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MANEJO INTEGRAL DE CUENCAS

2.2.2 Gestión integrada de los recursos hídricos

En el manejo de los recursos hídricos se identifican cuatro categorías, las cuales tienen características bien definidas (BM, 1998):

1. Desarrollo de los recursos hídricos orientados a proyectos. Se caracteriza por dar prioridad a proyectos aislados, de agua potable, irrigación, generación de energía hidroeléctrica, navegación, recreación, etc., por lo que los beneficios son individuales para cada uno de ellos. Se considera que existe una determinada fuente de abastecimiento por proyecto.

2. Desarrollo subsectorial de los recursos hídricos. Se identifican proyectos para usos similares concebidos en un marco subsectorial, por lo que los beneficios se maximizan y se identifican fuentes de agua para el subsector. La mayor parte de los proyectos surgen de planes maestros de agua potable, riego y saneamiento. 3. Manejo subsectorial de los recursos hídricos. En este caso, los problemas relativos al uso del agua son resueltos a través de la innovación institucional o proyectos de infraestructura. Los proyectos son identificados a través de la modernización de los programas del Estado o de una reestructuración subsectorial.

4. Gestión integrada de los recursos hídricos. Los proyectos son resultado de un proceso que considera todos los usos del agua, incluido el medioambiente y los conflictos entre los usuarios y los usos son resueltos mediante una mayor oferta, pero también mediante la innovación institucional y el manejo de la demanda. Las decisiones son tomadas dentro de la cuenca y existe una gran participación social en la solución de los problemas.

Para la OECD (2011) citado por Domínguez (2012), no es relevante el modelo de estado (centralizado o federal) para adoptar la GIRH. La GIRH responde más bien a otros criterios como la unidad de cuenca, y este es un buen argumento para

visiones territoriales sobre el agua. Países como Brasil o México que gestionan por cuencas y sobre la base de la GIRH han servido de referencia para otros (Nicaragua, Honduras) en la adopción de sus leyes nacionales de sus leyes nacionales de agua.

Considerando el carácter de bien público que tiene el agua, no se juzga aceptable que cada usuario, sistema de uso o sector maneje dicho recurso sin tomar en cuenta los intereses y las necesidades de agua por parte de otros, incluyendo los requerimientos de agua desde el punto de vista ecosistémico. Menos aún, cuando se trata de un recurso cada vez más escaso y que, por lo tanto, debe repartirse con criterios de eficiencia técnica y económica, con equidad social y sostenibilidad ambiental. Esto explica por qué en la gestión pública, en torno al recurso existe una tendencia a alejarse de un enfoque sectorial (parcializado, fraccionado), y se buscan formas de gestión más integrada del recurso entre los distintos sectores de uso.

La gestión del agua por cuencas es la forma más adecuada para incorporar el ciclo hidrológico y gestionar con criterios ambientales. Los organismos de cuenca, creados por la Ley de Aguas Nacionales (LAN) y sus órganos auxiliares, permiten la incorporación de los diversos actores sociales, pero aún falta clarificar en esta ley la efectiva incorporación y la responsabilidad de cada órgano para evitar la duplicación de funciones.

La LAN (2012) en su artículo 3ro, párrafo XXVIII, menciona que la Gestión del Agua es un proceso sustentado en el conjunto de principios, políticas, actos, recursos, instrumentos, normas formales y no formales, bienes, recursos, derechos, atribuciones y responsabilidades, mediante el cual coordinadamente el Estado, los usuarios del agua y las organizaciones de la sociedad, promueven e instrumentan para lograr el desarrollo sustentable en beneficio de los seres humanos y su medio social, económico y ambiental, (1) el control y manejo del agua y las cuencas hidrológicas, incluyendo los acuíferos, por ende su distribución y administración, (2) la regulación de la explotación, uso o

