñanza - aprendizaje e incrementar la realización general de concursos de ingreso a la docencia y la investigación. Es relevante que la propia institución desarrolle una evaluación final (no condicionante de la graduación) de los resultados de su tarea, a fin de asegurarse de los “productos” con los que cumple su responsabilidad no sólo con los alumnos sino con la sociedad.
Como ya se indicara en las consideraciones generales, la UNC presenta indicadores de bajo rendimiento académico, de alargamiento excesivo de las carreras, de una cantidad significativa de estudiantes que no rinden una materia durante más de 18 meses y de alumnos que se gradúan muy tardíamente. Además de las deficiencias curriculares y pedagógicas que denuncian estos indicadores, se encuentra también el fantasma de la falta de expectativas de empleo profesional para los futuros graduados de algunas carreras. Esto es motivo de incertidumbre y de angustia para muchos. La Universidad sólo ofrece al respecto la posibilidad de reabsorber un cierto número de graduados como docentes auxiliares o adscriptos cuyas retribuciones no alcanzan el nivel de un subsidio de desempleo.
Como también se señalara en las consideraciones generales, la UNC no se ha propuesto el desarrollo de estrategias para aumentar las posibilidades de empleabilidad profesional aumentando sus proyectos de innovación tecnológica, de cooperación internacional, de consultoría, de cooperación con organismos públicos y privados.
El informe “Primera Evaluación Institucional 2003” señala en p. 55 que “las Facultades han desarrollado diversas combinaciones de tipos organizacionales: sólo Departamentos, Escuelas y Departamentos, Escuelas y cátedras, Escuelas, Departamentos y cátedras. En algunos casos, el rol de las Escuelas se asume en parte por comisiones coordinadoras de carrera. Además, en algunos diseños la Facultad escinde la actividad docente de la científica, a través de institutos o centros de investigación”.
La débil coherencia institucional, origina la ausencia de un digesto normativo coherente ya que en algunas Facultades existen estructuras
que en otras no existen; que en algunas se remuneran los cargos directivos de las Escuelas y en otras no, etc.
Esta situación organizacional tiene su correlato en ciertas incongruencias académicas pues sólo algunas pocas Facultades aplican el requisito de rendir por lo menos dos materias anuales para conservar la calidad de alumno regular. Tampoco las condiciones del ingreso son iguales, y aunque obviamente, cada unidad académica tiene que poner el acento en las competencias exigidas en su área, resulta preocupante la alta diversidad de las condiciones de ingreso a las que se hará referencia en el ítem siguiente.
El proceso de evaluación constituye por sí mismo un hecho positivo y demuestra una voluntad de mejoramiento. La evaluación externa puede ser considerada no como un juicio sobre la institución sino como una oportunidad para fortalecer las iniciativas que se han esbozado para mejorar y cambiar.