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CAPÍTULO 4. GESTIÓN HUMANA SOCIALMENTE RESPONSABLE EN

4.5 LA GESTIÓN HUMANA SOCIALMENTE RESPONSABLE EN LAS COOPERATIVAS DE

Luego de analizar la información recolectada, en esta tesis se argumenta que el propósito de la gestión humana socialmente responsable es desarrollar las capacidades de agencia, de bienestar y de solidaridad de los asociados a través de un conjunto de prácticas de empoderamiento, de bienestar y de proyección a la comunidad, para que puedan participar con autonomía y responsabilidad como trabajadores, propietarios y gestores de la cooperativa y logren ser y hacer lo que consideran valioso para sus vidas.

A través de estas prácticas las cooperativas traducen en acciones los principios cooperativos, sin embargo, se presentan condiciones personales —nivel de escolaridad, responsabilidades familiares, el estado de salud—, condiciones organizacionales —métodos de trabajo, relaciones de los asociados y sus dirigentes, intervención de agentes externos, situación económica de la cooperativa— y condiciones del entorno externo —

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normatividad, ubicación del entorno— que inciden en el cumplimiento de los principios cooperativos, en las prácticas de gestión humana y en el desarrollo de las capacidades de los asociados.

Con fundamento en los hallazgos de esta tesis, la gestión humana socialmente responsable se define como:

Conjunto de prácticas, fundamentadas en los principios cooperativos, que están orientadas a desarrollar las capacidades de agencia, de bienestar y de solidaridad de los asociados, a través de la información, la formación y la participación para empoderarlos como trabajadores, propietarios y gestores de la cooperativa; proporcionando oportunidades laborales, económicas y sociales que contribuyan a su bienestar y les permita ser y hacer lo que consideran valioso para sus vidas; y de proyección a la comunidad a través de la información, la formación y las oportunidades laborales. Para lograr este propósito es necesario tener en cuenta las condiciones personales, organizacionales y del entorno externo que afectan estas prácticas, el cumplimiento de los principios cooperativos y el desarrollo de las capacidades de los asociados.

La siguiente ilustración resume las categorías y las subcategorías que constituyen el concepto gestión humana socialmente responsable.

Ilustración 9. El concepto gestión humana socialmente responsable en cooperativas de trabajo asociado

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Las prácticas de empoderamiento tienen como finalidad desarrollar la capacidad de agencia de los asociados para que puedan participar con autonomía y responsabilidad en los asuntos de la cooperativa que ellos consideren valiosos, en su calidad de trabajadores, propietarios y gestores. Estas prácticas requieren el reconocimiento de igualdad de oportunidades a todos los asociados para el acceso a la información, la formación y la participación, lo cual implica considerar las condiciones personales, organizacionales y del entorno externo que afectan sus oportunidades.

Las prácticas de bienestar están orientadas a proporcionar a los asociados oportunidades laborales, económicas y sociales que contribuyan al desarrollo de su capacidad de bienestar, para ser y hacer lo que ellos consideren valioso para sus vidas. Estas prácticas están relacionadas con la formación, la participación, las condiciones de trabajo, la salud y la seguridad y el balance trabajo-familia.

Las prácticas de proyección a la comunidad contribuyen a desarrollar la capacidad de solidaridad de los asociados, para fortalecer el sentido de responsabilidad y de ayuda entre los asociados y las comunidades a las que éstos pertenecen, a través de las prácticas de información, de formación y las oportunidades laborales que ofrecen las cooperativas en beneficio de la comunidad.

Las prácticas de empoderamiento de los asociados, de bienestar de los asociados y de proyección a la comunidad, están interrelacionadas, el conjunto de estas prácticas constituyen la gestión humana socialmente responsable, estas se fundamentan en los principios cooperativos y tienen como finalidad desarrollar las capacidades de agencia, bienestar y solidaridad de los asociados. Para lograr este propósito, las cooperativas deben considerar las condiciones personales, organizacionales y del entorno externo que inciden en las prácticas, en el cumplimiento de los principios cooperativos y en el desarrollo de las capacidades de los asociados, generando oportunidades u obstáculos.