aprovechamiento del agua, y (3) la preservación y sustentabilidad de los recursos hídricos en cantidad y calidad, considerando los riesgos ante la ocurrencia de fenómenos hidrometeorológicos extraordinarios y daños a ecosistemas vitales y al medio ambiente. La gestión del agua comprende en su totalidad a la administración gubernamental del agua; así mismo en el párrafo XXIX, dice que la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos es un proceso que promueve la gestión y desarrollo coordinado del agua, la tierra, los recursos relacionados con éstos y el ambiente, con el fin de maximizar el bienestar social y económico equitativamente sin comprometer la sustentabilidad de los ecosistemas vitales. Dicha gestión está íntimamente vinculada con el desarrollo sustentable. Para la aplicación de esta Ley, en relación con este concepto, se consideran primordialmente agua y bosque.

La gestión integrada del agua comprende la gestión del agua superficial y subterránea en un sentido cualitativo, cuantitativo y ecológico, desde una perspectiva multidisciplinaria y centrada en las necesidades y requerimientos de la sociedad en materia de agua.

En México se cuenta actualmente con dos pilares fundamentales que sustentan a la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos:

1. Ley de Aguas Nacionales, publicada en 1992 y reformada en el mes de abril de 2004 y;

2. La Comisión Nacional del Agua, como órgano superior con carácter técnico, normativo y consultivo de la Federación, en materia de GIRH, incluyendo la administración, regulación, control y protección del dominio público del agua. La GIRH confirmó su gran relevancia en la agenda pública cuando el Poder Legislativo estableció en la Ley de Aguas Nacionales (LAN) que la base de la Política Hídrica Nacional es la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos por cuenca hidrológica; lo que fortalece los mecanismos para mantener o

reestablecer el equilibrio hidrológico en las cuencas hidrológicas del país y el de los ecosistemas vitales para el agua.

2.2.2.1 Las dimensiones de una GIRH

La participación de los distintos sectores (tipos) de uso de agua en la gestión del recurso, a fin de reducir los conflictos entre los sectores y usuarios que dependan del agua y compitan por ella (principio de multisectorialidad).

La integración de los intereses económicos, sociales, culturales y ambientales, tanto de los usuarios directos del agua como de la sociedad en su conjunto, dentro de una gestión equilibrada y equitativa.

La integración de consideraciones de cantidad, calidad y oportunidad en el acceso al agua, tomando en cuenta que estos aspectos tienen incidencia en los usos y en los usuarios (por ejemplo: turnos de riego apropiados, control de contaminación, etc.).

La integración de la gestión de las distintas fases del ciclo hidrológico. Ejemplos: los efectos del manejo de ecosistemas en la cuenca alta sobre la disponibilidad y calidad del recurso aguas abajo en la cuenca; la gestión del agua superficial junto con una responsable extracción de aguas subterráneas, sobre todo en zonas costeras que tienen riesgo de intrusión de aguas salobres.

Relacionado con lo anterior: la integración de la gestión entre cuencas hidrográficas, acuíferos o sistemas hídricos interconectados.

La integración de la gestión del agua con la gestión de la tierra y de otros recursos naturales y ecosistemas relacionados (por ejemplo: bosques, humedales, etc.). La integración de la gestión de la demanda de agua con la gestión de la oferta de agua (manejar el balance hídrico desde un enfoque dinámico).

La integración –o, al menos, articulación– de la gestión entre las respectivas instituciones que cumplan funciones normativas, administrativas, operativas o de control en relación con el uso, manejo y conservación del agua, con los sistemas hídricos y con los usuarios y sus organizaciones (Jouravlev, 2003). La GIRH no es un concepto abstracto, sino que es aplicable a espacios territoriales muy concretos, donde existen fuentes de agua, ríos y sus afluentes, y varios tipos de sistemas de uso y de usuarios que comparten dichas fuentes y cauces. En conjunto deben lograr una buena gobernanza del agua, compatibilizando legítimos derechos, intereses y necesidades, es decir, requieren de una gestión integrada en torno a los recursos hídricos que comparten.