La información y la formación —prácticas de empoderamiento de los asociados y de proyección a la comunidad— son esenciales para dar a conocer los principios cooperativos, los deberes y los derechos de los asociados, los regímenes de trabajo asociado; éstas le permiten a las personas —asociados y miembros de la comunidad— tomar decisiones informadas acerca de su adhesión voluntaria a la cooperativa, además se constituyen en formas de expresar interés por la comunidad.

Las prácticas de formación para el trabajo contribuyen a empoderar a los asociados para ejercer un oficio en la cooperativa, es decir, genera para ellos oportunidades laborales y contribuye a su bienestar, además, les permite participar económicamente en el capital y los resultados de la actividad cooperativa.

Asimismo, a través de las prácticas de formación, como forma de proyección a la comunidad, las cooperativas contribuyen a generar directa o indirectamente oportunidades laborales, en beneficio de las comunidades en las cuales se inscribe su acción, como expresión y cumplimiento del principio de interés por la comunidad. En algunas ocasiones las prácticas de formación, los servicios sociales —seguros funerarios—y algunas

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oportunidades económicas —acceso al crédito— y sociales —recreación, salud— que ofrecen las cooperativas a sus asociados se realizan a través de la cooperación entre cooperativas, dando cumplimiento a este principio.

Del mismo modo, las prácticas de información y de formación dirigidas a los asociados en asuntos relacionados con la escolaridad básica, la educación superior, la formación cooperativa, ayudan a promover la participación de los asociados, con autonomía e independencia, en la gestión democrática y se constituyen en formas de dar cumplimiento al principio cooperativo de educación, formación e información.

En esta tesis las capacidades se conciben como las oportunidades “reales” con las que cuentan los asociados para ser y hacer lo que consideran valioso para sus vidas y para actuar con autonomía y asumir con responsabilidad sus roles como asociados y para expresar su interés en la comunidad.

Se coloca el acento en las oportunidades reales porque lo que interesa es lo que los asociados efectivamente pueden ser y hacer, más allá de los formalismos y de las prescripciones, lo que resulta relevante es que lo que está establecido en los principios cooperativos y en los estatutos, realmente se cumpla.

La capacidad de agencia, le permite a los asociados, participar con autonomía y asumir con responsabilidad sus roles como trabajadores, propietarios y gestores de la cooperativa, el desarrollo de esta capacidad implica ofrecer igualdad de oportunidades, a todos los asociados, para el acceso a la información, la formación y la participación.

La capacidad de bienestar comprende las oportunidades laborales, económicas y sociales que ofrecen las cooperativas a los asociados, para que puedan lograr funcionamientos valiosos.

La capacidad de solidaridad, se refiere a las oportunidades que ofrecen las cooperativas para fortalecer el sentido de la responsabilidad colectiva y de la ayuda entre los asociados, como miembros de la cooperativa y de la comunidad. Ésta opera en dos dimensiones: personal y laboral.

En la dimensión personal, la capacidad de solidaridad se expresa en el acto de sentir compasión por el otro, sentirse conmovido por el sufrimiento de los demás y asumir la responsabilidad de ayudar a quien lo necesita, independientemente de que se trate de un asociado o una persona de la comunidad que atraviesa por una situación difícil, de enfermedad, pobreza, una calamidad doméstica, entre otras.

En la dimensión laboral, la capacidad de solidaridad se ejerce cuando el asociado comprende que sus acciones u omisiones en el ejercicio de sus roles como trabajador, propietario y gestor, tiene repercusiones en la cooperativa y esto afecta, positiva o negativamente, a los demás asociados, lo cual implica reconocer la responsabilidad colectiva que se asume como asociado.

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Estas tres capacidades de los asociados están interrelacionadas. Así por ejemplo, el debilitamiento en el desarrollo de la capacidad de agencia de los asociados es una situación que incide en el desarrollo de la capacidad de solidaridad. Un asociado que tiene dificultades para asumir con autonomía y responsabilidad sus roles de trabajador, propietario y gestor, también tiene dificultades para asumir la responsabilidad colectiva que le asiste como asociado, es decir, presenta deficiencias en el desarrollo de su capacidad de solidaridad en la dimensión laboral.

De otro lado, las deficiencias en el desarrollo de la capacidad de solidaridad, en la dimensión laboral, afecta también el empoderamiento y la participación de los asociados, pues, aquellos que quieren participar, ejerciendo su capacidad de agencia, en algunas ocasiones no encuentran una actitud de responsabilidad y de ayuda en el grupo de asociados; las críticas destructivas, los comentarios negativos y la falta de apoyo por parte del grupo, desestimulan la participación de los asociados.

Un asociado que ha logrado desarrollar su capacidad de agencia, tiene mayores oportunidades para definir aquello que considera valioso para su vida, para establecer sus prioridades de bienestar, esto es, dispone de una mayor autonomía para decidir acerca de sus oportunidades laborales, económicas y sociales sobre las cuales se fundamenta su capacidad de bienestar. De modo que, deja de asumir una postura pasiva como “beneficiario” de las prácticas de bienestar y asume un rol protagónico como agente que participa en la definición de las prácticas de bienestar que las cooperativas implementan. Por otra parte, las oportunidades laborales, económicas y sociales que ofrecen las cooperativas a los asociados a través de las prácticas de bienestar, también se proyectan a la comunidad. Inicialmente se benefician las familias de los asociados, éstas constituyen la comunidad más próxima de las cooperativas, ellas disfrutan de las compensaciones económicas —oportunidades económicas—, así como de algunos servicios sociales de salud, formación, entre otras oportunidades sociales que ofrecen las cooperativas.

Del mismo modo, el flujo de recursos que genera la cooperativa se proyecta, éste dinamiza la economía de la comunidad y ayuda a generar indirectamente oportunidades de trabajo. Una parte de los recursos de la cooperativa se invierten en prácticas de formación que benefician a las personas de la comunidad.

Sin embargo, es necesario reconocer que existen condiciones que inciden en las prácticas de gestión humana, en el cumplimiento de los principios cooperativos y el desarrollo de las capacidades de los asociados. Las condiciones se refieren a situaciones o estados; la incidencia se concibe en términos de oportunidades u obstáculos. Estas condiciones provienen de diferentes fuentes, de las personas, las organizaciones o del entorno.

Así por ejemplo, el estado de salud, las responsabilidades familiares y el nivel de formación de un asociado, describen condiciones personales de los asociados que pueden generar oportunidades o convertirse en obstáculos para acceder a la información, la formación y la participación en la gestión, es decir, afectan el empoderamiento y la capacidad de agencia de los asociados. Las responsabilidades familiares de los asociados pueden incidir en su disponibilidad para participar en la gestión de la cooperativa, cuando esto requiere tiempo

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adicional a la jornada laboral. El nivel de formación de los asociados puede generarles restricciones para acceder a la información y la participación en la gestión, un bajo nivel de formación puede ser una condición que limita las posibilidades de comprensión de la información que se divulga o puede inhibir o impedir la participación del asociado, bien sea porque éste no se siente preparado para asumir responsabilidades y tomar decisiones, o porque no alcanza el nivel educativo requerido para participar en los órganos de dirección y de control. Esta última situación origina una condición organizacional, relacionada con la intervención de agentes externos que apoyan a los asociados y que inciden en las decisiones que se toman en las cooperativas, situación que puede llevar a un incumplimiento del principio de autonomía e independencia.

De igual manera, el estado de salud del asociado o su familia y las responsabilidades familiares que éste asume afectan su capacidad de bienestar. El deterioro del estado de salud del asociado puede llegar a limitar sus oportunidades laborales —enfermedades que generan restricciones para ejercer un trabajo— y sus oportunidades económicas, al dedicar parte de sus recursos a la adquisición de medicamentos y tratamientos médicos, se limitan los recursos para invertir en otros funcionamientos valiosos. De otro lado, la posibilidad de compartir o no con otros miembros del hogar los gastos familiares, incide en la disponibilidad de recursos —oportunidades económicas— con los que cuentan los asociados para lograr funcionamientos valiosos, éstos pueden ser suficientes para algunos asociados y precarios para otros.

A su vez, los métodos de trabajo implementados por las cooperativas, las relaciones que se establecen entre los asociados y sus dirigentes, la situación económica de la cooperativa y la intervención de agentes externos, se refieren a condiciones organizacionales. Los métodos de trabajo —ejemplo: turnos laborales— pueden generar oportunidades u obstaculizar el acceso a la formación de los asociados; las relaciones entre los asociados y los dirigentes pueden contribuir a promover la participación, cuando éstas se fundamentan en la confianza o pueden inhibirla, cuando se presenta un distanciamiento o falta de confianza. Estas condiciones afectan el empoderamiento de los asociados y su capacidad de agencia. La situación económica de la cooperativa incide en la disponibilidad de recursos para invertir en las prácticas de gestión humana y en los recursos que disponen los asociados para lograr funcionamientos valiosos.

La normatividad y algunas características del entorno en el que se ubican las cooperativas, se constituyen en condiciones del entorno externo que inciden en las prácticas de gestión humana. La normatividad estable unos requerimientos que las cooperativas deben acoger, en cuanto a la conformación de los órganos de dirección y de control, la destinación de los excedentes —disposición del fondo de solidaridad y el fondo de educación—, entre otros aspectos. Las características del entorno en el que se ubican las cooperativas, como las fuentes de trabajo, el acceso a recursos, la oferta educativa, facilitan u obstaculizan la implementación de algunas prácticas y el desarrollo de las capacidades de los asociados. Así, por ejemplo, algunas cooperativas están ubicadas en áreas rurales donde la oferta educativa es muy limitada, esto afecta el empoderamiento de los asociados, pues, les genera obstáculos para acceder a la formación y esto tiene implicaciones en su capacidad de agencia.

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Aunque las condiciones personales, organizaciones y del entorno externo, tienen incidencia en las prácticas de gestión humana que realizan las cooperativas, también es necesario reconocer que a través de estas prácticas se pueden transformar algunas de estas condiciones. El nivel de formación de los asociados puede ser transformado mediante las prácticas de formación; de igual manera, a través de estas prácticas se pueden generar oportunidades de trabajo y transformar las condiciones del entorno externo —fuentes de trabajo—, orientando la actividad económica de una comunidad hacia determinadas actividades productivas o fomentando actividades culturales y artísticas.

En síntesis, las dinámicas organizacionales que se tejen en torno a la gestión humana socialmente responsable en las cooperativas de trabajo asociado y la construcción teórica que se propone en esta tesis para explicarla, reconoce la complejidad de las relaciones que se establecen entre sus componentes, a saber: las prácticas, las capacidades y las condiciones—; ella da cuenta de interacciones de mutua influencia, razón por la cual la representación gráfica del concepto se presenta en forma circular (Ver ilustración 7, pág.133). Las prácticas de empoderamiento y de bienestar de los asociados y de proyección a la comunidad interactúan entre sí. Éstas tienen como finalidad desarrollar las capacidades de agencia, de bienestar y de solidaridad de los asociados, una misma práctica —por ejemplo, la formación— puede contribuir a desarrollar diferentes capacidades. Sin embargo, se reconoce que existen condiciones personales, organizacionales y del entorno externo que inciden en las prácticas y en el desarrollo de las capacidades de los asociados, algunas de esas condiciones pueden ser transformadas por las prácticas de gestión humana.

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CAPÍTULO 5 – DISCUSIÓN DE LOS RESULTADOS, CONTRIBUCIONES,